Chapter 19: XIX

Johnny Luciano llegó a la oficina de Benjamín Lansmeyer desde la que administraba el Casino Rodas, y se sentó frente a su escritorio.

—¿A que debo el placer de tu visita, Johnny?

—¿Desde hace cuanto que la Familia Masseria es aliada a ustedes los gángsteres judíos?

—Muchos, muchos años. Maravillosos años. ¿Por qué?

—¿Ya te enteraste de la muerte de Gloria Masseria y de Joe “Caramarcada” Genovese?

—Sí, lamentable. Me indignó mucho su traición. Me alegra que salieras vivo. ¿Hay algo en que te pueda ayudar?

—¿Sabes que me dijo Gloria Masseria antes de morir?

—¿Qué?

—Que tú te robabas parte del dinero de este casino.

Lansmeyer rió:

—¡Ridículo! ¿Por qué haría tal cosa? Soy un hombre de palabra.

—Le pedí a Rudy Costello que revisara los números. Pareciera que algo no calza bien…

—Estás imaginando cosas. No me digas que le creerás a esa perra traidora…

—No lo hagas más difícil, por favor, Ben, sé un hombre…

Lansmeyer titubeó dudoso, pero decidió que no tenía sentido seguirlo negando.

—¿Me ejecutarás así nada más? ¿Ni siquiera llevarás mi caso a la Comisión?

—Ya lo hice, y la Comisión dictaminó. Perdiste.

Lansmeyer bajó la mirada, consciente de que esa sería su última conversación.

—¿Al menos podrías hacerlo rápido por los viejos tiempos?

—Así será.

—Shalom, Johnny.

Johnny extrajo su arma de entre su elegante chaqueta y le disparó en el rostro dos veces poniendo fin a Benjamín Lansmeyer.

Saki fumaba un cigarrillo en el borde de la acera frente al Casino Rodas mientras miraba el cielo estrellado. A su lado se encontraba su amigo Tony.

—¿Lista ya?

—Creo que sí. Pero necesito que me acompañes.

—Vamos —dijo Tony y se levantó. Unos minutos y dos cigarros después, Saki finalmente llegó a la habitación de Nazimova y le pidió a Tony que esperara en el pasillo.

—He venido a despedirme de ti, Ally. —Nazimova no respondió de inmediato, simplemente la observó con mirada rencorosa desde la mesa de la terraza, y tomó otro trago de ron— sabías que lo nuestro era un asunto temporal (y créeme que esa palabra es particularmente significativa). —Saki esperó una nueva reacción, pero al no verla continuó— Me gustó mucho lo que hicimos y los buenos momentos que pasamos juntas. Cuídate mucho, por favor…

—Eres una pequeña zorra malagradecida —insultó Nazimova— y te odio. Ojalá nunca te hubiera conocido mujerzuela asquerosa.

Saki intentó reprimir el flagelo de dolor que sintió en su corazón y se giró sobre su eje, pero entonces Nazimova se levantó de la mesa y se tiró a sus pies para aferrárselos en una patética súplica.

—¡Por favor no te vayas! ¡Te lo suplico! ¡Quédate conmigo!

—No, Ally, no puedo.

—¡Por favor! ¡No quiero volver a estar sola!

—No puedo, Ally, no puedo.

Nazimova se levantó del suelo, y propinó una nueva bofetada a Saki con un rostro compungido de ira y dolor.

—Golpéame todo lo que quieras —dijo Saki con lágrimas en los ojos y su mano derecha atenuando el dolor de la hinchada y enrojecida mejilla— pero jamás me quedaría contigo. Eres una anciana amargada que se aferra a sus glorias del pasado. La verdad es que estás muerta por dentro…

Saki salió de la habitación, y Nazimova se sumió en un ataque de rabia donde tiró la copa que bebía estallándola contra la pared, luego se desquitó en los muebles mientras lloraba aciagamente.

Saki, notablemente afectada, se reunió con su amigo Tony quien la abrazó de inmediato, y con él partieron rumbo al vehículo que los llevaría a la Mansión Masseria.

Sicilia, Italia

Bobby Maranzano, con dos guardaespaldas, llegó a una vieja posada situada en una de las románticas áreas rurales de Sicilia, en donde se saludó afectuosamente al dueño del local, un viejo y regordete italiano con un bigote muy poblado, brindándole un abrazo. Luego saludó a la esposa del posadero —una mujer madura de cabellos rizados pero que debió ser muy hermosa de joven como mostraba su conservación actual— y a la hija adolescente de ambos que denotaba la belleza en los genes de la familia por su hermoso rostro y cuerpo espléndido.

Maranzano se sentó en la barra de la posada y pidió dos cervezas mientras conversaba fluidamente en italiano con el gordo posadero.

—¿Y como marchan las cosas en estas tierras, Don Carlo? —preguntó Maranzano al anfitrión.

—Más o menos, tengo algunas influencias en el gobierno porque mi hermano es secretario del alcalde… —continuó diciendo en una conversación sin mucha relevancia.

Uno de los guardaespaldas de Maranzano hizo una señal con su mano derecha sobre el rostro, la esposa e hija del posadero desalojaron la habitación.

Repentinamente, Rudy Costello apareció pateando estrepitosamente la puerta de la cocina y acribillando a balazos con su metralla al segundo guardaespaldas de Maranzano antes de que pudiera responder.

Maranzano reaccionó de inmediato extrayendo su pistola del saco y disparándole a Costello en el hombro, el primer guardaespaldas (que lo había traicionado) sacó su propia arma pero Maranzano tuvo una reacción más rápida y le disparó en la cabeza ultimándolo.

Lo siguiente que vio Maranzano fue un cañón de escopeta frente a sus ojos siendo apuntado por el posadero.

—Johnny Luciano le manda saludos —dijo el posadero y disparó asesinando a Bobby Maranzano.

Mientras esto acontencía, en la Mansión Masseria se realizaba un Congreso de Mafiosos que habían llegado de todas partes de Estados Unidos; Chicago, Nueva York, Las Vegas, etc., la Mafia Italiana había convocado a la Comisión, y a su lado estaban los líderes de las Pandillas Irlandesas y de la Mafia Judía.

En una larga y redonda mesa negra sentados en cómodas sillas acolchadas, se congregaban 12 hombres de aspecto turbio. Los italianos casi todos eran ancianos, de barbas negras y muchos eran calvos, aunque otros tenían cabelleras abundantes y onduladas perfectamente peinadas. Tres de los jefes de la mafia judía con rostro malicioso se encontraban juntos a la sombra de los italianos, y los pendencieros líderes de la mafia irlandesa —uno de ellos tuerto, de dientes amarillos y con una espantosa cicatriz en la mejilla— encaraban de mala gana a sus rivales italianos.

—Bueno —dijo el Dr. Krass aún en su papel de Salvatore Masseria, presidiendo el congreso y con Johnny montando guardia a su lado— la propuesta que hace la Familia Masseria para la paz es la delimitación de nuestros territorios de influencia basados en el mapa que les hemos entregado. Los irlandeses se encargaran del tráfico de narcóticos, la extorsión y los asaltos bancarios, las Familias Italianas se concentraran en los casinos, el tráfico de alcohol, los sindicatos y la corrupción política, y los judíos administrarán los burdeles, la pornografía y las casas de préstamo. Todas las actividades serán reguladas por la Comisión que supervisará un trato justo para las diferentes familias y pandillas de acuerdo a sus necesidades de negocios. Por supuesto que dentro de nuestros respectivos barrios cada familia podrá administrar dichas actividades libremente siempre y cuando paguen un impuesto a la Familia regente.

El irlandés tuerto se levantó de golpe, malencarado y con rostro de repulsión, como si fuera a explotar en ira. Todos en la habitación se pusieron tensos y muchos colocaron instintivamente su mano en sus armas.

—¡Que me lleve el Diablo si no es el mejor maldito plan que he escuchado! ¡Estamos de acuerdo! —dijo abriendo los brazos, el Dr. Krass se levantó y lo abrazó sellando así el trato y logrando la paz entre las mafias.

—Como mi última labor oficial —dijo el Dr. Krass— ya que a partir de hoy me retiro, nombró a Johnny Luciano como si sucesor y Capo di Tutti Capo de la Familia Masseria.

Entonces la habitación estalló en aplausos, se sirvieron tragos y celebraron toda la noche.

Todavía se escuchaba un bullicio de los mafiosos celebrando borrachos dentro de la Mansión Masseria cuando el Dr. Krass salió de la casa y se reunió con sus compañeros Saki, Tony y Astrid.

—¿Se divirtió, Dr. Krass? —preguntó Saki mientras en Prometeo hacía aparecer la Esfera a unos centímetros de donde se ubicaban.

—Cállese, Dra. Takamura, no estoy de humor. Por usted y sus ideas tuve que hacerme pasar por el Padrino durante todo este viaje…

Los cuatro crononautas se internaron en la Esfera y esta desapareció de inmediato.

Alejandría, Egipto, año 415 DC.

La Esfera reapareció en la cúspide de una colina desértica bajo el ardiente sol egipcio. De ella emergieron los crononautas y el Dr. Krass se cubrió los ojos con su mano derecha a forma de visera para protegerse de la ardiente radiación solar. A lo lejos podía observarse el vasto y azulazo Río Nilo desembocando en el Mar Mediterráneo.