Annabelle.
Siento mi cuerpo completamente entumecido, lo que me obliga a despertarme y a estirar todas mis extremidades dormidas. Suelto un bostezo, me rasco los ojos con las manos, me incorporo en el sofá que resultó siendo más cómodo de lo que yo habría creído y entonces miro a mi alrededor, estoy complemente sola.
Por un momento me cuesta recordar que fue lo que pasó anoche, mi mente se siente como nublada, como si una gran bruma hubiera nublado todos los recuerdos de ayer. Sinceramente habría preferido quedarme con la bruma, porque de un momento a otro las ráfagas de las imágenes de ayer se proyectan en mi cabeza. El auto sin gasolina, la casa abandonada, el viejo sofá, la suciedad, el olor a humedad, y el beso. El jodido beso que me dio Bastián anoche, ese beso que me llevo mas lejos de lo que he estado nunca con un hombre.
Me siento en el sofá y niego con la cabeza ¿Qué demonios fue lo que hice anoche? – me cuestiono.
– Eres una estúpida Annabelle Maxwell, ¿Cómo dejaste que pasara eso? – me levanto del sofá completamente avergonzada conmigo misma y suelto un grito cuando Bastián entra por la ventana de la casa. Se me olvidaba que este sitio no tiene una puerta, o cerradura, y a aparte de eso esta completamente inhabitable.
–¿El sofá no resulto siendo tan incomoda eh? – cuestiona – dormiste como una morsa, incluso dejaste tu marca – él señala la mancha de saliva a un lado del asqueroso sofá.
Yo me limpio la boca por instinto. Bastián actúa como si nada, como si jamás hubiera sucedido nada, y supongo que eso debería ser un alivio para mí, pero en realidad se siente como todo lo contrario, me hace sentir expuesta, vulnerable.
– Toma, ponte esto – él tira una bolsa de supermercado en mi dirección.
–¿Qué es esto?
– Ropa.
– Yo no necesito ropa – señalo mi habito.
– Vamos a desayunar y después tenemos que buscar una gasolinera para volver a Lacock – me explica – te aseguro que no vas a sentirte cómoda con ese vestido… o como sea que se llame.
– Se llama hábito, y me siento muy cómoda con él. Yo nunca he andado por la calle sin este uniforme puesto.
–¿Sabes qué? Haz lo que se te dé la gana, quédate con el maldito hábito, quítatelo, es tu problema – espeta completamente cabreado.
Yo miro la tela de color beige y me doy cuenta de que esta sucia, esta empolvada y casi adoptó el mismo color del sofá. Me veo como una pordiosera, casi podría pedir monedas asi vestida y estoy segura de que no tardaría en amontonar una buena cantidad.
Voy a la parte trasera de la casa, que se ve aún peor en el día, y entonces me quito la ropa dejándola amontonada a un ladito para guardarla en la bolsa. Miro la ropa que Bastián me trajo, no esta mal, pero sin duda no es nada que yo hubiera elegido, los jeans oscuros son demasiado ajustados, me hacen sentir incomoda, y el suéter, bueno…en realidad el suéter esta bien, es de cuello tortuga y se pega a mi cuerpo como una segunda piel.
Cuando vuelvo a la salida Bastián también está cambiado, lleva unos jeans de color oscuro ajustados, una camisilla blanca y la chaqueta de cuero negra que tenía en el auto.
–¿A dónde se supone que vamos a ir? – pregunto mordiéndome el labio y balanceándome sobre los zapatos de tipo bailarina – ¿Bastián? – cuestiono, pero el hombre parece idiotizado.
-La cosa de la cabeza – me recuerda.
Usar el escapulario con este atuendo no tiene mucho sentido, asi que me lo quito y mi cabello comienza a caer poco a poco tras mi espalda, veo la forma en la que los ojos de Bastián se oscurecen y se aclara la garganta.
– Creo que atinaste con las tallas – señalo la ropa.
– Digamos que pude palpar lo suficiente como para hacerme una idea de tu talla, aunque no lo suficiente como para quedar satisfecho – murmura y una corriente de aire frio se mete por la ventana, congelándome los huesos.
Sé a lo que se refiere y no voy a discutirlo, para mi la noche anterior jamás paso. Fue solo una mala pesadilla que yo pretendo olvidar.
–¿Vamos? – pregunto nerviosa.
– Si – él señala a la puerta y yo me muevo en esa dirección, camino al lado de Bastián y él se acerca mas a mí, yo aspiro de su aroma masculino y tengo que morderme la lengua para no repetir lo de anoche.
Estoy segura de que en una próxima ocasión no voy a ser capaz de detenerlo, asi que es mejor no tentar al diablo.
Bastián y yo caminamos un par de kilómetros hasta que llegamos a un sitio medianamente habitado, ¿Enserio teníamos que vararnos en medio de la nada?
–¿Esto es lo que creo que es? – pronto mirando la fachada del sitio en el que estamos.
Parece a punto de caerse, se ve casi igual de desastroso que la vieja propiedad, yo trago saliva y veo a un par hombres que aparcan sus motocicletas en el estacionamiento y se meten dentro. Esos hombres tienen cara de todo menos de que van a desayunar.
– Si, es un billar – dice como si nada y camina hacia la entrada.
Yo lo sigo con la mirada y no sé qué me causa más mala espina, si quedarme aquí sola expuesta a cualquier cosa o entrar con él a ese sitio que podría ser comparado con el infierno.
–¿No vienes? – grita Bastián sin detenerse.
Yo suelto un suspiro y lo sigo, camino detrás de él hasta que lo alcanzo.
Adentro huele a tabaco, hay demasiado hombres haciendo el tonto y no veo el rostro de una sola mujer. Los pelos se me ponen de punta enseguida, yo soy la única persona del sexo femenino en este sitio, eso no me pone en una posición muy conveniente que digamos.
Me distraigo mirando a mi alrededor mientras algunos de los hombres me miran de forma morbosa, me retraso tanto que pierdo de vista a Bastián.
–¡Bastián! – lo llamo, pero no hay rastros de él. Comienzo a ponerme nerviosa, no puede ser posible que me haya dejado aquí a la deriva. Bastián no puede haberme hecho esto. No, él no me dejó sola – me digo, tratando de darme moral.
Miro a mi alrededor y me doy cuenta de que muchos pares de ojos están puestos sobre mí, yo me halo el suéter tratando de esconder mis pechos redondos que sobresalen en la tela, pero por desgracia eso solo tiene el efecto contrario.
– Ganado fresco – dice un viejo que tiene un palillo entre los dientes.
Yo frunzo el ceño y de repente siento una mano que se posa en mis nalgas, me da una nalgada y me agarra rozándome hasta el alma, me aprieta la zona intima y todos comienzan a vitorear y a aplaudir.
Yo me aparto de repente y veo el rostro más asqueroso que he visto nunca, es un viejo igual al del palillo, son gemelos, se está riendo en mi cara mostrándome sus dientes amarillos mientras se acerca a mí con su inmensa barriga.
–¿Qué demonios le estás haciendo? – grita Bastián mientras el hombre intenta tocarme de nuevo – ¡Eres un jodido hijo de puta! – grita y se abalanza sobre el viejo asqueroso. Yo me aparto porque ambos hombres han caído al piso, veo como Bastián coge del cuello de la camisa al viejo verde y comienza a golpearlo a mansalva, le da un puño en el ojo, después en el mentón, y asi sucesivamente hasta que sus manos también comienzan a ponerse rojas.
–¡Bastián! Vámonos de aquí – le grito – ¡Bastián!
Veo como el gemelo del hombre que Bastián está golpeando se acerca con otros dos macarras a su lado y entiendo que la cosa va a ponerse fea, asi que halo a Bastián de la chaqueta.
–¡Vámonos por favor! – le grito, pero es demasiado tarde.
Una fiesta de puños se lleva a cabo en mis narices, alguien agarra a Bastián y le da un golpe en el ojo, Bastián empuja a otro hombre y ese otro hombre a otro, y antes de darme cuenta todos se están moliendo, yo intento escabullirme, pero no puedo, y alguien resulta dándome un puñetazo en la boca.
Siento el sabor ferroso de la sangre dentro de mi boca y mi lengua comienza a hincharse.
–¡Annabelle, vamos! – Bastián me agarra de la mano y me hala hasta que logramos salir del billar, no sin antes haber recibido un par de pisotones y golpes más.
Cuando salimos suelto el aire contenido en mis pulmones y veo el rostro de Bastián, por suerte no parece un rompecabezas como los demás, solo su ojo esta comenzando a amoratarse, de resto sigue igual. Yo llevo un par de dedos a mi labio y me limpio la sangre que sale de mi boca.
– Annabelle, ¿Estás bien?
–¿Enserio me estás preguntando eso? – me acerco a él, casi me siento capaz de golpearlo yo también.
– Pues sí.
–¡No, no estoy bien Bastián! Me dejaste sola y me rompieron la boca – le grito.
–¿Ahora es mi culpa?
– Por supuesto que es tu culpa, es tu completa y maldita culpa por haberme traído a este sitio, por haberme dejado sola, ¿De verdad no te interesa ni un poquito lo que me pase?
– Por algo te defendí, ¿No lo crees?
– No me defendiste, solo quisiste jugar al machito de la historia después de que ya me habías dejado sola – me doy cuenta de que pelear con Bastián no es una buena idea, además que mi lengua cada vez se siente mas hinchada.
–¿A dónde demonios vas?
– A un lugar muy lejos de ti, imbécil, quiza asi puedo evitar que me maten – le grito.
–¡Annabelle! – suelta un grito y gruñe, pero yo no me detengo.
No me importa si me toca llegar a Lacock caminando o arrastrándome si tengo que hacerlo. Bastián es un problema con patas, y entre más tiempo paso con él mas entiendo que debo alejarlo de mí.