Capítulo Sesenta

Tenía de nuevo el mismo sueño, yo en la cama blanca, vestía un vestido blanco y con un vientre enorme, pero mirando hacia todas las direcciones no encontraba a Thomas, sentía un vacío enorme, pero esto era casi real, despertaba de repente orientándome en el lugar a donde residía, sentándome en la cama. En eso aparecía Amelia trayendo el desayuno, sonreía mirándola.

—Me estás mimoseando mucho, Amelia. Me voy a malacostumbrar —. Me distraía del mal sueño que había tenido, me dedique a beber el té, comiendo las tostadas con mermelada—. Está muy sabroso, Amelia. Muchas gracias.

—Y lo voy a seguir haciendo, mi niña. Me alegra que te guste. Cuando termines te viste y vamos a comprar —. Lo decía emocionada, por lo que nos pusimos a charlar sobre las cosas que compraríamos, terminando me levante y opte por ponerme un vestido largo color negro, acompañado por unas sandalias de taco bajo, saliendo de la habitación, al final de las escaleras nos esperaba el Sr. James.

—Estamos listas —. Comentó Amelia.

—Entonces no hagamos esperar.

En el auto, los dos no paraban de pensar en que comprar y yo no paraba de pensar en que estaba haciendo Thomas y si se encontraba bien, suspiraba, me tranquilizaba un poco las palabras de Amelia y el Sr. James, sin embargo, este bebé necesitaría a su padre, al decir eso me invadía una alegría pensando en los dos juntos, así tal como fue el sueño, posaba mi mano en mi abdomen plano. Deseaba que fuera la viva imagen de su padre, miraba al cielo, rogando por eso y por Thomas, que lo tomara bien, sabía por lo que pasaba y eso era el miedo más grande que tenía. Sin darme cuenta ya habíamos llegado, bajábamos los tres al mismo tiempo y caminamos hasta la entrada, me sujetaba de ambos brazos, recorrimos todas las tiendas para bebés, Amelia y el Sr. James no se decidían que llevar.

—Mi niña elige… —. Amelia tenía un body con margaritas y el Señor James un body con moños.

—Bueno… No sé cuál elegir porque no sé el sexo del bebé…

—Pero pequeña, va a ser un varón, como el amo. —. Reía ante lo que decía y Amelia negaba.

—Va a ser una niña, tan adorable como su madre —. Enseguida se ponían a discutir entre los dos.

—Por favor, Señorita, nos llevaremos ambos, pero seguiremos viendo —. La chica asentía y lograba tranquilizar a los dos, continuamos buscando ropa, era increíble la variedad que había, de pronto me invadía el mismo vacío que tuve en el sueño, pero por suerte aparecía Amelia llevándome de brazo para elegir una cuna, muebles de todo lo que se les ocurría a los dos, terminando con las compras me sentía agotada y hambrienta por lo que me agarraban náuseas.

—Amelia, me siento mal, ¿podemos ir a casa? —. Le decía y ella se alertaba, enseguida estábamos encaminándolos hasta el auto, ya en marcha me recostaba sobre Amelia para descansar un poco, el camino se hacía más corto, bajaba rápido para ir a la cocina a buscar algo de comida y con la esperanza de que Thomas hubiese vuelto, pero mi esperanza se desvanecía por lo que me encaminé a donde quería ir, encontrando un poco de ensalada de frutas, me sentaba ya más relajada al tener comida, disfrutando de comer aparecía Amelia.

—Ahora te preparo un sándwich, ya mande a los muchachos a guardar lo que compramos, la cuna seria lindo que pudiéramos armarla todos juntos, ¿te parece?

—Claro que sí, me encanta la idea y también la del Sándwich —. Asentía y se ponía a hacerlo, esta mujer me ponía muy feliz al igual que el Sr. James, ya habían pasado dos días o tres en que no veía a Thomas y ese vacío no lo llenaba nada, trataba de estar bien por el bebé.

Había comido el Sándwich, estábamos con Amelia en su habitación, acomodando la ropa.

—Demasiada ropa compraron… lo siento Amelia. —. Me apenaba doblando y acomodando.

—Mi niña puedes tener más de uno, aparte, ¿le darás un hermanito o hermanita al bebé o no? —. Al escuchar lo que decía sentía que me invadía un calor en el rostro—. No te avergüences mi niña… es el amor —. Se reía y yo también lo hacía, nos pasamos la tarde acomodando toda la ropa del bebé en el armario.

—Amelia, vamos a preparar la cena —. Ella asentía y nos dispusimos a hacer eso.

El día había pasado rápido o más bien los días pasaban rápido y en eso me alegra, porque estaba más cercano el regreso de Thomas o era lo que quería creer, la esperanza me estaba jugando una mala pasada otra vez. Habíamos cenado y estábamos sentados en la sala, bebiendo un té.

—Yo necesito dormir, me he cansado mucho —. Comentaba y enseguida se paraba el Sr. James.

—Amelia, acompáñala a la habitación y acuéstala.

—Sí, vamos Mi niña —. Me despedía del Señor James, subiendo las escaleras, iba directo a la habitación de Amelia, al entrar me acostaba con la ropa que tenía puesta, no poseía las fuerzas para hacer eso.

—Buenas noches, Mi niña.

—Buenas noches, Amelia —. Depositaba un beso en mi frente, quedando dormida al instante, volvía a tener el mismo sueño, me despertaba nerviosa por su significado, por lo que iba al baño rápido, lavándome la cara y cambiaba mi vestido por otro con cintillo en la cintura, poniéndome las zapatillas al salir de la habitación bajaba las escaleras y Christian se acercaba a mí entregándome un paquete.

—Señorita, llego esto para usted. —. Agarraba la caja y lo miraba sonriendo.

—Gracias Christian.

—De nada Señorita Lizbeth —. Se retiraba y me sentaba en un escalón abriendo el paquete al observando lo que era me sorprendía y alegraba.

—Tengo de nuevo un celular —. Revisaba y no tenía nadie agendado, pero de pronto me parecía raro, si era Thomas ¿Por qué no había venido a casa? —. Otra vez está huyendo… —. Subía de nuevo las escaleras para dejarlo en el cajón de la mesa de luz, salía para ir a la cocina a desayunar. Llegaba Amelia, me tenía preparado un Té con unas galletas recién hechas.

—Amelia, siempre me sorprendes, era la mejor —. Me sentaba a disfrutar de un sorbo de té y comiendo de las sabrosas galletas.

—Mi niña, solo lo mejor para ti… ¿Quieres que esta tarde salgamos a hacer las compras o estás cansada?

—No, no me siento para nada cansada, con gusto te acompaño, pero déjame buscar un saco y el bolso.

—Muy bien Mi niña continúa comiendo —. Seguía haciendo sus cosas y yo lo único que hacía era comer, al terminar alzaba la taza para lavarla—. Voy arriba a buscar mis cosas.

—Te espero aquí.

Saliendo de la cocina fui directo a subir las escaleras, al llegar a la habitación se escuchaba un sonido, miraba hacia todos lados.

— ¿De dónde viene?... —. Al recordar, camine abriendo el cajón y salía un número desconocido en la pantalla del móvil, pero aun así mi corazón y mi cuerpo se paralizaba por unos segundos, mi mano agarraba el celular presionando para atender.

—Lizbeth... ¿Cómo has estado? —. Al escucharlo supe por su voz quien era, había recibido una llamada de Alexander, pero ¿Por qué? Hasta se encargó de enviarme el celular, para preparar él ¿Qué?

—Si… He estado bien… solo quiero saber ¿Qué es lo que planeas ahora?

—Quería saber cómo se encontraba mi… ¿Cuñada? —. Lo decía de manera despectiva.

—No lo soy, y ya sabes cómo me encuentro… Ahora dime la verdad —. Tenía que sentarme porque sentía que me estaba dando vuelta todo.

— ¿Has visto a Thomas? O ¿A Zachary? No te has preguntado ¿qué ha sido de ellos dos? ¿Cuándo fue la última vez que viste a ambos? —. Sus preguntas me dejaban atónita, sintiendo una punzada en mi pecho. —. Lizbeth, déjame terminar.

— ¡¿Qué fue lo que hiciste, maldito?! —. Gritaba y al darme cuenta de que alguien podía escucharme me tranquilizaba, aunque sea un poco. Escuchaba una carcajada de parte suya, me daban ganas de arrojar contra el piso al celular.

—Te pasaré la dirección, donde todo está mierda comenzó… recuerda que debes venir sola —. Finalizaba la llamada, alejando el celular y dejándolo en la cama, me miraba, ambas manos que temblaban.

— ¿Qué haré?... —. Ni siquiera podía formular una palabra, tenía que ir sola para recuperar o salvar a Thomas y Zach, sonaba un vip, miraba el celular y me había mandado la ubicación, agarraba el celular y se abría la puerta entrando Amelia sobresaltándome, llevaba mi mano a mi abdomen—. Amelia, me asustaste —. Lo decía escondiendo el celular en el bolsillo.

— ¿Qué sucede mi niña? —. Preguntaba por mi forma de actuar, “Tranquilízate Lizbeth” me decía a misma.

—Tengo muchas náuseas… No me siento bien —. Era una mentira, que se estaba haciendo realidad, corrí hasta el baño para vomitar, jalaba de la cadena y me lavaba la cara, enjuagando mi boca, me secaba y salía decidida del lavado.

— ¿Te sentaron mal las galletas? Debí… —. Me acercaba a ella para agarrar sus manos.

—Amelia, algo ha sucedido y es muy malo… no puedo contarte más… Y tampoco deseo mentirte… pero ahora tengo que irme por favor guarda el secreto —. Sin decirme, nada la abracé y ella correspondía al abrazo. Me separaba buscando en el armario unos jeans y un buzo Canguro Hoodie con Capucha, Amelia me observaba, podía palpar su preocupación, metía el celular del maldito Alexander en el bolsillo del buzo.

—Muy bien Mi niña confío en ti. Si pasa algo, solo pídeme ayuda.