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Capítulo 29 – no es ella.

Bastián.

Después de veinticuatro horas de estar pariendo piñas por estar esperando el puto veredicto, recibo la llamada de Leery que he estado esperando todo este tiempo.

–¿Tienen el veredicto? – le pregunto en cuanto contesto el celular.

– Si, ya he avisado a tu madre, necesito que ambos estén aquí lo más pronto posible.

– No tardamos – aseguro, me levanto del escritorio en el que he estado las ultimas dos horas, me visto de traje formal azul marino y bajo al recibidor de la casa, donde ya está mi madre perfectamente acicalada esperándome.

–¿Estás listo? – me pregunta frunciendo los labios.

– Eso creo – suelto un suspiro.

–¿Tu amiga no vendrá con nosotros?

–¿Annabelle? – pregunto con una mueca.

– Si, ella.

– No – esquivo el resto de las preguntas al respecto y abro la puerta de la casa, la sostengo para que mi madre salga y yo voy detrás de ella.

No quiero responder preguntas sobre Annabelle, no cuando no tengo ni idea de donde demonios está la mujer, en realidad no sé si sentir envidia de esa faceta camaleónica de ella, es como si desapareciera y solo saliera a la luz cuando se le diera la gana, es una capacidad que a mi en cualquier momento me habría servido, pero no cuando se trata de ella intentando huir de mí.

Debe odiarme demasiado como para que no quiera que yo sepa donde está.

Mi madre y yo subimos en el auto donde ya nos espera el chofer, y él nos dirige de inmediato a los juzgados.

– Quiero que sepas que pase lo que pase, estoy contigo, pasé mucho tiempo haciendo las cosas mal, y me arrepiento demasiado, Bastián, lastimosamente no puedo volver en el tiempo y hacer las cosas diferentes, pero si puedo cambiar mis acciones a partir de este momento.

Un poco tarde para eso, pienso, pero no se lo digo.

– Gracias – digo y saco mi celular del bolsillo, entro en Google e intento buscar información de Annabelle.

Tecleo su nombre, pero los resultados de búsqueda son nefastos, es como si esta chica no existiera, como si fuera un fantasma o un espejismo que solo quisiera joderme la vida. Suelto un bufido, bloqueo el teléfono y vuelvo a guardarlo en el bolsillo.

En menos de media hora estamos frente al juzgado, el chofer abre la puerta de mi madre y yo salgo por el otro lado, ambos entramos en el edificio donde Leery nos espera.

Nosotros nos saludamos con el hombre.

–¿Qué tal pinta la situación? – le pregunto.

Él chasquea la lengua y levanta las cejas con confusión – no lo sé, el testimonio de Annabelle nos dejó muy mal parados, pero el testimonio de la empleada de su casa ayudó mucho, ahora, no sé que tanto vaya a confiar la gente del jurado en una empelada a quien se le paga para ser fiel, así que es cuestión de esperar.

Meto las manos en mis bolsillos y camino a través del pasillo porque no soy capaz de sentarme y quedarme quieto cuando lo que están debatiendo esas personas allá adentro es nada más y nada menos que mi futuro, literalmente tienen el resto de mi vida en sus manos, y no sé de qué forma van a decidir sobre ella.

– Pueden entrar – dice el guardia, asomándose por la puerta.

Yo miro a mi madre, ella me mira de vuelta, ambos estamos cagados del miedo, eso es obvio, yo la agarro de la mano y entramos en la sala.

El jurado entra uno a uno y toman asiento, el juez es el ultimo en entrar, el hombre se sienta muy gloriosamente en su silla.

–¿El presidente del jurado tiene el veredicto? – cuestiona mirando a su izquierda.

– Si, su señoría – uno hombre calvo y de piel blanca se pone en pie, yo siento que el corazón se me va a salir del pecho, veo todo como en cámara lenta, todo sucede demasiado lento – el jurado encuentra al señor Bastián Jones inocente, pero el jurado tambien considera que el señor Jones debe asistir periódicamente a talleres de control de la ira, y debe asistir a un psicólogo.

– Por supuesto, señor juez – Leery se pone en pie y sonríe como un idiota – nosotros cumpliremos cada una de las condiciones del jurado.

El juez asiente – declaro al señor Bastián Jones inocente de los cargos de homicidio, impuestos por la ciudad de Londres en contra del sujeto – él le da un golpe a la madera con el martillo y todos nos ponemos en pie.

Mi madre me abraza y cuando escucho sus sollozos me doy cuenta de que está llorando, creo que estoy demasiado consternado como para darme cuenta de lo que realmente está pasando aquí adentro, una parte de mi aún cree que debo ir a prisión, aun siente que no hay nada en mi vida que pueda salir bien, porque yo estoy jodido y rompo todo lo que toco.

Ella se aleja de mi y habla con Leery, creo que debemos firmar algunos papeles o una mierda parecida, yo me siento nuevamente en la silla y me paso las manos por el rostro, aun siento que el mundo está girando en la dirección equivocada.

Después de una media hora más en el juzgado nosotros volvemos a casa, no sin antes haberle agradecido a Leery por soportarme y cuidarme el culo. Para eso le pagamos, pero de todas formas se agradece.

Yo entro nuevamente en la casa, me quito el blazer azul y la cuelgo por mi hombro, subo las escaleras en dirección a mi habitación y cuando abro la puerta me encuentro la cosa más extraña sobre mi cama.

–¿Angie? – pregunto.

– Hola guapo – ella me sonríe descaradamente y se pone en pie, lleva puesta una bata y unas botas negras hasta la rodilla.

–¿Qué demonios haces acá? ¿Cómo supiste que estaba aquí?

– Un pajarito me lo contó – ella sonríe y se mete una fresa a la boca.

La mujer ha creado todo un escenario porno dentro de mi habitación. Angie es la chica con la que perdí la virginidad cuando ambos teníamos como quince años, ella es lo más cercano a una relación que yo he tenido nunca, y eso es mucho decir porque nuestro contacto siempre fue meramente físico.

– Sé que estas metido en un lio, debes estar estresado, yo quiero ayudarte a que te sientas mejor – ella me masajea los hombros y me muerde el lóbulo de la oreja.

Por alguna razón yo no quiero que ella se me acerque.

– Oye, creo que te llegó mal la información, ya no estoy en problemas – me doy la vuelta y la agarro de las manos para que deje de tocarme – resulta que ya todo está bien, problema resuelto, así que gracias, pero no te necesito.

–¿Desde cuando eres tan aburrido, Basti? – pregunta, llamándome por el estúpido apodo que me puso hace años.

– No soy aburrido, solo estoy cansado, quiero descansar, asi que tienes que irte.

– Tu no quieres que yo me vaya – ella se suelta del agarre de mis manos y pone sus brazos en mi cuello, se me acerca y se pega a mí.

Angie me besa la boca, o más bien me babea la boca porque yo la tengo completamente cerrada.

–¿Qué haces en Londres? Pensé que te habías ido a la universidad.

– Tome el jet de papi para venir a verte – explica.

– Interesante – yo la alejo ligeramente y veo su rostro que esta sucio de labial rojo por todos lados – Angie, enserio, debes irte.

–¿Cuál es tu maldito problema? Hice todo un maldito viaje nada mas para venir a verte y ¿De esta forma me tratas? ¡No es justo Basti! ¿Qué está pasando contigo?

Yo la miro a los ojos negros y grandes y le respondo – que no eres ella – digo, sintiéndome extraño por mis propias palabras.

–¿Ella? ¿Ella quién? ¿De qué estás hablando?

– Recoge el desorden y vete – le digo y salgo de mi habitación.

Acabo de dejar a una chica prácticamente desnuda en mi cuarto, una chica que estaba dispuesta a hacer conmigo lo que a mi se me diera la gana, acabo de dejarla allá adentro porque no es Annabelle.

¿Qué diablos está pasando conmigo?

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