Capítulo Cincuenta y Dos

—Alexander, tráeme una toalla, hazlo algo, no te quedes parado —. Le ordenaba sin importar que fuera de mí, él salía corriendo y volvía con lo que le pedí más con una bolsa de hielo impermeable, se sentaba a mi lado, alejando mi mano apoyo suavemente la toalla para poner encima la bolsa, sosteniéndola—. Gracias por ayudarme —. Murmuraba cerrando los ojos, no sé por qué razón me daba sueño, en seguida ejercía presión sobre mi herida haciendo que me despertará.

—No te duermas… es un corte pequeño, pero sigue siendo un golpe de cabeza —. Comentaba mirándome —. Voy a reparar lo que hice, no te preocupes.

—No fue tu culpa, no te preocupes tú, pero no vuelvas a agarrarme así. Yo no… No sé lo que ocurrió entre ustedes, ni mucho menos lo que hizo Thomas y como te perjudicó a ti, o en su infancia. Si yo puedo ayudarte de alguna forma lo haré y si puedo ayudarlo a ambos lo haré. —. Él negaba ante lo que decía.

—Ya no tiene solución —. Solo decía eso, pasando unos minutos, él revisaba y el sangrado había parado, sacaba la toalla, pero dejaba la bolsa de hielo impermeable —. Esta la dejaré para que se baje la hinchazón, ¿tú te sientes bien?

—Si, lo bastante bien. Gracias.

—No tienes que agradecer, en un segundo puedo destruirte Lizbeth —. Al escuchar lo último me hacía saber que no debía confiar en esta persona —. Jamás debes confiar en alguien —. Murmuraba y se levantaba para acostarse en el otro lado de la cama, esto se volvía aún más incómodo, él no conocía los límites.

Pasaban unos segundos que para mí se convertían en minutos e incluso horas, mirándolo notaba que se había dormido por como su cuerpo se relajó, dejaba la bolsa de hielo en la mesa de luz, levantándome lentamente de la cama me daba unos mareos, por lo que me quedaba sentada y respirando profundo, así logré ponerme de pie bajando a paso ligero las escaleras por más que me sintiera un poco mal, llegando abajo, entre al baño cerrando la puerta al llegar al lavado levante la vista al espejo y me dejaba impresionada observando cómo se estaba hinchada mi ceja, el corte era pequeño, por ello debía estar agradecida inmediatamente me lave la cara siendo lo más delicada que podía, agarraba la toalla sacándome suavemente también. Entonces abrían de un golpe la puerta haciendo que gritara y me sobresaltaba arrogando la toalla en la cara.

— ¿Qué haces acá? —. Esto superaba la línea de mi paciencia, suspiraba profundo.

—Alexander, ¿Qué hace una persona cuando viene al baño? Vine a revisar mi golpe y me lavé, solamente hice eso. Vamos a la cama… A dormir. —. Salía del baño pasándole al lado, subí las escaleras y él me cargaba, me resistía, pero era en vano, me superaba en todo. Me volvía a dejar en la cama, cubriéndome con las mantas, disponiéndome a dormir o intentando dormir.

— ¿No puedes dormir? ¿Te sientes mal?

— ¿Por qué haces esto?

—Ya lo sabes.

—Pero, ¿no me dirás que fue lo que hizo? —. Preguntaba con un sentimiento de miedo, temía a lo que me fuera a decir que fue lo que ocasionó que odiara tanto a su hermano. También cambiaría en la forma en que vería a Thomas.

—Él destruyo a nuestra familia. Eso no más, te diré —. Me sorprendía y la punzada junto con el dolor en mi cara se juntaban al escuchar lo que decía, por sentido común uní lo de ser un asesino psicópata con su familia, él había hecho daño a unos de ello, negaba y me nacía decirle más bien gritarle un.

— ¡No!

—Me estás diciendo que no lo es —. Lo miraba y él se levantaba de la cama para arrojar la manta junto con la sábana al suelo, y luego me tomaba de la mano para jalarme, obligándome a caminar y bajar torpemente por las escaleras, al llegar me empujaba para que fuera delante de él —. Vamos a ver si sigues creyendo en él, cuándo te lo diga en tu cara, jamás debí pensar que tú me creerías, fui un idiota, al fin y al cabo eres la mujer de Thomas o más bien… La ramera —. Susurraba en mi oído cuando se acercaba a mí y en eso la puerta se abría saltando unos trozos de madera, me cubría la cara con ambos brazos y sentía como Alexander me sujetaba con su antebrazo en el cuello, trataba de detenerlo con ambas manos y al escuchar unos pasos, levantaba la vista en dirección a la puerta y mi corazón se detenía y de cero a cien segundos comenzó a acelerarse.

— ¿Qué mierdas haces, aquí? —. Escuchar de nuevo su voz, hacía que se me erizara la piel, mi cuerpo nuevamente se estaba poniendo en contra de mí. Debería controlar mis sentimientos, yo tengo que mantener el control de mí. Su vista se clavaba en mí, me sentía afortunada de volver a distinguir esos ojos, aunque sabía que lo había visto y que también me dejó destruido, llorando toda la maldita noche, pero contemplarlos de nuevo era una dicha, inclusive me olvidaba completamente de lo de esa noche, sin embargo, sus ojos se volvían oscuros, fríos, sin emoción. No me gustaba verlo así porque sabía cómo terminaría, negaba tratando de apartar los brazos de Alexander, sabía que eran en vano mis esfuerzos, pero no me iba a dar por vencida.

—Vine a visitar a tu mujer o le digo lo que realmente es —. Lo que decía provocaba aún más a Thomas, cuando se acercaba a nosotros no tuve mejor idea que morder el antebrazo de Alexander, ni aun así me soltaba por lo que mordía con todas mis fuerzas hasta lastimarlo, logrando mi objetivo corrí hacia Thomas, él me sujetaba y me tomaba del mentón para observar mi herida, seguro me debía observar lo bastante horrenda. Dejaba de mirarme para fijar su vista en Alexander.

—Thomas, vamos —. No me escuchaba, ellos se miraban como si se estuviesen teniendo una pelea interna.

—Lizbeth, vete… —. Fue lo primero que me dijo, al verme de nuevo después de tanto tiempo. Me sentía herida, en realidad me sentía una idiota por sentirme mal en un momento en que dos hombres, que eran hermanos, querían matarse entre sí.

En eso entraba Zachary, al verme y yo a él, corrí para abrazarlo, podía ver su preocupación, pero necesitaba parar con el conflicto.

—Zach, llévala —. Ordenaba Thomas y él asentía, yo negaba y miraba a ambos para fijar mi vista en Zachary.

—No, Zach hay que detenerlos, no irnos.

—Lizbeth, estás lastimadas, lo siento… pero yo solo quiero tu bienestar —. Me cargaba en contra de mi voluntad.

— ¡No, Zach! No puedes hacer esto, ellos dos son hermanos.

—Con sus problemas Lizbeth, Tú y yo no podemos hacer nada para ayudarlos —. Llegábamos a donde estaba el auto, cuando me bajaba, salía corriendo volviendo a la casa, al entrar en el patio delantero, escuchaba un ruido fuerte como si se rompiera algo en mil pedazos quede paralizada en el lugar, sabía que debía moverme y entrar a la casa como tantas veces lo había hecho, pero el solamente pensar en que Thomas podría estar lastimado o incluso más, eso hacía crecer un dolor tan intenso que sentía que las fuerzas me abandonaban, me despertaba el grito de Zach, reaccionando y sacando una fuerza que nacía desde dentro, entre en la casa, la mesa estaba destruida y muchos objetos rotos en el piso, mi vista se centraba en el lugar a donde se escuchaba unos quejidos, me sobresaltaba al ver la escena, Thomas estaba ahorcando a Alexander, la piel de su rostro iba perdiendo el color y supe que debía hacer algo.

— ¡Thomas suéltalo! —. Corrí hacia ellos dos sujetándolo de su antebrazo para comenzar a jalar, pero la fuerza de él, cuando se perdía en sí mismo, era como si se convertía en un monstruo, negaba al notar como se iban poniendo sus ojos blancos —. Thomas… Suéltalo por favor —. Llevaba ambas manos para sujetarlo de su rostro, tenía una herida en el pómulo izquierdo, haciendo que me mirará y al encontrarse conmigo, soltaba del cuello a Alexander para lanzarse sobre mí, podía sentir su respiración agitada sobre mi cuello, todavía no caía que lo tenía en mis brazos, estando muy tímida, fui rodeándolo con los brazos muy lentamente, no porque no lo deseara, era lo que más quería, más que con los sueños y el no tenerlo conmigo, me hacía sentir que no era real. Pero al abrazarlo sentir su cuerpo, su calor. Me hizo sentir que era real, cerraba los ojos, no deseaba soltarlo hasta que escuchaba un grito de parte de Zach, abriendo los ojos, vi a Alexander con una navaja y sin poder hacer nada apuñalada a Thomas en la espalda, él no se quejaba porque estaba en un trance que me daba miedo y con lo que hacía Alexander, se me hacía un nudo en el abdomen.

— ¡Que has hecho Alexander! —. Gritaba y su mirada en se encontraba conmigo, mis lágrimas comenzaban a salir sola con solo pensar que podría perder a Thomas —. No… No puedes hacer esto… ¡Es tu hermano! —. Gritaba, desconsolada, aparecía Zachary para sacarlo de mi vista y cuando trataba de verlo, moverlo se me hacía más difícil.

—Thomas…—. Murmuraba y él se separaba de mí, al fin podía verlo, él esforzaba una mueca posando su mano sobre mi mejilla —. Tenemos que ir al hospital —. Ignoraba lo que decía, sentía como acariciaba donde me había lastimado—. Estoy bien, Thomas… Por favor —. Aparecía de nuevo Zachary para ayudarme a levantarlo.

—Lo voy a llevar al auto —. Se iban los dos, aproveche para agarrar el celular y el bolso, escuchando la voz de Thomas gritando mi nombre, saliendo corriendo.

—No te alejes de mi vista, Lizbeth —. Ordenaba y yo asentí, subimos al auto, él se acostaba sobre mis piernas y Zach conducía el auto, a una velocidad imprudente, pero no iba a decir nada, necesitábamos llegar rápido. Miraba a donde lo había apuñalado Alexander, Zach le había sacado la navaja y le había puesto algo para que se detuviera el sangrado.

—Thomas, no te duermas, Liz, debes mantenerlo despierto —. Asentía, comencé a acariciar el cabello de Thomas y él fruncía el ceño.

—No debes dormir, escúchame, vas a estar bien.

—Tal como la primera vez —. Comentaba y al escucharlo se me aceleraba los latidos del corazón.