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Capítulo 38 – siempre que estemos juntos.

Annabelle.

Bastián me aprieta contra su cuerpo como si yo fuera la única cosa en el mundo de la que pudiera aferrarse, yo sonrió contra su cuello y siento que mi corazón comienza a latir al mismo ritmo del de él. ¡Dios! Lo amo, lo adoro más de lo que he querido nada nunca, creo que en este momento yo perfectamente podría definir a Bastián como mi religión, me encantaría poder adorarlo, besarlo, y amarlo todos los días de mi vida.

– Pensé que no ibas a venir – me dice al oído – no creí que fueras a perdonarme.

–¡Yo jamás he dicho que vaya a perdonarte! – lo molesto y me alejo un poco de él para poder mirarlo a esos bonitos ojos que tiene.

–¿Ya te habia dicho que eres mala, Annabelle Maxwell? – me pregunta con una sonrisa lobuna.

– Si, creo que sí.

Bastián pone sus manos a cada lado de mis mejillas y une nuestros labios, él me besa con delicadeza y suavidad, haciendo que a mi me den cosquillas en el abdomen, su boca sabe a menta y como a un dulce que no logro describir, es delicioso, todo él lo es.

Nosotros nos separamos únicamente porque nos quedamos sin respiración, si no, creo que habríamos podido quedarnos besándonos eternamente.

– Tenemos que abordar el avión – le recuerdo – se supone que por eso es que estoy aquí.

– Yo pensé que estabas aquí por mi – bromea.

– No, estoy aquí por Irlanda, ¿Quién en su sano juicio le dice que no a Irlanda?

– Yo sé que te mueres por mí, Maxwell, no es necesario que lo ocultes más.

– Yo nunca lo oculté, fuiste tu quien estuviste escondiendo tus sentimientos todo este tiempo – susurro.

– Creo que tienes razón, en esta ocasión tienes razón – su rostro adopta una expresión seria – fui un idiota al no haberte dicho que te amaba, cuando ya sabia lo que sentia – dice – te amo, Annabelle, he estado amándote por un muy largo tiempo.

He escuchado a muchas personas hablar del momento mas feliz de su vida, muchos dicen que es cuando se gradúan de la universidad, cuando se casan o cuando tienen a su primer hijo, y sin ningun temor a equivocarme, yo creo que este es el mejor momento de toda mi vida. Sé que soy joven y que aun me faltan demasiadas cosas por vivir, pero creo que yo jamás voy a arrepentirme de haber venido corriendo a buscar a Bastián Jones.

No me arrepentiría de nada, ni siquiera de todo lo que me dolió el pasado, no cambiaría ni una sola de las comas de nuestra historia, porque nos pertenece, porque es única y porque me tiene al borde de las lágrimas. Nunca voy a olvidar esta milésima de segundo.

Bastián Jones me robo el corazón, y me hizo amarlo con cada fibra de mi cuerpo. Me hizo amarlo aun cuando yo queria odiarlo.

– Annabelle – me llama.

–¿Sí?

– Nos dejó el avión.

Abro los ojos con sorpresa y miro a la puerta de abordaje que acaba de cerrar la empleada de la aerolínea.

–¿Y ahora qué hacemos? – le pregunto.

– Buscar un sitio en el que pasar la noche – me sonríe y estoy segura de cada una de las cosas que se pasan por su cabeza, eso hace que me sonroje.

Bastián se acerca al modulo de la empleada de la aerolínea, y cambia nuestros tiquetes para el primer vuelo de mañana en la mañana, sé que le va a costar una fortuna, pero algo me dice que a Bastián no le interesa un ápice lo que tenga que gastarse con tal de poder estar conmigo esta noche.

Yo lo veo hablando con la señorita y me cuelgo el bolso al hombro, espero hasta que él se desocupa y entonces vuelve conmigo, me agarra de la mano y me guía fuera del aeropuerto.

–¿Todo listo? – le pregunto.

– Si, el vuelo sale mañana a las seis, tenemos que estar muy temprano.

– Lo que significa que no podemos desvelarnos – lo miro de reojo.

– No voy a prometer nada al respecto – él me aprieta la mano y yo siento cosquillas en todo el cuerpo – pregunté dónde podemos encontrar un hotel, y me dieron el nombre de uno que está aquí muy cerca, podemos llegar andando, a menos de que prefieras…

– Quiero caminar – aseguro.

Quiero poder hablar y caminar con Bastián de la mano todo el tiempo que pueda, no deseo desaprovechar nuestro tiempo juntos metidos dentro de un carro con un chofer que nos impida decirnos todas las cosas que deseamos. Quiero a Bastián, en el sentido más egoísta de la expresión, no deseo compartirlo con nadie más.

Él me cuenta de su encuentro con la anciana del aeropuerto y yo le hablo de mi conversación con mi tío, Bastián me dice que debemos ir a casa cuando regresemos del viaje, según él quiere pedirle disculpas a mi tío por lo que tuvo que ver aquella tarde en que yo no queria que él se acerara. A mí me alegra saber que quiere hacer las paces con mi tío, ambos hombres son sumamente importantes en mi vida y nada me haría mas feliz que saber que se llevan bien.

Y asi, entre conversaciones y coqueteos nada inocentes llegamos al hotel, donde Bastián pide una habitación para los dos. Es más un hostal que un hotel, pero está bastante bien, se ve hogareño y calientico.

–¡Bastián! ¿Qué estás haciendo? – le pregunto mientras el hombre me carga en brazos antes de entrar en la habitación.

Él no me responde, pero sonríe, cierra la puerta con el pie y me deposita en la cama que esta cubierta con sábanas blancas.

– Esto – dice al fin, incorporándose sobre mí y besándome.

Una corriente eléctrica me atraviesa todo el cuerpo, lo deseo, mi cuerpo lo desea completamente, Bastián es ese pecado que yo nunca me voy a arrepentir de cometer, y quiero volver a probarlo, asi que profundizo el beso y enrollo mi pierna a un lado de su cuerpo.

Él se aparta de mi para quitarse la camiseta, yo veo sus ojos brillantes y siento una emoción en el pecho.

– Te ves feliz – le digo, porque es cierto.

– Lo estoy – me acaricia el abdomen y estoy segura de que no está mintiendo – te amo, Annabelle – gruñe, para después demostrarme con hechos cuando ciertas son sus palabras.

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