Annabelle.
Intento cubrirme del frio que hace afuera, no quiero volver a entrar en la casa, no quiero tener que verle la cara de nuevo a Batían, no después de lo que acaba de suceder entre los dos, pero sé que en algún momento tendré que enfrentarlo nuevamente, no solo porque no puedo quedarme afuera a morirme de hipotermia, sino porque prometí que lo iba a ayudar y yo nunca rompo una promesa.
Escucho los pasos de Bastián que se acerca en mi dirección y después oigo su voz – Annabelle, debes volver.
– Lo sé – respondo sin mucho ánimo.
–¿Entonces porque no lo has hecho?
– Porque necesito un poco mas de tiempo.
Bastián suelta un suspiro – debes entrar antes de que vayas a pillar un resfriado y me toque cargar contigo estando enferma – Bastián es tan poco amable, enserio, cada una de sus palabras se oyen como un regaño o peor aún, como un reproche, y no lo entiendo, no entiendo porque tiene que ser de esa forma, ¿Qué fue lo que le paso que lo convirtió en alguien tan enojado con el mundo? Yo quisiera preguntarle, pero estoy segura de que no me va a responder – no voy a tocarte si es lo que te preocupa, enserio, esta mierda es demasiado para mí, si vas a llorar cada vez que me acerque a ti entonces no lo voy a hacer.
–¿Lo juras?
– A mi no me gusta jurar, Annabelle, o crees en mi o no lo haces y punto – escucho sus botas pesadas alejarse de mí.
Paso un par de minutos mas afuera hasta que siento que los dedos se me han entumecido del frio, prácticamente no puedo moverlos y me duelen del frio que hace afuera. Regreso a la casa y esta vez tengo que saltar por la ventana sola, porque Bastián no se molesta en ayudarme.
Adentro esta cálido, las velas mantienen el sitio con luz y con calor, me acerco a una de ellas y ahueco mis manos alrededor del fuego.
– Aquí hay un sofá, lo he sacudido un poco, creo que podrías acostarte ahí – hago una mueca y miro el mueble viejo y maltrecho.
–¿Y tú donde vas a dormir?
– En el suelo.
–¿En este suelo? – veo la suciedad alrededor, veo las cosas rotas y todo el desastre que hay en este sitio.
–¿Acaso ves algún otro suelo? – dice con una mueca.
Yo me quedo en silencio y veo la forma en la que se baja el mono, quedándose únicamente con una camisilla blanca puesta.
Sin mas opciones yo me acuesto sobre el asqueroso sofá que huele a humedad y polvo e intento no rozar ningun centímetro de mi piel directamente con el sofá. Después de hoy creo que voy a tener que quemar este hábito.
–¿En serio no te molesta dormir el suelo? – se le ve incómodo.
– No es como si fuera la primera vez, asi que no – contesta serio.
No lo entiendo, no comprendo absolutamente nada, Bastián tiene un auto deportivo antiguo, pero ha tenido que dormir en el suelo. Su historia me parece incongruente.
Él y yo nos quedamos en silencio un par de minutos más, pero ambos estamos despiertos, lo sé porque Bastián no deja de moverse, buscando ponerse cómodo, supongo.
– Desde que estaba muy pequeña vi a mi madre estar con un hombre tras otro – comienzo a contarle la historia de mi vida, esa que solamente conoce la madre superiora, no sé si en realidad esto sea lo mejor, pero quiero contárselo, quiero que me entienda – ella siempre tenia un novio nuevo, ninguno le duraba mas de una semana, con quien mas tiempo estuvo fue con Ronald, un viejo verde que no me caía muy bien. Ella y Ronald duraron solo quince días, el tiempo necesario para que mi mamá pudiera convencerlo de darnos el dinero que le debíamos al casero.
Bastián me está dando la espalda y no responde a nada de lo que le digo, y en parte lo agradezco, no me sentiría capaz de hablar con él mirándome fijamente.
– Ella siempre fue una persona muy inestable, en todos los sentidos en que una persona puede ser inestable. Eve Maxwell estaba muy rota, lo estaba porque ella permitió que cada uno de esos hombres se llevara una parte de si misma, y cuando quiso caer en cuenta de lo que estaba haciendo ya se había quedado sin nada – siento que una lagrima salada recorre mi rostro, pero es tan silenciosa que no le doy demasiada atención – yo la vi tan destruida, tan dañada y usada que me prometí a mi misma que nunca permitirá que nadie me hiciera daño de la misma forma en que se lo hicieron a ella – trago saliva – el primer paso para que nadie pudiera lastimarme era alejarme de las personas, específicamente de los hombres.
Bastián se remueve en el suelo.
– Por eso fue que entre al noviciado, lo hice como una forma de protección, el convento es mi ruta de escape. Y por eso fue por lo que llore antes cuando tu estabas conmigo… Por un momento me sentí como mi madre.
–¿Tu madre era…? – Bastián comienza a hablar, pero no termina la pregunta.
– Una puta, sí. Eve Maxwell era una puta. Y yo la ame con todas mis fuerzas, Dios sabe que adoraba a mi madre, pero no quiero ser igual que ella.
– Puedes ser diferente aun fuera del convento, no tienes que estar ahí para ser diferente.
–¿Y quién me garantiza eso? ¿Quién me dice que no me volveré alguien vulnerable?
– Nadie – Bastián chasquea la lengua – tienes razón, es mejor que te quedes donde estás.
Yo frunzo los labios, en realidad esperaba que él dijera otra cosa, pero no debería sorprenderme. Aun asi me quedo esperando que él me diga algo más, se supone que en estos momentos de sinceridad uno confiesa algo de su vida y la otra persona debe hacer lo mismo, de eso se tratan estos momentos, de conocerse un poco más, pero Bastián se queda en silencio, tal parece que con este hombre nada es como debería ser. Bastián juega con sus propias reglas y eso no me gusta.
–¿Qué me dices de ti? – intento darle un empujón para que hable.
– No hay nada que saber de mi – gruñe – Hasta mañana, Annabelle.
– Todos tienen una historia, tú no eres la excepción.
– Dije hasta mañana, Annabelle – repite con rabia, y yo no lo intento más.