Capítulo 50. Mi mayor bendición.
Llego a la casa y mi abuela me espera medio dormida en el sofá, intenta seguirle el hilo a un programa de televisión, pero el sueño la vence. En cuanto me siente, se espabila y me mira a la expectativa. Camino hacia ella y me siento a su lado, exhalando un suspiro de cansancio. Tapo mis ojos y me recuesto en el sofá, dejando caer todo mi peso.
—Maddie, por Dios, dime cómo fue, me tienes ansiosa —reclama mi abuela, con un chillido. Yo intentando ganar tiempo, pero ella no me da tregua.
—No pude decirle, abue —confieso, avergonzada, luego de unos segundos de no saber cómo decirle la verdad.
—¿Pero por qué, Maddie? —dice y frunce el ceño, dudosa de las razones por las que no me atreví a contarle. La verdad, cuando salí de aquí fue bien determinada a finalizar esta situación de extensa agonía. De constantes ausencias.
—Aiden no quiso saber —respondo, suspirando y le cuento todo lo que pasó en su consultorio y luego en la cala. Le confieso todo lo que aún siento y lo que vi en sus ojos cuando supo que Jackson era mi hermano. Además de que le reclamo a ella por no decirme antes que estaba comprometido otra vez con Estela.
Cuando llego a la parte donde él se da cuenta del significado de mi anillo, no sé cómo seguir. Esta parte es bien incómoda. Solo yo entiendo las razones que me llevaron a tomar una decisión tan drástica. Decirlas en voz alta me causa vergüenza. Mi abuela nota que algo me pasa, pero no comenta nada ni me presiona.
—¿Aarón no se despertó más después que me fui? —Intento cambiar de tema, porque la mirada de la abuela me pone nerviosa. No quiero indagar más en mis propios recuerdos y volver a revivir lo que pasó hace unos minutos.
—Maddie... —advierte la abuela, mirándome escéptica—. Te dije más temprano que no ofendieras mi inteligencia. Si quieres cambiar de tema me lo dices y ya. Si no quieres decir lo que realmente pasó, ni te juzgo ni te culpo. Estás en tu derecho —menciona esto último alzando los hombros, indiferente.
Yo no le respondo, solo miro alternativamente entre ella y el piso. Hasta que decido asumir las consecuencias.
—Fue raro, pero no sé sintió tan mal. Es increíble cómo a pesar del tiempo que ha pasado, sigue provocándome angustia todo lo que tiene que ver con él —comento, pensativa.
—El amor no muere tan fácil, Maddie. Cuando se siente de verdad, ni el tiempo ni las nuevas condiciones pueden afectarlo. Cuando han quedado cuentas pendientes, en algún momento el destino regresa para cobrarlas todas. Nuestra tarea es aceptar el cambio. O lo asumimos perdido, aunque sintamos todo como el primer día. O lo vivimos día a día, aprendiendo en el camino.
—Lo sé, abue, lo sé —es mi respuesta a su hermosa y verídica frase. Bajo la cabeza avergonzada, pero repleta con una felicidad que hacía tiempo no sentía correr por mis venas —. Mi único miedo es haberme equivocado otra vez. Amar a veces es complicado y sí, cuando quedan cuentas pendientes no lo pensamos mucho y nos lanzamos, pero no es justo para los que esperan por una oportunidad. Por solo merecer al menos un tercio de todo ese amor que se sintió hace tanto tiempo y que aún existe —admito en voz baja. Mi abuela me mira conocedora. Ella sabe que la mayoría de las veces sucede lo inevitable.
Ahora me siento culpable por todo lo que pasó esta noche. Michael significa mucho para mí y aunque su decisión haya sido dejarme, sé que lo hace porque nunca obtendrá de mí eso que él tanto ansía. Acercarme a Aiden, es como un acto de traición hacia él. Michael conoce toda mi historia, mis sufrimientos, mis reparos, mi compleja forma de amar aun en la distancia. Y así me aceptó, asumió un rol en mi vida que pocos hombres habrían aceptado. Lo dio todo esperando tener, algún día, un resultado favorecedor. Hasta que se dio cuenta que no sería tan fácil y decidió rendirse. Un constante recuerdo de mi pasado me mira todos los días a los ojos. Y a él.
Pasamos casi una hora en silencio, a menudo comentando algo sobre lo que se observa en la televisión, pero cada una sumergida en sus pensamientos. Me despido de mi abuela con un beso en la frente y un abrazo inmenso, su apoyo es muy importante para mí. Subo a ver a Aarón y cuando entro al cuarto, se sienten sus ligeros ronquidos. Me da ternura el solo verlo acurrucado y arropado. Desde hace tres años velar su sueño se ha convertido en mi actividad favorita del día. Cuando lo miro es inevitable recordar a su padre, porque son idénticos. Sus ojos grises así lo certifican.
«¿Cómo pretender olvidarlo, si cada día de mi existencia veo su copia exacta?», me pregunto internamente, más como retórica que como duda existencial.
Aarón trajo la mayor felicidad a mi vida. Toda la soledad que tuve en mi infancia, todo el dolor que me provocó la ausencia de mis padres, me llevó a un punto donde pensé que el amor estaba sobrevalorado. Incluso teniendo la figura de mi abuela y mis tíos, sentía que no pertenecía realmente a ningún lugar. Conocer a Aiden y vivir mi primera experiencia con él, fue un intento desesperado de ser aceptada, de ver en los ojos de otro lo que mi persona podría significar para alguien. No se alarmen, no fue falta de amor propio, al contrario, en aquel momento supe que el amor sí existía, que era real y palpable. Así lo sentí y creo, por los intensos escalofríos que me recorren desde que lo vi, que aún permanece intacto el sentimiento. Mi hijo fue el fruto de ese amor que, aunque no tuvo el desarrollo que me hubiera gustado, es lo más hermoso que he vivido. Mirar su hermoso e inocente rostro y ver en él al único hombre que he amado, no es una tortura, lejos de eso, es una bendición.
Aarón se remueve en sueños y eso me hace reaccionar, me levanto de la cama y voy al baño, para asearme y acostarme a dormir. Mañana es el día de hacer el favor que me pidió Leo, debo buscarle la dichosa certificación antes de que se acerque más la fecha de la boda.
(...)
—Disculpe, señorita, ¿podría orientarme sobre cómo solicitar un certificado de anulación de matrimonio? —pregunto a la amable chica que me atiende en la recepción de la oficina del registro civil.
—Sí, claro —responde y me explica el procedimiento que debo seguir para solicitar el documento.
El trámite resulta ser un poco más complicado de lo pensado, puesto que no existe constancia del proceso de anulación. Al momento me preocupa la situación, de ser lo que estoy pensando, Leo tendrá más de un dolor de cabeza. Con esa preocupación en la cabeza, camino sin ver por dónde voy. No es hasta que choco con alguien que reacciono.
—Uh, disculpa... —murmuro apenada a la chica con la que me tropecé.
Cuando levanto la vista, me encuentro con Mary. Creo que el destino no podría ser más jodido. Justo hoy, que estoy en trámites relacionados con ella, me la encuentro luego de haber pasado tanto tiempo. La morena de ojos verdes me mira, primero con desconcierto, luego con alegría. Al parecer me reconoce, porque dice mi nombre con entusiasmo.
—Maddie, qué alegría verte. ¿Como estás? —Sus ojos reflejan verdadero interés. Ella siempre ha sido una muchacha dulce y agradable, no entiendo cómo fue que mi primo y ella no funcionaron.
—Estoy bien, Mary, gracias. ¿Y tú? ¿Qué ha sido de tu vida? No has cambiado nada —pregunto de verdad interesada en su vida actual. A ella también le incumbe la situación que acabo de descubrir.
—Bien también, Maddie —dice y en sus ojos se refleja un sufrimiento interior, es un cambio imperceptible, pero yo logro verlo. Cuando cambia de tema me doy cuenta que no quiere hablar mucho de su vida—. ¿Como está tu familia? Hace mucho que no los veo.
La nostalgia en su pregunta me sorprende. Es como si no se hubiera encontrado con ningún miembro de mi familia en todo este tiempo.
«Ahora más que nunca necesito averiguar qué pasó con ella realmente», me propongo, porque me extraña mucho que, estando en el mismo pueblo, no se los haya encontrado. Sé que Andie tampoco se ha pasado mucho por aquí en estos tiempos. Y Leo jamás ha vuelto desde que salió de aquí, poco tiempo después que yo. Pero veo raro que con mi abuela y mis tíos no haya mantenido contacto.
—Están bien. Abuela Nora está muy bien de salud y mis tíos, como siempre —respondo alzando los hombros y sonriendo con ternura.
—Qué bueno, yo... —Su frase se interrumpe cuando escuchamos una vocecita alegre.
—Mami, mami... —Una pequeña niña, de ojos increíblemente verdes, llega corriendo a nuestro lado y se abraza a sus piernas.
Me quedo en shock al verla. La niña no es mucho mayor que Aarón, tal vez tengan la misma edad, por lo que me sorprende mucho. Al momento pienso en Leo, esos ojos verdes son igual de brillantes que los de mi primo, pero bueno, Mary también los tiene de ese color. Miro alternativamente de la niña a ella y no se puede negar que son madre e hija. Ambas morenitas, de ojos verdes y pelo castaño oscuro.
Al ver mi desconcierto, ella sonríe resignada, por lo que aclara la situación.
—Ella es Lianny, mi hija. Tiene tres años —dice y yo trago en seco. Tiene la misma edad que Aarón y eso puede significar muchas cosas, en ese tiempo Leo y ella mantenían una relación.
—Es hermosa —le digo, poniéndome a su altura y mirándola a los ojos—. Hola, pequeña.
La niña me mira y sonríe. Se despega un poco de la madre y se acerca a mí. Extiende su pequeña manito y yo se la acepto.
—Mucho gudto. ¿Tú eres amiga de mi mami? Podque mi mami no tiene amigas —me pregunta con un puchero y su siguiente afirmación me confunde. Miro a Mary y ella tiene una sonrisa nerviosa en sus labios mientras niega con la cabeza. Al parecer a la morena no le ha ido tan bien en la vida, cuando esa es su realidad ahora.
Mary siempre fue muy popular, pero no de las que se creía que estaba por encima de los demás. Por el contrario, su popularidad fue resultado de su carisma y forma de ser. Siempre estaba rodeada de gente y mostraba una felicidad envidiable.
«Es verdad eso que dicen que, sonrisa por fuera, tristeza del corazón», pienso, con pena.
Cambio de tema, porque me doy cuenta que la pregunta de la niña la puso un tanto incómoda. Le hablo a Lianny de Aarón y ella, me hace prometer que algún día, muy muy prontico, lo conocerá. Su insistencia y su forma de lograr lo que quiere, me hace reír, porque al parecer es un método muy común entre los niños. Llevamos unos minutos así, cuando Mary de pronto toma a Lianny en sus brazos y sale casi corriendo, murmurando una disculpa y un rápido —Tengo que irme —.
Veo como a la pequeña se le aguan sus ojitos y con un puchero desgarrador, se despide de mí. Yo solo atino a levantar mi mano correspondiendo su despedida, pero no entiendo cuál es el apuro hasta que un hombre joven se acerca a ellas y de muy malas formas, toma a Lianny de los brazos de Mary y fulmina con la mirada a esta última. Por un momento no sé qué hacer y un sentimiento de angustia de instala en mi pecho, pero la realidad es que no puedo hacer nada. Vuelvo a mirar, pero ya se han ido.
Retomo mi camino pensando en las vueltas que da la vida. Justamente hoy estaba tramitando una situación que incluye a Mary y resulta que me la encuentro.
Llego a la parte comercial del pueblo y admiro los escaparates de las tiendas buscando algo para Aarón. Cuando encuentro una tienda destinada solo a niños, no dudo en entrar para comprarle algo que le guste.
Estoy intentando decidir entre dos juguetes, cuando una voz conocida llama mi atención.
—Estoy segura que esta vez sí se podrá. —Otra voz responde algo que no logro escuchar—. Yo sé que dicen que es de mala suerte comprar las cosas del bebé antes de tiempo, pero estoy tan emocionada que solo tengo antojos de comprar y comprar —culmina y se ríe feliz.
Mi piel se eriza cuando me viene a la mente una idea de lo que sucede. Pero no es hasta que menciona su nombre, que entiendo realmente el significado de sus palabras.
—Aiden será un increíble papá.
«No lo puedo creer. Estela está embarazada».