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Epílogo – por el resto de mi vida.

Annabelle.

Abro los ojos con pesadez, me los froto con las manos y adapto mi vista a la oscuridad que hay alrededor, estiro mi cuerpo y apago la alarma de Bastián que no deja de sonar, vuelvo a tirarme en la cama y admiro el bonito rostro de Bastián yo estiro mi mano y acaricio con mis dedos cada una de las facciones de su rostro, acaricio sus cejas pobladas, sus mejillas, su mandíbula en la que tiene una barba incipiente, recorro su cuello y su pecho, hasta que delineo la silueta de uno de sus muchos tatuajes.

-¿Qué estás haciendo? – pregunta con la voz pastosa.

-Nada – sonrío y sigo acariciándolo con delicadeza, quiero trazar un mapa de su cuerpo, no quiero olvidar nunca a Bastián, no quiero olvidar sus lunares, sus tatuajes o ninguna de sus cicatrices.

Bastián abre los ojos lentamente y me mira – ¿Entonces ya me perdonaste?

-No – respondo con sorna.

-Yo no tocaría de esta forma a alguien a quien no he perdonado – se burla de mí.

-Es que esto no es por ti, es por mí, me gusta tocarte.

Él levanta una ceja con coquetería y yo me doy cuenta del doble sentido de mis palabras – ¿Asi que me estas usando?

-Si, igual a como tu lo hiciste conmigo.

Él suelta un gruñido, se acomoda en la cama y me aprisiona con su cuerpo.

-Algo me dice que voy a pagar muy caro todo esto.

-No imaginas cuanto – suelto con fingida indignación.

-Está bien, comenzaré a compensarte ahora mismo – él se acerca a mi boca y me da un beso apasionado, no es cariñoso ni meloso, su beso está cargado de deseo y de placer, lo que hace que una chispa se encienda en mi vientre.

-No podemos llegar tarde al aeropuerto – le recuerdo.

-No tardaremos – él vuelve a besarme y ahueca mi pecho desnudo con su mano izquierda, se posiciona encima de mí y tras darme un par de estímulos con sus manos, se mete dentro de mi cuerpo al tiempo que gime en mi cuello, yo levanto mis piernas y lo envuelvo para que pueda entrar mas profundamente dentro de mi cuerpo.

Bastián me mira a los ojos y yo siento que enloquezco, creo que podría despertar de esta forma por el resto de mi vida.

Pongo mis manos en su espalda tatuada y lo aruño a profundidad, él suelta un gruñido y sé que le ha dolido, aun asi no me pide que deje de hacerlo, yo aflojo el agarre y él comienza a moverse rítmicamente.

-Podría hacerte el amor por el resto de mi vida – me dice al oído, sus palabras son suaves, lentas y adictivas.

-Pensé que solo estábamos follando.

Él suelta una sonrisa tonta – contigo nunca será solo follar – asegura y me da un beso rápido – contigo siempre será amor, Annabelle.

El corazón se me acelera y eso combinado a todas las emociones dentro de mi pecho, hace que termine experimentando el orgasmo mas delicioso de toda mi vida, no es que haya tenido muchos, pero este es diferente, no solo estoy en el éxtasis del placer carnal, si no tambien del sentimental.

Bastián entra y sale una ultima vez de mi cuerpo y gruñe mientras se corre y yo siento su liquido calentándome el vientre, él me mira fijamente por un par de segundos más y entonces se pone en pie.

-Vamos – extiende su mano.

-¿A dónde? – cuestiono apoyándome en mis manos sobre el colchón.

-¿Cuando vas a dejar de hacer tantas preguntas? – rueda los ojos.

-Nunca – me burlo.

Bastián me agarra de la mano y me hala, obligándome a levantar de la cama, yo lo sigo a regañadientes y él nos mete en el baño, abre la llave del agua fría y sin avisarme me empuja, de modo que mi cuerpo se empapa de agua helada londinense.

-¡No! – grito tiritando del frio.

-Si no nos bañamos con agua fría no vamos a salir nunca de aquí – suelta una carcajada. Yo lo escucho reír y nada más por ese sonido me doy cuenta de que todo esto ha valido la pena.

Bastián se coloca a mi espalda, agarra el pequeño jabón del hotel y comienza a lavar mi cuerpo, por un momento me sobresalto, creo que bañarse es un acto extremadamente íntimo, incluso mucho mas que el sexo, pero me alegra que él este haciendo esto, porque entre más él pasa sus manos por mi espalda enjabonándome, más cómoda me siento.

No creo que haya nada que deba ocultarle a Bastián.

-Me gusta tu piel – susurra mientras termina de enjabonarme.

Yo siento que los vellos de mi cuerpo se erizan.

-Recuérdame porque es que tenemos que salir de esta habitación.

-Irlanda – dice con la voz entrecortada.

-Irlanda, es cierto – me volteo a verlo, y mientras el agua fría recorre mi espalda le doy un beso y él pone sus manos en mi trasero.

Bastián y yo terminamos de ducharnos y volvemos a la habitación, donde nos vestimos y arreglamos nuestras cosas para poder irnos.

Afuera a penas esta saliendo el sol cuando dejamos atrás el hotel, e igual a como hicimos la noche anterior, caminamos de la mano de regreso al aeropuerto, creo que me gusta esto, podría acostumbrarme a caminar con él por ahí, solo porque si, porque deseamos estar juntos.

-¿Qué te parece si nos casamos, Annabelle?

-No – respondo enseguida.

-¿Por qué no?

-Porque no eres alguien de fiar.

Él me da un golpe inocente en el hombro.

-Pensé que tu de todos en el mundo, querrías casarte.

-Quiero hacerlo, quiza algún día, con algún hombre – lo molesto y él me mira con el rabillo del ojo – un hombre del que este completamente enamorada, uno que sea capaz de romperme el corazón, pero que tambien pueda repararlo… Un hombre que me haga sentir a salvo, uno con el que me sienta en casa.

-Deja de echarme tantas flores – me dice, con falsa modestia.

-¿Quién dijo que estaba hablando de ti?

Él niega con la cabeza y yo sonrío mientras aprieto su mano que está atada a la mía. No sé que nos depare la vida, no sé si en diez, cinco o incluso un año Bastián y yo estaremos juntos, de alguna forma he dejado de preocuparme por el futuro, lo único que me interesa ahora es lo que tengo en este momento, y creo que eso se lo debo a él, él me enseño a vivir, me demostró que se puede enfrentar al pasado y tenerle miedo al futuro sin que eso tenga nada de malo.

Bastián me enseño como se siente vivir de verdad, incluso aunque eso implique salir herido. Él me enseñó de dolor, pero tambien me enseño del amor.

Y ahora solo nos resta eso, vivir, con todo lo que la vida nos traiga en el camino. Nosotros estaremos bien, algo me dice que caminaremos de la mano por mucho tiempo.

FIN.

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