La novela más linda. "El esquizofrénico"
No sé si les dije pero, después de tantas cosas vividas, desde la muerte de Jacob, comencé a escribir y una de las historias que creé las dejaré a continuación. Se preguntarán: ¿Qué tiene que ver esa historia con la que les he contado sobre mi vida? Pues, esa historia fue la que me trajo de nuevo la vida. Gracias a ella estoy de nuevo con... Mejor léanla conmigo.
_ Temo decirle que el editorial no está interesado en su obra. Muchas gracias.
Me entregó el borrador y como en las quince ocasiones anteriores; con los demás editoriales, me derrumbé.
Ese soy yo, Alexander Benítez, un escritor sin absolutamente nada de éxito, escribo cuentos infantiles pero a los editoriales no le gusta lo que escribo. No tengo dinero para pagar por mi cuenta un editorial, así que me veo en la obligación de buscar editoriales para "pobres", pero nadie cree en mí.
Cuando comencé con esta fiebre de querer editar uno de mis libros, la única que me apoyó fue mi esposa, pero me concentré tanto en querer llevar a cabo mis proyectos que olvidé a mi familia; a mi esposa y a mi hijo.
Al principio mi esposa estaba conmigo, pero cuando dejé mi trabajo y me encerré a escribir, ya nada era igual. Mi matrimonio va en declive, y si no hago algo pronto, me quedaré sólo escribiendo un libro que nadie leerá.
Estos últimos meses han sido de mucha presión. Todavía estamos pagando la casa donde vivimos actualmente. Nuestro hijo de 16 años comenzó la universidad y eso es gastos. Todo eso sin contar gastos en víveres, ropa, servicios de luz, agua, electricidad, el auto, Netflix, entre otras cosas. Todo es tan difícil, aunque nadie dijo que sería fácil.
Llegué a mi casa esa noche bastante desesperado, mi esposa me recibió esperando tener buenas noticias.
_¿Qué tal?
_No están interesados.
_¿Y qué piensas hacer?
_Cambiaré la historia. Estuve pensando en cambiar de género, a muchos les gusta las novelas, creo que los cuentos ya no están en moda como hace 15 años. Puede que haga una mezcla de ciencia ficción, fantasía, tal vez hasta comedía...
_¡Alexander basta! Tienes que poner los pies sobre el suelo y pensar que todo lo que estás haciendo se está volviendo fantasía. La realidad es que tu hijo y yo queremos a alguien físico con nosotros, estás tan ausente que eres irreconocible para nosotros. Debes dejar de escribir, salir de esa habitación y buscar un empleo como todos los seres humanos razonables.
_Ya verás que si escribo una novela... _ Traté de justificarme.
_ ¡Ya no soporto más Alexander! La realidad es que esta casa se nos está viniendo encima, no hay comida, se necesita dinero para todo, y yo no seguiré molestando a mis padres, no somos niños, al contrario, tenemos un adolescente que necesita cosas.
_Pronto algún editorial se interesará en mí y saldremos adelante.
_ Mañana me iré a casa de mis padres, hasta que tú decidas qué harás con tu vida y a la nuestra.
_Pero...
_ Imagínate que es una novela basada en la vida real... Ya no siento nada Alexander_ Salió llorando al cuarto.
Me tumbé en el sofá, era más que evidente que ese sería mi cama por esta noche.
No podía pensar. Pensaba en nada.
Como a media noche me trasladé a mi pequeña oficina. Encendí el computador y comencé a escribir una nueva historia, sería una novela de drama. Escribí hasta las cinco de la mañana donde me dormí con la cara en el teclado del computador.
Me desperté a las once de la mañana. Como era de esperarse, ya Luciana se había ido con mi hijo, eso me causó mucho dolor, así que cogí la botella de Whisky y me la tomé toda. Veía la soledad que me embargaba, la risa de mi hijo desvaneciéndose por los rincones, el cariño y el respeto de mi esposa alejándose en la oscuridad, la casa se me estaba haciendo muy grande y muy fría.
Irónicamente, todo ese espectral panorama me dió ánimos para seguir escribiendo. Parecía ilógico, cualquiera en mi posición, dejaría de escribir, pero yo me motivaba, sentía que eso era lo que me iba a generar capital suficiente para sacar adelante a mi familia, escribir era lo mío. Y las estadísticas dicen que de díez puertas que se cierran, una debe abrirse, e ilógicamente confío en esa única puerta.
A la mañana siguiente desperté a las 8 de la mañana, me duché no desayuné porque no había comida pero en vez de buscar la solución para que mi nevera no estuviera vacía, me puse a escribir, necesitaba terminar la novela que había comenzado la madrugada anterior.
Mientras estaba escribiendo tocan la puerta de mi casa, salí a ver quién era con la esperanza de conseguir a mi familia en la puerta con ganas de apoyarme, pero era un representante del Banco.
_ ¿Alexander Benítez?_ Preguntó el hombre de traje negro.
_ Si, soy yo.
_ Vengo de parte del banco, le envían este ultimátum. Tiene tres días exactos a partir de hoy para cancelar la deuda o de lo contrario deberá despojarse de sus pertenencias. Lo siento.
_ Gracias.
Fue lo único dije después de cerrar la puerta. Coloqué la carpeta en una mesa y volví a sentarme frente al computador para seguir escribiendo.
Una hora después volvieron a tocar la puerta salí a ver y era Octavio; mi mejor amigo. Lo invité a pasar y le conté mis penas, al igual que mi esposa y mi hijo había echado a un lado a mi amigo. Evidentemente me instó a buscar un empleo, le conté que mi trabajo era escribir, el contestó.
_ En estos casos Alex, hay que ser realistas. Escribir no te está dando dinero. Estás invirtiendo en ello sin resultado.
_ Quiero publicar esta novela lo más pronto posible.
_ Solo tienes tres días para conseguir por lo menos la mitad del dinero de esa deuda con el banco.
_ ¿Qué hago?
_ Luis Alberto me dijo que necesitaba un recepcionista para el hotel que él administra, puedes hablar con él, dile que estás interesado y tal vez si le cuentas de tu deuda él podría hacerte un pago de tu sueldo por adelantado, estoy seguro que él te ayudará.
_ Es que necesito terminar de escribir esta historia.
_ ¿Por qué tanta prisa? ¿Acaso ya tienes algún editorial interesado?
_ Todavía no, pero llegará una.
_ Estoy escuchandote decir eso desde que estábamos en la universidad.
_ Está vez presiento algo bueno.
_ Ay Alexander... ¿Entonces no hablo con Luis Alberto?
_ No, es mejor, yo veo después que hago.
Octavio se fue de mi casa un poco cabizbajo al ver que no logró nada conmigo.
Seguí escribiendo hasta que se hicieron las seis de la tarde, allí salí de la casa a pasear un rato. Caminé por un centro comercial cercano a mi casa. Me compré un sándwich y una gaseosa. Me puse a contemplar a cada persona que llegaba y se sentaba en las mesas cerca a mi. ¿Cuándo llegará mi día de suerte? Pensé que no podía seguir así. Algo debía hacer para sacar a mi familia adelante.
Saliendo del centro comercial vi a varios niños de aproximadamente diez a quince años despojando a una mujer de su monedero, varias personas salieron a auxiliar a la pobre mujer, yo solo observaba aquello mientras esperaba el bus. "Pedazos de mocosos", dije en voz baja, pero no tan baja como para que un muchacho a mi lado escuchara y dijera:
_ A veces el problema no son los niños. Los padres influyen mucho, el abandono, las drogas, el maltrato, son muchas cosas que lanzan a esos niños a la calle.
Esos eran pensamientos de una persona tal vez contemporánea con mi edad, no de un chico de unos 20 años. Hice un ademán dando a entender que él tenía algo de razón y subí a el bus, el chico también subió y no paró de verme ya que se sentó frente a mí pero como a dos filas más lejano. Me estaba sintiendo incómodo.
Llegué a casa y el chico se bajó en la misma parada que yo. Me pareció raro porque nunca lo había visto por esa zona. Le quité la vista por unos segundos mientras abría la puerta que daba al jardín principal de mi casa, cuando volví la vista a donde creía que estaba el chico, y... ya no había nadie, solo una soledad invadía la calle, eché la mirada de un lado a otro buscando su presencia pero fue inútil. Pensé que sería algún familiar de uno de mis vecinos que estaba por ahí y yo no sabía, debido a mi encierro me había perdido de muchas cosas en mi calle.
Ya para la noche había terminado de escribir los primeros diez capítulos de mi novela. Había buscado información sobre algunas editoriales. Entonces, llamé a Octavio, quería decirle que hablara con Luis Alberto para ver si aún había puesto para mí en ese trabajo. Octavio se emocionó mucho y me dijo que sí, que aún estaba la vacante libre en el hotel.
Al siguiente día, me fui a trabajar. Luis Alberto estaba muy emocionado de tenerme como su empleado, él sabía que yo era un buen trabajador. Hablamos del pago y aceptó sin vacilar. Obviamente que mi primer día de trabajo me fue genial. Ya en la noche, cuando me dirigía a casa, recibí una llamada de Luciana que quería verme y hablar conmigo de algo importante. Me emocioné mucho y fui al lugar que ella pidió para vernos. Era un café en la avenida principal.
Al llegar la ví, seguía siendo hermosa. Noté que había llorado mucho, intenté darle un beso ella lo rechazó colocando su mano en mi pecho. Nos sentamos.
_ ¿Cómo está Jaime?
_ El niño está bien. Vine porque mañana me voy de viaje.
_ ¿Qué? ¿A dónde van?
_ Amsterdam. Un abogado amigo de mi papá me ha invitado a trabajar con él por un tiempo. Eso no quiere decir que te voy a mantener a ti.
_ Hoy comencé a trabajar con Luis Alberto, no es necesario que salgas del país.
_ Que lastima... He sufrido mucho a tu lado, sobretodo desde que se te metió esa maldita idea de escribir. No voy a rechazar una oportunidad de trabajo como esta por ti.
_ ¿Por qué estás a la defensiva?
_ Porque me harté. Ya basta de pensar siempre en ti, ahora tengo que pensar en mí y en el futuro de nuestro hijo... Cuando digo que me voy a Amsterdam a trabajar es eso, y me voy sola.
_¿Sola?
_ Tu te quedas con Jaime, verás como haces_ Se levantó de la silla. Yo la detuve tomando su brazo.
_ ¿Cómo haré con Jaime, estoy trabajando?
_ No me importa. Arréglatelas solo, cómo yo lo he hecho durante estos 17 años de matrimonio. Así aprovechas la oportunidad de conocer mejor a tu hijo, algo que no haz hecho bien.
_ Luciana no puedes complicarme la vida de esta manera.
_ ¿Es tu hijo una complicación? Llegó la hora de que te pongas los pantalones Alexander Benítez. _Salió, yo la seguí.
Afuera en el auto se encontraba mi hijo con un pequeño morral. Ambos se despidieron, a ella se le notaba desprenderse de su hijo, en cambio Jaime no sentía ninguna emoción, le da igual quedarse con cualquiera. Creo que, lo habíamos dejado a un lado y eso lo volvió indiferente, él mismo creó un muro antipadres.
Luciana se fue sin despedirse de mi. Jaime me vió y dijo:
_ Hace frío, podríamos irnos ya_ Eso lo dijo porque yo me quedé inmóvil viendo alejarse a el auto de Luciana.
_ Claro. Vamos a casa.
Nos fuimos caminando porque estábamos cerca de casa. Jaime llegó durmiendo, yo llegué con dolor de cabeza casi a que me diera una explosión cerebral. Llamé a Octavio, necesitaba contarle todo lo que me había pasado esa noche.
Mientras esperaba a que llegará mi amigo, me puse a ordenar la cocina que estaba terrible, no le pregunté a Jaime si ya había comido, aunque conociendo a los papás de Luciana estoy seguro que le dieron comida antes de salir. Abrí la nevera y vi un pastel de chocolate, medio kilo de pastel en mi nevera. Me quedé viéndolo un rato, el dolor de cabeza no me dejaba pensar. Alguien tuvo que dejarlo ahí pero ¿Quién? Me asomé a la puerta trasera pero no descubrí nada anormal, salí hasta el patio trasero, observé cada cosa y todo estaba en su lugar, volví adentro.
Al instante llegó Octavio. Lo hice pasar y nos sentamos en los sofá de la sala. Serví pastel para los dos. Él se sorprendió y retóricó:
_ ¿En serio, pastel?
_ Si, está delicioso.
_ Cuéntame, ¿Por qué la urgencia? ¿No me digas que abandonaras el trabajo?
_ No se trata de eso Octavio, en el trabajo está todo bien pero...
_ Tu novela te lo impide.
_ Hablé con Luciana hace unas horas, se va a trabajar a Amsterdam mañana a primera hora.
_ ¡Qué bueno! Me alegro por ella. Si ella se va, ¿Cuál es el problema?
_ Me dejó a Jaime.
_ ¿Que? ¿Cómo harás con el trabajo? ¿Cómo cuidarás de él?
_ Si me ayudas iré a trabajar sin ningún problema, sobretodo cuando me toquen los turnos en las noches.
_ Que está pasando por tu cabeza.
_ Serás el tío niñero de Jaime.
_ ¡Estás loco! ¡Realmente estás loco! Yo también tengo una vida ¿Lo recuerdas?
_ No seas tonto, trabajas desde casa, no sales a ningún lado, y creo que Luis Alberto no pondrá ninguna queja.
_ Por Dios Alexander.
_ Ayúdame por favor.
_ Está bien. Te cobraré por esto.
Hablamos un rato más hasta que él se fue. Me acosté en mi cama después de ducharme, dormir de inmediato como un bebé.
Ese día siguiente cumplí y fui a trabajar mas relajado sabiendo que mi amigo cuidaría de mi hijo.
Cuando salí del trabajo ese día me dirigí directamente al banco iba a pagar la mitad de la deuda, de esa manera no me quitarían nada de lo que me endeuda.
Llegué a casa y me conseguí con Octavio y mi hijo, mi felicidad era obvia, abracé a Octavio y a mi hijo.
Acompañé a Octavio hasta la calle donde nos despedimos. Jaime y yo nos fuimos al supermercado. Entre Jaime y yo no hubieron muchas palabras a pesar de que él trataba de evitarme, yo trataba de hablarle.
Tuve que romper el hielo que nos estaba rompiendo en ese momento
_ A ver Jaime, ¿Llevamos sardinas enlatadas?
_ ¿Sardinas?
_ Sí, son ricas en Omega-3 y en tu etapa de crecimiento son indispensables_ Dije metiendo cuatro latas en el carrito de compras.
_ Pensé que el Omega-3 era para los viejos. Nunca comimos sardinas mientras estuvo mamá.
_ Pero mamá no está. Hay que romper las reglas en el sentido justo.
_ No sabía que romper las reglas era justo.
_ Si esas reglas te oprimen o te cohiben de hacer lo que está bien, entonces lo justo sería romperlas o cambiarlas.
_ No sabía que eras bueno en leyes.
_ Nos conocemos muy poco Jaime.
Se hizo un silencio pero, luego seguimos hablando hasta llegar a la casa.
Ahí, guardamos las compras en sus respectivos lugares, preparamos unos sándwiches; comimos, nos fuimos a dormir.
En mi cuarto había algo raro. La cama no estaba arreglada como la había dejado, la ventana estaba abierta, me asomé afuera y todo se veía tranquilo, la cerré nuevamente, me duché, me coloqué la pijama, que no era nada que un short y una guarda camisa. Tomé el control del televisor que torpemente se me cayó debajo de la cama, mientras lo buscaba vi uno de mis boxer, lo saqué y descubrí algo asqueroso... estaba lleno de semen, sí, fue asqueroso, era un semen reciente porque estaba húmedo aún, lancé el boxer en la ropa sucia, tomé un pañito húmedo antibacterial y me limpié las manos, me senté en la cama a pensar un momento... Era raro muchas cosas. Desde hace tiempo se me están perdiendo los boxer, ayer conseguí un pastel en la nevera y hoy esto. Ya me estoy asustando, si consigo qué es un tipo sádico asqueroso... ¡Lo mataré!
La semana transcurrió muy rápido. Ya el fin de semana me encontraba en casa descansando. Jaime había salido a casa de unos amigos, así que tenía todo el día para seguir escribiendo.
Esa mañana del día sábado, ordené la casa, el adolescente Jaime la tenía todo un nido de cucarachas. La relación padre e hijo estaba muy bien, algo equilibrada.
Saqué la basura y me conseguí con mi vecino, él llegaba de sus carreras matutinas. Él me dice:
_ Buenos días vecino.
_ Buen día. ¿Cómo estás, Damián?
_ Bien. Un poco cansado, subí la colina hasta la cima._ Estaba cerca de mi bote de basura.
_ Te admiro. Yo a penas puedo salir a sacar la basura_ Él ríe.
_ Tienes que venir un día conmigo. En el Mirador hay una excelente vista. Además, los escritores necesitan ese tipo de esparcimiento, así se le explota la imaginación.
_ Buen dato. ¿Cómo te va en la universidad o en tu trabajo?
_ Universidad... Todavía adaptándome.
¿Qué harás hoy?
_ Escribir. Creo que solo eso.
_ ¿Qué tal te invito a tomar unas cervezas esta noche?
_ Sería interesante pero tengo planes con mi hijo y mi amigo Octavio.
_ ¿Octavio es el muchacho que viene casi todos los días a tu casa; el del auto plateado?
_ Si_ Dije arqueando las cejas.
Terminamos la conversación. Él se fue a su casa y yo a la mía. Era raro ver a Damián y más raro aún, hablar con él.
Volví a mis quehaceres que era escribir y leer.
Escuché un golpe arriba, provenía de mi cuarto, luego oí pasos que se aceleraban, me asusté un poco. Me encontraba totalmente solo. Subí las escaleras cuando los pasos cesaron. Entré a mi cuarto. La ventana se encontraba abierta corrí a ella y divisé a Damián en el patio trasero de su casa haciendo abdominales, descartado de ser algún sospechoso. Estaba muy lejos de mi cuarto, de haber sido él, mínimo lo hubiera visto cruzando la cerca que dividía nuestros terrenos. ¿Por qué deduzco que alguien entró a mi cuarto? Bien, la cama está desordenada, la ventana abierta y... Sobre la mesa había una nota, la tomo y leo su contenido:
_ "Bienvenido a mi mundo".
Lo escribieron a computadora, por eso no identificaría la letra. Alguien quería asustarme. Bajé corriendo al escuchar que la puerta principal se abrió, sí, en efecto estaba abierta, pregunté:
_ ¿Jaime eres tú?
Al no recibir respuesta, salí a fuera y vi a una persona perderse en la carretera. No me quedaría especulando. Subí en el auto y comencé a seguir a aquella persona que al verme comenzó a correr. Aceleré. Cuando llegué cerca vi que era un muchacho, pero no le veía la cara, llevan un suéter con gorro de color negro. Detuve el auto y bajé. Al estar cerca le grité:
_ ¡Hey tu! Te estoy hablando.
Lo tomé del codo deteniendolo y girandolo hacia mí bruscamente. Los transeúntes se pusieron alerta al ver el revuelo.
_ Señor ¿qué le pasa?_ Dijo el joven.
Le calculé unos veinte. Era blanco como un vampiro, de ojos verdes, y cabello largo, tenía una cola de caballo, usaba brakers.
_ ¿Qué hacías en mi casa?_ Le pregunté furioso.
_ No se de que habla señor, no lo conozco.
Un oficial de la policía se acerca y pregunta:
_ ¿Qué pasa aquí?_ El oficial siempre estaba patrullando el vecindario así que conocía a muchos por ahí.
_ Este señor me viene persiguiendo_ Se adelantó el muchacho a hablar.
_ Pues claro, entró a robar a mi casa.
_ Señor no lo conozco. Vengo del hospital porque tienen recluida a mi abuela. Y no soy un ladrón.
_ Okey okey. Hagamos una cosa Alexander vete tranquilo, conozco a Marcus, él está pasando por una situación difícil, averiguaré si alguien lo vió salir de tu casa y luego te aviso.
_ Pero pronto, no seguiré soportando que un mocoso entre y salga de mi casa cuando quiera. Y no es la primera vez_ Concluí. Subí en el auto y me volví a casa.
Simplemente suponía que él era quien había entrado a mi casa, pero no estaba seguro. La calle frente a mí casa era muy transitada, cerca había un hospital y una escuela, pudo pasar, tal vez, que mientras perseguía a aquel chico el verdadero enfermo se escondía en algún lugar, podría ser el vecino de al frente, o el de al lado; obviando a Damián. O pudo esconderse en el jardín de cualquiera. Aunque no sé porque lo asocio con un chico, podría ser una chica, pero si hubiera sido una chica, no hubiera dejado la otra noche su semen, a menos que fuera el semen de alguien más.
Estacioné el auto y me dirigí a la casa de Damián, toqué la puerta, desde adentro respondió él, al segundo abrió, al verme ahí se sorprendió, era raro para él y para mí estar ahí. No acostumbro relacionarme con mis vecinos, era como el ermitaño por excelencia.
_ ¿Alexander? ¿Pasa algo?
_ Sí. ¿Puedo entrar?_ Pregunté.
El joven me invitó a pasar. Él estaba saliendo de la ducha ya que llevaba la toalla en la cintura y su cabello destilaba agua que recorrían su perfecto cuerpo. Tenía años que no veía a un hombre así, creo que desde que me enamoré de mi actual esposa. Mi voz comenzó a temblar, tuve que carraspear varias veces para que saliera bien la voz.
_ ¿Cuándo te encontrabas en tu patio trasero, no viste algo extraño en mi casa?
_ ¿Extraño, cómo qué?
_ No sé, es que, me encontraba en mi estudio y oí ruidos que provenían de mi cuarto, subí y la ventana estaba abierta, la cama desordenada y una nota sobre la mesa que decía "Bienvenido a mi mundo".
_ ¿En serio? Qué aterrador... Bueno yo si ví que la ventana se abrió, pero no presté atención, pensaba que eras tú.
_ La otra noche, apareció un pastel en mi nevera y en mi cuarto alguien estuvo hurgando mis cosas_ No le conté del semen, ni loco.
_ ¿Te robaron algo?
_ No, eso es lo extraño. Además, un ladrón no suele dejar pasteles.
_ Podría estar envenenado.
_ Ya había muerto_ Escuché que alguien venía bajando las escaleras y que al escuchar nuestra conversación se detuvo, yo me percaté de eso y Damián notó que escuché por eso dijo:
_ Bien. De todas maneras si veo algo raro te avisaré.
_ Seguro_ Salí de la casa.
Damián cerró la puerta tras de mí. Algo no me encajaba en esta situación. Damián era una joven bastante raro, mucho más raro que yo, por lo menos a mí me visitaba Octavio y tenía a Jaime, él sin embargo, vivía solo, sus padres se encontraban en Rumanía, no tenía animales domésticos y nunca nadie lo visitaba, creo que no tiene novia por cierto. Sé que todas mañana sale a estudiar según me enteré hoy, por un momento pensé que trabajaba, no que estudia y no se donde llega a las ocho de la noche, los fines de semana hace ejercicios en las mañanas, al medio día llega un delivering con pizza y en la noche del sábado sale a tomar a algún bar, llega con algún chico en la madrugada, este chico se iba a las siete de la mañana del domingo, ya para el domingo Damián no salía de casa.
Ahora que hago este resúmen de la vida de Damián me doy cuenta que lo he observado demasiado, y sin percatarme de eso. ¿Por qué me interesaba tanto? Sí, es cierto, en mi adolescencia estuve a punto de declararme gay, pero, llegó Luciana a mi vida y me cambió, le conté de mis deseos pero ella me comprendió y me aceptó, aprendí a amarla y a olvidar a los chicos. A pesar de eso me sentí bisexual. Tenía años sin pensar en un chico con morbo, hasta hoy cuando ví a Damián semidesnudo, o desnudo, es solo que la toalla lo cubría. ¿Será que la ausencia de Luciana está despertando ese deseo otra vez? ¿Será que esto del intruso crea en mi fantasías? No sé qué me pasa. Pero quiero, no, deseo ver de nuevo a Damián, y es delirante lo que siento, solo pensarlo me motiva en mis erecciones y mi corazón se acelera. ¡Cómo te necesito Luciana para apagar esto! ¡Cómo te necesito Damián para encender esto!
Los días comenzaron a transcurrir de manera normal. En el trabajo me iba bien, así como mi relación con mi hijo, además, ya estaba terminando de escribir mi novela, algo que me tenía feliz.
Mientras leía mi correo electrónico, alguien toca la puerta, Jaime se encontraba en su habitación estudiando para un examen. Fui a ver quién tocaba y para mi sorpresa no era nadie, bajé la mirada y ví un sobre, lo tomo, al abrirlo había una nota qué decía: "¿En quién piensas tanto?" y se encontraban varias fotos de Luciana saliendo de un bar con un hombre y en varias ocasiones se besaban. Sentí como mi corazón se paralizó de golpe. Entré a la casa después de cerrar la puerta, rápido cogía el teléfono y le marqué al celular... al tercer repique contestó:
_ ¿Sucede algo Alexander?
Tomé asiento, no sabía que responder a esa pregunta capciosa, necesitaba responderle sin levantar sospechas de las fotos que tenía en mis manos.
_ ¿Cómo estás Luciana?
_ Bien Alexander. Si esta llamada no tiene nada que ver con Jaime, entonces te dejo, tengo mucho trabajo que hacer.
_ ¿Trabajo? Si son las ocho de la noche.
_ Sí, trabajo. Aunque no lo creas aquí sí se trabaja.
_ Quiero que vengas. Necesito hablar contigo, de nuestra relación, te extraño, mi vida no es la misma desde que te fuiste.
_ Te voy a colgar Alexander, de verdad no estoy para perder el tiempo.
Ahí colgó la llamada. Me dolió mucho que me apartara a un lado, cuando yo estaba haciendo lo imposible para recuperar a mi familia. Apreté fuertemente las fotos contra mi pecho y me eché a llorar.
Jaime bajaba las escaleras y me abraza diciéndome:
_ Tranquilo papá, si mi mamá te abandona yo estaré aquí para hacerte compañía, estos días junto a ti he visto tu esfuerzo porque yo me sienta bien contigo, así tenga que comer sardinas... eres una gran persona.
Reí un momento con las lágrimas en mis ojos, y me sentí muy feliz por tener el apoyo de mi hijo, un apoyo que hubiera perdido si no hubiera puesto manos a la obra por recuperar esta familia. Nos quedamos hablando un rato, no permití que viera las fotos, sería infantil de mi parte y nada constructivo.
Después de hablar nos fuimos a acostar.
En mi cama me preguntaba ¿quién dejó el sobre con las fotos fuera de mi casa? ¿será la misma persona que ha entrado a mi casa? la respuesta puede ser positiva.
Se me hizo difícil conciliar el sueño, las imágenes de Luciana besando aquel extraño no salían de mi mente. Si es verdad lo que hace, me causa un dolor que me mata lento, cambié mi vida por ella, todo lo que soy es gracias a ella, me sentiría más que traicionado.
Pasé toda la noche pensando en esa bella traición que al día siguiente me levanté con enormes ojeras, y así preparé el desayuno, Jaime y yo desayunamos. Lo llevé al colegio y yo me fui al hotel a cumplir con mi trabajo.
Había una chica, la secretaria de recursos humanos que se la pasaba filteandome, esa mañana llevaba puesta una minifalda negra con sandalias de tacón alto y una blusa descotada que mostraba gran parte de sus senos; era bastante voluptuosa. No era mi tipo de mujer de hecho. Esa mañana yo me encontraba en la administración ordenando unos archivos que el jefe me encargo, y ella entró con una taza de café.
_ Buen día Alex.
_ Hola Ana_ Le contesté amablemente.
_ Ten, te traje una taza de café.
_ Gracias.
_ ¿Qué harás esta noche?
_ Lo que hago todas las noches, escribir o leer.
_ Interesante... Hoy es viernes, las chicas y yo vamos al bar del centro por unos tragos y necesitamos una figura masculina que nos represente, ¿quisieras acompañarnos?
_ No estoy seguro Ana, no acostumbro ir a bares, además, estoy al cuidado de mi hijo.
_ Puedes llamarle y avisarle, cuidas a un adolescente, a esa edad ellos prefieren estar solos, es una manera como ellos crean su personalidad.
_ Sabes mucho de adolescentes.
_ Tengo dos_ Dijo colocando su mano en mi hombro.
Lo pensé por un momento, si las acompañas no les haré daño a nadie, así distraigo la mente un poco y cambio de ambiente. Me decidí y le dije que sí, después del trabajo me iría con mis compañeras a un bar y quién sabe, tal vez bailaré un poco.
A la hora del almuerzo llamé a mi hijo, le conté de mi aventura y se puso muy feliz, mi gran amigo Octavio se prestó para cuidar de él, así yo quedaría tranquilo esa noche.
Llegada la noche nos aventuramos, íbamos a Ana, Claudia y una chica llamada Sofía, no la conocía muy bien, nos fuimos en auto separados, yo andaba solo y la seguía a ellas en el auto de Ana.
Al llegar al centro descubrí lo viva de la noche, luces iluminan las calles así como los bares y restaurantes, discotecas y moteles.
Se veía mucha gente joven en las avenidas entrando y saliendo de aquellos lugares, las risas y las ofensas se escuchaban a distancia, la noche era joven, apenas comenzaba.
Nos detuvimos en un bar llamado "De norte a sur".
Me uní a las chicas y entramos, la música era muy caribeña, muchos bailaba, el sitio era invadido por gritos eufóricos de la turba, humo de cigarrillos... Nos sentamos en una mesa vacía, Ana y yo fuimos por los tragos, pedimos una botella de whisky y bastante hielo. Nos volvimos a la mesa después que yo cancelé, bebimos pero no al punto de perder el conocimiento, en excepción de Sofía quien ya no aguantaba su cuerpo. También bailé como loco con varias chicas, Ana intentó besarme en varias ocasiones, besos que rechacé y eso la molestó. Y por eso a las doce de la medianoche las abandoné, todo iba bien y no quería arruinarlo por culpa de Ana.