Capítulo 60. Sin perder el tiempo.

Llego a la casa con ánimos renovados. Con una lista inmensa de cosas por hacer, temas por resolver.

Mi encuentro con Aiden fue mucho mejor de lo que imaginé en un principio. Ahora me culpo por haber siquiera pensado lo peor de él. Verlo sufrir ante mi verdad, recibir de él un apoyo inmerecido, no era lo que esperaba, teniendo en cuenta que decidió irse cuando supo de Aarón. Pero sus razones fueron totalmente justificadas.

No era su momento.

El papel desempeñado por Michael, la euforia de Aarón al verlo, lo hizo comprender que sus derechos debían esperar. No lo hizo por lastimar, ni porque no entendiera la situación, solo se alejó, para pensar, analizar y determinar el papel que representaría en toda esta historia. Que por supuesto, sería la de asumir su rol de padre.

Pero tiempo al tiempo, confesó, luego de hablar sobre la forma de aclararle a Aarón toda esta situación. Para evitarle traumas y confusiones al niño.

Entre tantas confesiones y explicaciones, besarnos, no estaba en los planes. Nunca pensé que sería posible que entre los dos volvieran a darse situaciones así, en las que caíamos sin remedio en los brazos del otro. Pero como siempre, nuestras ansias se rinden. Prueban. Un nuevo movimiento. Una nueva forma de desarrollar eso que tanto sentimos. Eso que tanto anhelamos.

Y pues, sin atisbo de duda, volvemos a entender que nada ha cambiado. Seguimos donde mismo, con nuestros corazones en sintonía. Alejarnos, después de sentirnos otra vez, fue casi imposible.

«Pero era necesario», pienso, abrumada, al recordar la presencia de Estela en la vida de Aiden. El compromiso y el hijo que esperan.

Aún no entiendo los motivos de ella para acercarme a Aiden, para informarle sobre su hijo. No me produce confianza un acto así de bondadoso, pero solo necesito esperar. Entre Aiden y yo, todo quedó claro. Luego del beso, entendimos que, en nuestra situación actual, no podemos hacer nada más. Solo intentar llevar la fiesta en paz, entre nosotros y con nuestro hijo.

Me costará trabajo asumir que nuestro tiempo pasó. Pero por mi hijo, por su felicidad, soy capaz de aguantar y esconder todo lo que siento por su padre. Y mucho más.

(...)

—Aarón, ¿te gustaría ir a tomar un helado? —pregunto a mi hijo, por pura formalidad. Estoy segura que aceptará.

—Siiiii —chilla de emoción y yo sonrío, satisfecha.

Mi pequeño no para de hablar, balbuceando sobre los sabores que pedirá. Yo por fuera le sonrío y lo escucho a medias, mientras caminamos hacia la heladería. Por dentro, los nervios me taladran. Hoy es el día. Padre e hijo se encontrarán de frente. Y aunque ya este encuentro se ha dado, nunca ha sido de la forma que ahora pretendemos.

La heladería queda justo en frente de un hermoso parque, por lo que las vistas son maravillosas. Mirando de reojo hacia los asientos dispuestos, veo a Aiden sentado muy cerca, pero espera mi señal para hacerse notar.

No puedo evitar sonreír cuando noto su estampa. En su cuerpo no se divisa ningún punto relajado. Sus pies rebotan constantemente contra el suelo. Sus manos, entrelazadas, se retuercen. Baja y sube la cabeza, nos mira, mira a su alrededor, y luego de vuelta a empezar.

Justo antes de cruzar la calle, me decido y cambio de planes. Damos media vuelta y nos dirigimos hacia él.

Aarón me mira, confundido, pero no comenta nada. Aiden abre los ojos como platos, cuando se da cuenta de mis intenciones.

—Hola —saluda, cuando llegamos justo a su lado. Miro a Aarón, que le sostiene la mirada, curioso. Se queda unos segundos de más, mirándolo serio.

Casi escondido entre mis piernas, pienso que mi idea no estuvo bien. Pero de pronto se separa de mí y con una sonrisa hermosa plantada en su rostro, se acerca a Aiden, que ahora lo mira lloroso, para saludarlo.

—Hola, tú eres el amigo de mi mamá —exclama y extiende su manita.

Aiden me mira primero y luego asiente. También extiende su mano, hasta que se saludan. Una sonrisa, increíblemente idéntica, se muestra en los rostros de ambos.

Al momento sé, que esta aventura, se desarrollará perfectamente.

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POV: Aiden.

«Ser padre se siente genial».

Estoy tan emocionado, que creo me pondré a hacer piruetas en cualquier momento. Aunque mi hijo todavía no sabe que soy su padre, es como si lo supiera, como si su pequeño cuerpo, reconociera su sangre.

Desde que vi a Maddie dirigirse a mí, aunque no estaba planificado, supe que ese momento era crucial. Confieso que los nervios me atacaron, sentí en mi pecho el temblor constante de la expectación, mientras mi pequeño me escrutaba. Solo cuando él sonrió, respiré tranquilo y mis nervios se calmaron. Todo estaba bien.

Desde entonces, somos él y yo. No existen reparos conmigo. Me toma de la mano, a la vez que a su madre. Sus ojos brillan con esperanza cada vez que me pide un nuevo sabor de helado y yo, como buen padre, no me niego. Jugamos en el verde y recortado césped del parque, mientras Maddie nos mira a la distancia. Lo subo a mis hombros, lo llevo en mis brazos, pero siempre es él quien me lo pide. Nada aquí ha sido impuesto, ni influenciado. Lo que me llena de un amor infinito. Mi hijo me reconoce.

Todo el rato, Maddie se queda atrás. Nos da la oportunidad de desarrollar una relación desde el principio. Donde prime la confianza. Y pues, eso es lo que me llevo al final del día. Cuando lo llevo entre mis brazos, dormido.

—Hoy Michael habló con él —comenta Maddie—. Le dijo que se iría por un tiempo, pero que siempre estaría para él.

Volteo a verla cuando habla. No esperaba este tema de conversación, pero me interesa.

—¿Cómo lo tomó Aarón? —pregunto, con un nudo en la garganta, a fin de cuentas, él considera a Michael como su papá.

Maddie suspira, se gira y observa por la ventanilla del auto.

—Yo me equivoqué, pero no por completo —expresa y yo me siento perdido. Mi cara debe ser un poema, porque ella sonríe levemente y continúa—: Aarón sabe que Michael no es su padre.

«Eso no lo esperaba», pienso y frunzo el ceño. Ahora me mata la curiosidad.

—¿Cómo es eso posible? Yo escuché que él lo llamaba papá —murmuro, confundido.

—Le dice Papá Michael, por una razón. —Me mira a la expectativa, con ojos llorosos, pero sonriendo—. Él sabe que su papá, el verdadero, algún día vendrá a conocerlo —farfulla y se gira, para mirar a Aarón, que va dormido en el asiento trasero—. Michael siempre supo su lugar. Lo hizo todo por él, por nosotros, pero siempre tuvo claro que algún día tú lo sabrías. Y que querrías ocupar tu lugar, el que te corresponde. Por eso decidimos siempre hablar con la verdad, o por lo menos no mantener una mentira que luego no supiéramos cómo explicar.

Mi corazón grita por amor, por comprensión. A pesar de todo, ella sí pensó en mí. No importa que sus intereses hayan sido pensando en el futuro de Aarón y su bienestar, fue un detalle que me demuestra que, lo que hizo, no fue producto del egoísmo y las ganas de lastimar.

—Él lo imagina, Aiden —dice de pronto, la seriedad de sus palabras acorde con su significado—. Es muy observador y sabe que algo pasa. Él no asume esa confianza con cualquier desconocido. Eso no fue lo que yo le enseñé.

La miro unos segundos, asimilando sus palabras. Aprovecho un alto en la carretera para mirar hacia atrás, a mi hijo, que duerme plácidamente donde se siente seguro. Mi pecho se llena con alegría, con esperanzas de algún día escuchar esa ansiada palabra, ese apelativo que demuestra el mayor amor de todos.

«Papá».