Capítulo Sesenta y Uno
—Lo haré Amelia. —. Salía de la habitación y ella me seguía, bajando las escaleras, Amelia ordenó a uno de los hombres de Thomas que me llevara, porque no sabía manejar.
—Cuídate y cuida al bebé… Mi niña —. Sonreía, acercándome para depositar un beso en su mejilla, abrazándola de nuevo.
—Gracias por confiar en mí. —. Me separaba de ella para subir al auto que estaba listo, le indicaba hasta donde tenía que llevarme, iba muy nerviosa, no solo por mí, sino por el bebé, acariciaba mi abdomen, también debía pensar en el bienestar de Thomas y Zachary.
—Maldito… Te fuiste y mira lo que sucede… —. Susurraba en voz baja.
—Señorita Lizbeth, llegamos… ¿Está bien el lugar? —. Preguntaba y eso me sacaba del mis pensamientos.
—Si, si estoy bien… ya puedes irte, gracias por traerme. —. Bajaba del auto y cuando estaba por cerrar la puerta, me volvía a preguntar.
— ¿Segura que está todo bien?
—Sí, confía en mí. —. Sonreía y este asentía para arrancar el auto observando cómo se alejaba, caminaba por un camino de tierra que llevaba a una casa o era lo que creía, después de caminar bastante llegaba y me asombraba al distinguir una casa abandonada y quemada o incinerada.
—Es enorme… ¿Aquí comenzó todo? —. Caminaba hasta llegar a unas puertas de entrada enorme. —. Es una mansión…—. Sin esperar Ingresaba, empujando las gigantes puertas, provocando mucho ruido, detenía de hacer más fuerzas, observaba y estudiaba la situación en la que me había puesto, pero en donde miraba, se encontraba vacía, no habitaba nadie, reparaba en unas escaleras en el medio de la casa, era muy hermoso, negaba ante eso, sin duda había caído en una trampa.
—Debería… —. Metía la mano al bolsillo del buzo, agarrando el celular, me sobresaltaba un ruido y en eso aparecía Alexander, mi vista seguía cada paso que daba, pero sin perder de vista por si veía a Thomas y Zachary.
— ¡Lizbeth!…—. Caminaba hasta el medio de lo que había sido el salón, aplaudiendo como si realmente fuese un demente—. Me alegra que hayas decidido venir a salvar a tus… ¿Amantes? —. Preguntaba ya estando a unos pasos de mí.
—Vine a rescatar a dos personas, de un Enfermo psicópata, que ese ¡eres tú! —. Gritaba sacándome de quicio, y eso le enfurecía, había tocado su punto débil.
—Me llamaste… ¿Psicópata? —. Parecía sacado de sí, y en unos segundos lo tenía encima de mí sujetándome del cuello, apretando con fuerza llevaba ambas manos, como se me ocurría hacerlo enojar. Nunca pienso bien. —. ¿Sabes quién es el verdadero psicópata? Y tú lo conoces y muy bien lo conoces —. Me concentraba en lo que decía.
—Si, si lo conozco…—. Respondía como podía.
—El Psicópata… que asesino y mutilo a su propio padre —. Quedaba estupefacta, por saber quién era, el que había sido su víctima. —. Esa es la expresión que quería… tú Thomas, mato… a mi padre —. Sus ojos se llenaban de lágrimas, pero en su mirada podía notar que estaba desquiciado, obsesionado con Thomas.
Pero recordaba lo que me había dicho Thomas, la noche, esa noche en donde me confesó todo, donde por primera vez me decía 《Te amo》 ese alguien que él nombraba, que había acabado con lo que él llegó a amar, que supongo era su madre, le había quitado la vida frente a él, nunca me menciono de qué manera, creo que era por miedo o era esa personalidad oscura, que tomó control de él haciéndolo olvidar como fue, por eso fue que cometió eso, su padre también era un asesino y volver a pensar en todo lo que había sufrido y pasa Thomas, solo era un niño.
—Pero… ¡Tu padre es el maldito enfermo! ¡Él es el verdadero y único Psicópata Asesino! —. Gritaba de nuevo brotando mis lágrimas—. ¡Echándole la culpa a un niño! ¡Eres igual, un calco de tu padre! —. Sin bajar el volumen de voz, me abofeteaba provocando que quedara callada.
—Eres igual a él… por eso empezaré contigo —. Comentaba amenazándome y sujetándome de nuevo del cuello comenzó a apretar con demasiada fuerza, le golpeaba sus hombros con ambas manos, cuando sentía que ya no podía más, de reojo veía que aparecía Zachary y él lo hacía que me soltara, estaba intacto y agradecía a Dios por mantenerlo así, hacía que me soltara, tomando distancia rápidamente de él.
—Zach… Aléjate de él —. Lo mencionaba como podía para que él me escuchara. Pero él no me hacía caso, al contrario, lo trataba de tranquilizar a Alexander, él me miraba y enseguida apartaba su mirada.
—Lo siento Lizbeth, solo me acerqué para ayudar a mi hermano… quiero destruir a Thomas tanto o más que él —. Al escucharlo sentía que todo me daba vuelta, ¿era hermano de Thomas?, me dolía el pecho, había confiado en él desde el primer día en que lo conocí, pero pensando las veces que aparecía Alexander, él lo sacaba, él era quien lo había hecho entrar en la casa de Thomas y en la casa de Richmond, también lo había ayudado, negaba no lograba entender y ni creer que Zach, nuestro Zach, mío y de Amelia, sin poder controlarlo mis lágrimas salían. Me sentía totalmente desbastada al confiar en él, ni siquiera lograba responderle.
—Alexander, deberías encargarte de ella
—Sí, me encargaré de la ramera —. Sacaba un arma de su espalda, apuntándome y jactándose de mí. De repente Zach lo detenía, era mucho más alto que él y corpulento. —. ¿Qué haces?
—Deberías hacerlo con esto —. Le entregaba un arma blanca —. Disfrutas más con un cuchillo —. Mencionaba al último.
—Tienes razón, quiero rasgar su cuello…—. Miraba hacia todos lados, dando pasos hacia atrás para acercarme más a la salida, cuando volvía a mirar, Zach lo sorprendía cuando le quitaba el arma y con un bloqueo de manos le quitaba la otra arma.
— ¡Hijo de puta! —. Gritaba Alexander.
—El único hijo de puta, eres tú… —. Mencionaba Zach.
Nos invadía un silencio ensordecedor no lograba entender que estaba sucediendo, todo había sido fingido por Zach y Thomas, una parte de mí se relajaba, y como si fuese realmente una escena de película donde el protagonista volvía de la muerte, bajaba Thomas de las escaleras, se veía verdaderamente sexy, para mí, con el cabello desalineado y con su camisa rota. Mi vista se clavaba en él, en cambio, Alexander solo tenía ojos para su objetivo llamado Thomas, al bajar las escaleras camino hasta donde residía Alexander, Zach se acercaba a él entregándole el cuchillo y Thomas lo sujetaba.
—Voy a disfrutar haciendo esto —. Su voz sonaba más grave de lo usual, su altura, su contextura corporal, Thomas se encontraba de nuevo perdido, mis piernas se movían para acercarse a él, ninguno parecía notar mi presencia. En cambio, yo, presenciaba como Thomas primero le daba golpes en el abdomen, Alexander trataba de defenderse, pero era en vano sus esfuerzos, cada cosa que hacía, Thomas lo molía a golpes. Se acomodaba el cabello, y se veía algo en su mano, llevándola a su boca, notaba que se lamía sus nudillos y por alguna extraña razón lo hacía ver extremadamente sensualidad, negaba.
—Terminaré contigo, Alexander —. Comentaba y al terminar de decir eso lo apuñalaba, en alguna zona de su abdomen y al acercarme más lograba advertir como disfrutaba de apuñalar a su propio hermano. Sin aguantar más, este espectáculo atroz que estaba cometiendo Thomas.
— ¡No! ¡Thomas! —. Gritaba y Thomas se detenía, pero sin mirarme, mi cuerpo temblaba y temía por el bebé estaba muy alterada, Zach me miraba y caminaba para acercarse a mí.
—Todo está bien Lizbeth —. Escuchaba lo que me decía para tranquilizarme, fijaba mi miraba en Zach, intentando decirle que detuviera a Thomas, pero por más que quería seguir hablando no podía, soltando la congoja que ya no lograba controlar
—Por favor… Thomas —. Se escuchaba como su fuese un susurro, Thomas parecía atento y consciente de mi presencia, por eso calculaba que lo había escuchado, volvía mi vista, a Thomas, observando como lo dejaba, para girarse en mi dirección, encontrándose nuestras miradas luego de tantos días, sentía como se aceleraban los latidos de mi corazón, caminaba hacía a mí, se acercaba con cada paso, sentía que mi cuerpo se estremecía y al verlo como se ponía de rodillas frente a mí, me desgarraba el alma, entendía que estaba arrepentido. Me agachaba enseguida a su altura para tomarlo de las mejillas, él no dejaba de mirarme.
—Lo siento…—. Murmuraba en un estado ajeno a mí y a su realidad, y mi vista se fijaba en el bulto que se movía detrás de Thomas y quedando estupefacta, sentía que mi cuerpo estaba inmóvil, no creía lo que veían mis ojos, pero mi instinto de querer protegerlo o el amor, mi brazo se movía agarrando el arma que tenía Zach en su mano, cuando veía como Alexander se sacaba el cuchillo, me horrorizaba provocándome náuseas, pero ignore eso, este corría para abalanzarse sobre Thomas, para matarlo, y en ese mismo instante apunte contra él, apretaba del gatillo, pegándole justo en su rodilla haciendo que cayera.
—Lo… ¿Lo maté? Ahora mis manos están manchadas de sangre… —. Comentaba en estado de shock, cerraba los ojos para protegerme a mí misma, sin embargo, mis fuerzas y mi fortaleza con el heroísmo me abandonaba, Thomas me sujetaba cuando caía desmayada por la misma tensión y nervios que tenía.
Sin saber cómo salimos de ese lugar y que sucedió con Alexander, solo en mi interior deseaba que estuviera bien, con vida sobre todas las malas cosas de él, seguía siendo el hermano de Thomas y Zachary, todavía no podía creer en eso.