Capítulo 28
Oficialmente se inauguró la maratón de pruebas y todo el mundo anda loco por aprobar. Los profesores truenan sus dedos y frotan las manos, listos para bocharnos o ponernos la máxima nota; los chicos estamos tensos, nerviosos, ansiosos, estresados, idiotas, los típicos síntomas que se tienen cuando uno anda en la escuela; excepto por los bochos que ya la tienen domada a la cuestión y solo esperan su diez.
Por suerte para mí tengo dos personas inteligentes a mi lado y puedo alternarme a estudiar con uno o con otro. Para matemática decidí estudiar con mi novio porque como que yo sé más y él se demora un poco en entender, aunque su ex hizo un buen trabajo en orientarlo un poco, cosa que no quiero ni pensar. Lengua la estudio con Benja porque él se leyó todos los libros y me pude dar detalles que faltan en los resúmenes que me pasó, y las materias que faltan ya no son tan difíciles. Así repartidas las cosas, no me puedo quejar, este año sí me puse las pilas, aunque un poco tarde.
Lo problemático en estos días es que estoy teniendo sueños que me quitan el sueño. Siempre es más o menos el mismo escenario: estoy en la casa del ruiseñor, tontiamos como hacemos a veces, pero de un momento a otro estamos enredados en su cama y no puedo negarme a lo que está a punto de pasar.
De repente, el ruiseñor no es un amable y honrado chico, es alguien que no va a dejar que me vaya hasta que haya cumplido con la misión que en sus ojos oscuros y sonrisa pícara demuestra querer.
Quiero apartarlo, murmuro que tengo a Ángel, pero él no me escucha, comienza a besar mis mejillas, resbala hasta mi boca, y ahí es donde no puedo controlar mis manos y piernas. Me aprieto contra él, arrastrando mis dedos por su espalda hasta sentir el calor de su cuerpo en mis manos.
Sorprendido, abro los ojos y no despego la mirada de la suya porque él sonríe y sé que no tiene nada encima. Mi respiración es agitada, mi cuerpo hormiguea, todo es una locura.
Insisto en que se detenga, pero no sé a quién le estoy hablando, si a él o a mí. Lo peor de todo es que soy consciente de lo que le estoy haciendo a Ángel, pero no puedo parar, no me lo permito.
—¿Seguís dormido? —dice Benja apenas vuelve del baño.
—Más o menos —murmuro, pasando las manos por mi cara para sacarme la agitación por recordar mis sueños locos.
—¿Escuché mal o anoche me decías que Ángel está pensando en decirles a sus papás sobre ustedes?
—Sí. Decidió que les diríamos cuando acabáramos de rendir.
Benja se pone un sweater de color rojo con muchas pelusas y abre la puerta de contrabando. El frío penetra hasta mis huesos por lo que alcanzo mi buzo negro y me pongo hasta la capucha antes de salir con él a alimentar a las gallinas.
Toda una puta noche de sábado para poder estudiar lengua. Por suerte a Benji no le importó que durmiera al lado suyo, en posiciones opuestas como bien claro lo dejó antes de acostarnos a dormir tres horitas.
Por otro lado, lo que a mí me costó no echarme encima suyo fingiendo que fue por accidente.
—¿No estás nervioso por eso? —Benja saca un poco de maíz pisingallo a las gallinas—. Deben ser muy estrictos sus papás si me decís que ya van como un año y un poco más de novios y recién piensa hacerlo público.
—El que es más estricto es su papá, pero estoy seguro de que su mamá puede convencerse más rápido de que no hay mucho que para frenar los deseos de su hijo. —Sorbo la nariz y esquivo a Chasca que se enreda en mis pies—. O sea, no es que nunca le hayan dejado tener novio. Ya sabés que tuvo ex y ese tipo sí estuvo autorizado por sus papás, pero no sé qué pasó que después de él no hubo permiso para novio.
—Mmm… Bueno, pero me alegra que anden mejor.
Freno mis pasos, dándome vuelta y encontrándome con una sonrisa en la cara de Benja.
—¿Qué?
—Que me parece genial que las cosas hayan mejorado entre ustedes. Ángel tal vez sea un poco estricto, pero se nota que te quiere y se preocupa mucho por vo. Eso es muy bueno. —Benji deja el balde que contenía al maíz en el suelo un momento—. O sea, al principio era como si quisieras no tener nada que ver con él, ahora están dando pasos importantes para reforzar su relación, aparte de que eso es otro tipo de cosa que estás empezando a tomarte en serio.
Exhalo, soltando vapor como si soltara humo de un pucho.
—Sí, creo que estoy empezando a ponerme las pilas con la vida.
Benja comienza a limpiar el gallinero mientras lo veo moverse con calma y armonía. Poco le falta para empiece a cantar.
Entonces, él está feliz porque ande bien con Ángel, ¿o es que intenta convencerse a él mismo que está feliz? ¿Puedo suponer que detrás de las sonrisas que a veces me da hay más que solo un gesto de amistad?
Quizás estoy meando fuera del tarro, como decía mi abuela, y Benja no vea o no quiera ver que hay algo más en mi forma de ser con él, algo que no puedo dejar de lado porque realmente quiero que se dé cuenta de lo que me pasa.
¿Y después? ¿Qué sigue?
Benjamín se da cuenta de que me gusta y él también corresponde mis sentimientos, o termino por olvidar todo y quedarme con el otro chico que me gusta.
—¡Ah! El otro viernes es el cumpleaños de mi amiga Carla —dice el ruiseñor. —¿Querés venir conmigo? Quiero tener a alguien de confianza conmigo y que defienda mi honor, de paso.
—¡¿Qué?!
Benji rueda los ojos, tirando en una bolsa la basura que sacó del gallinero.
—Bautista, el primo de Carla, quiere que sea su novio a toda costa. Estoy podrido de decirle que no, por eso me parece buena idea estar con alguien antes que solo.
—¡Ooooohhhh! ¡bueno! ¡mirá vo! —Lo molesto un poco—. El Benja tiene un chongo.
Benji arruga tanto la nariz que olfateo el aire por si acaso hay mal olor o me tire un pedo silencioso pero potente.
—Chongo las pelotas. —Benja lanza un suspiro impaciente—. Por suerte no lo veo nunca o ya estaría preso por haber tirado a una persona por el puente.
—¡Fuaaaaaa!, ¿tan malo es? —Me río al ver que Benja arruga más la cara—. Vo no le tenés paciencia, pobre.
—¡Es jodido! ¡No entiendo de “no”!
—Bue, vamos a ir a la fiesta y yo me ocuparé de echarlo a la mierda si te jode —digo, aguantando la risa porque Benja casi parece descompuesto de solo acordarse de Bautista.
Espero que al verme que me estoy esforzando, la mami me deje salir una vez, sino, toca escaparse.
***
Benja y yo caminamos por el barrio donde antes vivía el ruiseñor. Son apenas las nueve de la noche, no hay mucho movimiento por los alrededores, y estoy en proceso de contarle a mi amigo cómo es que negocié con la mami y mi hermano para que me dejaran salir a darme en la pera, mejor dicho, a una fiestita tranquila.
También, pero esto no se lo cuento a él, me da algo de pena no haber disimulado un poco en mi forma de vestir. Mi mejor sweater rojo sangre y rulos perfectamente definidos luego de muchas sesiones con una crema especial y el secador de pelo, grita por todas partes para que cierta persona me preste atención. Lo conseguí, de cierto modo. Benja comentó que los colores oscuros me quedan bien, aparte de querer pasar su mano por mis rulitos rosados y bien acomodados.
El ruiseñor también notó el perfume por el que tuve que arrodillarme para que mi hermano me convidara un poquito. Dijo que es algo fuerte, pero tampoco está mal, y eso, con una suave sonrisa que se deslizó por sus labios, me dejaron bastante satisfecho.
—Tenemos que esperar acá —me dice, dándose vuelta para que quedemos frente a frente.
—¿En la parada del colectivo? —Arrugo la frente —¿Por?
Benja acomoda mejor el cuello de su camisa debajo de un abrigo negro, después mira para ambos lados de la calle.
—Carla me dijo que vendría a buscarnos. Anda recogiendo a sus amigos de sus casas. —Benja sigue mirando mis rulitos rosas—. Siempre me gustaron los rulos. Intenté hacerme algunos una vez, pero mi pelo es tan lacio que solo me duraron un día.
—Mis rulos son por genética, pero no por eso significa que estén así de bien todos los días. Vo los viste, son un desastre la mayor parte del tiempo porque no me quiero tomar el trabajo de hacerles un tratamiento especial cada que tengo que dejar la comodidad de mi casa.
Un bocinazo me hace saltar en el sitio.
—¡Eeeeeehhh! ¡Benjito!
—¡Tosoni! ¡¿Por qué estás manejando un auto?! —En un segundo Benja “se pone la gorra” y deja de ser el chico tranquilo de siempre —¡¿De quién es?! ¡Le van a sacar una multa al dueño!
Carla, una linda chica de pelo rubio miel, y preciosos ojos verde claro, rueda los ojos y le saca un dedo al ruiseñor.
—¡Ya empezás a renegar como viejo choto! ¡Subí antes de que te haga aca con el auto!
—¡Uy que fina so! —Benja se cruza de brazos—. ¡Dale! ¡de quién es el auto y por qué estás manejándolo!
—¡Daaaleeee! —Carla da unos cuantos bocinazos —¡Sacate la gorra y subí!
Alguien baja la ventanilla del lado de atrás.
—¡Benja! —Un chico de pelo castaño y ojos claros le sonríe al ruiseñor—. Hay espacio, pero uno va a tener que ir en las piernas de alguien.
Giro la mirada hasta que tengo que contener la risa porque la cara caraculica de Benjamín es un cago de risa. Por poco no le tiembla el ojo. En su rostro se lee la molestia, el odio, todo junto.
—Listo, me voy caminando.
—¡Eh! ¡Eh! ¡pará! —Contengo la risa y lo agarro del brazo antes de que se vaya—. Sentate en mis piernas.
—¡Daaaale Biejito! —Carla vuelve a dar bocinazos—. ¡Para hoy!
Benji ni siquiera escucha a Carla, solo dice que sí con la cabeza.
—Ese es un buen plan.
Al subir al auto, empujo a Bautista que quiere fusilarme con la mirada y me acomodo lo mejor posible para que el ruiseñor se siente en mis piernas. Benja se acomoda como puede para no chocar con el techo de la fort-falcon que maneja Carla, y yo abrazo su torso mientras lo corro más hacia mí y cierro la puerta.
Ahora toca rezar para que mi cuerpo no me traicione.
—¿Por qué me agarrás la cintura? —Benja saca mis manos entrelazadas en el centro de su vientre—. No me voy a salir por el parabrisas.
Carla hace una vuelta que nos tira a todos del lado derecho del auto.
—Bueno, quizás si esté bien que por un rato vaya bien amarrado.
Benja vuelve a poner mis brazos alrededor de él y creo que murmura una oración para su ángel de la guarda mientras Carla da otra vuelta que nos tira del lado izquierdo.
—¿Cómo se llama tu amigo? —Carla frena de golpe el auto y da unos bocinazos a una casa de tejas rojas—. ¡Veeeroooo! —grita desde la ventanilla.
—Soy León. ¿Cuántos más vamos a meter en el auto?
Un dulce perfume de sandía y melón acompaña a la chica de pelo lacio y negro retinto que se sienta en el asiento de acompañante y otra chica de pelo castaño se sube en sus piernas.
—La puta madre, Tosoni, te dije que no toqués bocina. Mi papá sabe que nos venías a buscar, ¡qué putas le digo ahora que escuchó un auto!
Ella se ríe y acelera, cosa que hace que Benja se eche encima y ponga sus manos sobre las mías.
—¡Carla! ¡terminala de una vez! —Benja clava sus uñas en mis manos—. ¡No vengo más a tus fiestas!
Los amigos de Carla silban y gritan tanto como la amiga del ruiseñor que nos hace dar una vuelta mortal en una cuadra.
Carla sigue conduciendo tan salvaje como es hasta que estamos frente a una casa de un piso y pinos enanos plantados en la vereda.
Todos bajamos del auto y nos metemos adentro como si esto fuera robo piraña. Dentro, me doy cuenta de que no hay ningún adulto responsable, solo música, otros chicos bailando en el patio, y comida para un regimiento repartida en la mesa del comedor.
En una mesa chiquita, del lado derecho a la mesa del comedor donde hay animales tragando, digo, amigos de Carla, están puestas latas Monster color celeste y negro.
Mi hermano era un adicto a esas bebidas energéticas, ponches, no sé qué sean. La mami siempre le jodía con que se iba a agarrar algo si se metía tanto veneno a la panza y sí tuvo razón, le dio gastritis.
Benji está del lado de los sanguches. Creo que consigue dos antes de que se acaben.
—Benja, ¿vamos a bailar un poco?
El primo de Carla quiere rodear los hombros de mi amigo, pero Benji lo empuja.
—No —dice, acercándose más a mí.
Con esa respuesta, Benja me arrastra hasta el lado donde hay ensalada de frutas y nadie ha querido tocar porque todos asaltan las papas fritas, los sanguches, las pizzetas…
¡Tengo un hambre!
—Pará, quiero comer —le ruego a Benji.
—Te convido de mi sándwich, pero ni loco me vuelvo a acercar donde está ese jodido.
—¿Qué tienen esas latas que a todo el mundo les gusta? —Cambio de tema para que no se ponga idiota—. Mi hermano toma de esas, pero nunca me deja probar.
—Alcohol, no sé, pero sí confirmo que Tosoni y el jodido de su primo son fanáticos del alcohol.
—Ah, ya experimentaste.
—No. —Benji suspira de alivio al llegar al patio de la casa de Carla—. Una vez la Tosoni me quiso dar ferné, pero eso tiene un olor a fibrón que casi me hace vomitar. Tampoco es como si hubiera probado alcohol y no quiero hacerlo si no es en mi propia casa.
Bauti se asoma en la cocina con otro chico al lado, parece que es su amigo porque se tratan con mucha confianza.
—O sea que vinimos a la fiesta a tragar, bueno, vo, yo todavía no probé ni un sanguche.
Benji abre los ojos hasta su límite, después mira hacia el comedor donde ya no hay nada, solo latas de Monster.
—Uh, me comí el sándwich que iba a convidarte. —Se ríe, encogiéndose de hombros—. Vine al cumple de Carla porque es mi amiga, no porque me gusten las fiestas. Para aceptar tuve que pensar que vendría a comer; ninguno de los dos estaría acá si no me hubiera motivado con eso.
Me apoyo en el umbral de la puerta que divide el fondo de la cocina de la casa de la cumpleañera. La risa de Benji es linda, y cómo está vestido hoy también lo hace ver tan pulcro y elegante.
Con su polera morada y sus pantalones oscuros, más el tapado negro y sus botas de gamuza negras, se veía como un inteligente estudiante de la universidad.
—¿Qué? —Benji arruga la frente apenas me ve—. ¿Ese jodido me pegó algo por ahí?
—¿Tampoco bailás si te invito? —le pregunto, acercándome a él—. Dale, solo una vez.
—No me gusta bailar.
Relamo mis labios, acercándome más a él.
—Daaaleee, solo una movidita cortita de pies.
Benjamín me empuja cuando me pego de más y me mira con sorpresa y enojo a la vez.
—¿Qué tenés? Dije que no me gusta bailar y te ponés a tontear como el primo de Carla.
De repente Benji mira hacia la cocina. Su amiga se acerca a decirle al ruiseñor que tiene que acompañarla a buscar la torta en la casa de la vecina, donde está su mamá ahora. Como es obvio, Benji acepta y me deja en penitencia: ni siquiera me dice “ya vuelvo” por lo menos.
—¿Querés un poco? —Bautista sonríe de oreja a oreja, entregándome una sidra para niños—. Es una fiesta, hay que darse en la pera de alguna forma.
Me tomo una buena cantidad hasta que saboreo algo raro. Me parece que sí tenía alcohol
—¡Esto sí tiene alcohol!
—Nah, no tiene. Pasa que así las hacen, con ese sabor como a sidra de verdad, para que los mocosos crean que van a vomitar si toman más de un vaso. —Bautista me indica que lo siga con un gesto—. Vení, vamos a conversar mientras te tomás eso.
Salimos al patio de la casa de Carla.
—¿So el novio de Benjamín? A mí ni bola me da, pero tampoco dice que tiene novio.
Niego con la cabeza, tomando más sidra.
—Él es un buen amigo mío.
—¡¿Sí?! —dice Bauti—. Genial, entonces sigo intentando.
—Él no te quiere. —Río, tomando más sidra.
Bauti me mira con una ceja levantada.
—Creo que lo que no quiere es arriesgarse, pero de todas formas no pierdo nada con intentarlo.
Termino la botella y la dejo por ahí. Este tipo es tan jodido.
—Sí, capaz ya le gusta alguien por eso no te da bola.
Eructo un poco y me doy un poco de aire porque de repente me maree.
—No me podés prohibir nada. —Bautista se ríe—. Ni siendo su novio te hubiera hecho caso.
Me levanto de golpe y por eso siento una ligera sacudida de cerebro.
—No… vo no sabe de lo qui hablás… —Sacudo un poco la cabeza, pero es peor que haber subido al juego de Samba—. ¿Qué mierda tenía esa sidra?
—Era sidra normal mezclada con un poquito de cerveza.
—Qué hijo de puta —murmuro, agarrándome la frente.
Necesito comer algo para bajar este mareo de mierda. Como no comí ni un caramelo, el alcohol me pegó con todo.
En la heladera de la cocina busco, aunque sea una zanahoria, pero no me tengo que preocupar más porque hay una fuente de ensalada de frutas.
Me sirvo más jugo que fruta y vacío el vaso, pero tarde me doy cuenta de que esto es clericó…
¡La puta madre!
Mareado, vuelvo a la fiesta de Carla, pero caigo contra alguien en el camino.
—¡No quiero bailar! ¡Terminala Baustista!
Frunzo el ceño porque no sé quién grita. Ahora todo me parece una pesadilla.
—¡León!
—Está borracho, ¡¿Qué no ves?!
¡¿Quién mierda grita tanto?!
Alguien llega a sostenerme y yo me apoyo en él. Es tan cómodo y su ropa tiene un rico olor que me parece conocido.
—¡Carla!
¡Y siguen gritando!
—¡Mirá lo que hizo el pelotudo de tu primo!
—¡Yo no le puse la botella en la boca!
Gritan tanto que no puedo quedarme aquí.
—No, quédate conmigo. Vamos a mi casa.
El de bonita voz me arrastra afuera. Creo que grita algo antes de escucharse el ruido de un portazo
—Gritan… gri… gritos. ¡Agh!
—Pará, sostenete de mí.
—¿Ah? ¡¿Qué hacés man?!
No sé quién me está agarrando, pero quiero que sea suavecito.
—No hablés y concentrate en caminar.
Siento que choco en una pared cada que me obligan a dar un paso. Algunas veces me doy vuelta yo mismo y ese alguien que me lleva me vuelve a acomodar para adelante.
Me tiene cansado tano trajín, pero cuando paro mis pies locos y logro enfocar un poco, tengo a Benjamín pegado a mí.
—Je, sho shoñé con vo y te soñé as…
Empujo al chico que me gusta contra algo y le doy un beso.
Es una hermosa pesadilla.