Capítulo 57. Decepcionada de mí misma.
Escucho la voz de mi hijo y reacciono. Tapo mi boca, para ahogar un sollozo, al darme cuenta de mi error.
«¿Qué hice, por Dios?».
Me reclamo una y otra vez todas las palabras que solté sin pensar, sin motivos. El ataque de Michael, fue producto de su despecho, de su dolor. Y yo actué como una perra ingrata devolviéndole solo palabras hirientes.
«No lo merezco», vuelvo a reclamarme, cuando recuerdo todo lo que le dije, todo lo que le eché en cara. Y me duele todavía más, saber que me equivoqué. Porque no las merecía. No él.
Verlos juntos, a Michael y a Aarón, me hace sentir más culpable aún. Aunque él no sea su padre verdadero, desempeñó el papel como si lo fuera, apoyando cada minuto, cada acto, cada día desde que nació. Ganándose, a todo costo, el derecho de llamarse "padre".
Lo conozco y sé, que esos temblores que tiene mientras abraza a mi hijo, es miedo. Y no entiendo realmente cuánto puede sentir, hasta que veo como los ojitos de mi pequeño se cruzan con los de alguien detrás de mí.
«Aiden».
Me vuelvo y ahí está él. Frunce el ceño, confundido, aturdido. Se da la vuelta y corre hasta la otra habitación. Por un momento me aterra que esté huyendo, que por fin haya entendido todo y que, ya sea demasiado tarde.
Al ver que demora, decido que esa situación la resolveré después. El tema con Aiden va mucho más allá de una simple explicación.
Pero por ahora, necesito resarcir el daño que le causé a la única persona que me apoyó todo este tiempo, conociendo mis fantasmas, mis mayores miedos e inseguridades. Siendo mi sostén.
Michael se levanta con mi hijo en brazos y se encuentra de frente con toda mi familia. Esa que él no conoció tan bien, porque nunca quise regresar aquí. Andrea se acerca y lo saluda con cariño. Por un momento, Michael cambia su expresión de lástima por una más resignada. Tengo claro que ver a Andrea es como regresar a ese tiempo en que los tres compartimos largas noches de desvelo. Al fin y al cabo, Andie siempre se llevó muy bien con él.
Poco a poco, todos entran y se saludan. Mi abuela, la última, le dice algo al oído que no logro escuchar. Michael asiente en respuesta, con expresión tranquila. Me intriga, pero lo dejo pasar, como están las cosas, sé que no tengo derechos.
Aarón, luego de pasar varios minutos con Michael, se va con Jackson a por algo de comer.
La incomodidad que rodea el ambiente, se puede cortar con un cuchillo, al vernos solos.
Michael no me mira, solo está ahí, parado donde mismo, pensando. O recordando, no sé. Su cabeza está gacha y sus manos en jarra. Suspira y es entonces cuando conecta su mirada con la mía.
Dolor. Es lo que veo en sus ojos. Y lo que siento en mi pecho al verlo así, tan lastimado.
—¿Crees que puedas dejarme a Aarón mañana, por el día? —pregunta, con tono monótono.
—Michael... —ruego, susurrando su nombre.
—Solo responde si puede ser —interrumpe mi intento de disculparme.
—Por favor... —pido.
—No Maddie, ahora no —ruega él. Su expresión se descompone en una mueca de angustia, pero añade—: Solo necesito saber si puedo estar una vez más a solas con Aarón. Con mi hijo —murmura y, con esa última oración, me mira desafiante.
Contrario a lo que él piensa, no le rebato el título. Michael se ganó ese derecho con sus acciones y con todo el amor que siempre le profesó.
—No hay problema, puede ser mañana bien temprano —cedo, porque sé que lo necesita, al igual que mi hijo.
Mientras tanto, estaré preparada para aclarar todo con él, cuando regrese y esté más tranquilo. Por ahora necesita tiempo.
—Gracias —responde y me mira extrañado. Al parecer, su opinión de mí, cambió tanto que duda incluso hasta de mi empatía.
—No tienes que darlas —murmuro avergonzada.
Michael asiente, para luego irse. Un auto color plata lo espera en la entrada. A mi mente llegan preguntas, que por el momento no tendrán respuesta, pero debo conformarme.
Cierro la puerta y al girar, Jackson está detrás de mí. Abre sus brazos y corro para refugiarme en ellos.
—Te pasaste —afirma, con voz suave. Supongo que lo escuchó todo. Al igual que los demás.
—Lo sé —sollozo, consciente del daño que causé.
Y no es solamente que le haya tirado a la cara, a Michael, todo lo que hizo por nosotros como si no hubiera valido la pena, es que, además, lo hice frente a la única persona que no necesitaba escuchar eso.
Aiden.
Ahora debo prepararme para asumir todas las consecuencias. Tanto como si Michael me perdona o no, siempre estaré en deuda con él. Y respecto a Aiden, tengo claro que su perdón, me costará mucho. A él lo dañé mucho más. Le quité años con su hijo. Le quité momentos que no regresarán jamás. Se lo quité todo porque nunca le di la oportunidad.
(...)
No pude dormir. Llevo más de dos horas levantada y solo son las cinco de la mañana.
La culpa me carcome y los nervios me consumen. Siento un peso enorme sobre mí, uno que cargo con todo conocimiento de causa. Pero que, incluso sabiendo que es justo, no lo hace menos llevadero.
Estoy sentada a la mesa, en la cocina, mientras me tomo un té de menta. Necesito calmar mis ansias y esta es la mejor forma.
Los pasos de alguien bajando la escalera, llaman mi atención. Espero y al instante, aparece Andrea. Ella se sorprende de verme, pero luego comprende todo lo que debe ser mi cabeza y me dirige una mueca resignada. Se sirve un poco de té y se sienta frente a mí.
—No puedes dormir —afirma, ella me conoce y sabe que las preocupaciones me provocan insomnio.
Asiento con la cabeza y tomo otro sorbo, aún caliente, de mi bebida.
—¿Qué vas a hacer? —pregunta y, ante mi silencio, continúa—, ambos merecen una explicación, Maddie. Lo que ahora mismo ellos están pensando, no tiene nada que ver con tus verdaderos motivos, con lo que quisiste evitar. Así que... —Deja la frase inconclusa, esperando que yo misma me dé cuenta de lo que necesito hacer.
Y no es que tenga dudas. Tengo claro que debo aclararlo todo. No es por justificar mis hechos, solo necesito que entiendan, que el fin no era lastimarlos.
—Lo sé, Andie, yo sé que le debo una disculpa y una explicación a Michael, lo que él imagina como motivos de mi visita aquí, no es nada parecido a lo que fue en realidad. Y también sé que lo entenderá cuando me dé la oportunidad de explicarle —comento—. Él es especial, solo que yo no lo merezco.
Hago una pausa, pensando en el gran hombre que tuve a mi lado y que no pude valorar como debía. Lo intenté, por cuatro años, intenté corresponderle. Pero nadie manda en el corazón. Y ya el mío, lo había entregado todo desde hacía mucho tiempo. El corazón no entiende de razones.
Suspiro profundo. Miro a Andrea y expreso lo que en realidad me ha causado tanta angustia.
—Aiden ya lo sabe. Y tengo miedo.
Andrea suspira también, conocedora de todo lo que, a partir de hoy, puede ir mal.
—No tuve tiempo de decirle nada, de explicarle nada —continúo, angustiada—. Se fue, Andie. Cuando se dio cuenta, se fue. Eso puede significar problemas. Y ya es demasiado trauma para Aarón, cuando le diga que su verdadero padre no es Michael. No quiero ni pensar, lo que sería si Aiden decide acercarse por otras vías.
No me gusta pensar lo peor de Aiden, pero inconscientemente me lo imagino llegando con una orden de custodia. Tengo miedo de lo que pueda pensar de mí. Sobre mis motivos. Tengo miedo de que, por no entender, emprenda acciones legales que solo nos traería sufrimiento a todos.
Después de todo, él tiene planificada su vida.
Andrea me da una idea y después de mucho pensarlo, me decido.
»Aiden, necesitamos aclarar todo. Por favor, solo dame la oportunidad de explicarte.
Escribir estas palabras no me cuesta. Sé que mi objetivo hoy, es hacerle entender lo que me llevó a este punto. Abrir mi corazón y, con él en la mano, asumir el riesgo.
El riesgo que debía haber corrido cuatro años atrás. Cuando lo dejamos todo por desconfiados, por no darnos la oportunidad de explicarnos. Por asumir que ya no había solución, cuando ni siquiera habíamos tratado el problema.
Por amar y por pensar que, con solo eso, no era suficiente.