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Capítulo 25 – un juego peligroso.

Annabelle.

Bastián se acerca a mí, casi parece asustado de que yo este aquí, pues bien, no es el único, porque yo me estoy muriendo de los nervios, y el hecho de que su madre este al lado de él no hace que la situación sea más fácil, al contrario, me perturba un poco.

–¿Qué haces aquí, Annabelle? – me pregunta, invadiendo mi espacio personal.

Yo retrocedo un par de pasos porque estar muy cerca de él me hace daño y entonces respondo – vi en las noticias todo lo que te estaba pasando y quise asegurarme de que estabas bien.

– Pudiste haberme llamado – levanta los hombros.

– No tengo tu número de teléfono.

– Existen las guías y las operadoras – levanta una ceja – podrías haberme contactado de muchas formas diferentes a estar aquí.

–¿Qué estás insinuando?

– Que estás aquí porque querías verme, porque me extrañas – dice despacio.

Yo me quedo en blanco y abro la boca para decir algo, pero no sé qué decir, ¡Dios! Bastián es la persona más difícil del mundo, es provocativo, es adictivo, es como una jodida droga que yo nunca debí haber probado. ¿Alguna vez han escuchado eso de que después de una pruebita las personas quedan queriendo más? Pues eso es justamente lo que me pasa con Bastián, que quiero más, sin importar cuando daño pueda causarme eso.

–¿Se te comieron la lengua los ratones?

Yo voy a responderle, pero su madre se aclara la garganta detrás de nosotros antes de que yo pueda hablar, y se lo agradezco, porque mi cerebro no coordina con mi boca en este momento, mucho menos cuando tengo a Bastián tan cerca, ¿Cómo es posible que un hombre se vea tan sexi después de haber salido de prisión? Una persona normal debería estar sucia y oliendo mal, excepto Bastián, a veces se me olvida que las leyes de la lógica no aplican con él.

–¿No vas a presentarme a tu amiga, Bastián? – su madre se acerca a nosotros.

– Ella no es mi amiga – dice en voz alta y yo siento que me tambaleo.

– Tienes razón, nosotros. Él y yo solo, lo que quiero decir es que… – balbuceo.

– Ella es Annabelle, madre, y Annabelle, ella es Lena – nos presenta, antes de que yo pueda seguir diciendo estupideces.

Lena me extiende la mano y yo se la estrecho, la mujer es delgada y sus manos huesudas se sienten frías, se ve cansada y tiene la cara llena de moretones, trago saliva al entender que esos moretones probablemente los hizo Jeremy.

–¿Dónde se conocieron ustedes dos? – pregunta Lena.

– En Lacock, madre, Annabelle solía ser monja.

–¿Solías? – inquiere.

– Si, me di cuenta de que no es lo mío – respondo muy bajito, porque me siento momentanemanete avergonzada.

– Entendió que es mejor vivir como un pecador que fingir ser una santa – sus ojos verdes no dejan de mirarme, sus pupilas me atraviesan el alma y necesito que deje de provocarme de esta forma.

Lena nos mira con curiosidad y frunce el ceño.

–¿Tú tuviste algo que ver en su decisión de abandonar el noviciado? – le pregunta a Bastián.

¡Si! Fue su completa culpa que a mi me echaran del convento, pienso.

– No, no tengo tanto poder sobre ella – responde él.

Lena respira profundo – creo que debemos ir a casa, tengo que bañarme, ponerme maquillaje y encontrarme con Leery, lo veré en su oficina, tienes que venir conmigo – le dice a su hijo.

– Yo voy a pasar por hoy, debo asegurarme de que Londres le de la bienvenida a Annabelle.

– No es la primera vez que estoy aquí – digo.

– Pero si la primera vez que estás conmigo – suelta con su voz gruesa y ronca.

Lena se pasa la mano por el cabello y no tengo que ser un genio para saber que ella no cree nada de lo que estamos diciendo, hasta un ciego se daría cuenta de que algo está pasando entre nosotros dos justo en este momento.

– Vamos a casa – dice ella al fin y se mete dentro de un auto negro que está esperando frente a nosotros.

–¿Vamos? – Bastián abre la puerta del auto y su madre es la primera en entrar – sigue – me indica y yo entro después de su madre.

Bastián se acomoda en su asiento y cierra la puerta, yo me muevo incomoda hacia donde está Lena, en este momento estoy en un sándwich entre Lena y Bastián y no podría sentirme peor. Gracias al cielo el trayecto es muy corto, porque Bastián no deja de golpear mi pierna desnuda con su rodilla.

Cuando el auto aparca en la mansión de Bastián yo me bajo corriendo porque siento que me quedo sin aire, miro a mi alrededor y si no fuera porque la casa de mi tío Macon también es extravagante, estaría demasiado sorprendida.

– No me dijiste que eras millonario.

– No soy millonario, mis padres sí.

–¡Que estupidez! – exclamo bajito.

Lena camina delante de nosotros y parece demasiado cansada como para explicarnos que va a hacer, asi que ella solo se aleja y nosotros entramos en la mansión en la dirección contraria.

–¿A dónde vas? – le pregunto a Bastián mientras sube las escaleras.

– A mi habitación.

–¿Para qué?

– Necesito darme una ducha.

–¿No podemos quedarnos aquí? – él mira el salón a nuestro al rededor y niega con la cabeza.

– Tú puedes quedarte si quieres – responde y continúa subiendo las escaleras.

Yo me muerdo el labio y pienso en mis opciones, ¿ir a la habitación de Bastián donde el hombre planea desnudarse y bañarse o quedarme merodeando en la sala de una casa desconocida?

Suelto un bufido y sigo a Bastián por las escaleras. Ambos entramos en su habitación y yo me quedo de pie en un rincón, miro la habitación y me sorprendo de que no está llena de posters de mujeres desnudas ni tiene sabanas negras, la habitación es muy normal, se ve limpia, pero genérica, como si nadie en particular la estuviera habitando.

–¿Enserio es tu habitación?

– Pues si – dice y se quita la chaqueta.

– No parece un sitio como alguien para ti.

– Déjame adivinar, tu estabas esperando una cueva negra llena de bandas de rock, una que otra chica y desorden por todos lados, ¿no es así?

– Quiza…

– No te has dado cuenta Annabelle, que yo soy todo lo contrario a lo que tú crees que soy.

– Tal vez sería más fácil entenderlo si no me dijeras tantas mentiras – suelto con rabia.

Bastián me da la espalda, se quita la camisa, suelta un bufido y pone sus manos en sus caderas.

–¿Por qué estás aquí?

– Ya te dije, quiero saber cómo estás.

– No, no estoy hablando de la excusa estúpida que te dices a ti misma – él voltea en mi dirección y camina hacia mi – estoy hablando de la razón verdadera, esa que no eres capaz de aceptar.

– No sé de que estas hablando.

– Yo creo que si sabes, Annabelle – sigue acercándose.

– Por favor, aléjate de mí – extiendo mi mano para ponerlo entre nosotros dos.

–¿Por qué?

– Porque me haces sentir vulnerable.

Él sonríe y mis piernas tiemblan.

– Eso confirma mi teoría.

–¿Cuál teoría?

– Que viniste aquí porque quieres más, y porque a pesar de todo, no quieres que yo me aleje de ti.

Él agarra mi mano y la pone a un lado, me pega contra la puerta de su habitación y respira muy cerquita de mí, yo siento que todos los vellos de mi cuerpo se erizan y tengo que tragar saliva porque prácticamente estoy babeando por él.

– No quiero que te acerques tanto, no después de todo lo que me hiciste.

– No te creo.

– Es enserio, Bastián – le digo entre jadeos – me heriste, tú me jodiste la vida, por tu culpa no estoy en el convento, ¿Y todo por qué? ¿Diez mil dólares?

– Yo creo que eso no es tan importante para ti como quieres hacerme creer.

– De verdad, ¡Déjame! Tu te encargaste de dejarme sin nada – le recuerdo, pero al mismo tiempo le doy acceso para que pueda besar mi cuello con tranquilidad.

Él deposita un par de besos calientes sobre mi piel y yo siento que me que quemo por dentro, mis bragas están mojadas y la lengua de Bastián sobre mi cuello no me tranquiliza para nada.

– Me tienes a mí.

– No es suficiente, tú ni siquiera eres sincero conmigo, nunca lo has sido.

– Tal vez no lo fui en el pasado, pero puedo empezar ahora. Déjame decirte, con toda sinceridad, que quiero arrancarte brutalmente ese vestido y besarte por cada rincón de tu cuerpo – sisea.

Él me mira fijamente y yo me olvido de todo, me olvido de lo mucho que quiero odiarlo y de todas las razones por las que no deberíamos estar haciendo esto, tal vez Bastián tiene razón, quiza tengo una razón oculta para estar aquí con él.

La única diferencia entre ahora y el pasado, es que en este momento sé cual es el juego que estoy jugando.

Y Bastián no va a ganar.

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