CRONONAUTAS: UNA AVENTURA EN EL TIEMPO

CRONONAUTAS: UNA AVENTURA EN EL TIEMPO

By: Demian Faust

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CRONONAUTAS: UNA AVENTURA EN EL TIEMPO is a completed sci-fi novel by Demian Faust with 51 chapters, available to read online on Daisy Novel. Latest chapter added August 1, 2023.

Synopsis

La vida de Tony Edwards cambiará radicalmente cuando conoce a la chica gótica de su clase universitaria, la japonesa Saki Takamura. Lo que parecía un pequeño desliz romántico cambiará notoriamente cuando el estricto profesor Krass los involucre a ambos en un misterio proyecto secreto de viaje en el tiempo.

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Chapter 1: I

La Ciudad Negra, año 6666 D.C.

Una ciudad construida por oscuras piezas metálicas, tubos y latones, rodeada por una muralla metálica infranqueable, se enclavaba en el medio de un yermo desierto extenso hasta donde la vista podía llegar. En aquel paisaje de absoluta desolación, al ocultarse el sol, emergieron de sus escondites subterráneos siniestras criaturas de aspecto velludo y ojos rojos fulgurantes

Estos seres carnívoros de afilados colmillos y amenazadoras zarpas se acercaron hasta los enormes portones de la Ciudad Negra y comenzaron a golpearla insistentemente. Las deterioradas estructuras cederían pronto…

—Debo informarle, Srta. Takamura, que los morlocks penetrarán en la Ciudad Negra en cualquier momento —anunció una voz mecánica.

—Gracias Prometeo, lo sé —adujo. Se trataba de una mujer madura de unos cuarenta años y de origen japonés. Le faltaba el ojo derecho por lo que cubría la rótula vacía con un parche y tenía el cabello negro prematuramente canoso con tonalidades de gris intercaladas entre las hebras.

El laboratorio de la Srta. Takamura estaba localizado en la cúspide de la Gran Torre, el edificio más alto de la Ciudad Negra y se encontraba atestada de cables, ordenadores y consolas, pero en el centro destacaba una enorme estructura esférica de metal.

Las puertas que separaban la Ciudad Negra de los morlocks sucumbieron a la presión y cayeron ruidosamente permitiendo la entrada de una miríada de hambrientos caníbales. La Ciudad Negra estaba habitada por criaturas humanoides y albinas, la mayoría esclavos revueltos que no sabían como administrar las estructuras y que fueron rápidamente devorados vivos por los horrendos invasores.

Los eloi (como se llamaban a estos seres albinos) nunca se aproximaban al laboratorio de Takamura pues le temían, pero los morlocks sin duda no la respetarían igual.

—¿Sigue culpándose por lo sucedido, Srta. Takamura? —dijo la voz computarizada que estaba conectada a la Esfera.

Takamura no respondió. Ingresó los últimos comandos en el sistema y dijo:

—Preparémonos para un salto más.

—Debo advertirle, Srta. Takamura, que no tengo energía suficiente para otro salto.

—No es necesario, Prometeo, esta será la última vez.

Takamura se introdujo en la Esfera y la computadora Prometeo cumplió sus órdenes mientras un sangriento marasmo carcomía la Ciudad Negra. La Esfera desapareció en un cegador resplandor de luz nacarada.

Universidad de Ingolstadt, Baviera, Alemania. Tiempo presente.

—No diré que no estoy decepcionado por la mayoría de los resultados —adujo el egocéntrico Dr. Arthur Krass, quien impartía la clase de cosmología avanzada en la prestigiosa Universidad de Ingolstadt. Krass era un hombre de unos cuarenta y tantos años, calvo, barbado y regordete. Vestía de traje. Mientras repartía los ensayos que había asignado a su extensa clase mostraba un rostro de reprobación. —Ciertamente que hubiera esperado más de todos ustedes —dijo con el poco tacto que lo caracterizaba. —El peor de todos los resultados, sin duda alguna, es el de la Srta. Takamura… Saki Takamura —adujo.

Al final de la fila se encontraba una joven japonesa de 21 años, toda vestida de negro y ropajes de estilo gótico. Usaba una camiseta sin mangas con estampados de alguna película gore y muchas pulseras en las muñecas, botas que le cubrían casi toda la pantorrilla, pantimedias negras con falsas telarañas blancas y una falda de franjas rojas y negras. Su maquillaje también era negro como su lacio cabello.

—Sinceramente, Srta. Takamura, ¿no ha pensado en dedicarse a otra cosa que no sea la ciencia? Créame que esta clase de desvaríos pseudocientíficos realmente dejan mal sabor de boca, aún cuando ya estaba preparado dado su pésimo rendimiento en todo este semestre.

Saki se removió los audífonos de los oídos (aunque había escuchado las palabras de su profesor) y se levantó a recoger su examen.

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