Capítulo 56. Todo hace clic.

POV: Aiden.

—Sí. —Su respuesta es segura, no duda. Saberlo me provoca sentimientos encontrados. Me debato entre estar feliz por ella o regodearme en mi propia miseria—. Pero no de la forma que tú crees Aiden.

Interrumpe mis pensamientos. La miro, en ese momento me doy cuenta que había bajado la cabeza, martirizado con su respuesta. Veo en ella una sonrisa triste, que me demuestra que también, cuenta con fantasmas que la persiguen.

No pregunto nada, espero a que ella misma sea la que decida qué decir, qué hacer.

—Mi única felicidad, Aiden, es mi hijo. Seguida, por supuesto, por mi familia —exclama y a mí, me duele el alma cuando la escucho confirmar lo que sé, pero que esperaba fuera diferente—. Pero eso ya lo sabes. Fuera de ahí, mi mundo no gira más.

La vuelvo a mirar y no logro comprender. Se supone que también debería ser feliz en su matrimonio. Al ver mi cara de desconcierto, Maddie explica, sin preámbulos, a lo que se refiere.

—Me estoy divorciando, Aiden —confiesa y, a pesar de mis sentimientos por ella, la noticia me entristece—. No resultó.

Me acerco a ella y tomo sus manos entre las mías.

—Lo siento —comento sincero, porque me duele ver que ella sufre.

—No lo sientas. No es tu culpa —interviene y luego, como si se hubiera encendido algo dentro de ella, añade—: Aunque pensándolo bien, sí que lo fue.

La miro sin comprender, confuso por unos instantes.

—Todo fue tu culpa, Aiden. Que haya tomado ciertas decisiones, fueron todas influenciadas por ti, por tu eterna presencia en mi vida. —Toma un respiro y continúa—: Tengo mucho que contarte.

Suspira y cierra los ojos. Dos lágrimas corren por sus mejillas en instantes. Levanto mis manos y, ahuecando su rostro, las limpio con mis pulgares. Ella se estremece ante mi contacto.

—No te sientas presionada, cuando estés preparada, podemos hablar —murmuro sincero, dispuesto a esperar.

—No —interrumpe, de repente alterada—. Ya no aguanto más, necesito decirte la verdad, Aiden —solloza y lágrimas vuelven a brotar de sus ojos—. Ha pasado demasiado tiempo, no puedo seguir ocultándotelo. Tienes tanto derecho como yo.

Me aturden sus palabras y por un momento pienso mil escenarios y ninguno bueno. Necesito que diga ya eso que tanto le preocupa. Esa verdad que supuestamente debo saber antes que pase más tiempo.

Me mira a los ojos, llorosos aún, y murmura algo que no entiendo del todo.

—Es idéntico a ti —pronuncia y coloca una mano sobre mi mejilla, mirándome fijamente a los ojos—. Cada día, estos años que han pasado, solo te he visto a ti.

Por un momento pienso que su marido le recuerda a mí. Y que, por eso, no ha sido posible que me olvide del todo. Pero, al fin y al cabo, fue con él que decidió formar una familia. Prometió una vida a su lado y le dio el mayor regalo que puede tener un hombre: ser padre.

No es justo que me diga estas palabras, que justifique su tiempo perdido con el pensamiento constante de mi presencia, en el cuerpo de otro.

—Maddie, no...

—Aarón... —interrumpe mis palabras, mencionando el nombre de su hijo—. Aarón es...

El timbre suena y ambos nos tensamos. Estamos tan concentrados en nosotros mismos, que el ruido nos exalta más de la cuenta.

Maddie sorbe la nariz, limpia su rostro con el dorso de la mano y me mira triste. Una mirada que promete dolor.

—Déjame ver quién es —pide y yo asiento, no me queda de otra.

Ella se encamina hacia la puerta y, cuando la abre, su cuerpo entra en tensión. Desde donde estoy, no logro ver quién es, pero solo demoro unos segundos en averiguarlo, porque una voz profunda, varonil, me saca de dudas.

—Maddison, por favor, antes que todo, déjame explicarte mis motivos.

Mi sangre hierve, porque sé quién es.

«Su esposo». El del supuesto divorcio.

—Tú y yo no tenemos nada que hablar, Michael —dice Maddie, con voz segura—. Tu así lo decidiste. Yo solo acepté tu petición.

Sus palabras me confunden. Me hacen creer que la decisión de la separación no la tomó ella. Si no él.

Eso me decepciona más de lo que quiero aceptar. El hecho de que Maddie se haya visto obligada a terminar con su matrimonio, me hace creer que después de todo, si ella no tomó la decisión, fue porque no era tan infeliz como dijo ser.

—Sí tenemos que hablarlo. Yo hice una prueba, Maddie y no la superaste. Porque nunca fui yo —comenta dolido. Noto como Maddie se voltea para ver si escuché las palabras, nerviosa.

En ese mismo momento, el susodicho abre la puerta, aplicando un poco de fuerza ante la resistencia de Maddie. Cuando me ve, dentro de la casa, todo encaja y su expresión se enfurece.

—Es que todavía esperaba que no vinieras dispuesta a rogarle —ríe irónico, volteando a verla ahora, con decepción—. Esperaba que tuvieras un poco de dignidad y no vinieras a pedirle aquello que no te dio cuando más necesitada estabas.

Frunzo el ceño ante esas palabras. Mis manos se cierran en puños ante el ataque verbal al que expone a Mads.

—¿Ya le dijiste, Mads? —pregunta, con burla, cuando menciona el apelativo que solo le digo yo.

—Michael, no, por favor —ruega Maddie, mirando nerviosa entre él y yo.

—Eso significa que aún no le dices. —Vuelve a reír. Lo que aumenta mis ganas de golpearlo—. Después de todo, has estado viéndole la cara a él, tal como lo hiciste conmigo —bufa, con rabia y se voltea a verme, añade—: Es una manipuladora. Y una mentirosa. Si no ha sido capaz de decirte la verdad, yo te la diré...

—¡Nooo! —grita Maddie, ahora más desesperada que antes. El miedo que veo en sus ojos, me descoloca.

—¿Por qué no? —grita él en respuesta y yo no puedo evitar interrumpirlo.

—No le grites —advierto con voz ronca, amenazante.

Él levanta las manos en mi dirección, cuando ve que me acerco dispuesto a enfrentarlo.

—Ok, no le grito. Pero tú no la defenderás luego de que sepas todo lo que "esta" te ocultó —dice, casi riendo y cuando menciona el "esta", lo hace con una mueca de asco.

—¡Ya, Michael! ¡Para! —grita Maddie, entre sollozos pesados. Ninguno de los dos nos habíamos dado cuenta de su estado mientras hacíamos una batalla de voluntades—. No tienes ningún derecho a hablar así de mí. Tú no. —Lo señala con un dedo—. Tú sabes todo de mí, no es justo que lo utilices en mi contra.

Su voz se rompe al final, toma un respiro y después vuelve a la carga. Yo solo la miro, entre triste por su estampa e intrigado por sus palabras.

—Tú, sabes mejor que nadie que lo intenté, que fui por encima de mis deseos, de mis sentimientos, por darme la oportunidad, por darte la oportunidad —susurra, dolida. Su voz ya no es un grito enardecido—. Tú te atuviste a las consecuencias, porque conocías los riesgos desde el inicio.

Abre del todo la puerta, se acerca a mí, pero mantiene la mirada sobre él.

—Tú sabes todo lo que pasé. Lo que sufrí. ¡Por Dios, eras mi psicólogo! —ríe, irónica también, al confesar tal cosa—. Sabes lo que me costó aceptar mi situación, la sorpresa que fue entre tanto desorden emocional. Tú mejor que nadie lo sabes, así que, no vengas ahora con que yo soy una manipuladora, una mentirosa. Tú sabes lo que hice, lo que me costó... —Hace una pausa y luego, con rabia contenida, lo mira tranquila—. Tú no eres mejor que yo, si estás dispuesto a degradarme porque lastimé tu orgullo. Orgullo que dejaste de lado, cuando le pediste a una mujer embarazada y enamorada de otro hombre, que se casara contigo.

Su confesión se ve interrumpida, cuando la voz del pequeño Aarón retumba por todo el lugar, mientras grita a todo pulmón.

—Papá Michael...

En el shock que me encuentro, ante las palabras fuertes dichas por Maddie, miro todo a mi alrededor sin ver realmente.

"Embarazada y enamorada de otro hombre"

"Papá Michael"

"No la defenderás luego de que sepas todo lo que esta te ocultó"

—Papá... —Vuelve a gritar Aarón, mientras se lanza a los brazos de Michael.

—Mi pequeño gigante —expresa Michael, recompuesto de su anterior discusión. Abraza a su "hijo" con lágrimas en los ojos.

En un momento dado, mientras observo la escena, los ojos del pequeño se encuentran con los míos. Un reconocimiento, de pronto, hace clic en mi cabeza.

"Solo tendrás que mirarte al espejo"

Camino a paso rápido hacia el salón intermedio, donde sé hay un espejo. Lo que encuentro, al mirarme en él, me deja mudo. Estupefacto.

"Cada día, estos años que han pasado, solo te he visto a ti"

Sus ojos. Sus ojos son idénticos a los míos.

«Aarón es mi hijo».