Bastián.
Me dirijo a abrir la puerta con pereza, me duele el cuerpo y mis ojos no logran adaptarse a la luz del sol que entra por las ventanas, la cabeza me da mil vueltas y quiere explotar del dolor que siento, ahueco mis manos en mi boca y soplo, me apesta el aliento, aun asi no me molesto en lavarme la boca antes de recibir a Alberto.
Simplemente agarro una menta del minibar y me la meto a la boca, muerdo el dulce, y entonces abro la puerta.
–¿Qué fue lo que averiguaste? – pregunto de mala gana y le doy la espalda para caminar al salón principal – no quiero rodeos – aclaro.
– La señorita Annabelle Maxwell se encuentra en este momento en Manchester.
–¿Qué diablos podría hacer ella en Manchester?
– Es el lugar de residencia de su tío, Macon Maxwell, un importante empresario de la ciudad y del país, en realidad.
– Macon Maxwell, ¿No es el de las inmobiliarias? – cuestiono mientras obligo a mi cerebro a funcionar.
– El mismo, es familia de la señorita Maxwell y ella se queda actualmente con él.
– Bien, gracias.
–¿No quiere escuchar el resto de lo que tengo para decir? – pregunta con el ceño fruncido.
– No – me levanto del sofá – el dinero está ahí – señalo la mesita de centro frente al hombre – puedes llevarte todo lo que hay, estoy seguro de que es más que suficiente, ya conoces el camino a la puerta.
Me dirijo a mi habitación como puedo, prácticamente arrastrando el cuerpo, tengo una puta resaca de los mil demonios. Voy a mi habitación y me meto bajo el caudal del agua fría, pero ni siquiera eso logra despertarme completamente, no he dormido nada, y quiza ese sea el motivo por el cual saber del paradero de Annabelle no me ha emocionado todo lo que supuse que haría.
Debería estar brincando en una pata, pero no, tal vez se trata de que, aunque sé donde puedo encontrarla, eso no significa que ella vaya a querer verme, aun asi no planeo dejar de averiguarlo. Si Annabelle no quiere volver a verme va a tener que decírmelo en mi cara.
¡Esperen! ¿Eso ya lo hizo? En realidad, no estoy muy seguro, mis neuronas no coordinan en este momento, y mi cuerpo suplica por algo mas de alcohol que me quite esta sanción del cuerpo.
Cuando salgo del baño me visto con unos tejanos negros, botas del mismo color, una camisa negra y una chamarra de cuero café, llamo al servicio de autos de mi madre y ordeno a que alguno me espere fuera de casa, cuando voy de salida, me detengo en el bar y cojo la única botella entera de Ron que queda.
No pasan mas de cinco minutos hasta que un pulcro auto negro se estaciona frente a casa, habría podido irme en motocicleta, pero no creo llegar vivo de aquí a Manchester, no con esta sensación encima. Abro la puerta, le doy la dirección al chofer, y entonces destapo la botella y me la empino, sin duda alguna esto es justo lo que necesito en este momento, un poco de anestesia para la cabeza.
El trayecto a Manchester tarda tres horas, lo suficiente para que yo vuelva a emborracharme completamente, no recuerdo ni de quien soy vecino, casi que no sé porque demonios estoy en Manchester.
–¿Por qué te detienes? – gruño al chofer.
– Porque hemos llegado, señor – me responde con un poco de altanería.
Yo miro a mi derecha, no es la casa que habría esperado para uno de los hombres más importantes del negocio inmobiliario, pero sin duda alguna tampoco es la casa en la que pensé que viviría Annabelle, siempre la vi como una chica de un pueblo pequeño, me la imaginé todo este tiempo viviendo en una choza, o en algo parecido.
Creo que ese siempre ha sido uno de mis más grandes problemas, minimizarla a ella y a sus posibilidades.
– Espérame aquí – le pido al chofer y me bajo del auto dejando la botella de ron sobre el asiento trasero.
La casa no tiene ningun tipo de seguridad, por lo menos no una demasiado visible, como la mansión de mi madre que está enjaulada.
Toco al timbre y espero un par de segundos, pero nadie abre, asi que vuelvo a timbrar, ¿Esta gente no tiene servidumbre o qué demonios? ¿Qué clase de persona poderosa no tiene por lo menos alguien que le abra la puerta? Comienzo a aporrear la puerta con la palma de mi mano, me duele por la cortada que me hice ayer, pero no me interesa mucho en realidad.
Sigo golpeando hasta que escucho el sonido de la puerta abrirse.
–¿Podría esperar un poco…? – dice Annabelle frustrada, antes de que quedarse en blanco cuando me ve.
Ella frunce el ceño.
–¿Sorprendida? – le pregunto.
Annabelle intenta cerrar la puerta, pero yo pongo mi cuerpo en la mitad para que no pueda hacerlo – ¿No te parece que estamos un poco grandecitos para jugar a cerrarnos la puerta en la cara?
– No, nunca se es demasiado mayor para cuidarse la espalda de ti – ataca.
– Tenemos que hablar.
– Todo lo que teníamos que decir ya lo dijimos el día de juicio, o mejor dicho, lo que no dijimos – suelta con una mueca.
– Necesito que me escuches, Annabelle.
– Si, si, tú siempre necesitas lo mismo, esa historia ya esta un poco trillada, ¿No lo crees?
– No, cuando no te he dicho la verdad.
– No quiero saberla.
– No me mientas, tú y yo no somos de esos.
–¿De cuáles?
– De los que se ocultan cosas.
–¿En serio? – abre los ojos, chasque la lengua y se burla en mi cara – mi tío está en casa y no quiero problemas, asi que por favor, desaparece.
–¿No quieres problemas? ¡Está bien! Entonces escúchame, hagamos las cosas fáciles para ambos.
– No voy a hablar contigo aquí – ella me empuja por el pecho y me saca de la casa, yo me tambaleo porque mi equilibrio no es el mejor ahora, Annabelle cierra la puerta a su espalda y se cruza los brazos sobre el pecho, parece que va a decir algo, pero de repente, me mira fijamente y frunce el ceño.
– Estás ebrio – olisquea cerca a mi boca, y yo quisiera devorar la de ella – ebrio y asqueroso, ¿Te has visto ya en un espejo?
–¿Enserio quieres criticar mi apariencia? Porque déjame decirte que tu no estás muy guapa que digamos.
– Vete al demonio – sisea y hace el amague de volver adentro.
De alguna forma consigo la agilidad de interponerme en su camino.
– Deja de huir – le pido – deja de hacerte la idiota y de fingir que esto no te importa.
– Es que ya no me interesa, Bastián, esa tarde fuera del juzgado te pedí una razón para quedarme y no supiste dármela, eso me dio todas las respuestas que yo necesitaba, ya no me interesa saber nada de ti, te olvidé.
– No te creo, las personas no se olvidan tan rápido.
– Por supuesto que sí, un día te despiertas y te das cuenta de que es una decisión, olvidar a alguien es cuestión de decisión, y yo la tome – me explica.
– No tiene sentido – no sé si es el puto licor dentro de mi sistema, no sé si es porque no he comido nada en las últimas veinticuatro horas, o si se trata de las palabras de Annabelle, pero siento que el mundo debajo de mis pies se mueve y yo no puedo hacer nada para detenerlo.
– Eso no es cierto.
–¡Si! Si lo es, y ahora debo volver a la casa antes de que mi tio venga aquí.
– No, Annabelle, no por favor – le ruego y la agarro de la cintura – no me dejes, no me digas que me olvidaste, ¿Quieres castigarme? – pregunto juntándola a mi cuerpo.
– No, solo quiero que te vayas.
– Tu no quieres eso, Annabelle, cariño – susurro e intento besarla, llevo mi boca a la de ella, pero ella mira en otra dirección para que no pueda alcanzar sus labios – bésame, Annabelle, dime que todo esto es una puta mentira.
– No – ella intenta zafarse de mi agarre, pero yo la sostengo con más fuerza – Bastián, déjame, por favor – murmura, y yo no puedo hacerlo – me estás lastimando, suéltame.
– Tu eres la que me está lastimando.
Miro a Annabelle a los ojos y me doy cuenta de que ha comenzado a llorar.
–¿Por qué lloras? Yo estoy aquí, no voy a dejarte sola.
– Quiero que te apartes de mí, estás borracho y yo necesito entrar en casa.
– No, Annabelle, no – intento volver a besarla, pero ella sigue sin dejarme.
De repente, escucho que la puerta de la casa se abre, un hombre sale de allí, no tengo que ser un genio para saber que se trata del tío de Annabelle, yo la suelto enseguida.
–¿Qué está pasando aquí? – él nos mira a ambos.
– Nada tío, no es nada, él ya se va – explica Annabelle.
Macon se acerca a Annabelle y se da cuenta de que está llorando – ¿Qué diablos le hiciste a mi sobrina? – me grita, camina un par de pasos hacia mi y me encaja un golpe en toda la mandíbula, el golpe no es muy fuerte, pero yo estoy ebrio y débil, asi que me hace caer al suelo de concreto.
–¡Aléjate de mí sobrina! – escupe y veo como abraza a Annabelle y se la lleva adentro.
Yo me quedo allí porque no soy capaz de levantarme.
La he terminado de cagar.
¡Joder!