Capítulo 55. Demasiado por aclarar.

POV: Aiden.

“Siempre fuiste de ella. Siempre todo fue por ella.

No hubo nada que no hiciera,s donde tus motivos, no estuvieran relacionados con ella.

Tu principio. Tu final. Siempre tuvo un nombre.

Maddison.

Maddie.

Mads.

Nunca nadie más, tuvo siquiera una oportunidad.”

Escucho otra vez sus palabras, no logro sacar de mi cabeza todo lo que Estela me confesó. Todo lo que he sido yo, desde que conocí a Maddie.

“Mi sueño es este. Donde tú y yo convivimos. Donde somos una pareja de verdad. Donde tomamos la decisión más importante de nuestras vidas: ser padres.

Mi sueño siempre has sido tú. Nada más. Así de simples son mis expectativas en la vida.

Pero cuando se ama, de verdad, se hace por siempre.

Yo no tuve la suerte. El destino no me sonrió a mí. Te entregó, completo, en cuerpo y alma, a otra.

A otra que no puedo odiar por más que quiera...mucho menos ahora. Contrario a lo que soy, me pongo en su lugar.

Ella también amó desde el inicio. Ella también ama ahora. Y lo seguirá haciendo toda su vida.

Siempre tendrá el recordatorio de lo que fuiste para ella.”

Frunzo el ceño cuando pienso en sus palabras finales. Las últimas, antes de levantarse, acercarse a mí y depositar un casto beso en mis labios. Esto es lo único que hemos compartido estos últimos cuatro años. Castos besos que no me saben a nada, más que un simple gesto de cariño, de unión.

Mis deseos más profundos, muy a mi pesar, solo sucumbieron una vez. Una única vez que me demostró todo. Lo que fui después que la conocí. Lo que soy desde que mi vida no coincide con la suya.

Nada. Un cascarón vacío. Sin emociones.

Luego de vivir mil emociones a flor de piel, se sintió extraño mantener este entumecimiento constante en mi cuerpo, pero después de estos años, ya me acostumbré.

“Tus ojos son reflejos que ella verá cada día. En los de él.”

Quien es él, es algo que no pude determinar. Estela no me lo dijo. Solo dejó una especie de acertijo, irónico, teniendo en cuenta que ella no gusta de esas cosas.

“Al llegar el momento indicado, solo necesitarás mirarte al espejo”

Sus palabras se repiten una y otra vez en mi mente. Inconscientemente sé que algo se me escapa. Está claro que Estela hablaba de Maddie. Dio a entender que todavía significo mucho para ella. Que todavía piensa en mí.

«Pero, ¿cómo ella puede saber eso?, ¿cómo está tan segura? No es como si fueran amigas».

Sonrío ante ese pensamiento. Primero se seca todo el océano, antes de que ellas consideren siquiera ser amigas.

Despejo la mente con una sacudida de cabeza, es hora de dejar a un lado todas estas suposiciones y comenzar a actuar.

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POV: Maddie.

Dos horas han pasado y yo todavía sigo en shock.

Estela, precisamente Estela, ruega a favor de Aiden.

De más está decir que mi intención nunca ha sido ocultarle de por vida toda la verdad a Aiden, pero es bastante increíble que sea ella la que abogue a su favor, siendo que no le conviene para nada.

«Ella es su prometida. Y espera a su hijo», me recuerda mi subconsciente.

Es verdad, ella no vino a ofrecerme algo inédito, solo el recordatorio de la seguridad con la que cuenta. Además de exigir el derecho propio de un padre, de conocer a su hijo.

Lo pienso mucho, por largas horas, pero siempre llego a la misma conclusión.

«Tengo que ser yo quien se lo diga».

Aprovecho que no hay nadie en la casa, para hacer lo que debo. Mis tíos y la abuela, en conjunto con Leo, Andrea y Jackson, fueron al cine. El estreno de una peli animada, siendo el motivo de la salida en pandilla. Yo no tenía ánimos de ir y, como estaba planificando el próximo encuentro, me vino bien que todos se unieran al paseo. No sin antes prometerle a Aarón, que la veríamos juntos cuando la pasaran por la tv.

Mientras espero, mis nervios crecen, no encuentro una actividad lo suficientemente distractora para aliviar mis ansias. Recojo la casa, doblo la ropa, guardo la vajilla ya limpia, enciendo el televisor, lo vuelvo a apagar, pero nada logra tranquilizar mi mente. Cada vez que escucho un ruido fuera, mi corazón comienza a galopar en mi pecho, los sudores fríos recorren mi piel y las manos me tiemblan. Todo eso me provoca él.

¡Toc, toc, toc!

Tocan la puerta, no el timbre, sino, directamente en la madera.

«Aiden», pienso de inmediato. Estoy segura que es él.

No lo pienso mucho, me dirijo a la puerta y, justo antes de abrir, seco el sudor de mis manos en mis jeans. Luego me dispongo a cumplir, por fin, mi promesa.

Aiden espera por mí con sus manos dentro de los bolsillos de sus pantalones negros. Una camisa, un poco más oscura, hace juego con el color de sus ojos. Su cabeza está inclinada hacia abajo, pero cuando la levanta solo lo suficiente para conectar sus ojos con los míos, me lanza una mirada que me deja sin respiración.

Hoy no hay disculpas, ni insinuaciones bajas de nuestros errores cometidos. Solo nos estamos dando una oportunidad de escuchar al otro. De aclarar todo eso que ya se considera demasiado.

—Buenas noches —murmuro desde la puerta.

—Buenas noches, Mads —responde él, con su voz ronca, baja y sensual.

Trago en seco ante la intensidad en su mirada, disimulo un poco mis nervios y lo invito a pasar, apartándome de la entrada.

Aiden no lo piensa mucho y, cuando pasa por mi lado, roza ligeramente sus dedos con los míos. Todavía no me repongo de la impresión cuando siento su olor característico rodearme. Inhalo suavemente, intentando no exponerme, para mantener esa esencia por unos segundos más.

Cuando me siento preparada, cierro la puerta detrás de mí y lo sigo.

Sentados en el inmenso sofá, cada uno en lados opuestos, ninguno sabe cómo comenzar. Por mi parte son muchas cosas las que debemos abordar, pequeñas cosas que nos llevaron hasta donde estamos hoy.

—Aiden, yo... —comienzo, decidida, pero al alzar la mirada y encontrar sus ojos, mi valentía se tambalea. Intento controlarme, respiro profundamente y continúo—, yo creo que, te debo una explicación.

Él asiente, de acuerdo conmigo.

—Comencemos por el principio. ¿Estás de acuerdo? —pregunta, tranquilo, su voz otra vez provocando escalofríos. Ahora soy yo la que asiente—. ¿Empiezo yo?

Otro asentimiento.

Aiden se queda pensativo unos segundos, luego, como si no pudiera evitar saberlo, me hace una pregunta que me desordena totalmente, pero de la cual, tengo clara la respuesta.

—¿Eres feliz?