Capítulo 33
Don “sí, señor” suelda unas varillas para armar una reja, y yo reviso los mensajes en mi celu. Mi novio no me respondió si voy a buscarlo para ir a algún lado. La otra vez que le dije que tenía ganas de que salgamos, me dijo que sí, hasta me prometió que escogería el lugar y todo.
Resoplo, mandándole otro mensaje a ver si al menos me clava el visto.
—León, pasame el martillo que está sobre la caja negra.
Voy a buscar lo que me pide y se lo doy.
—Gracias, y si querés, ya te podés ir yendo. Solo me queda clavar algunas cosas y no necesito mucha ayuda pa eso.
Guardo algunas cosas para que el señor no se tropiece. Después, alcanzo mi mochila y me despido hasta el miércoles.
Ya que Ángel no me contesta, creo que voy a verlo. Tal vez volvió a pelearse con su papá y ahora está en penitencia.
Apenas llego a su casa, toco las manos y espero, pero nadie sale. Quizás si es cierto que lo penitenciaron y ahora debe estar metido dentro como si fuera un preso.
—¡Eh! ¡Ángel! —le grito apenas veo su perfil en la ventana.
La cortina vuelve a correrse, lo que significa que en seguida vendrá a abrirme. Apenas aparece en la puerta, su ceño fruncido es señal de que algo malo hice.
¿No tenía que mandarle tantos mensajes?
Si estaba ocupado bien podría haberme dicho que no lo moleste, no enojarse y ya.
Mi novio abre la reja de su casa, pero se queda parado ahí con los brazos cruzados y una cara agria que complementa bien la arruga en su frente.
—Ah… ¿Hice algo?
—¿Querés explicarme por qué Benjamín era mejor opción que yo?
Retrocedo, negando con la cabeza.
—¿Qué?
De repente me acuerdo que Benjamín nos vio; que dijo que no sería cómplice con su silencio. No puede ser. Él no podría haber cruzado la línea de esa forma. Sé que las injusticias no le gustan, pero no creo que se haya atrevido a…
—¡¿Por qué?! ¡Mirá toda la mierda que hice para ayudarte, para que estés bien!
—Ángel…
—Mientras estabas divirtiéndote con Benjamín, yo me preocupaba porque no estudiabas bien, no andabas bien en tu casa, ¡andaba pendiente de cómo ayudarte!
Ángel muerde sus labios, bajando los brazos de golpe.
—¡Me cuestionaba qué mierda estaba haciendo mal! ¡¿Por qué mierda mi novio prefiere estar con su amigo en vez de conmigo?! ¡Me forcé a mí mismo a ser un poco más abierto!
Su mirada es vidriosa, pero se esfuerza por no romperse.
—¡Otra vez fui el pelotudo al que engañan!
—¿Otra vez? —Me tapo la boca porque no debí preguntar.
—¡Gastón se encamó con uno de sus amigos! —me grita—. Y yo como el pelotudo que soy nunca me di cuenta hasta que tuvo que venir el sorete con el que me puso los cuernos a decirme. ¡¿Ahora qué mierda crees que pasó?!
Retrocedo un poco más.
—Benjamín y yo no… O sea, lo besé, pero…
—¡Ya sé qué mierda hiciste con ese! —exclama, asentando un puño en la reja —. ¡Mi papá tenía toda la puta razón del mundo acerca de vo!
—Ángel, por favor, dejame explicarte.
—¡Andate a la mierda!
Ángel cierra la reja en mi cara y su mirada vidriosa se clava en la mía. No puedo concentrarme en otra que en ese dolor revelado en una mirada que pensé conocía de derecha a izquierda.
—No vas a perder el trabajo que te dio mi papá —dice él, sorbiendo su nariz y esquivando la mirada—. Pero yo ya no soy tu novio, ni tu amigo.
Siento que un edificio entero se acaba de caer dentro de mí.
—Ángel, te lo pido, escuchame primero.
—Ya te escuché bastante, ¿no te parece?
Él camina hasta su casa y cierra la puerta.
Que rara mezcla de miedo, tristeza y ansiedad se siente cuando uno se da cuenta de que acaba de perderlo todo. Supongo que algo de eso sienten los bebés cuando los sacan de la panza de su mami y tienen que pelearle a la vida.
Me voy para mi casa, pero freno mis pies a la mitad del camino.
¡¿Qué necesidad tenía Benjamín de contarle esas cosas a mi novio?!
Doy media vuelta y hago mi camino hasta la vía.
Él se cree un buen niño por hacer el bien, por ser correcto y educado, pero la realidad es que es más egoísta que la mierda. Vino a contarle la verdad a mi novio para andar bien y quedar bien, para proteger su propio puto ego de chico bueno sin importarle nada, ni siquiera si yo salía lastimado en el proceso.
Ahora va a ver con quién se metió.
El camino hasta la casa del infeliz se hace más corto cada vez. Hasta el puente del terror ya es solo un cruce chiquito que no intimida, o es que siento que yo intimido más ahora que estoy enojado.
Al llegar a la Costanera, miro para todos lados. En una de esas el infeliz está en la casa de algún vecino.
—¡Eh! ¡vo! —Apenas lo veo en la puerta de su casa, voy corriendo hasta él—. ¡Vení da la cara infeliz!
Benjamín me espera en la puerta de su casa. Su cara siempre inexpresiva ahora tiene una leve arruga en su frente.
—¡¿Quién so para ir a hablarle de lo que pasó a Ángel?! ¡Solo fue un beso! ¡Por un beso hacés tanto lío la puta madre!
—Ya te había dicho que no iba a ser cómplice con mi silencio —me responde, lanzándome una mirada feroz—. No le dije la verdad para desencajarte la vida.
Retrocedo un par de pasos y choco con el ropero blanco.
—¡Benjamín!
—¡No soy de los que puede ignorar el problema y ya! ¡Muy bien sabés que no soporto ese tipo de cosas! —exclama—. ¡Es cuestión de principios, de malditos códigos León!
—¡No tenías derecho a decirle! ¡Era una cosa entre Ángel y yo!
—¡Nunca fue una cuestión entre ustedes dos si me metiste a mí y destrozaste por completo su confianza! ¡Lo abrazás y lo besás como si nunca le hubieras hecho nada! ¡estuviste a punto de arrancarme la ropa y querer más que solo un beso la vez que estabas borracho! ¡Me dijiste que me querías más que a Ángel!
Benjamín y yo nos miramos por un momento y sé que no me miente porque jamás lo ha hecho y no tendría por qué.
—¿Te parece que yo puedo vivir tranquilo después de saber todo eso?
Benjamín se apoya en la puerta y refriega su frente mientras yo me quedo con la boca abierta porque no sabía que dije e hice todo eso.
—No me vuelvás a buscar, León, tampoco vengás a mi casa ni te me acerqués en la escuela. No quiero a alguien como vo en mi vida.
—¿Sabés una cosa? Podés ser muy bueno y todo lo que quierás, pero también so cruel, Benjamín, y eso es peor que lo que considerás malo en otras personas.
Me vuelvo para mi casa, sintiéndome cansado en todo sentido.
Encima, si en la casa hay alguien, no me van a hablar o a preguntarme qué me pasa porque ya nada es lo mismo, pero también estoy cansado de eso y pienso arreglarlo como sea. Al final, lo único que me queda es eso: mi familia, por más mal que a veces nos llevemos.
Solo espero poder recuperar eso ya que todo lo demás está perdido.
***
No dormí en toda la noche al pensar en todo lo que tenía que decir a la mami ya Fran. Solo espero que sea suficiente.
Voy a empezar por rendirme ante ellos y admitir que tenían razón en todo, que como soy no voy a llegar a ningún lado, que soy un mal hijo y lo que ningún padre querría para su hijo. Rendirme, y estar de acuerdo con que es cierto que tengo que empezar a tomarme las cosas en serio si quiero mantener alguna relación o alguna amistad.
Aparte, espero que la próxima vez que tenga novio, si es que llega a pasar, voy a hacer lo posible porque sus papás no me prohíban verlo, tratar de ser buen alumno o al menos responsable de mis cosas para que me traten con amabilidad y al menos no les moleste que tan solo mire a su hijo.
Solo quiero que al menos me acepten y merezca ser aceptado y no criticado por no tener lo que todo niño bueno debe tener.
Esta vez, quiero esforzarme en todo sentido porque al final yo mismo salgo herido por ser como soy.
Hay muchas cosas que quiero hacer, pero para eso tengo que empezar por pequeños pasos y el principal es arreglar las cosas con mi familia.
Me levanto de la cama, un poco bajoneado por haberle roto el corazón a mi novio… Exnovio, pero dispuesto a al menos arreglar una sola cosita de las muchas que estropee.
Pensándolo mejor, antes decía que los aliens eran aquellas personas diferentes a mí, que venían de otra realidad que no es la que yo vivía, pero al final el único alien era yo. Vivía sin que me importe nada de lo que realmente me tenía que importar y habitaba en un planeta donde creía que no había problemas. Era una existencia infantil y egoísta, pero ahora me llegó la hora de aterrizar en la tierra y ver que tengo que vivir como todos los terrestres viven.
Ya no soy un niño. Ahora los problemas tienen consecuencias más grandes, como yo mismo me veo en el espejo.
En la cocina están tomando mate mi hermano y la mami, bostezando y hablando entre ellos sobre lo que van a cocinar en este domingo. Mis hermanitos juegan en el patio con Pili.
—Ma, Fran, ¿puedo hablar con ustedes?
Casi me pongo a rezar para que al menos me den una oportunidad de decirles algo.
Ellos ni siquiera vuelven la cabeza hacia aquí, solo se quedan mirando las tortillas que comen.
—Bueno, no importa si me escuchan o no, lo voy a decir de todos modos. Estoy pensando hacer el trabajo este de ayudante que me dio el señor Gauna, incluso cuando acaben las vacaciones.
Ni la mami ni mi hermano parecen querer escuchar.
—Perdón por todo lo que hice. De verdad esta vez yo solo intentaré mantenerme a flote con la escuela. No tienen que renegar más conmigo, voy a hacer todo lo posible para estudiar y trabajar.
—Vamos a tener que ver la forma en la que nos arreglamos —dice Fran al darse vuelta—. Me mudaré a un depto con mi novia.
La mami niega con la cabeza.
—Ya veremos cómo nos arreglamos. —La mami hace un gesto con una mano —. Vení.
Casi lagrimeando, voy con la mami y me pierdo entre sus brazos.
—Ay mi León, lo que tuviste que pasar para darte cuenta. —Ella me da un beso en la frente—. ¿Viste que no es fácil? Nosotros no hablamos por hablar, ya hemos pasado por eso. Siempre que te digamos algo o te retemos, es porque sabemos que vas por mal camino, no porque sí. Tenelo siempre en cuenta, ¿bueno?
Digo que sí con la cabeza, superándome de ella.
—¿Ya te pensás casar con Carina? —bromeo cuando miro a mi hermano.
—No, solo convivencia. —Toma un poco de mate—. ¿Y Ángel? ¿Cómo vas con eso?
Rasco mi cuello, sintiendo que mi pecho se contrae.
—Cortamos hace poco.
Mi hermano sisea y sigue tomando mate. La mami, en cambio, acaricia mi espalda y sonríe con cariño.
—Ya va a pasar, León, ya va a pasar.
Tomo una respiración profunda.
Todo comenzará a cambiar otra vez.