Annabelle.
Busco una chaqueta en el armario, afuera hace un poco de frio y no quiero arriesgarme a una lluvia Londinense sin nada que me cubra. Saco un abrigo medianamente largo de color negro y me lo pongo sobre los hombros, bajo las escaleras de casa de mi tío, quien esta almorzando en la cocina, últimamente pasa mas tiempo en la casa que de costumbre, quiza tiene miedo de que Bastián pueda volver a aparecerse en la puerta para intentar convencerme de que lo perdone.
Pero yo creo conocer a Bastián, sé que es demasiado cobarde como para volver a acercarse por lo menos a veinte kilómetros a la redonda.
– Hola tío – paso a su lado y le doy un beso en la mejilla.
– Cariño, ¿Vas a la universidad? – cuestiona.
– Si, estuve mirando un programa que parece interesante – saco el folleto que imprimí anoche y se lo doy para que lo revise.
–¿Historia del arte? No pensé que te gustaran estas cosas.
– Bueno, siempre me ha gustado la historia – señalo yendo a la nevera para coger un vaso de jugo de naranja – y últimamente el arte tambien me gusta, asi que creo que podría ser la combinación perfecta.
Él hace una mueca.
–¿No te gusta? – frunzo el ceño.
–¡Si! Claro que me gusta – me sonríe, pero sé que está mintiendo – yo voy a apoyarte en cualquier decisión que tu quieras tomar, cariño, lo sabes.
Me bebo un sorbo del jugo y asiento con la cabeza – ¿Vendrás conmigo? – le pregunto.
Él mira la hora en su Rolex de oro y chasquea la alengua – por desgracia no puedo, tengo una junta de trabajo dentro de una media hora, si quieres esperarme podemos…
– No, yo iré sola, no hay problema – le sonrío.
–¿Segura que estarás bien?
– Por supuesto que si – yo me acerco a él y le doy un abrazo para que pueda relajarse.
Mi tío Macon cree que yo soy una muñeca de porcelana, me trata como si cualquier cosa pudiera quebrarme, lo que él no sabe, es que yo ya estoy completamente rota, la Annabelle a al que él mira a los ojos todas las mañanas no es más que los pedazos que quedan de la chica que yo solía ser.
Estoy completamente jodida y lo peor de todo es que no puedo culpar a nadie, ya me cansé de decir que todas mis desgracias son responsabilidad de Bastián o de mi madre, me harté de eso, y la verdad es que a la única persona a la que puedo juzgar es a mi misma, por no haberme alejado de ese hombre aun cuando sabía que tenia que hacerlo y que él me iba a dar problemas.
Yo me tire a un abismo de donde sabia que no iba a poder salir. Él error de Bastián Jones fue mentirme y jugar conmigo, eso es cierto, pero el mío fue creerle, aun cuando sabia que me iba a romper el corazón.
Me quedo un rato más haciendo el tonto en la cocina, espero hasta que mi tío se va de la casa, me como una rebanada de tostada con mermelada de frambuesa y una vez que me la termino me dispongo a irme, Macon insistió en que le pidiera a algún chofer que me llevara a la universidad, pero no tengo ganas de jugar a esto de la niña rica, asi que simplemente tomaré el autobús.
Voy saliendo de casa, y entonces Bastián se aparece frente a mí, como si fuera un espejismo, como si no estuviera dispuesto a dejar de joderme la maldita vida.
– Dime por favor que no estás nuevamente aquí – suelto un suspiro cargado de frustración, estoy cansada de pelear, cansada de toda esta mierda que hay entre nosotros dos.
– Si, pero si lo que te preocupa es que intente besarte nuevamente, entonces puedes estar tranquila – tiene las manos metidas en sus bolsillos y cuando veo un poco mas al fondo me doy cuenta de que hay un auto estacionado – no vine aquí para pedirte que me des una oportunidad, ni mucho menos, has dejado claro que no quieres me que acerque a ti y lo respeto.
–¿Tu? ¿Respeto? – suelto una carcajada seca.
– No voy a volver a tocarte, Annabelle – sus palabras se sienten como una amenaza, una que a pesar de todo yo no quiero que él cumpla.
–¿Entonces que estás haciendo aquí?
– Hay un sitio al que quiero que me acompañes.
–¿Yo? – esto es demasiado extraño, ¿Sera que quiere que vaya con él para poder amordazarme y matarme?
No, eso es llegar muy lejos, incluso para alguien con la cabeza dañada como Bastián Jones.
– Si, tú – asiente – no vamos a tardar demasiado, y tengo un auto que esta esperando por nosotros.
–¿Qué pasa si digo que no?
– Estás en todo tu derecho – frunce los labios – pero de verdad, me gustaría que vinieras conmigo, por los viejos tiempo.
Yo chasqueo la lengua, casi me dan ganas de preguntarle de que viejos tiempos está hablando, si de aquellos en que me utilizó, o en los que yo le di todo de mi como una completa idiota. Pero se que él tendría la respuesta perfecta para mi pregunta, sé que se refiere a aquellos tiempos en que yo lo quise con todo mi corazón, y como no quiero escuchar esas palabras salir de su boca, me quedo en silencio y sopeso mis opciones.
– Yo tengo una reunión en otra parte.
– No voy a quitarte mucho tiempo.
Veo sus ojos y lo odio por tener el mismo efecto en mí, ese que me doblega y me pone a sus pies.
–¿Qué dices, Annabelle? ¿Podrías volver a confiar en mi por una última vez?
Una ultima vez, repito en mi cabeza.
– De acuerdo – me acerco a él y ambos caminamos hacia el auto negro.
Ninguno se acerca demasiado al otro, casi me siento como si estuviera metida dentro de una burbuja a la que él no puede acceder, pero lo entiendo, yo misma he creado esta burbuja para no dejar que vuelva a herirme.
Bastián me abre la puerta del auto y se mueve a un lado para dejarme pasar, pero no lo suficientemente lejos para que yo no puedo oler el perfume que emana su cuerpo, la piel se me pone de gallina, pero lo ignoro enseguida y me meto dentro.
Él rodea el auto y hace lo mismo. El chofer no pide indicaciones. por el contrario pone el auto de inmediato en la carretera.
El auto es grande, pero se siente demasiado pequeño como para que él y yo estemos juntos aquí adentro, creo que podría cortar la tensión que se siente con un cuchillo, se ve incomodo, y yo tambien lo estoy, aun así, ninguno de los dos dice nada.
Y creo que es mejor de esta forma, si Bastián abre la boca, temo que pueda darle un golpe, o peor aún, besarlo.
–¿Qué estamos haciendo aquí, Bastián? – preguntó mientras el auto entra en el cementerio – no estarás pensando en matarme, ¿O sí? – esta vez no estoy bromeando, mi corazón ha comenzado a bombear a toda velocidad y me tiembla hasta el alma.
– No, no voy a matarte.
Él sale del auto y naturalmente yo hago lo mismo.
–¿Entonces que hacemos aquí?
Bastián me mira fijamente, sus ojos me analizan y entonces contesta – venimos a visitar a tu madre – dice y yo siento que dejo de respirar.