EL VELO ENTRE NUESTROS MUNDOS II

Cuando Carolina recuperó la consciencia estaba desnuda sobre una enorme piedra con forma de menhir, rodeada por decenas de personas vestidas con túnicas blancas.

—¿Sacerdotisa? ¿Se siente bien? –preguntó un sujeto de barba larga y blanca. Carolina reaccionó.

—Sí, sí, estoy bien.

—¿Desea continuar el ritual?

—Eh… creo que… no… prefiero mejor… eh alguien puede suplirme.

—Claro, venga y descanse Su Excelencia.

Los druidas terminaron la ceremonia y luego compartieron una fiesta donde bebieron hidromiel y realizaron bonitos cantos.

Carolina descubrió, poco después, que estaba en un mundo donde Saulo de Tarso (conocido por ella como San Pablo) nunca se convirtió al cristianismo y esta religión nunca se volvió universal, por lo que jamás pasó de ser una secta judía heterodoxa similar a los samaritanos o los caraítas. No habiendo existido el cristianismo tampoco existió el Islam, y el mundo entero era pagano. Todos los pueblos practicaban sus religiones autóctonas y las únicas religiones monoteístas eran el judaísmo de Israel y el zoroastrismo en Irán.

El Dr. Tyson si vivía en aquel mundo y también era científico de la Universidad de California aunque especializado en Alquimia. Carolina fue a verlo y trató de explicarle todo lo mejor que pudo.

Tyson tenía en su oficina un altar a dioses africanos, pues era un devoto animista. Pudo comprobar que aquel mundo tenía una arquitectura un poco más clásica y muchos de los edificios parecían salidos de un cuento de fantasía, además la naturaleza nunca dejó de ser algo sagrado así que había enormes extensiones de bosques y áreas verdes pues era un mundo mucho más responsable ecológicamente.

—Bueno –comentó Tyson— por supuesto que le creo.

—¿En serio?

—Sí. En este mundo la magia nunca ha sido prohibida, y conforme la ciencia empezó a avanzar descubrimos que muchos conceptos mágicos de antaño tenían validez científica, entre ellos, los relatos míticos de puertas a otros mundos y realidades. Por ello estamos más avanzados científicamente respecto a la investigación con universos paralelos que ustedes en su mundo.

—¿Qué… que quiere decir?

—Que nosotros sí somos capaces de viajar a otras dimensiones físicamente, y no solo mentalmente. Podemos trasladar cuerpos físicos enteros. Por eso hemos explorado muchas dimensiones, incluyendo su mundo, que conocemos bien.

—¿¡En serio!?

—Así es. Los efectos que está usted sufriendo fueron descubiertos por nosotros hace décadas cuando iniciamos los primeros viajes interdimensionales que, cuando eran muy rudimentarios, eran en efecto solo mentales.

—¿Y que me está pasando?

—Lo llamamos Síndrome del Salto Infinito. Suele ser estimulado por emociones fuertes en la mente del individuo.

—¿Y que pasa con mi cuerpo en mi mundo?

—Es ocupado por la mente de una de sus dobles.

—¿Así que no se que está haciendo en este momento alguien con mi cuerpo?

—De forma similar a como usted tiene control sobre nuestra Carolina. Que por cierto es mi novia desde hace dos años.

—Oh… lo lamento. No lo hago intencionalmente. ¿Cómo lo detengo y como regreso a mi universo natal?

—No lo sé. Existe la hipótesis de que una experiencia extremadamente traumática podría hacer que instintivamente la mente regrese a su mundo de origen. Pero no se ha comprobado.

—Una experiencia traumática… ¿de que tipo?

—Bueno… esto es un poco personal pero… Carolina… es decir… la Carolina de este mundo, tuvo una experiencia muy dura cuando era una joven estudiante en su natal Argentina y aceptó ir a estudiar a la casa de un profesor, que se pasó de copas y abusó de ella. ¿Le sucedió a usted lo mismo?

—¡No! Pero sí recuerdo la invitación de dicho profesor que decliné.

—Bueno… esa es precisamente la base de la teoría de los universos múltiples. Nos definen las decisiones que tomamos.

—¿Quiere decir que en un universo me violaron y en otro no solo porque decidí ir o no a la casa de un profesor?

—Esa y otras muchas decisiones que has tomado en tu vida son las que te definen, querida. Podemos utilizar nuestra tecnología para recuperarlas a ambas. Basta con viajar a su dimensión haciendo uso de nuestra máquina e intercambiarla con mi Carolina…

Aquello sonaba esperanzador. Pero, para desgracia de Carolina, esta sintió la severa jaqueca que anunciaba su nuevo traslape a otro mundo, intentó gritar tratando de aferrarse desesperadamente a esa dimensión, sin éxito.

—¡Hey! ¿Querés o no? ¡Hey!

Carolina recuperó el sentido. Estaba de pie sosteniéndose en un poste. Vestía una minifalda diminuta y una blusa escotada y un sujeto desde un vehículo detenido frente a ella en una esquina le dirigía la palabra y tocaba insistentemente la bocina. Finalmente se aburrió y se fue.

—Soy… soy… prostituta… —se dijo reconociendo su situación en ese mundo.

—¿Qué te pasa? –dijo una colega cercana, joven morena vestida muy similarmente. –Isaac te va a matar cuando se de cuenta de que rechazaste a un cliente.

En efecto desde la otra calle se aproximaba un sujeto con aspecto de proxeneta muy enfurecido.

—¡Corre! ¡Corre! –advirtió la colega y Carolina obedeció escapando a toda prisa para impedir la paliza que le iban a proporcionar.

Se tuvo que esconder entre callejones oscuros y basureros, hasta que se sintió segura. Alquiló una habitación con los pocos dólares que encontró en su bolso en un miserable hotel repleto de cucarachas.

Al día siguiente se dirigió a la Universidad con la esperanza de toparse con el Dr. Tyson. Se dio cuenta que en aquel universo la población negra era mucho más numerosa que en el suyo, además la arquitectura y el arte tenían un aspecto africano. Inspeccionó un poco aquel lugar con curiosidad científica descubriendo que en aquel universo la religión mayoritaria parecía ser el vudú y que todos los rectores de la universidad habían sido negros, y todos los presidentes de Estados Unidos también, salvo el más reciente que fue el primer blanco en llegar a la presidencia de dicho país.

Por lo que pudo dilucidar en ese mundo los africanos conquistaron Europa y América y exportaron a millones de europeos como esclavos. Aunque la esclavitud había sido abolida y Europa se había independizado de los imperios colonialistas africanos, los blancos seguían algo rezagados socialmente y sufrían de racismo y discriminación en algunos países.

—¡Dr. Tyson! ¡Dr. Tyson, por favor! –dijo ella al ver al académico saliendo de su oficina. Como su vestimenta y aspecto delataban notoriamente su profesión de prostituta muchos estudiantes y académicos murmuraron al verla llamando al científico y éste se mostró incómodo.

—¿Quién es usted, Señorita? No la conozco.

—¡Dr. Tyson! ¡Necesito su ayuda!

—Aléjese, por favor, o llamaré a seguridad. Con permiso.

Frustrada y con deseos de llorar, Carolina dejó el campus y se alejó de la universidad. Caminaba distraída y molesta y repentinamente sintió un golpe en la nuca.

Cayó sobre el suelo, sangrando por la cabeza y al girarse para ver a su agresor encontró al proxeneta con un bate de béisbol listo para darle una golpiza.

En medio de los dolorosos golpes que le propinaban Carolina comenzó a viajar a otro mundo.

Despertó.

Se encontraba en un cuarto oscuro. Parecía ser una casa de habitación normal, pero estaba algo desordenada con botellas, latas y papeles dispersos en el piso. Escuchó unos ruidos extraños y se asomó por la ventana. Se dio cuenta que vestía ropa interior solamente.

Por la ventana podía observarse un cielo negro por el smog y a lo lejos una ciudad extremadamente urbanizada hasta donde llegaba la vista, con enormes chimeneas humeantes a lo lejos y unos incendios incandescentes en ciertas áreas. Parecía una visión verdaderamente apocalíptica.

Más aterrador aún era que por las calles corrían gritando furiosos unos seres escabrosos. Eran personas o lo habían sido, aunque ahora deambulaban enloquecidos y hambrientos destruyendo todo a su paso. La casa estaba bien tapeada y fortificada para impedir su ingreso, pero eran tantos que hubieran podido destruir la fortificación sin mucho problema.

—Oye… —dijo la voz de un hombre a sus espaldas. Ella se giró y observó a un tipo feo y gordo que se le acercaba. –No te di refugio aquí en mi casa gratuitamente para que te comieras mis provisiones. Vamos a la cama para que pagues mi generosidad.

El sujeto se aproximó deseoso a tocarla y ella reaccionó aferrando una de las muchas botellas de cerveza vacías en el suelo y se la quebró en la cabeza.

Se dio cuenta de la realidad. Se encontraba en una especie de mundo post—apocalíptico que había sido diezmado por un colapso ecológico y que había reducido a muchos a la barbarie y el canibalismo. Registró la habitación y descubrió viejos periódicos que hablaban sobre motines y disturbios ante el agotamiento de los recursos naturales por la contaminación, la falta de agua y alimentos, la destrucción de la capa de ozono, etc. Además se mencionaba la aparición de diversas plagas y enfermedades, una de ellas una mutación de la rabia que provocaba ataques de ira en los infectados en pocas horas y se transmitía por la mordida. ¡Esos debían ser los que merodeaban el exterior!

El sujeto empezó a despertar del suelo sangrando por la cabeza. Tomó un arma que tenía escondida bajo el sillón y le disparó a Carolina. Ella esquivó las balas escondiéndose tras una pared pero los disparos hicieron mucho ruido y llamaron la atención de los “zombis” post—apocalípticos en el exterior que se lanzaron frenéticos hacia la casa. Eran tantos y tan furiosos que en poco tiempo fueron barriendo las barricadas y destrozando la fortificación. El sujeto gordo se disparó a la cabeza y Carolina sabía que le esperaba una muerte horrible.

Los monstruos empezaron a introducir sus brazos por entre las ventanas quebradas y las ranuras entre las tablas. Sus rostros llenos de ira y que derramaban espumarajos por la boca parecían deseosos de roerla con sus dientes.

Carolina contempló el suicidio cuando en efecto destrozaron la pared y se lanzaron contra ella, justo cuando sintió un tremendo dolor de cabeza y viajó a un nuevo mundo.

Despertó en una habitación dentro de una extraña cámara de piedra, muy oscura. Estaba sobre un catre viejo con cobijas roídas. Al lugar entró una mujer anciana que reconoció como su madre aunque lucía avejentada y sucia. La mujer le dio algo de comer y beber aunque la comida sabía rancia y el agua tenía un sabor ácido. Intentó hablar pero no pudo. Intentó moverse pero sus movimientos eran torpes.

La madre la colocó en una rudimentaria silla de ruedas y la sacó de su pequeña habitación. Tal parecía que había decenas de personas viviendo en un sótano o alguna estructura subterránea, quizás un metro, ahora sobrepoblados. Algunos mostraban deformidades faciales o cuerpos mutilados. Entonces tuvo consciencia de su propio cuerpo y observó que sus extremidades estaban torcidas y no se habían desarrollado correctamente. Tenía las piernas truncadas y los brazos deformados.

Recortes de periódicos en una pared parecían explicar aquel infierno. Viejos y amarillentos, mencionaban la inminente guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética en 1962 a raíz de la Crisis de los misiles cubanos. En este mundo había sucedido una guerra nuclear global.

Los pocos sobrevivientes malvivían bajo tierra y la radicación había causado muchas mutaciones genéticas. Ella pasó por un espejo que probablemente era la vieja entrada del metro y al verse se horrorizó tanto de sus rasgos desfigurados que intentó chillar y se provocó, para su alivio, un nuevo viaje.

Aunque el alivio no duró demasiado. Despertó en un horripilante calabozo donde estaba encadenada por las muñecas y los tobillos. Un grupo de verdugos entraron al lugar e ignoraron sus desconcertadas preguntas. La colgaron de una pared y comenzaron a infringirle todo tipo de torturas; latigazos, quemaduras con hierros ardientes y aceite hirviendo mientras le ordenaban que confesara sus herejías.

Carolina suplicó sumida en dolor que la dejaran en paz, pero los verdugos la ignoraban. Tres sacerdotes llegaron a la celda e intentaron convencerla de que confesara su crimen.

—¿Niegas haber propagado la mentira de que este no es el único universo creado por Dios y de que existen múltiples universos?

Así que eso era. Debía de estar en un mundo donde nunca se abolió la Inquisición. Carolina confesó todo con tal de la dejaran de torturar.

Pocas horas después los inquisidores la llevaron a una hoguera. Además del público que circundaba la ejecución ésta era televisada y transmitida por cámaras de video. Usaban combustible y un sistema de incineración automático para quemar a los herejes. Aparentemente la tecnología también avanzaba para quemar en la hoguera.

En cuanto las flamas le desgarraron la piel Carolina sintió el punzón en el dolor de cabeza y se transportó a otra dimensión.

Carolina despertó en un burdel repleto de soldados americanos y ubicado en Buenos Aries. Se encontraba vestida muy ligera de ropa y pronto se dio cuenta a que se dedicaba. Las noticias reportaban lo que parecía ser una Tercera Guerra Mundial entre la OTAN y sus aliados contra Rusia y los suyos. Washington había declarado la Ley Marcial y habían invadido toda América Latina como parte de su estrategia militar (Rusia había hecho lo mismo con Asia Central).

El tiempo pasó. Los días transcurrieron y Carolina empezó a perder la esperanza de algún día saltar de nuevo a otra dimensión y de poder regresar a su universo natal. Se dio cuenta de la trágica realidad y era que los soldados de la OTAN en Latinoamérica se habían habituado a tomar mujeres latinoamericanas y llevarlas a burdeles en sus bases militares para obligarlas a prostituirse. Por semanas padeció esa vida miserable atendiendo a diez o doce soldados por día.

¿Por qué no había viajado? ¿Se había detenido ya el síndrome? ¿Había quedado condenada a esa espantosa vida?

Atendiendo a su séptimo cliente ese día (ya había perdido la cuenta de cuantos soldados habían yacido con ella) no soportó más y estalló. Comenzó a darle cachetadas y arañazos al soldado y este reaccionó con más violencia propinándole certeros y sonoros puñetazos limpios en la cara. Casi a punto de perder la consciencia y con la boca y la nariz rota y chorreando sangre.

“Quiero morir” pensó. El soldado pareció entender sus pensamientos y extrajo de entre sus pertenencias una afilada cuchilla militar, la observó con mirada de psicópata y comenzó a hundirle la hoja en la carne salpicando de sangre el exterior y sumiéndola en un nuevo dolor insoportable.

Carolina sintió como la vida se iba de su cuerpo y finalmente perdió la consciencia, esta vez sin sentir dolor de cabeza…

—Fue traída acá por el Dr. Tyson, un físico de la Universidad de California —decía un médico a una enfermera al lado de la cama de hospital donde se encontraba Carolina. Esta despertó sin sentir aquel horripilante dolor que había experimentado cuando el soldado la acuchillaba.

—¿Dónde estoy? ¿Qué sucede? —dijo.

—Bienvenida, Señorita, ¿puede decirnos su nombre?

—Carolina Rivaldi.

—Correcto. Usted nació en Buenos Aires, Argentina ¿cierto?

—Sí.

—Y es estudiante de física cuántica en la Universidad de California, si bien ya tiene estudios en física de la Universidad de Buenos Aires.

—Sí, correcto. ¿Ustedes conocen al Dr. Tyson?

—Sí. Según nos dijo usted trabaja en un proyecto llamado “Alicia” ¿no es así?

—¡Sí! ¡De hecho! ¡Que maravilloso! ¡He regresado a mi mundo de origen! ¿Que hospital es este?

—Es el Hospital Psiquiátrico Buena Esperanza.

—El… ¿el que?

—Sí, Srta. Rivaldi, pero no se preocupe, todo saldrá bien. Estamos aquí para ayudarla.

—Espere un momento —protestó Carolina y entonces se dio cuenta de que tenía la muñeca esposada a la cama. —Yo… yo no estoy loca… es solo que he estado viajando a otras dimensiones… yo…

—La paciente sufre de esquizofrenia y personalidad múltiple —dijo el médico a la enfermera— aparentemente debido a los efectos inesperados de una serie de experimentos de dicho “proyecto Alicia” que ya fue cancelado.

—Le administraré algunos calmantes y antipsicóticos a la paciente —anunció la enfermera. El médico estuvo de acuerdo y dejó la habitación sin preocuparle nada más. Mientras, la infortunadamente Carolina, seguía inútilmente tratando de convencer a la enfermera de que no estaba loca mientras le aplicaban suficientes drogas como para dejarla noqueada toda la noche.

Había regresado a casa…