Capítulo Cincuenta y Siete
—No es tu culpa, yo me encargaré de esto. —. Se acercaba depositando un beso sobre mis labios—. No dejaré que te toque de nuevo —. Murmuraba sobre mis labios, debía aparentar estar tranquila para que Thomas, no se pusiera mal, pero tenía que mantenerme en alerta, salimos de la sala, tomados de las manos, él insistía en mantenerme cerca.
Ya en el estacionamiento, fuimos hasta su auto, me hacía subir primero y luego lo hacía él, lo ponía en marcha arrancando para meterse en la autopista.
— ¿A dónde iremos? —. Preguntaba jugueteando con la tira del bolso, él permanecía serio desde que salimos del hospital.
—A casa. —. Fue lo único que comentó, mirando el camino, me dedique a tratar de relajarme, pero no podía evitarlo los sueños, bueno, las pesadillas se volvía a mí, recordando cuando Thomas decía que sería mi asesino, miraba al cielo, esperando una respuesta.
Alexander estaba más que dispuesto a arruinar a Thomas, deseaba verlo, tragaba saliva, ni siquiera me permitía pensar en esa palabra, si algo le sucediera a él. Negaba y fue tanto el tiempo que perdía con mis tontas conjeturas, el auto frenaba y me traía a la realidad cuando Thomas bajada del auto y venía a abrir la puerta, bajaba y mirando la casa, sonreía y me sentía rebozando de alegría, era tanta la dicha, esta casa se había convertido en lo mejor que me pasó y a la vez lo peor ¿Cómo terminaría? ¿Esa sería mi decisión? Thomas me agarraba de la mano y eso si me dejaba atónita, caminamos así hasta llegar a la puerta de casa.
—Thomas… ¿Vas a seguir sujetando mi mano? Porque estamos por entrar a la casa…—. La ansiedad que me causaba todo esto me superaba, provocando que mis manos sudaran.
—Relájate Lizbeth. —. Llevaba mi mano a su boca soplando en esta, haciendo que mis latidos del corazón se enloquecieron.
En ese instante aparecería El Señor James abriendo la puerta y quedando boquiabierta al advertir en su expresión, me soltaba del agarre de su mano, él me miraba y se le veía enojado, mi vista iba desde Thomas al Sr. James.
—Gracias, Señor, por ayudarme—. Con una reverencia entre a la casa abrazándolo —. Señor James, lo extrañé mucho, ¿Cómo has estado?
—Muy bien… Vamos a la cocina, así te ves con Amelia —. Asentía, caminado para ir a la cocina y en eso me detenía en la entrada de la cocina —. Liz… tú y él —. Señalaba en dirección a la puerta de entrada, se encontraba en estado de confusión.
—Señor James, es todo muy confuso, hasta para mí lo es… Pero si… O no lo sé —. Negaba, incluso yo misma no sabía que éramos con Thomas, ahora estaba bien, sin embargo, en un segundo cambiaba.
— ¿Entonces?
—Entonces nada, Jaime —. Abría la puerta apareciendo la Señora Collins.
—Amelia —. Dejaba ahora al Señor James, para abrazarla a ella, correspondiendo al abrazo.
—Los que tienen que aclarar su situación son ellos dos, no nos corresponde eso a nosotros. Ahora no se habla más del tema. —. Sentenciaba y Jaime ingresaba a la cocina para salir por la puerta que daba al patio.
— ¿Estás bien mi niña? Mira cómo te golpeó, lo llego a agarrar primero y le voy a acomodar sus ideas a ese chico —. Se enojaba con lo que decía y por lo que veía, hasta que reparaba en mi cuello —. ¿Quién te hizo esto?
— ¿Qué cosa Amelia?
—“Eso” lo hice yo —. Ingresaba a la cocina Thomas y al escuchar lo que decía, se sonrojaba Amelia junto conmigo y recordaba cuando me mordía en el cuello, llevando automáticamente la mano para cubrirlo—. Señora Collins, esta noche saldré y volveré tarde, ya sabe qué hacer —. Reparaba en la mirada que hacía y caía en cuenta de lo que trataba de decir.
—Thomas, ¿a dónde vas a ir? No se te ocurra decirme que vas a ir a buscar, me niego y me opongo a que hagas eso… —. Su mirada se perturbaba, y yo estaba que explotaba de ira—. Vas a pasar la noche aquí… —. Dejaba de hablar y podía sentir el brazo de Amelia, no tenía ganas de llorar de nuevo, pero este maldito hermoso que permanecía al frente de nosotras no hacía nada.
—Lizbeth…
—Señor Evans, por favor quédese por esta noche, también cabe mencionar que acabas de salir del hospital y necesitas descansar…
Él continuaba en silencio y sin decir nada como era algo habitual de él, salía por la misma puerta que había salido el Señor James, al advertir que quedamos solamente las dos, ella me llevaba a sentarme en la silla, sirviéndome un vaso de agua, el cual bebía de tragos hasta terminarlo.
—Tranquila mi niña, no dejaré que se vaya a ningún lado. Tú quédate tranquila —. Se sentaba a mi lado acariciando suavemente mi espalda —. ¿Quieres comer algo?
—Si, por alguna razón, tengo hambre, también desayune solo con un té.
—Muy bien —. Se encargaba de prepararme una comida nutritiva, la observaba y me levantaba de la silla para ayudarla, espiando de vez en cuando por la ventana y la puerta que daba al patio, no sabía si existía otra puerta que daba para salir de casa, rogaba al cielo que no fuera así, pero me concentraba en seguir ayudando y en un rato teníamos una sabrosa cena en la mesa, ya estábamos cenando cuando ingresaba Thomas con el Señor James, él se sentaba con nosotras, en cuanto al Señor Evans se estaba por ir.
—Señor Evans, venga a comer con nosotros —. Le invitaba Amelia y pensaba que era una mala idea, estando segura de que él se negaría, entonces veía como Amelia le hacía señas a Jaime, sentándose al lado de ella, en eso aparecía Thomas sentándose a mi lado. Continúe comiendo y él también lo hacía, terminaba antes que nosotros y se levantaba sin decir nada saliendo de la cocina, me ofrecía para lavar los platos al finalizar, pasamos la tarde en el patio, tomando té y compartiendo con Amelia y Jaime. Anocheciendo entramos a la casa, para preparar de nuevo la cena.
—Amelia, ¿A Zach no lo he visto?
—Él me aviso que Thomas había recibido una herida, pero que no me preocupará que él estaba bien y tú también. Después menciono que tenía que hacer unas cosas que le había mandado Thomas —. Escuchaba con atención, por alguna razón extrañaba a Zach, pero pensaba que se encontraba bien, por lo que me disponía a trabajar con Amelia.
Esta vez cenamos solamente los tres, Thomas no nos quiso honrar con su presencia, terminando de guardar las cosas, nos disponíamos a subir las escaleras.
— ¿Puedo dormir en tu habitación Amelia?
—Mi niña es lo que más me gustaría, pero tienes que ir a la otra habitación donde estuviste la última vez. También debes vigilarlo y si no está, ven conmigo a la habitación —. Sujetaba mi mano dándole suaves palmadas, luego me dejaba para que subiera las escaleras, caminaba hasta llegar a la habitación abriendo suavemente la puerta, pero me sentía realmente nerviosa ingresando, cerré la puerta detrás de mí. Miraba en todas la direcciones para localizar a Thomas, pero no residía nadie, camine directo a la cama y al correr las cortinas no encontraba a nadie, sin esperarlo fui directo al baño para darme una ducha, necesitaba bañarme al entrar la ducha y sentir el agua relajaba mis músculos cada uno de ellos, terminaba rápido por algún motivo estaba muy casada, poniéndome la bata. Salía del baño y fui directo a buscar la ropa interior en la cajonera, suponía que debía estar ahí y así era. Agarraba uno conjunto para ir de nuevo al baño a ponerme la ropa.
—Bueno, ahora la pijama —. Camine hasta el placar sacando una de las que me regalo Amelia, todavía recordaba cómo me gustaba y aún era unas de mis preferidas, vistiéndome, agarraba la bata para llevarla al baño para extenderla bien, colgándola. —. Ahora a la cama, por fin, puedo dormir tranquila. —. Comentaba metiéndome en la cama, cubriéndome con las sábanas y mantas, vi pasar una sombra, que me alertaba, no sabía si fingir que estaba durmiendo o levantarme a averiguar, en eso corrían rápido las cortinas del otro lado, haciendo que gritara y en un segundo alguien posaba su mano sobre mi boca, al percibir su aroma, me tranquilizaba al verlo.
—Maldición Lizbeth, que fácil te asustas —. Alejaba su mano acostándose en la cama, no se tapaba con la sábana, no deseaba mirarlo o codiciarlo, eso estaba mal, por lo que me acomodaba tratando de relajarme de nuevo.
—Gracias por quedarte, no importa la razón, solamente estoy muy agradecida —. Murmuraba girándome en dirección a la otra pared, el poder verlo me hacía sentir bien y tranquila, sentía que lograría dormir en paz sabiendo que lo tenía a mi lado. No conseguía pensar como sería mi vida si algo le ocurriese, se me hacía un nudo en la garganta. En eso sentía un calor que se emanaba en mi espalda y mi cuerpo reaccionaba acercándose al de él, su mano me acariciaba mi brazo, deslizando su dedo de arriba hacia abajo.
—Deja de suponer tanto y concéntrate en mí —. Al escucharlo, me sorprendía como sabía lo que hacía.
—Estamos aquí para dormir —. Murmuraba y en eso sujetaba con fuerza mi nalga, apretándola haciendo despertar una vez más a mi lívido, cerraba los ojos y negaba tratando de agarrar sus manos, al conseguirlo lo llevaba a mi pecho y él sin pedir permiso comenzó a acariciar mis senos, volvía a negar.
—Solo relájate, tengo que hablar contigo —. Comentaba, pero seguía con las caricias, no tardaba en ponerse duros mis pezones, con lo cual Thomas con su otra hábil mano me desprendía el sujetador, ahora tomándolo y jugando con ambos pezones.
—Thomas… acabo de bañarme no hagas esto… —. Respondía la voz de mí poca cordura, ya que mi cuerpo se perdía con las sensaciones.
—Lizbeth… ¿Puedo?