Capítulo 27
Después del velorio de don Rosendo, Benja no ha querido separarse de mí, cosa que me ha traído un lío más a los muchos que tengo. No solo porque mi novio también exige su tiempo, sino también porque cada vez que paso el rato con el ruiseñor, suben mis ganas de hacer todo tipo de cosas que me da vergüenza pensar.
—León, ¿venís a mi casa alguno de estos días? —pregunta Ángel—. Ya adelanté temas antes de las pruebas de fines de mayo y me hice tiempo para descansar un poco.
—¿Eh? —Dejo de mirar a los chicos que corrían como locos en el primer recreo—. Sabés que a los únicos lugares que me dejan ir mi hermano y mi mamá son la casa de la profe Mónica y la escuela.
—Cierto, pero podríamos juntarnos a estudiar un rato y de paso cenar o almorzar.
Miro hacia la galería. Se supone que Benji iba a hacer una visita rápida al alien, pero me dijo que lo esperara. Para ser una abducción rápida, se está tardando más de lo normal.
—León, ya sé que estás preocupado por Benjamín, pero por lo menos escuchá lo que te digo.
—Ángel, como te vengo diciendo desde el lunes, estoy penitenciado hasta nuevo aviso. No sigás insistiendo en salir y esas cosas. —Chasqueo la lengua, dejando de mirar hacia la galería por un momento—. Tengo mucho que hacer, ahora más que antes.
Mi novio aprieta sus labios, pero después los libera al igual que un suspiro de cansancio.
—Ya sé, es solo que pensaba que podríamos…
—Mirá, cuando deje de estar penitenciado, saldremos, ¿bueno?
Apenas aparece Benji, le hago señas con una mano. Él, al verme, pone una media sonrisa en su cara y espera en el lugar donde se quedó.
—Me tengo que ir. Hablaremos sobre juntarnos después.
Como Ángel no responde, me doy vuelta y me encuentro con una expresión perdida entre la angustia y la rabia. Al final, todo eso desaparece y se planta una sonrisa en sus labios.
—A veces me olvido de que andás más con Benja porque está pasando por un duelo.
—Sí, sí, no te preocupés de más.
Aprieto su mano un momento antes de soltarlo y caminar hacia el ruiseñor de mirada triste.
—¿Cómo te fue? —le pregunto apenas estoy con él—. ¿Sigue siendo efectiva la abducción alien?
Paso un brazo por los hombros de mi amigo y lo llevo hasta los escalones de la bandera izada. Benja quita mi brazo sin decir nada, pero de todos modos sigue a mi lado.
—Ah, perdón, a veces me olvido de que querés tu espacio.
—Iba a preguntarte si querías venir a la práctica del coro hoy en la tarde. —Benji se sienta en el último escalón—. Una vez te dije que te invitaría, ¿te acordás?
Evalúo mis posibilidades de escaparme. Podría dejar a los gemelos con la Teresa, total, Fran no viene hasta las ocho y la mami llega tarde.
—Si no podés, no hay problema. —El ruiseñor suspira, pasando ambas manos por su cara—. Me siento tan cansado. Dormí como diez horas y todavía siento los ojos pesados. Encima, tengo que ir sí o sí a esta práctica, aunque no quiera, y mañana tengo prueba de inglés.
Me siento con el ruiseñor que en estos días ha dormido mucho, aparte de tener un poco de mal humor algunos días, y otros, estar bastante despistado; pero es infaltable el suspiro que le sale del fondo del pecho y se siente tan pesado como seguro es la carga emocional que ahora lleva.
—Vamos a la práctica del coro, pero tendrías que dormir un poco más si te sentís cansado.
—¿En qué momento querés que duerma si tengo que estudiar para mi prueba de inglés? No quiero bajar de cien.
—¡¿Te sacás cien en tus pruebas yanquis?! —Me agarro el pelo—. ¡Benjamín! ¡tas pasado!
Él sorbe su nariz, mirando el tumulto en el patio con expresión vacía.
—¿Por qué te parece que estoy tan preocupado? Como estoy ahora ni llegaré a ochenta.
Silbo por lo bajo, echándome sobre el borde del escalón de arriba.
Cómo sufren los bochos.
—Cómo sea, no puedo seguir sintiéndome como una bolsa de papas vacía y echada a la basura. Tengo un futuro que construir y es obvio que tendré que soportar muertes durante toda mi existencia, hasta de mis papás. —Benja se para justo antes de que suena el timbre de fin del recreo—. Tengo que cachetearme un poco y hacer las cosas que tengo que hacer. ¡Ni una gripe me paró la vez que tuve que rendir el examen de mitad de año del instituto!
Lo sigo hasta el aula conteniendo un poco la risa por la forma en la que él mismo se da ánimos.
—Hasta con los ánimos so independiente, ¿eh?
—Es que, si yo no intento resolver mis problemas, ¿quién más lo va a hacer? —Se sienta de golpe en su silla—. Ya sufrí, ya está; tengo que volver a mi vida normal.
No pasó ni un mes de la muerte de don Rosendo y no creo que, con solo decirlo, el dolor se asuste por tanta determinación y se vaya, pero si creer en eso le ayuda a Benji, no digo nada. Supongo que para una persona que se exige mucho todos los días, andar decaído solo unos segundos ya es algo que reprocharse. En eso se parece un poco a Ángel que cree que, si no lee algo al menos una vez en el día, no hizo nada y queda con esa sensación de ser vago o no haber aprovechado el tiempo.
Apenas llega la profe de ciencias sociales, viene acompañada por dos chicos igual de jóvenes que los aliens, solo que estos no están vestidos como si fueran a una empresa. Tienen ropa sencilla que pega bien con sus caras simpáticas y marcadas por ojeras de tanto desvelarse.
Como bien planearon los aliens, para que haya paz en la escuela tenemos que someternos a estas actividades en las que nos anotamos el viernes. Todos los que quisimos artes y música vamos al tinglado, los que eligieron literatura se quedan en el curso y les decimos ¡ha! ¡ha!, por ñoños.
Según voy escuchando, para lo que sea que queramos hacer, utilizaremos materiales reciclados —lo que yo entendí es que arrancaremos los afiches de las aulas y crearemos arte con eso— y los que trabajan con plástica y artes escénicas, sus gastos van a ser cubiertos por la cooperadora, la misma que no nos pone higiénico en el baño.
Los aliens vienen de un mundo perfecto. Aquí, si la escuela se sostiene, es gracias a los rezos del diácono para que nosotros seamos buenos y educados chicos.
—Benja, tocás la guitarra, ¿por qué no te metés en el espacio de música?
El ruiseñor apenas gira su cabeza para mirarme mientras los chicos de la facultad de artes explican la dinámica de este encuentro, supervisados, obviamente, por los aliens fifís.
—Todavía me cuesta agarrar la guitarra y no chillar como bebé, ¿sabés?
—Ya andás de turbio… Bueno, yo solo decía.
—Voy a andar como se me dé la gana. Si te molesta, dame espacio, como te lo vengo pidiendo desde que nos conocemos.
—¡Pará un poco! —Volteo para verlo—. Como tocaste la guitarra en el velorio, pensé que quizás la empezarías a usar de nuevo.
Benjamín se levanta de golpe y casi lo bajo de un estirón, pero me doy cuenta de que todos hicieron lo mismo, solo yo me quedé en el suelo.
—Mirá, ¿te digo la verdad?, estoy un poco cansado de que no te tomés nada en serio y un poco le estoy dando la razón a Ángel cuando dice que hay que ponerte un freno. Bueno, ahora lo estoy haciendo. No me siento bien, estoy irritable porque no duermo como debería y tengo mucha presión encima por tantas cosas que tengo que aprobar y en las que tengo que esforzarme. Advertido estás.
—¿Eso significa que no podré ir a verte practicar en el coro?
Sonrío cuando el ruiseñor revolea los ojos y niega con la cabeza.
—So todo un tema. ¡Sí, sí, andá! —Revolea una mano por ahí—. Yo no sé por qué me esfuerzo si al final es al pedo ponerte un límite cuando ni vo mismo te das cuenta de que te hace falta.
***
Benjamín está sentado en su lugar en el coro, no parece ni feliz ni enojado, solo dispuesto a hacer lo que tiene que hacer porque no le queda de otra.
Apenas llegué a la vicaría, me lo encontré en la puerta. Le pregunté si estaba más calmado y logró estudiar o dormir, a lo que me respondió que hizo un poco de las dos cosas, pero no está seguro de llegar a su máximo rendimiento mañana en la prueba que tiene.
No hay forma de animarlo ni decirle que para los mortales un ochenta es una nota digna de enmarcar.
Después de un par de arreglos sobre cuál canción ensayarán primero, empiezan a cantar. Lorena, la hija mayor de doña Argentina, rasga las cuerdas de la guitarra y los demás leen la letra escrita en el cancionero, menos Benjamín que parece saber el momento exacto en el que debe hacer aparecer el milagro de su voz, sobre todo en el estribillo.
La voz del ruiseñor cubre a las demás, pero juntas forman armonía poderosa, musical y relajante.
Subo mis piernas y apoyo los codos mientras las voces se convierten en una ola de sonido que barre toda la vicaría y es en lo único en lo que me puedo concentrar.
Suspiro al momento en que la voz del ruiseñor vuelve a elevarse hasta alcanzar un punto en el que parece romperse, pero en vez de eso, las voces de los demás logran alcanzarla formando una combinación preciosa de sonidos que me transportan a otro universo.
Las siguientes canciones son de ofertorio, pero en ningún momento puedo despegar mis ojos y oídos del coro. Verlos cantar con tanto fervor, el aroma de la cera quemada de las velas que alumbran a los santos, y lo más importante: el canto del ruiseñor arrullando mis oídos, me hipnotizan.
Cierro los ojos para sumergirme en la gloria de las voces. En algún punto siento que me derrito sobre la banca.
—¡Ay!
Me agarro del borde de la banca para pararme y sacudirme el polvo que quedó en la ropa. En eso, miro hacia el coro que tiene los ojos abiertos y dirigidos hacia mí. Lorena tiene una sonrisa torcida que estoy seguro disimula la carcajada que quiere largar, pero los demás parecen serios; no, enojados.
—Perdón —digo, terminando de limpiar mi ropa—. ¡Alégrense! Cantan tan bien que me desmayé al escucharlos.
Algunos ríen, otros niegan con la cabeza, pero de todos modos se les forma una sonrisita. Benjamín curva una ceja y se acerca a mí.
—¿Tas bien? —pregunta, dando un vistazo alrededor de mí—. ¿No te golpeaste muy feo contra el suelo?
—No pasa nada.
Benjamín me sacude el hombro porque parece que todavía tengo tierra por ahí.
—Tal vez ya sea hora de que te vayás. De todos modos, no nos queda más que media hora de ensayo y lo que sigue no es tan glorioso.
Miro la hora en mi celu y casi grito al ver que son casi las cinco de la tarde. Todavía no hice la sopa para la noche, tampoco bañé a los gemelos y la Teresa debe de estar cansada de cuidarlos. Realmente me tengo que ir.
—Sí, todavía me queda mucho por hacer. —Río, revolviendo un poco mi pelo de algodón—. Se me reinició la vida con el golparrón que me pegué.
—Si un día estás aburrido, podés venir a escuchar, no necesitás que te invite siempre. Ensayamos todos los lunes y miércoles.
—Claro, ¡en algún momento tengo que volver! Nos vemos luego —me despido de Benjamín y salgo a trotecitos de la vicaría.
Afuera tomo aire y me voy alejando de la vicaría donde vuelven a escucharse las voces angelicales. Necesito acomodar mi cabeza, aunque no está mal sentirse entusiasmado por la idea de ser especial para una persona. Quiero decir, se siente bien saber que soy el único que está aquí, que puede escuchar a Benji cantar, que conoce un poco de él…
Se siente bien ser el primero de alguien.
Sonrío, caminando hasta mi casa. De repente no me importa si solo puedo apoyar mi cola en la silla por cinco minutos antes de tener que hacer todas las tareas pendientes, aparte de que en la casa no estaremos más que mis hermanitos y yo.
Bañar a Mati y Jere los va a relajar tanto como para que en menos de cinco minutos ya estén bostezando. Lo que sigue es más fácil, tengo que dejarlos en la cama de la mami y entrecerrar la puerta.
En mi pieza podré hacer lo que quiera, con privacidad y la seguridad de que mi hermano y la mami no llegarán hasta más tarde.
Apenas piso la vereda de mi casa, casi me muerdo la lengua al ver quien me espera.
—¿Ángel?
Mi novio saluda con una mano, pero su sonrisa se convierte en seguida en una dura línea que vuelve seria a toda su cara.
—¿Qué haces andando por ahí? ¿No era que estabas en penitencia?
Rasco mi cabeza mientras boqueo como pescado fuera del agua.
—Sí… Eh… ¡Ah! Fui al super a buscar más leche para mis hermanitos, pero no encontré de la marca que siempre compra la mami. —Miro hacia la casa de la Teresa—. Ahora voy a buscarlos. Están en la casa de la vecina porque obviamente no los iba a dejar solos y no quería llevarlos conmigo.
Ángel sube sus cejas, pero sus labios no se relajan, hasta se cruza de brazos y parece analizar todo mi ser.
No es una mala mentira. Es cierto que si hubiera faltado algo así de importante en la casa tendría que ir a buscarlo porque la mami no me preguntaría por qué no lo hice, me retaría y después podría querer saber por qué es que no lo hice. Ángel sabe, no tiene porqué dudar de eso si a él le pasa lo mismo.
—Te acompaño —me dice, relajándose—. Tengo que decirte algo que he estuve pensando y como ahora se ve que tenés tiempo para escuchar, aprovecho para decírtelo.
—Ángel, no es que no tenga tiempo. —Chasqueo la lengua—. Sabés que estoy más ocupado que antes y tengo tanto en la cabeza que apenas me alcanza el tiempo para pensar en otras cosas.
—No estoy reprochándote nada —aclara, acompañándome hasta la casa de la vecina—. Sabés que te doy toda la libertad que querés. Solo digo que se me ocurrió venir a hablarte ahora que estás más en la casa, aparte de que puedo ayudarte con tus hermanitos.
Toco la puerta de la casa de la Teresa y ella sale en seguida. Detrás de ella mis hermanitos asoman la cabeza. La vecina deja salir a los gemelos y con Ángel nos los llevamos a mi casa.
—Tendrás que esperar para decirme. Tengo que bañarlos y hacer algunas cosas de la casa.
—No tengo problema en ayudarte, ya te dije —insiste mi novio.
No nos toma mucho rato organizarnos. Yo me dedico a bañar a mis hermanitos que ya están con sueño apenas están en medio del agua tibia y Ángel pasa la escoba por la cocina y pone la olla para la sopa.
Apenas salgo del baño, lo veo revolver la olla y el olor a caldo invade la casa. Sonrío, pensando que él hablaba muy en serio cuando me dijo que quiere involucrarse más.
Mir hermanitos entran en la pieza de la mami y en eso veo que Ángel aparece y me ayuda a secarles el pelo, vestirlos y meterlos en la cama para que descansen un poco. Normalmente no los hago dormir tanto, pero ahora de verdad parecen cansados y como somos de genética dormilona, no habrá problema si se duermen ahora porque a la noche volverán a tener sueño.
Al salir de la pieza de la mami, Ángel va hacia la cocina y apaga la olla. Como es sopa de sobre, solo tiene que hervir unos ocho a diez minutos. Después, agarra mi mano y entramos a mi pieza donde entrecierra la puerta y se sienta en la cama.
—Vení.
Apenas me acomodo a su lado, él entrelaza nuestras manos y deja caer su cabeza en mi hombro.
—En estos días estuve pensando que ya va siendo hora de que enfrente los hechos y les diga a mis papás acerca de nosotros —confiesa.
—¿Qué?
Hace días que también pensaba que hay algo diferente en mi novio, al menos, desde que pasamos a otro nivel en nuestra relación por lo que hicimos por primera vez, aunque no solo es eso. Ahora siento que él intenta ser más transparente y expresarse con mayor claridad, sobre todo en lo que a demostrarme cariño se refiere.
Decirles a sus papás sobre nosotros es lo que menos se me pasó por la cabeza desde que noté esos cambios.
—Tengo miedo de lo que me vayan a decir —sigue, moviéndose un poco—. Quizás se enojen mucho porque anduve ocultándoles algo así o piensen que dejaré de dedicarme al estudio para tontear con el novio, pero quiero correr ese riesgo, León.
—¿Por qué ahora?
—Porque no me gusta sentir que estoy haciendo algo a espaldas de mis papás. —Él niega con la cabeza—. Tener novio no es algo malo y quiero demostrar que soy lo bastante maduro y responsable como para equilibrar eso con mis estudios.
Le doy un beso en la frente.
—Si estás seguro de eso, bueno, lo hacemos; solo avisame unos días antes cuándo vamos a ir a tu casa a desmayar a tus papás. —Río por lo bajo—. Tengo que hacerme la idea y no ir tan nervioso por lo que vaya a pasar.
—No hay problema, te daré todo el tiempo que necesités para prepararte. No creo que sea tan malo, al final, el único con el que van a renegar voy a ser yo.
Ángel se sube a mis piernas y deja sus brazos apoyados mis hombros. En ese instante veo que en sus ojos lo único que está es un reflejo de lo que tiene en frente: yo. Como siempre, sus besos son suaves y los movimientos de su cuerpo contra el mío, una invitación silenciosa que puedo aceptar o rechazar.
En realidad, algo de eso estaba pensando hacer por mí mismo en la soledad de mi pieza, solo que en mi cabeza pasaba otra imagen con la que inspirarme, no la de Ángel. Ese pensamiento me ayuda a tratar de poner distancia entre nosotros.
Ya voy traicionándolo de muchas formas indirectas y siento que no faltará mucho hasta que mi autocontrol se resbale y lo traicione de forma directa.
Ángel no me suelta a pesar de que ya di una pequeña señal de que no me siento bien avanzando en esto, pero él es bueno en convencerme para seguir y quizás ya no me está pidiendo amablemente que sigamos para adelante con eso que quiere.
Tratando de no imaginarme a otro, pero sintiendo el peso de la culpa de todos modos, me dejo llevar. Tampoco es como si mi determinación para evitarlo sea muy grande, y ese es mi mayor problema, no puedo evitar querer a Benjamín en la posición en la que está Ángel.