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Capítulo 28 – quédate.

Bastián.

Ella corre como si de repente se hubiera convertido en una jodida atleta profesional, yo la persigo hasta que consigo agarrarla del cabello, sé que no es la mejor de las ideas teniendo en cuenta toda la situación, pero no tengo de otra.

Yo halo el cabello de Annabelle y ella se detiene en seco soltando un quejido por el tirón, supongo.

–¿Por qué demonios me detienes con el pelo? ¡No soy un burro! – me grita.

– Lo hice porque de otra forma no te habrías detenido – suelto.

Ella hace una mueca con el rostro, sabe que tengo razón, eso no falta que lo diga.

–¿Por qué corres tan desesperadamente? ¿Qué es lo que te pasa?

Annabelle chasquea la lengua y se cruza los brazos sobre el pecho – me pasa que no soporto estar un segundo más en el mismo sitio que tú, mucho menos cuando lo que intentan hacer es humillarme.

–¿Quién te está humillando? – a veces no entiendo porque las mujeres tienen que ser tan dramáticas y armar de todo un problema, nadie se esperaba lo que pasó allá dentro del tribunal, eso es cierto, pero era obvio que el fiscal iba a hacer hasta lo imposible por joder el testimonio de Abigail.

–¿Qué quien me está humillando? No puedo ni siquiera creer que tu me estés haciendo esa pregunta – refunfuña – todo lo que paso allá adentro fue una jodida humillación, no sé en donde estabas tú, pero ese hombre prácticamente me escupió en la cara y se burló de mí.

– Es su trabajo.

– Si, tienes razón, es su trabajo, pero mi responsabilidad no es estar aquí, y ya no quiero estar más, solo deseo largarme y olvidarme que todo esto en algún momento sucedió.

– Eso no va a pasar.

–¿Por qué no? – frunce el ceño.

– Porque tú no quieres que pase – contesto – no entiendo porque insistes tanto en olvidarte de mí, de todo lo que hemos vivido, las cosas podrían ser diferentes…

– Quiero alejarme de ti porque me lastimas – ella me corta y sus ojos se vuelven rojos.

¿Esta mujer no va a dejar de llorar nunca?

Yo la miro fijamente e intento cerrar el hocico para no decir algo que pueda herirla, lo que menos quiero es agravar toda esta situación que ya está bien jodida, para variar.

– No entiendo de qué forma podría yo estarte lastimando en este momento.

– Tu sola presencia lo hace – solloza.

– Eso podemos arreglarlo – yo pongo mis manos en sus mejillas y acuno su rostro, sus pupilas recorren toda mi cara y no se mueve, ella no se acerca a mí, pero tampoco se aparta – todo esto no tiene que convertirse en algo aun mayor de lo que ya es, tú y yo la pasamos bien, está claro que tenemos química – murmuro y la beso tratando de ser lo más delicado posible.

Junto mi boca a la de Annabelle y ella apenas mueve la suya, se siente suave, hinchada, e igual de dulce que siempre.

– No es suficiente – dice en un susurro y mira al piso.

Yo la agarro del mentón y la obligo a que vuelva a verme.

–¿A qué te refieres con que no es suficiente? – le pregunto y algo dentro de mi cuerpo se dispara, no sé que es, no sé si se trata de las putas mariposas de las que he oído hablar tanto, no sé si son los nervios por el veredicto del jurado o es solo que ella hace que todos mis sentidos se alteren, pero siento algo dentro del pecho.

Quiza se trata de la pregunta que hizo el fiscal, esa que yo he estado tratando de borrar de mi cabeza, Annabelle no puede estar enamorada de mi porque yo no puedo darle lo que ella quiere, no importa cuanto lo intente, yo no soy esa clase de hombre.

– A que no es suficiente, Bastián, yo necesito más – dice – necesito mucho más que esto que hacemos nosotros.

– Tienes que ser más específica, a estas alturas ya deberías saber que no soy bueno con las adivinanzas.

Annabelle se muerde el labio inferior – yo necesito mucho mas que un par de horas juntos, quiero una relación, algo real.

– No – espeto y me alejo de una vez de ella – tu no puedes querer eso.

–¿Por qué no?

–¡Porque yo no soy asi! – le grito – esto es todo lo que yo puedo ofrecerte.

–¿Y que es “Esto” específicamente?

– Esto, lo que hay entre tu y yo.

– Esto no es nada – niega con la cabeza y espera de mi parte una respuesta que nunca llega – precisamente por esto es que tengo que irme, porque tú solo vas a seguir haciéndome daño y no soy una masoquista, aun tengo algo de amor propio, no puedo dejar que hagas conmigo lo que se te da la gana.

– Si en realidad tuvieras una pizca de dignidad no le estarías pidiendo una relación a un hombre que apostó tu virginidad – suelto de golpe y cierro la boca enseguida porque acabo de decir la mayor estupidez del mundo.

Ella asiente y se da la vuelta.

– No, espera, no quise decir eso, ¡Joder Annabelle! Deja de huir.

–¿Para qué? ¿para que sigas recordándome lo idiota que soy?

– No, Annabelle, quiero que te quedes. Por favor, quédate – le pido.

–¿Sabes Bastián? Mientras estuve allá adentro pensé en como seria si yo solo tomaba el toro por los cuernos y me vengaba de todas las asquerosidades que tu me hiciste, estaba en ese estrado frente a todas esas personas y solo era cuestión de decir la verdad para condenarte, y aun asi no pude hacerlo – suelta mientras sigue caminando – no pude dañarte aunque tu ya lo has hecho muchas veces conmigo, y quisiera que por una vez tu hicieras lo mismo, si en realidad en algo me aprecias o por lo menos te arrepientes de todo lo que paso, entonces déjame ir.

– No puedo – esta vez estoy hablando en serio, no quiero alejarme de ella porque no puedo, Annabelle es adictiva, no sé si la mujer me embrujó o qué demonios hizo con mi cabeza, pero me tiene como un perro faldero detrás de ella.

–¿Por qué? ¿Por qué no puedes? – pregunta y me encara – dame una razón para quedarme, para olvidar todo esto que ha pasado entre tu yo, solo una.

Yo miro sus ojos azules y cristalinos y me doy cuenta de que la respuesta está en la punta de mi lengua – no puedo alejarme de ti, porque yo…Yo-te – tartamudeo.

–¿Tú me qué?

– Yo…yo-te-a… te necesito por si necesitamos algo más en el juicio – le digo al final.

Ella me mira con decepción.

– Creo que a partir de ahora debes arreglártelas por tu cuenta – me dice.

–¡Bastián! – me grita Leery tras mi espalda – ¡Jones ven de inmediato aquí!

–¡Ya voy! – le grito de vuelta – Annabelle, espera a que se acabe el juicio, sentémonos a hablar como dos personas civilizadas, estoy seguro de que podemos…

–¡Jones! – Leery me esta rompiendo las pelotas, juro que voy a matarlo si no deja de llamarme.

– Tienes que irte, y yo tambien.

Leery prácticamente llega jadeando a donde yo estoy y me agarra del hombro, yo lo esquivo con rabia y veo el cuerpo de Annabelle que se aleja de mí, no sé porque, pero tengo el presentimiento de que no voy a volver a verla nunca más.

Y me jode, me jode incluso más que la idea de estar en prisión.

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