Capítulo Cincuenta y Seis
— ¡Sí! si Thomas —. Respondía y él con una sonrisa extremadamente sexy, más con la situación en la que nos encontrábamos, continuó con una serie de rápidas embestidas, cerraba los ojos para dejarme llevar porque ya conocía a donde me llevaría la hermosa sensación.
—Lizbeth, ¡Mírame! —. Su llamada de atención, me hacía abrir los ojos enseguida, mirándolo directamente a sus ojos, advirtiendo y sintiendo su mirada ardiente, junto con sus insaciables movimientos, al igual que sus manos, me corro de placer, susurrando su nombre solo audible para mis oídos, dejé de apretar las sábanas.
—Maldición… Lizbeth esto aún no termina —. Murmuró para después bajar mis piernas de sus hombros, dejándolas a ambos lados de sus piernas, observando su mano donde tenía su suero, trataba de sentarme —. ¿Qué pasa?
—Mira, tu mano, la sangre se ha filtrado por la manguera del suero eso es porque… —. Quedaba en silencio y sin detenerlo, me ayudaba a levantar quedando aferrada a su cuerpo, así se sentaba en la camilla y ahora era yo la que estaba arriba, Thomas, me sujetaba con sus fuertes y grandes manos de la cadera.
—Mírame nena —. Murmuraba y fijaba mi vista en él, posando mis manos sobre sus hombros anchos donde hacía minutos estuvieron mis piernas —. El juego continúa —. Comentaba y sacándome de mis pensamientos por sus movimientos, no dejaba de gemir, sentir aún su pene duro y rígido, me hacía enloquecer.
De pronto se escuchaba que alguien hablaba al frente de la puerta de la sala, por lo que llevé mi mano a mi boca, para que no escucharan mis gemidos, Thomas agarraba esta, buscando con desesperación dentro de mí, hasta mis movimientos de cadera estaban a ritmo con los de él.
—Thomas… Se siente —. Comentaba entre jadeos, y golpeaban la puerta por lo que Thomas sin contenerse ante eso, nos enroscamos el uno con el otro en un increíble beso lascivo, la humedad de sus labios, la aspereza de su barba, junto al tacto de su lengua, me exigía que abriera más la boca, hacia lo que él deseaba, jadeo, entregada a él dejándome caer a sus brazos, Thomas estrechándome entre su cuerpo aferro ambas manos sobre mis nalgas para aumentar mis movimientos, su aroma y todo de él era intoxicante, aferre mis manos clavando mis dedos sobre su espalda donde tenía sus tatuajes, me dejaba llevar por la adictiva sensación del orgasmo, sentía que mi interior se contraía, sintiéndolo aún más y sin detener sus movimientos, arqueaba mi espalda viniéndome de placer junto con él, hacerlos juntos lo volvía él doblemente de adictivo, él clavaba sus dedos sobre mi cadera, dando las últimas estocadas, aflojando mis manos rendidas, estando casi sin aliento nos quedamos así por unos segundos.
—Perfecto…—. Comentaba sin aliento, estábamos en el mismo estado, pero sin olvidarme de cómo se encontraba Thomas, me sentaba derecho de nuevo y levantándome suavemente, mordiéndome mi labio inferior con fuerza, ¿por qué era todo delicioso con él? Me acomodaba y él se hacía a un lado dejándome lugar en la camilla —. ¿Te encuentras bien? —. Me encantaba su forma de cuidarme, asintiendo, cerré los ojos, abrazándolo —. Te necesité… —. Murmuraba apoyando su mano en mi cabeza para acariciar mi cabello.
—Yo también… y no sabes cuánto te necesité Thomas… pero ahora tienes que descansar, ¿si? —. Sentía que su cabeza asentía y nos dispusimos a dormir.
No sé cuántas horas habíamos dormido, no debía negar que me encontraba relajada y no había vuelto a tener de esas pesadillas raras que causaban escalofríos en mí, abriendo mis ojos, aproveche para estirarme teniendo siempre cuidado con Thomas, cuando dejaba de mirarlo o de contemplarlo, no podía creer lo embobada que me tenía el amor o así era el enamoramiento.
—Señorita...—. Al escuchar una extraña voz, me sobresaltaba cubriéndome con las mantas —. Les daré espacio…
Enseguida despertaba Thomas y fijaba su vista en él fulminándolo.
—No es Señorita, es Señora Evans —. Comentaba como si marcará territorio, me cubría con la sábana hasta la cabeza provocando que estallara en carcajadas, el enfermero salía de la sala, alejaba las sábanas.
—Thomas… sigue descansando —. Me levantaba de la camilla sintiendo un pequeño dolor en mi cuerpo, que se convertía para mí en algo delicioso y privado, buscaba mi ropa interior, poniéndolas rápidamente junto con mi jeans y blusa, él permanecía en silencio solo observaba cada movimiento que hacía—. Debes tener hambre —. Él negaba, pasando ambas manos sobre su cabello.
—Quiero irme y solucionar algunas cosas —. Sabía a lo que se refería con sus “cosas”, debía mantener alejada mi curiosidad, tanto como mantenerme al margen en este tipo de situaciones.
—Ahora tienes que comer, voy a buscar la comida —. Cuando estaba por irme, él volvía a sujetarme de la mano, jalándome hacia él, encerraba mi labio inferior y lo mordía con fuerza, jadeaba al sentir de nuevo como me hacía sentir placer, después deslizó los dientes hasta soltarlo, sintiendo que lo dejaba latiendo al mismo ritmo que los latidos de mi candente cuerpo. Me soltaba y tambaleándome un poco, me sujetaba él y yo me ayudaba de la cama—. Gracias… Por ese apasionante beso —. Sentía que mi cara ardía de calor, echando un vistazo a él, sonreía con esa sonrisa y mirada, pícara a la vez juguetona, eso me encantaba en él. Saliendo de la sala fui a buscar a un enfermero, al darme cuenta de que era él que nos vio desnudo en la camilla, dudaba en preguntarle, pero debía dejar mi vergüenza de lado.
—Señorita… bueno, Señora Evans, ¿Qué sucede? —. Me causaba gracia escuchar lo que decía.
—Puedes llamarme Señorita, quería pedirte si le llevarías el desayuno al Señor Evans —. Asentía, entonces se dirigía a cumplir con lo que le pedía, pero recordaba y me acercaba a él apoyando suavemente su brazo.
—También, se le filtró sangre en la manguera del suero… ¿Podrías ayudarlo? —. Me avergonzaba y me sentía tan culpable por hacer que hiciera cosas que no debía.
—Claro que sí, Señorita, no se preocupe, el Señor Evans estará perfecto… pero por lo visto ya lo está —. Me guiñaba el ojo y se iba dejándome boquiabierta por lo que decía, me daba un golpe en la frente por ser tan impulsiva, tenía que encontrar la forma de parar de pensar con el cuerpo. Fui hasta una cafetería que tenía el hospital para pedir un té, me sentaba en unas de las mesas para beberlo tranquila, por fin me sentía un poco más relajada y no era por haber hecho el amor con Thomas, negaba ante lo que suponía ni yo me lo creía, pero en una parte de mí, sabía que se trataba por el bienestar de Thomas, el saber que estaba bien me relajaba. Hasta que me sentía como una idiota de nuevo, volvía a reflexionar que habíamos hecho el amor, suspiraba profundo y decidí beber un poco té, terminándolo comencé a juguetear con el vaso descartable.
— ¿Por qué sigo opinando así? No me basto con todo lo que pasó, solo nos satisfacíamos o bueno, eso debe creer o pensar él… Dios mío, como duele esto…—. Volvía a suspirar y dejaba de hablarme a mí misma, me levantaba de la silla para ir a arrojar el vaso en el tacho de basura, al salir me encontraba con el enfermo.
—Señorita, la estuve buscando por todas partes —. Se le escuchaba lo bastante exhausto, eso me hacía poner en alerta.
— ¿Qué pasó? ¿Thomas está bien? —. Sentía que mi corazón se detenía y dejaba de respirar, hasta que él negó. Volviendo a respirar, sentía que mi corazón se relajaba por fin, al igual que todo mi cuerpo.
—El Señor Evans, la está buscando, ya lo van a dar de alta.
—Pero… ¿El Doctor le dio el alta? —. Era mi obligación preguntar, nunca se sabía cómo actúa Thomas.
—Si, el Doctor fue quien le dio el alta
Me hacía sentir un poco tranquila al saber eso, porque quería decir que él se encontraba de maravilla, agradeciendo me retire para ir a directo a la sala, al entrar ya se encontraba totalmente vestido, cerraba la puerta para ir directo a buscar mi bolso, ojeando mi celular había llamadas perdidas de Amelia.
—Qué raro…
— ¿Qué? —. Preguntaba dando uno o dos tres pasos, ya se encontraba a mi lado, le enseñaba el celular.
—Tengo llamadas perdidas de Amelia, pero recuerdo muy bien que lo tenía con sonido.
—Entrégamelo —. Extendía su mano y dejaba el celular, y en un instante lo reventaba contra el suelo, quedaba estupefacta, veía como se desarmaba, volvía la vista a Thomas, que permanecía de lo más tranquilo.
— ¿Qué pasa por tu cabeza? ¿Estás loco? —. Me agachaba para agarrar el celular tratando de arreglarlo.
—Debe tener un tipo de rastreador —. Me tomaba del brazo para volver a ponerme de pie—. Alexander, te sigue… ¿Él te hizo algo?
— ¿Un rastreador? —. Pensaba sin responder su última pregunta, solo me concentraba en lo que dijo primero, él lo había puesto cuando estuvo en casa, sabía que Thomas vendría siempre a mí, eso provocaba que me sintiera asqueada o era el miedo de que le pasara algo a Thomas, él me pasaba su brazo por debajo de mis piernas y así me cargaba recostándome suavemente en la cama.
—Lizbeth…—. Al mirarlo podía notar que se estaba enfadando, negando, únicamente hice eso, pero no bastaba, él exigía que respondiese.
—No, no hizo nada… —. Y sin motivo alguno mis ojos comenzaron a brotar lágrimas, las que enseguida apartaba de mis mejillas con mi mano, sujetaba mi mano y se encargaba de hacerlo el —. Es tanto su deseo de hacerte daño, que… me está utilizando a mí para llegar a ti… y caigo siempre y mira como terminaste… Por mi culpa —. Apoyaba ambas manos sobre la camilla y yo quedaba en el medio, fijando mi mirada en él, se inclinaba.