HE RECORRIDO OCÉANOS DEL TIEMPO

Plaza central, Sibiu Transilvania

Elizabeth despertó temprano no para dirigirse como es de costumbre a la misa vespertina, sino se dirigió a la plaza central de la ciudad donde unos meses atrás se realizó el festival donde conoció al conde Drácula. Recordaba con nostalgia aquel día donde lo conoció, era un sentimiento profundo que tenía en el corazón.

Tenía muchas ganas de volver a encontrarse con Drácula pero él no apareció desde aquel día hasta la fecha de hoy, ya que amaba a Sarah y no podía dejarla sola o por lo menos regresar a Sibiu a escondidas para ver de nuevo a Elizabeth.

Elizabeth se paseó por toda la plazo durante horas hasta que fue a las aldeas donde daba de alimentar a la gente necesitada.

El profesor de espiritualidad preocupado por la ausencia de Elizabeth en la misa y luego en las clases, fue a la casa de los padres para contarles la novedad.

-Hijo e hija mía estoy preocupado por su Elizabeth ya que por primera vez desde que la conozco nunca ha faltado a la Eucaristía y a las clases dictadas por mí. Dijo el sacerdote con el rostro intranquilo.

-¡Santo Sacerdote! Nuestra hija ha tenido un comportamiento extraño desde que fue el festival en la plaza central en honor a la fundación de la ciudad. Contestaron los padres.

-¿Cuáles son los comportamiento extraños que tiene? Preguntó el sacerdote.

-Pasa pensando casi todo el tiempo en aquel hombre elegante vestido de negro que conoció en el festival, veo en ella un brillo en los ojos cada vez que hablamos del tema. Contestó el padre de Elizabeth.

El sacerdote con cierta incertidumbre, dijo a los padres de Elizabeth que apenas llegue vayan enseguida a la iglesia para hablar del asunto. El sacerdote veía a Elizabeth como una santa viviente dispuesta a consagrar a Dios su vida y virginidad en servicio de la Iglesia y la gente necesitada. No podía tolerar que se fijara en un hombre menos aun si era un desconocido.

Elizabeth que andaba por el campo dando de alimentar a las aves y animales, se recostó debajo de un árbol hasta quedarse dormida. Un sueño placentero tuvo.

Se veía en un inmenso campo donde decenas de personas estaban sentadas en bancas de madera, el ambiente era cálido, colorido y con el sol en todo su esplendor.

En la parte de adelante había un ministro de Dios enfrente de un púlpito, cerca de él estaba un hombre vestido de negro con camisa blanca, se le veía muy elegante y buen mozo.

Después de varios minutos la gente se puso de pie dando la bienvenida a una mujer vestida de blanco combinado con rosado, estaba cubierto con un velo blanco y estaba acompañada con un joven que la llevaba hasta el altar donde el hombre vestido de negro aguardaba por ella.

Luego ellos se pusieron de rodillas recibiendo la bendición del ministro de Dios dándoles por sellado el matrimonio. Fin del sueño.

-¡Que hermoso sueño he tenido, parece real todo lo que vi! Decía Elizabeth con el rostro lleno de alegría.

Desde lejos sus padres la buscaban apresurados para decirle que el sacerdote los esperaba en la capilla de la iglesia para tener una conversación de asuntos delicados. Elizabeth se sorprendió al ver llegar a sus padres inadvertidamente.

-¿Qué sucede padre, madre? Preguntó Elizabeth.

-El sacerdote está un poco preocupado por tu ausencia en la misa de la mañana y las clases de espiritualidad. Contestó su padre.

Ella había olvidado por completo asistir a la misa y a las clases con el sacerdote, en sus pensamientos solo estaba la imagen de Drácula cuando aquella noche danzaron por varias horas.

Esa misma tarde se dirigieron a la capilla donde el sacerdote esperaba por ellos, cuando llegaron el rostro del siervo de Dios era de angustia al ver a Elizabeth con la mirada de enamorada. Sabía perfectamente que el amor había tocado las puertas de su corazón, a tan solo 16 años se había enamorado de un hombre.

-Elizabeth ¿Qué pasó que nos has venido a misa y a las clases dominicales? Tu nunca has faltado me preocupa tu situación. Preguntó el sacerdote con voz de angustia.

-¡Perdón padrecito, me disculpo por cometer tan grave falta! Contestó Elizabeth arrepentida.

-No quiero que vanas distracciones te alejen del camino del señor, recuerda que la sociedad de ahora se ha alejado de él por ir con personas o lugares donde el demonio tiene poder. Le dijo el sacerdote.

-No lo volveré hacer más padrecito, no faltaré a la misa y las clases de espiritualidad. Dijo Elizabeth.

Después de varios consejos y exhortaciones del sacerdote a Elizabeth, ella y sus padres regresaron a la casa para rezar a Dios.

Al día siguiente Elizabeth se levantó como de costumbre para dirigirse a la aldea donde asiste a los pobres y enfermos, para su mala suerte de manera misteriosa, varios niños y ancianos contrajeron una extraña enfermedad que les estaba quitando la vida.

En cuestión de horas uno por uno iban muriendo, ella entró en desesperación al ver como su gente iba muriendo sin poder hacer nada al respecto. Elizabeth al sentirse impotente fue de regreso a casa para ver el viejo libro de medicinas que la anciana antes de morir le había dejado de herencia.

Leyendo página por página con los ojos llenos de lágrimas, buscaba alguna solución para curar a las personas enfermas que aún seguían con vida, no tenía mucho tiempo para hacerlo.

Luego de varias horas encontró una fórmula para aliviar el mal que padecían la gente de la aldea. Cuando fue de regreso con la poción dio de tomar a los enfermos de mayor gravedad.

La medicina tuvo un efecto parcial, lo único que pudo hacer es retrasar el avance de la enfermedad evitando que mueran en cuestión de horas. Entre todos ellos hubo un gitano enfermo de avanzada edad que le dijo estas palabras de esperanza a Elizabeth.

-Bella joven, existe un lugar y una persona que posiblemente puede ayudarle a obtener la medicina necesaria para sanar a toda esta gente. Eso sí es un lugar peligroso donde nadie ha entrado, dicen que moran en aquel bosque criaturas de la noche y feroces lobos.

Elizabeth asombrada y poco asustada a la vez le contestó:

-Gentil anciano no me importa si en ese lugar habita el mismísimo demonio, con tal de salvar la vida a mi gente estoy dispuesta a atravesar el infierno si es necesario, yo los amo mucho.

-No cabe duda bella joven que usted es “Luz de las luces” en este mundo miserable, casi no existen almas puras como la que tiene usted. El lugar se encuentra en la cima del monte de los Cárpatos en un castillo. Después de decir estas palabras el anciano falleció.

Elizabeth al ver fallecer el anciano gitano se echó a llorar en su regazo, no podía soportar más la muerte de gente inocente por aquella mortal enfermedad. Ella decidida tomó un pequeño bolso y poniéndose un manto color azul emprendió el viaje a la morada del príncipe de las tinieblas.

Castillo de Drácula, Monte de los Cárpatos

Era casi de noche Elizabeth llegó a las fronteras de los Cárpatos, dos ancianas le advirtieron que no pasara aquellos límites que aquella tierra era maldita, ella no tomó en cuenta las palabras de las ancianas, sin embargo, una de ellas le entregó una cruz de considerable tamaño para que la lleve en las manos.

Elizabeth agradeció a la anciana por ayudarle con aquel exorcizado crucifico, prosiguiendo con el viaje se adentró en lo profundo del bosque sintiendo que alguien la vigilaba, el ambiente era tétrico el aullido de los lobos se comenzó a escuchar. El sol se ocultó por completo para dar paso a la luna que brillaba en todo su esplendor.

Ella siguió avanzando, muy cerca oyó pisadas no sabía si eran de hombres o de lobos, para su cautela alzó la cruz en lo alto diciendo estas poderosas palabras:

-En nombre de Cristo y el poder de Su sangre, los reprendo criaturas de la noche.

Al acabar de pronunciar estas palabras, no se volvieron a escuchar las pisadas. Faltaba poco para que llegase al siniestro castillo. Un poco cansada después de caminar varias horas Elizabeth se sentó en la hierba debajo de un árbol.

El aullido de los lobos continuaba, Elizabeth sentía escalofríos en la espalda, pero mayor era el valor por salvar a aquellas personas que esperaban por medicina para ser curadas.

Después de descansar por varios minutos, continuó hasta llegar al castillo en la cima del monte de los Cárpatos. Para su fortuna no había nadie afuera ya que los gitanos, hombres lobo y vampiros estaban construyendo un fortaleza lejos del lugar. Las concubinas de Drácula se fueron de caza a los alrededores de Transilvania, y Sarah dormía plácidamente en la hacienda que se encontraba a un kilómetro del castillo.

Al acercarse a la puerta esta era inmensa teniendo un león en medio, dos dragones a los alrededores la figura de un hombre encima. Ella tocó la puerta por varias veces hasta que esta se abrió por sí sola.

-Buenas noches ¿Hay alguien aquí? ¡Necesito ayuda! Decía Elizabeth con voz temblorosa.

Por unos momentos nadie contestó, ella seguía insistiendo pero nadie le respondía. Cansada de esperar iba de regreso a la aldea con el semblante entristecido, pero antes de salir una voz suave y triste a la vez se pronunció diciéndole:

-“He recorrido océanos del tiempo para encontrarte Cnaejna”.

-¿Quién es usted? ¡Muéstrese que no lo puedo ver! ¡Me llamo Elizabeth no Cnaejna! Elizabeth le dijo con cierta duda.

-¡Lo se mi dama de rojo!, si quiere mi ayuda dance conmigo esta noche, como lo hizo aquella vez que nos volvimos a reencontrar en la plaza central de Sibiu. Contestó Drácula.

Elizabeth comprendió que aquella voz que escuchaba desde las sombras, era la de aquel hombre vestido elegantemente de negro cuando lo conoció en el festival de Sibiu.

No tenía otra alternativa, iba a danzar con Drácula a cambio de que le entregue las medicinas para curar a los enfermos que esperaban por ella en la aldea.

-¡Acepto pero le ruego que me ayude con la medicina que necesito para llevar a la gente moribunda!

Al acabar de dar la respuesta positiva, Drácula se manifestó acercándose a ella sin dejarle de mirar a los ojos.

-Eres la mujer más hermosa de todos los imperios del mundo, Elizabeth, danza conmigo. Drácula le decía con amor.

La danza empezó, él la tomó de la cintura comenzando a moverse suavemente de un lado para otro. Ella también no dejaba de mirarle a los ojos. Aquel reencuentro de almas gemelas daba luz a aquel castillo tenebroso y sin vida.

Jamás había visto en la vida tan bella mujer,

La quise conocer, mmmm

Jamás la había visto moverse tan suave y sensual,

Yo la quise conquistar, una y otra vez,

De repente me di cuenta,

Que la mujer que yo veía eras tú,

Tan solo tú,

La dama de rojo está junto a mí,

Así, así,

No hay nadie más, solos tú y yo,

Esclavos del amor,

Y con cada beso donde vas a empezar

Una vez más de nuevo en el amor;

Jamás había visto en la vida tan linda mujer,

La quise con todo mí ser, como nunca,

Jamás la había visto

Moverse de forma tal,

Cada vuelta sin igual, perfecta cada vez,

Pero porque no pude darme cuenta,

Que la mujer que yo quería eras tú,

Y solo tú

La dama de rojo está junto a mí,

Así, así,

No hay nadie más, solos tú y yo,

Esclavos del amor,

Y con cada beso

Chris the burgh - Lady in Red, 1986.

El corazón de Elizabeth latía aceleradamente, aquel sentimiento de amor solo lo había vivido aquella vez que danzó con Drácula en el festival de Sibiu. El príncipe de las tinieblas sentía que su alma vivía, ni siquiera el amor puro de Sarah lo hizo sentir como en esos momentos se sintió.

Este era el comienzo de una nueva historia de amor entre dos almas que se han reencontrado vida tras vida hasta el fin de los tiempos.