Capítulo Cincuenta y Cinco

—Lizbeth, ¿Estás pensando en hacer una locura? —. Comentaba y al mirarlo, se veía tan jodidamente sexy en la camilla, nuevamente negaba ante mis locuras.

—Thomas… perdóname, pensé que huir de ti, me llevaría conmigo todos los problemas, ese día que me fui… —. Me tomaba mis segundos para seguir hablando, más al advertir lo atento que se encontraba—. No reflexione con claridad, la ira y el dolor me cegó, no voy a pedirte explicaciones sobre ese día, estuvo mal que te escuchara… También debería pedirte perdón por ello.

— ¿Me escuchaste? —. Preguntaba y asentía, viendo que quería seguir hablando, alce mis manos para que se detuviera.

—También, involucre a Amelia y Zach… Soy un desastre, nunca pensé en los por menores… Jamás tuve una familia y los hice meter en problemas, incluso los hice mentir para que tú no te enterarás —. Él negaba ante lo que decía.

—Yo siempre estuve ahí, Lizbeth. —. Al escuchar lo que dijo me dejo atónita, no podía creer que todo el tiempo lo supo, trataba de calmarme porque sabía que no debía discutir más con él en ese estado, pero me dolía demasiado que a pesar de saber, a donde me encontraba, nunca tuvo el valor de acercarse y tomarme entre sus brazos, rechazaba a ese último pensamiento.

— ¿Tú me estás queriendo decir? —. Me levantaba del sofá con una ira, que se iba expandiendo por todo mí ser, al estar cerca de la camilla, él se sentaba en esta sin ningún tipo de expresión —. Que sabías de mi paradero y nunca fuiste capaz de acercarte… Que tonta que fui… yo… —. Trataba con toda mi fuerza para mantener la calma, respirando profundo para relajarme un poco —. Yo te esperaba… aunque suene tonto y aunque me veas como una idiota, te espere…—. Murmuraba ya con un hilo de voz, la congoja amenazaba con tomar el control por lo que decidí dejar de hablar.

—Te vi… mil veces, mil oportunidades tuve para acercarme… y tenía mil millones de razones para no hacerlo, asimismo en ocasiones no logre controlarme. Yo… No sirvo, te observé sonriendo y feliz en ese sitio, jamás tendrás eso conmigo… Solamente estarás rodeada de oscuridad. —. Escuchando su confesión, mis lágrimas brotaban recorriendo mis mejillas, me las secaba rápido, se deshacía de mí enojó —. Siempre te hago llorar, maldición. —. Se pasaba ambas manos sobre su cabello.

—Me… emociona, lo que me estás diciendo…—. Me miraba con una cara de incredulidad y me atrevía a pensar que también debía pensar que había perdido toda cordura, alzaba la mano para acariciar su mejilla, él apoyaba su cabeza posando su mano sobre la mía —. Asimismo yo tengo mil millones de razones para seguir amándote, solo tengo una razón para alejarme, que no tengas confianza en mí. Pero ahora… solamente por ahora nos concentremos en esto, me inclinaba para depositar un beso en su frente y también cerciorarme de su temperatura.

—El miedo, tuve que buscar el significado de esa palabra, Lizbeth. —. Me indicaba que nos acostáramos ambos en la camilla, teniendo cuidado con su brazo a donde le había puesto el suero, él aprovechaba para acomodar mi cabello y acariciar la mejilla —. Lo busqué, necesitaba encontrar su significado, porque eso siento cuando estás lejos de mí —. Confesaba sin dejar de mirar fijamente a los ojos, su precioso color turquesa brillaban. Pero el que estaba rebozando de alegría era mi corazón, alterando a las mariposas de mi estómago, que aparecían o se despertaban cuando estaba con Thomas, tenerlo cerca me cambiaba el humor, ¿el amor o Thomas me cambiaban? Por otra parte, no sabría decir si para bien o mal, no sé por qué perdía el tiempo pensando, teniéndolo al frente mío y tan distinto ¿Qué lo habrá puesto así? Fuera lo que fuera debía estar agradecida, internamente le agradecía a Dios.

—Diablos, sueno como un idiota —. Suspiraba refregándose sus ojos, llevaba una mano para cubrir mi boca, así el no veía que estaba sonriendo como una tonta, trataba de detener mi risa. Él se daba cuenta y fruncía su ceño —. Maldición Lizbeth… —. Tomaba mi mano para alejarla de mi boca.

—Te pido disculpas, Thomas. Para mí no suenas como un idiota, para mí… es lo más hermoso que he escuchado salir de tu boca, que me compartas estos sentimientos… —. Posaba ahora mi mano sobre su pecho, mirándolo directamente a los ojos—. Me hace sentir muy feliz, no es todo oscuridad lo que me das, ahora mismo me has hecho ser la mujer más feliz con solo decir eso. —. Me reía nerviosa y avergonzada ante lo que decía, la que sonaba como una tonta era yo.

— ¿Sentimientos? No sé cómo entenderlos… —. Confesaba mirándome.

—Tienes que sentir tu cuerpo, sobre todo tu corazón, con el ritmo que tiene ese sería tu melodía para saber si estás feliz, nervioso, enojado o triste. Siente el mío ahora —. Agarraba su mano para llevarlo a mi pecho, mis latidos de mi corazón se aceleraban al tener cerca su mano, pero el causante de todo era él, fijaba su vista en mi mano, aprovechaba para mirarlo más bien para contemplarlo, cada facción, cada rasgo, cada cicatriz. Pensaba y creía, teniendo totalmente certeza de que es el hombre más guapo, a lo mejor era solamente yo, ¿el amor me había vuelto ciega? Si es así, querría pasar el resto de mi vida en este estado. Sonreía y al reparar en la de él, mi corazón hacia un redoble de tambores haciendo que Thomas se fijará en mí.

— ¿Quiere decir que estás muy feliz? ¿Por qué? —. Preguntaba sin sacar su mano.

—Sonará tonto Thomas, pero… es por tu sonrisa —. No entendía por qué razón, me sentía avergonzada ante mi respuesta.

—Lizbeth… ¿Tanto? … —. Permanecía en silencio sin terminar de formular la pregunta, sin embargo, lo entendía muy bien.

— ¿Tanto te amo? Si, así es… mi respuesta no es un te quiero, porque siento en todo mi ser que no expresaría todo lo que siento por ti, sin embargo, un Te amo, dice y habla expresando lo que realmente siento por ti. —. Quedaba en silencio, había expresado mis sentimientos abiertamente frente a su cara, desviaba mi mirada, no sabía si Thomas realmente, me entendería a la perfección todo lo que había dicho.

—Entendí… muy bien. —. Sentía que se acercaba y cerraba los ojos al recibir su beso en mi frente, después iba descendiendo por mi mejilla para ir directo a mi oreja, respiraba profundo en esa zona, haciendo que un calor se extendiera por mi rostro. Depositaba besos hasta que me tomaba de sorpresa cuando me mordía suavemente, seguido de un beso, succionando donde había besado, hacía que mis jadeos se hicieran más audibles. —. Sigue así, Lizbeth —. Comentaba o me ordenaba, pero estaba lo demasiada excitada para pensar en eso, quería y deseaba disfrutar de sus caricias y atenciones. Mordía mi labio inferior para que no se escuchara, no debía olvidar qué residimos en un hospital y que habían más personas, muchas más que en la casa de Thomas.

Metía su mano debajo de mi blusa volviendo para acariciar mis senos, sentir sus manos hacían que mis pezones se endurecieran, eso provocaba que la parte íntima necesitaría atención, la sensación que palpitaba en esa zona hacía que moviera mi cadera, buscando rozar aunque sea con su pierna este se daba cuenta por lo que ponía su pierna izquierda entre las mías, agradecía dentro mío por ese movimiento, lo cual comencé a frotarme y él movía ejerciendo presión, ¿Él me ayudaba? No importa, únicamente me dedicaría a sentir.

Thomas sin esperar más me ayudaba a deshacerme de la blusa y el sujetador.

—Deseé esto —. Murmuraba y su aliento chocaba con mis pezones haciendo que arqueara mi espalda, él sin previo aviso comenzó succionarlo, a mordisquear y con su otra mano se encargaba del otro. No tardía mucho si seguía así, hasta que Thomas ejerció aún más presión con sus piernas y con mis movimientos que aumentaba con la atención a mis senos. Me dejé llevar por el maravilloso orgasmo, mientras yo me perdía en mi sensación, se sentía verdaderamente increíble, al tratar de volver a la realidad, Thomas se había encargado de sacar mi jeans junto con mi ropa interior, fijaba mi vista en su entrepierna, él estaba así por mí, eso llenaba de orgullo a mi Diosa del sexo, por lo que pase mi lengua sobre mis labios, saboreaba el momento.

—Lizbeth, mírame… —. Al escucharlo me sonrojaba, fijando mi vista en él y me asombraba al notar su sonrisa pícara. Me sentaba en la camilla para sacarle la bata de hospital, otra vez mi corazón se aceleraban y sin darle tanta vuelta al asunto, tome su miembro con mi mano acariciándole, veía como él me miraba y se mordía su labio inferior, pero de repente alejaba mi mano, sujetándome de ambas piernas, las levantaba posándolas sobre sus hombros, tragaba saliva, sentía que a mi cuerpo y sobre todo a mi parte íntima le gustaba esta posición de que tomara el control él. Inmóvil bajo su peso, le permitió entrar en mi interior, sentir su pene duro y rígido en mi interior, cerraba de nuevo los ojos, se sentía deliciosamente el tenerlo dentro mío, sin esperar me enseñaba hasta el fondo y yo jadeé, seguido de pronunciar su nombre comenzó a bambolear su cadera provocando que jadear más fuerte.

—Demonios, eres deliciosa… —. Murmuraba con su voz grave —. ¿Te sientes bien?

Asentí, pero a él gustaba exigir por mi respuesta y sin hacerlo, el paraba sus movimientos.

—Responde…