Capítulo 51. Lo conocerá.
Aiden será un increíble papá...
Repito esas palabras una y otra vez en mi mente. Me cuesta trabajo tragar en seco, es como si un nudo se hubiera formado en mi garganta. Estoy paralizada, mis piernas se niegan a moverse y siento el temblor de mis manos.
Esa simple frase significa muchas cosas.
No está lejos de la realidad su afirmación. Aiden ama los niños. Siempre lo ha hecho. Principalmente por eso, es que ocultarle el hecho de que tiene un hijo, fue en su momento tan complicado y hoy, peor aún. Sé que lo intenté, pero no hice todo el esfuerzo, por miedo, por despecho. No sé. A veces pienso en todo y la culpa me carcome porque fui injusta. Aiden no merecía tal castigo. Fui una cobarde y ahora conozco las consecuencias de mis actos. Cuando justo pretendo darle a conocer esa importante noticia, resulta que ya resolvió su vida. Pronto tendrá la familia que tanto deseó. Que tanto deseamos. Una esposa y su hijo.
Aarón ahora estará en desventaja, no por el amor de su padre, que estoy segura será incondicional, sino porque deberá llegar a un hogar, donde a ratos se sentirá excluido, se sentirá ajeno. La futura esposa de Aiden me odia y hará todo lo posible para que mi hijo se sienta incómodo. Lo que, niño al fin, no sabrá discernir entre el verdadero amor de un padre y la envidia solapada de alguien que querrá hacerle daño.
Todavía siento su chillona voz y cada vez los sudores son más fríos. Los pensamientos van más lejos y mis esperanzas también. Él ya tendrá su familia. Independientemente de todo lo que vi en sus ojos ayer, él siguió su vida y ya yo no formaré parte. Tal vez Aarón sí pueda disfrutar de su padre.
Pienso en mi presente y me dan ganas de llorar otra vez. Cuando me fui de aquí, buscando distanciarme por un tiempo, no pretendía alejarme tanto. La reacción de Aiden y su desconfianza, me llevaron al límite, por lo que necesitaba escapar un poco y respirar. De ingenua creí que Aiden no se rendiría. Que al menos intentaría pedirme explicaciones, que me daría un voto de confianza. Pero cuál fue mi sorpresa cuando, exactamente un mes después, Andrea me llama para decirme que Aiden y Estela estaban juntos otra vez, que ella misma los había visto. Ese día intenté decirle lo de Aarón, la noticia me trastornó un poco y si no hubiera sido por Jackson, mi recién adquirido hermano, la historia tal vez fuera diferente. Aiden no tomó muy bien mi llamada y pues, de ahí el resultado: mi hijo nació y creció sin su padre.
Mi autoestima cayó tanto y tan bajo, que cambié por completo mi forma de ser. De ser una chica fuerte y segura de mí misma, pasé a sentirme insegura por todo, de todos. Comencé a trabajar en una clínica de apoyo mental. Un poco irónico, la verdad. Pretender ser capaz de ayudar a personas necesitadas y sentirse al borde del abismo internamente. Mi embarazo estaba en riesgo porque la depresión a veces me podía. No sé si fueron las hormonas descontroladas, la tristeza de saber que sería madre soltera o que viviría mi vida siempre amando a alguien que no me merecía. Porque sí, nunca dejé de amar.
Conocer a Michael fue un soplo de aire fresco. Al principio desconfiaba de él, de su sonrisa dulce y sus intentos de provocar la mía. Pero luego, mientras aprendía de su trabajo, de su forma especial de atender a cada paciente, de sus palabras no dirigidas a mí, pero sí relacionadas con mi vivir, fui cambiando mi forma de pensar. Ya no lo veía como uno más que quería hacerme daño, ahora era el único en el que podía confiar. Se convirtió en mi psicólogo personal y a la vez, en el centro de mi mundo.
Mientras pude ocultar mi embarazo, todo fue bien. Michael sí lo sabía, pero nadie más además de Jackson y Andrea estaba al tanto. Mis padres, que en el momento mantenían su montaje de relación, pusieron el grito en el cielo y me exigieron darle solución. Recuerdo llegar al borde del llanto a sus brazos y pedirle ayuda, pedirle consejo. Mi hijo nonato ya era parte de mí y no podía imaginar mi vida sin su presencia, sin la evidencia del fruto de un amor tan hermoso como el que tuve la oportunidad de disfrutar. Su respuesta fue única y especial. Me besó.
Nunca ningún otro hombre me había besado. Sé sintió raro y bien a la vez. En contra de todo pronóstico sentí un cosquilleo recorrer mi cuerpo entero. Mis dedos se aferraron a su cabello y mi boca aceptó la suya con deseo. Un beso apasionado inició nuestra relación. Un beso que significó esperanza.
A partir de ese momento todo estuvo bien. Michael conocía mis carencias emocionales, pero supo sobrellevarlas con experiencia. Hubo días en los que me despertaba extrañando aquellos ojos grises que tanto provocaron en mí. Hubo otros en los que agradecía a la vida de darme la oportunidad de volver a vivir una historia de amor hermosa. Mis padres, sin siquiera preguntar, asumieron que Michael era el padre de mi hijo, por lo que vi en eso la solución al problema. Por supuesto, Michael estuvo de acuerdo en asumir esa responsabilidad. Solo me pidió algo a cambio: que fuera su esposa.
Darle una respuesta me tomó unos días. A cada rato miraba la hermosa alianza que me había ofrecido, pensando si estaba haciendo lo correcto o no. Si no estaría condenándolo a una vida incompleta junto a mí, porque a pesar de que se había convertido en alguien indispensable en mi vida, aún existía ese sentimiento que me hacía dudar. Mi confirmación vino una semana después, cuando asumí que mi vida la escribía yo misma, que mi destino solo lo labraría yo con mis decisiones. La mirada enternecida y emocionada de sus ojos, al conocer mi respuesta, ha sido una de las mejores cosas que he tenido el placer de observar y disfrutar.
Ese día acepté que sí podía. Y pude, por cuatro largos años.
—¿Qué haces aquí? —farfulla con desdén esa voz, muy cerca de mí. Reacciono de inmediato, saliendo de mis pensamientos. Veo a Estela frente a mí, con su mirada verde altanera, una mueca de desagrado en su rostro y las manos llenas de bolsas con cosas de bebés.
Me tenso al instante, ahora mismo soy un caudal de sensaciones. No quiero tener un encuentro con ella ahora que conozco su condición. Ahora que sé lo que significa ella para Aiden si decidieron dar un paso tan importante como lo es ser padres. Estoy destruida emocionalmente y no podré aguantar mucho tiempo. Verla a ella es aceptar mi derrota.
—Creo que es una tienda pública. No necesito responder tu pregunta —logro responder por puro milagro. Siento la lengua seca y la garganta rasposa. Carraspeo para aclararme y continúo—: Por cierto, enhorabuena.
Al mencionar mis buenos deseos, Estela sonríe perversa. Imagina todo lo que esta situación debe estar provocándome y así me lo hace saber.
—Gracias, estamos muy felices con la noticia. Ya por fin obtuve lo que tanto tiempo estuve buscando —dice y sus palabras me hacen fruncir el ceño—. Sí, ya llegó la hora de atarlo de por vida.
Esa es su respuesta y no me extraña, siempre supe que su verdadero fin era casarse con Aiden por interés. Suspiro, derrotada y ella lo nota. Ya no puedo hacer nada para evitar lo inevitable. Ella ganó.
—Solo no le hagas daño, Estela —le pido, con voz baja, a lo que ella solo vuelve a sonreír.
—Lo cuidaré muy bien. Como llevo haciendo toda la vida. Me costó trabajo sacarte de su vida, pero ya es un hecho. Se siente bien el sabor de la victoria —habla con altanería, con orgullo. Me duelen sus palabras, porque son verdad.
Por un momento me quedo callada y ella hace amago de retirarse. Entonces es cuando yo asumo mi papel en toda esta historia, tal vez no haya ganado mi derecho en esta guerra, pero sí lo haré por mi hijo, que lo merece todo.
—No te creas, Estela. No imaginas todo lo que nos ata a Aiden y a mí —hablo y ella se detiene, sonrío y le digo con misterio—: Pero pronto lo sabrás.
Doy la media vuelta y me voy, abandono la tienda sin un regalo para mi hijo, pero decido que hoy mismo, tendrá una mucho mejor y más importante.
«Aarón conocerá a su padre».