Capítulo 29
Apenas abro los ojos, siento que el mundo es sacudido por un temblor. La cosa empeora cuando me doy vuelta hacia el lado derecho y los rayos del sol derriten mis párpados. Vuelvo a darme vuelta en la cama, pero los movimientos bruscos pudren todo.
—¡Aiaaaa! ¡Aaaahhh! ¡Benjamíiiin! ¡Apaga el choto sol!
Me tapo con una sábana y gimo tanto por el dolor de cabeza, mi panza echa mierda…
¡¿Qué es esto?!
—¿León?
—¡Dijiste que volveríamos sanos y salvos de la fiesta de Carla! —Me destapo un poco y encuentro a Benja con una cara sin expresión—. ¿Qué? ¡¿No me digas que también te diste en la pera?!
Él quiere reír, pero encoge los labios.
—No, tuve que traerte a mi casa con todo y pelotudeces de borracho.
—No me digás que soy de los malos borrachos. —El shock de saber que me tomé hasta el agua del hinodoro me revuelve el estómago —¿Hice enojar a Carla?
—Te pondría en la clase de borracho molesto. —Benja mira hacia otro lado—. Esos que hacen y hablan de más.
Al menos no soy el típico borracho que quiere matar a todos o pelear con todos. Vuelvo a caer en la almohada de Benja.
—Mi primera resaca. ¡La última! Si no acabé en una zanja fue gracias a un ruiseñor.
Hago un esfuerzo para levantarme. De repente me vino un retorcijón en la panza.
—¿Comí algo aparte de tomar como si fuera el último día de mi puerca vida?
—Clericó, me parece.
Arrugo la cara y me doy aire.
—Ah.
—Bautista te dio sidra normal con algo más y vo te tomaste un buen vaso de clericó. No sé qué pensabas la verdad.
—No pensaba. —Me río, pero eso no hace nada por suavizar la expresión de Benji—. Perdón. Parece que te hice pasar un papelón o algo.
El ruiseñor mira para otro lado.
—Tenés que irte antes de que se despierten mis papás.
Saliendo de la casa de Benja me doy cuenta de que tengo que cruzar el puente y en el estado en el que estoy es seguro que me caigo a los yuyos y no me hallan jamás. Me doy vuelta para pedirle que me lleve, pero casi choco con el ruiseñor.
—¿Podés…? —Me desanimo al verle la cara todavía seria y sin mucho que expresar más allá de la seriedad—. Nada. No importa
Para compensarle el mal rato que quizás le hice pasar me parece buena idea invitarlo a algún lado. También es una excusa para pasar más tiempo con él, pero cuando estoy dispuesto a componerme por cinco minutos para decirle; borro mi sonrisa al verlo tan frío y hasta incómodo conmigo.
—León, en estos días voy a estar ocupado. Tanto en los recreos como en mi tiempo libre me voy a dedicar al inglés y a terminar de estudiar lo que me queda de los temas de algunas materias.
—Sí, sí, no te hagás drama.
—Bueno, nos vemos el lunes —dice, cerrando la puerta de su casa casi en mi cara.
Quizás enojé al ruiseñor por haberme chupado todo en la joda. No es tan mi culpa y él sabe.
Para pasar por el puente tengo que rezar a todos los santos que conozco. Quiero vomitar luego de haber arriesgado así mi vida, pero en seguida empiezo a pensar y pensar por qué otra cosa estaría enojado el ruiseñor.
Entre pensar y pensar, llego a mi casa. Todos siguen durmiendo, o sea, tengo tiempo para sacarme la borrachez. Voy a mi cama y me acuesto despacio porque si me tiraba desde la puerta terminaba contra la pared.
Apenas cierro los ojos, entro en una especie de mundo paralelo. Vienen a mí una secuencia de imágenes que creo son un sueño que tuve anoche apenas puse la cabeza en la almohada de Benja. Estamos en la fiesta de Carla, ella se ve enojada y le grita a alguien, creo que es un chico de pelo marrón claro. Benja está más enojado con este chico porque no deja de reclamarle.
Todo se pone medio oscuro, quizás es la parte del sueño que olvidé. Después, veo a Benja tratando de decirme algo mientras caminamos o soy llevado hacia algún sitio. De nuevo la imagen no es nítida, es un sueño que parece ya ni recuerdo en qué orden iba.
Lo que sigue es que estamos en la pieza del ruiseñor. Este sueño que lo vengo teniendo desde hace rato, el que más me gusta de todos porque parece tan real que hasta lo siento en mis labios.
No sé de lo que estamos hablando o discutiendo, pero no pierdo el tiempo y aprovecho que él está cerca para tomarlo por los cachetes y darle un beso. Lo empujo contra algo, lo acorralo, y saboreo su boca como si fuera mi comida favorita, mordiendo, lamiendo y succionando de una forma medio torpe, pero que aun así transmite todo lo que llevo dentro cada vez que estoy con el ruiseñor.
En un segundo estoy en su cama, pero él está en la puerta, y no hay una sonrisa en su rostro, sino que tiene la misma mirada enojada y turbia que una vez le vi hacer cuando Sebastián habló con él.
Creo que le digo que venga conmigo, que no haremos nada que no quiera; no me importa nada más que tratar de convencerlo para que se acueste a mi lado.
Abro los ojos porque el sueño seguramente se creó después de que vinimos de la fiesta de Carla. Son mis deseos más profundos, son algo que siempre quise negar, pero que ahí está acechándome como una sombra en días de sol.
Estoy enamorado de Benjamín.