Chapter 9: IX

Efectivamente, la batalla no tardó mucho en acontecer de nuevo. Ambos clanes se encaraban mutuamente sobre sus caballos en una planicie cercana al bosque al amanecer del día siguiente.

—Aquí tienes la cabeza del último enemigo que vencí —dijo Lord Minamoto lanzando al suelo una cabeza cercenada con mucho tiempo de descomposición— era el señor del Clan Sakana. Se dio muerte a si mismo tras ser derrotado, murió con honor. Le sugiero que haga lo mismo.

Takamura lo contemplaba con odio. Astrid había reemplazado a Hiroshi y Nagasaka se había quedado custodiando el castillo.

—Estoy seguro que los Fujiwara —dijo Takamura— el clan más poderoso de Japón, enviarán pronto un contingente para asistirnos. Somos sus aliados…

—Veo que tiene muchos aliados, Takamura —burló Minamoto— incluyendo a esa mujerzuela salvaje que está a su lado…

Astrid rechinó los dientes…

Takamura desenvainó su katana y apuntó a Minamoto, luego dio la orden del ataque y pronto ambos ejércitos chocaron en un atronador estruendo de muerte y violencia.

Y mientras eso ocurría, Saki y Yaoshi amanecían juntas después de hacer el amor la noche anterior.

Estando aún dormidas las dos, una figura oscura penetró en la habitación y caminó sigilosamente. Extrajo su espada y apunto a las jóvenes con intenciones homicidas. Observó los cuerpos desnudos de ambas jóvenes recorriendo cada centímetro con su mirada, y luego apunto la espada a la cabeza de Saki.

Saki se despertó súbitamente debido al ruido provocado por un entrechocar metálico.

Al abrir sus ojos contempló una espada siendo retenida por otra sobre su cuerpo; Yaoshi le había salvado la vida reteniendo la espada del ninja con la suya.

—Cobarde —recriminó Yaoshi y pronto se batió en un duelo de espadas con el enmascarado.

Ambos combatientes eran diestros en el uso de la espada, pero el ninja gozaba de una experticia mucho mayor que la de Yaoshi, y rápidamente la sometió. Yaoshi cayó al suelo boca arriba golpeándose la espalda con los tablones de madera, y el ninja se colocó sobre ella a horcajadas apuntándole el cuello con su espada.

Repentinamente un jarrón chino se quebró en la cabeza del ninja; había sido Saki quien lo había golpeado. El ninja, sosteniéndose la cabeza con dolor, se giró hacia atrás con la finalidad de herir a Saki, pero Yaoshi aprovechó para incrustarle su arma en el costado derecho. El ninja gimió de dolor y se levantó, huyendo velozmente por la ventana y perdiéndose en la maleza.

Mientras tanto, los samuráis continuaban enfrentarse violentamente. Los dos clanes; el Minamoto y el Takamura, se disparaban flechas mutuamente, se batían en duelos de esgrima y caían muertos de sus caballos ultimados por el enemigo.

Astrid era una guerrera muy diestra pero ella misma admitía que los samuráis eran una clase de guerreros particularmente sofisticada como pocas veces había sido vista. Aún así, luchaba contra un robusto samurai de más de dos metros y con una cicatriz que le atravesaba el rostro, y había logrado herirle en el esternón. El samurai había ignorado la herida estando sumido en un frenesí colérico y continuó combatiendo a Astrid mientras escupía sangre.

La batalla entre los dos daymos samuráis; Lord Takamura y Lord Minamoto era espectacular. Ambos, sabios, curtidos y expertos, se sumían en una contienda de titanes. Por unos instantes, la refriega contra Minamoto estuvo a punto de terminar conforme Takamura le realizó un corte que le atravesó el pecho a su contrincante, pero sólo hiriéndole la piel superficial. Minamoto cayó de rodillas y Takamura se preparó para asestar el golpe final cuando una flecha se le clavó en el hombro izquierdo.

Takamura cayó al suelo con la flecha insertada en su carne y Minamoto se levantó. El samurai arquero se sonreía por su acción a unos catorce metros de distancia.

Astrid se percató de la situación mientras combatía aún al fiero y robusto samurai, y urgida por ayudar a Takamura hizo un último esfuerzo frenético por librarse del samurai. Le cortó el cuello limpiamente y éste dispersó un torrente de sangre esparciéndola alrededor. Astrid entonces fustigó al caballo en dirección al daymo —y en el caminó le cortó la cabeza al arquero— llegó a sus inmediaciones y se bajó del caballo para enfrentar a Minamoto quien estaba a punto de asesinar a Takamura.

Minamoto estaba herido y supo que, a pesar de su experticia, la joven y fornida nórdica tendría más posibilidades, así que sencillamente se retiró. Los samuráis sobrevivientes del Clan Minamoto se alejaron así del campo de batalla.

—¡Lord Takamura! —exclamó Astrid arrodillándose a su lado.

—Me encuentro bien —dijo con dolor— sólo remueve la flecha…

Astrid lo hizo y Takamura ahogó sus gritos…

Los samuráis Takamura sobrevivientes pasaron tres días acampando en el bosque mientras Takamura se recuperaba lo suficiente como para cabalgar. Astrid le proporcionó sendos cuidados durante ese breve periodo de convalecencia.

—Gracias —le decía Takamura con el dorso desnudo y vendado mientras Astrid le lavaba las heridas. Astrid, sin usar su armadura o casco, dejaba los rubios cabellos despeinados caer sobre sus hombros apenas cubiertos por los tirantes de una blusa blanca y desmangada.

—Mientras esté aquí —aseguró Astrid— usted es mi señor y debo cuidarlo como tal —dijo mientras masajeaba el musculoso cuerpo del samurai.

Y durante éste lapso, los esfuerzos por localizar al ninja en el Castillo Takamura resultaron infructuosos a pesar de que Nagasaka ordenara a los centinelas el registrar completamente el lugar.

—Sospecho que el ninja es el propio Nagasaka —conjeturó Tony mientras tomaba té con el Dr. Krass sentado en una banca del jardín— está molesto por la amistad de Takamura con Astrid.

—Para mí es el hijo —sugirió el Dr. Krass— Toshi.

—¿Ese muchacho tan espiritual?

—Tiene sentido, quizás es una fachada. Dada su relación con el padre probablemente quiera vengarse de él…

Las pláticas de ambos continuaron algunas horas hasta la llegada de la noche durante la cual cesó la búsqueda. Ayu la Geisha se encontraba escribiendo ideogramas en el alfabeto kanji dentro de la habitación de Takamura cuando al lugar entró Toshi con mirada siniestra.

—Me asustaste, pensé que eras el ninja —dijo Ayu observándolo de reojo y volviendo a su quehacer.

—He soportado muchas humillaciones de mi padre —dijo Toshi— pero quizás le resiento más el que tenga a una mujer tan hermosa como tú a su lado.

—Me halagas, Toshi —dijo ella quietamente, Toshi se hincó a su lado y colocó sus brazos alrededor de la cintura de la mujer, comenzando a besarle el cuello. —¿Qué haces? Tu padre nos matarías si se entera…

—Por una vez en mi vida… —dijo Toshi— quiero ser como mi padre en algo…

Velozmente, Toshi removió el kimono del dorso de Ayu dejándole desnudos los hombros y acariciándole los pechos. Ayu se giró sobre su eje colocándose frente al muchacho y lo besó apasionadamente. Ayu hizo gala de su experticia en los artes amatorios, desnudando el dorso del joven y acariciándolo con sus tersos dedos y su lengua, con la cual recorrió eróticamente cada centímetro de su cuerpo. Embriagado de placer, Toshi colocó a Ayu sobre la cama de su padre y la penetró con toda su lúbrica pasión…

Mientras esto acontecía, los samuráis regresaban a su fortaleza ahora que Takamura podía cabalgar y estaba bastante recuperado. Montaba detrás de Astrid sosteniéndose de su cintura. Llegaron al castillo de noche, y Astrid todavía sostenía el brazo de Takamura sobre su hombro mientras lo introducía a la habitación…

Cuando abrieron la puerta plegadiza, Takamura contempló la imagen de su hijo y su concubina haciendo el amor apasionadamente entre las cobijas y una rabia enloquecedora se posesionó de él.

Cegado por una ira incontenible y con pulso tembloroso, Takamura se liberó del abrazo de Astrid y desenvainó su espada sumido en ira frenética:

—¡Traidores! —escupió— ¡Infieles! ¡Pagaran esta deshonra con sus vidas!

—¿Sólo yo he sido infiel? —le preguntó Ayu encarándolo— ¿Qué pensabas hacer con la salvaje en esta habitación?

Pero Takamura ignoró el comentario y con espada en mano se lanzó en un ataque mortal para ultimar a su hijo…

La espada provocó un ruido metálico al chocar con otro filo similar. Takamura, que había cerrado los ojos para no observar como rebanaba la carne de su propio hijo, los abrió sorprendido y descubrió la espada de Astrid debajo de la suya. Astrid había salvado a Toshi interponiendo su propia espada.

—No permitiré que mate a su propio hijo… —le dijo Astrid y Takamura se sintió doblemente traicionado.

—¡Alto! —gritó la voz de Yaoshi entrando al lugar. Estaba seguida por Saki— Padre no mates a Toshi. Sabemos quien es el ninja…

—¿Cómo? —preguntó Takamura.

—Encontramos a Nagasaka muerto envenenado en la dispensa de licores —explicó Saki— pero su aliento no olía a licor. Nagasaka no había tomado una gota. Sin embargo, al revisar el cuerpo descubrimos rastros de reciente actividad sexual. Nagasaka fue envenenado por alguna substancia en la piel la cual fue suministrada mediante un acto sexual. Y siendo así, sólo una persona pudo suministrarle el veneno...

Takamura encaró a la geisha.

—¿Yo? —se defendió ésta— ¿Y por qué no pudo ser una de ustedes dos?

—Tenemos otra evidencia —dijo Yaoshi— Hiroshi era un guerrero experto y es poco probable que no hubiera herido al ninja al defenderse. Pero lo que si sabemos de seguro es que yo herí al ninja cuando nos atacó ayer. Si revisamos el cuerpo de Ayu sin duda encontraremos cortaduras, una debería estar en el costado derecho…

Takamura removió de golpe las sábanas del lecho observando el cuerpo desnudo de la geisha que, en efecto, mostraba vendas en la cintura.

—Dijiste que esas heridas te las había causado mi padre —adujo Toshi— que te golpeaba en el estómago cuando se enojaba contigo…

—Es muy común que los enemigos envíen mujeres ninjas —comentó Yaoshi— infiltradas para que generen conflictos amorosos, caos y celos dentro de un clan. Ayu es una espía Minamoto…

—Y lo hice con gusto —confesó ésta con resignación— soy una mujer muy pobre. Casi todos los ninjas somos gente de origen humilde que nos rebelamos contra los abusos de los señores samuráis que gobiernan sus feudos con puño de hierro.

—¿Utilizaste el veneno que usaste con Nagasaka en mi hijo, mujerzuela traidora? —le preguntó Takamura preocupado.

—No. El veneno tiene un efecto muy rápido, lo habría matado demasiado pronto y la idea era que Toshi muriera a manos de su propio padre para dividir a la familia y destruir tu estabilidad mental.

—Pues ha llegado la hora de tu muerte… —anunció Takamura levantando la espada.

—¿Es ese tu honor, Takamura? —le dijo— ¿Matarás a una mujer desarmada? Dame al menos la posibilidad de defenderme en duelo.

—Así será. Vístete y toma tu espada. Te esperaré afuera…

Toda la fortaleza observaba el duelo entre Lord Takamura y Ayu, quien ahora lucía el traje negro de ninja, sin la máscara. La habilidad de ambos con la espada era innegable.

La espada de Ayu pasó rozándole el rostro a Takamura en dos ocasiones, éste se inclinó y contraatacó intentando enterrar la espada en el vientre de la mujer, pero con su agilidad lo evitó aunque el filo cortó la tela negra de sus ropajes. Ayu le propinó un ataque sobre el costado izquierdo que Takamura retuvo con la katana, y luego golpeó a la mujer con el puño de la espada. Ayu cayó al suelo boca arriba pero saltó hacia atrás con agilidad acrobática cuando Takamura intentó clavarle la espada que se enterró en el suelo. Ayu dio varias vueltas sobre el piso hasta detenerse de pie, y saltó furiosamente dispersando un grito marcial, contra Takamura.

Takamura retuvo el ataque con su espada y ambos quedaron encarándose a unos centímetros de distancia:

—No sabía que fueras tan hábil —reconoció Takamura— te hubiera dado otras funciones… lástima que seas una sabandija traicionera…

—No me tratabas con tanto desprecio cuando disfrutabas de mi cuerpo cada noche. Debes de saber que tu hijo es mucho mejor amante que tú, anciano patético…

Los combatientes se separaron y el duelo prosiguió. Takamura logró herir a la ninja en el hombro, esta cayó al suelo y Takamura se dispuso a asesinarla, pero Ayu tomó polvo del suelo y lo tiró a su rostro cegándolo, luego se dirigió con furia sangrienta lanzando un grito que helaba la sangre y ensartó la espada en el vientre de Takamura empujándolo hasta clavarlo en el abeto del jardín.

—¡No! ¡Padre! —gritó Yaoshi y un murmullo de sorpresa se extendió entre los espectadores.

—Sin honor —dijo Takamura mientras la sangre brotaba de su estómago— matas sin honor.

Entonces, una Astrid enfurecida corrió hacia el abeto con espada en mano. Ayu se giró al percibir la cercanía y se enfrascó en un nuevo combate contra la nórdica.

—¡Cobarde! —recriminó Astrid— ¡Lo mataste como una cobarde!

La ira de Astrid resultaba incontenible, Ayu sucumbió ante el embravecido arrebato de la bárbara quien finalmente le hizo perder la katana que giró como un proyectil hasta clavarse en la madera de una habitación cercana, y le clavó la espada en el pecho atravesándole el corazón. El cuerpo muerto de la ninja azotó el suelo…

—Hijos míos… —dijo Takamura agónicamente a Toshi y Yaoshi que se postraron a su lado— …ahora ustedes heredan mi feudo… confío en ambos… estoy orgulloso… muy orgulloso… de los dos…

—¡Oh padre! —gimió Toshi— ¡perdóname!

—Yo soy… el que debe… pedirte… perdón… eres… un buen… hijo… No sufran… porque tuve… una muerte… honorable… y me… reuniré… con… mis… ancestros…