Annabelle.
–¿Esto se trata de una broma? – pregunto después de recuperar el ritmo normal de mi agitado corazón.
Bastián me mira serio, no tiene esa expresión picara en su rostro, ¿Esto de verdad está sucediendo?
–¡Bastián! – lo llamo.
– Si, es enserio – asiente y suelta un suspiro – hace unos días, contraté a un investigador – suelta como si nada, como si eso fuera la cosa mas obvia que pudiera decírsele a una persona.
–¿Para indagar sobre mí? – pregunto sintiendo nauseas.
– Si, pero no es lo que crees…
–¡Oh no! No, tu no sabes que es lo que yo estoy creyendo en este momento – me alejo ligeramente de él y respiro profundo para no matarlo aquí mismo, después de todo, ya estamos en el cementerio, ¿Qué más daría?
– Annabelle, me estaba enloqueciendo, necesitaba saber dónde estabas, y sobre todo, queria saber si estabas bien – responde.
– Pero ¿Para qué? Con todo lo que me hiciste me dejaste muy claro que yo no te importo un ápice, porque discúlpame, pero a una persona que me importa yo no le hago daño.
– Si, tienes razón – hace un gesto – pero asi soy yo, asi siempre he sido yo, rompo todo a mi paso, Annabelle, lastimo a las personas y ni siquiera lo hago con intención, es mi naturaleza, soy autodestructivo y por desgracia tu estabas en el medio.
–¿Ahora es mi culpa?
– No, no es eso lo que quiero decir – se lleva una mano al puente de la nariz y niega con la cabeza.
–¿Sabes qué? Eso ya no me interesa. Ahora lo que quiero saber es quien te dio el derecho a husmear en mi vida – suelto con rabia, la idea de que Bastián sepa de mi madre y de todo mi pasado hace que me ardan las tripas, no es algo que yo quisiera compartir con él, o básicamente con nadie.
El pasado de mi madre es lo suficientemente horripilante como para que yo hubiera querido guardarlo todo este tiempo debajo de una alfombra bajo la que nunca planeaba barrer.
– Nadie me dio el derecho, pero tenia que hacerlo.
– No, en realidad no tenías – susurro.
–¿Podrías dejar tu odio a un lado y mirar lo positivo de todo esto?
–¿Es que hay un lado positivo en esta situación? – cuestiono.
– Si, lo hay – Bastián me mira fijamente y el contacto de sus ojos me quema la piel – encontramos la fosa común en la que habían dejado tirada a tu madre, y le conseguimos un espacio digno en el que sus restos puedan descansar en paz, es tu madre, creo que se merece eso.
Él no sabe de lo que está hablando, yo no voy a fingir que mi madre era una santa porque la verdad es muy diferente, mi madre es la causante de muchos de mis miedos, es la que forjó cada uno de mis demonios con respecto a los hombres, pero, aunque me da coraje que hable con tanta propiedad sobre alguien que él jamás conoció, no puedo dejar de aceptar que tambien agradezco que haya hecho esto.
– Sé que me detestas, que soy tu persona menos favorita en el mundo entero, pero queria darte este momento, queria que pudieras despedirte de ella. Aquel día en el que me hablaste de tu madre yo pude ver que te dolía.
– Ah, ¿es que si me escuchaste?
– Por supuesto que te escuché – suelta casi con rabia – míralo como quieras, como una ofensa, como una intromisión en tu vida privada, o como sea. Pero para mí, esta es mi forma de pedirte que me perdones.
Yo me quedo de piedra donde estoy.
– Quiero que me perdones por haber jugado contigo, por haberte apostado como su no valieras nada, por guardarme mis sentimientos y por no ser honesto contigo.
–¿No ser honesto con respecto a qué? – cuestiono.
– A la apuesta, a lo que estaba pasando entre tu y yo, y como te acabo de decir, por no ser honesto con mis sentimientos por ti.
Yo siento que me mareo momentáneamente, ¿Enserio este es Bastián Jones? Porque al ultimo que yo recuerdo estaba ebrio e intentando besarme a la fuerza, pero este hombre es completamente diferente a esa persona, este Bastián que está enfrente a mi incluso parece sincero.
–¿Estas tratando de decirme que tu…? – titubeo porque no quiero quedar nuevamente como una tonta frente a él, no quiero que se de cuenta de que aun me importa, suficiente me costo alejarme aquella tarde en casa de mi tío, cuando lo único que yo queria era que él me besara hasta el alma.
–¿Qué te amo? – me pregunta y a mi se me eriza la piel – sí, te amo, Annabelle Maxwell, quiza todo comenzó como una maldita apuesta y como un juego, y créeme, no sé que punto, me enamore completamente de ti – suspira – me enamore de ti sin siquiera planearlo, o quererlo, me enamore de ti porque me cautivaste y eso no es irreversible.
– Bastián… – murmuro bajito, porque siento que si hablo demasiado alto puedo despertar de este sueño que estoy viviendo.
– No tienes que decir nada ahora, no te traje aquí a presionarte, te traje aquí para que pudieras despedirte de tu madre, y para demostrarte lo que siento – su rostro se ve triste y yo solo quisiera abrazarlo y verlo sonreír – tambien debo darte esto – él saca del bolsillo de su chaqueta un par de boletos de Avión.
–¿Irlanda? – cuestiono y sonrío como un idiota cuando veo el nombre del país. Este siempre ha sido mi destino soñado, es el único lugar en el mundo al que realmente me muero por ir.
– Voy a irme allá.
– Ah, son para ti – digo con tristeza.
– Son para los dos, si quieres, puedes venir conmigo, pero no como mi amiga – aclara con su voz profunda – quiero que vengas a Irlanda conmigo, como mi novia – sentencia – voy a regresar a casa, el auto te esperará y te llevará a donde tú le indiques.
–¿Te vas? – cuestiono.
– Si, creo que debes hacer esto tu sola – sentencia, se da media vuelta y se aleja dejándome a solas con un boleto a Irlanda en la mano.
Porque asi es él, hace las cosas cuando se le da la gana y de la forma en que se le da la gana. Y pesar de todo, lo amo.