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Capítulo 26 – la venganza.

Annabelle.

– Tienes que alejarte de mí – susurro, pero él hace todo lo contrario, se pega mas a mi cuerpo y me muerde el labio – no soy la misma idiota a la que lastimaste en el pasado – le recuerdo.

Él se aparta solo un poco de mí, lo suficiente para poder mirarme a los ojos y entonces sonríe de forma descarada.

– Estoy seguro de que no eres la misma de antes.

–¿Ah sí? – pregunto con el ceño fruncido.

– Si, yo te convertí en esto – dice.

Yo siento que la rabia sube a mi cabeza, pero no sé en que punto se convierte en adrenalina y me calienta mas de lo que ya estoy, haciendo sentir un leve dolor de necesidad entre mis piernas.

–¿Y estás orgulloso? – cuestiono.

Él no me responde, por el contrario, me guía hasta su cama que está en la mitad de la habitación, me empuja por los hombros y yo caigo de espaldas sobre el colchón de plumas. Lo miro fijamente y entiendo lo mucho que quiero que me folle, pero tambien entiendo todo lo que deseo vengarme por todo lo que me hizo. Nunca he sido una persona completamente inocente y Bastián se metió con mi vida, me quitó una de las pocas cosas que a mi me importaban, es momento de hacerlo pagar.

Después del sexo, por supuesto.

– Yo creo que tú estabas esperando que alguien te sacara del infierno en el que estabas – susurra y se incorpora sobre mí, poniendo sus dos manos a cada lado de mi cabeza.

–¿Qué te hace creer eso?

– Que no te resististe a mi como deberías. ¡Vamos Annabelle! Acéptalo, querías salir de allí, pero no tenias los cojones para hacerlo por tu voluntad – Bastián besa mis clavículas, pasando su lengua mojada sobre ellas y yo quisiera golpearlo, me jode que hable con tanta propiedad sobre mi vida, ¿Quién demonios se cree que es? ¿Acaso Bastián enserio cree que me conoce tan bien como para hacer esas afirmaciones?

–¿Entonces me hiciste un favor? – pregunto entre jadeos, porque Bastián ha puesto su rodilla en mi centro y ha presionado ligeramente, haciendo que yo tenga que morder mi labio para poder ahogar un grito de necesidad.

– Si, me gusta el concepto del favor.

– Eres un descarado, enserio, eres el idiota mas grande que he conocido en toda tu vida.

– De eso no tengo duda – levanta una ceja y se ríe gloriosamente.

–¡No me refiero a tu pene, imbécil! Me refiero a todo tu, completamente – agrego.

–¿Por qué no me haces el favor de callarte? – me muerde el labio con fuerza y yo siento un sabor ferroso a sangre, me ha roto el labio y por alguna razón eso no me molesta, peor aún, me prende.

Bastián se mueve a través de mi cuerpo y me quita la ropa que tengo puesta, dejándome únicamente en bragas y sujetador, él mira mi piel como si fuera un depredador y me gusta que lo haga, él sonríe de forma lobuna y lleva su boca hasta mis muslos, donde comienza a besar con necesidad y apretarlos con sus manos, deja un recorrido de besos desde la mitad de mi muslo hacia arriba, yo arqueo la espalda porque lo necesito. Por desgracia lo necesito mas de lo que él me necesita a mí.

El hombre mueve mis bragas a un lado y me besa justo allí, yo siento que me voy a morir de lo caliente que estoy, Bastián mueve su lengua a través de mi centro con habilidad, me pregunto a cuantas mujeres les habrá hecho lo mismo, el hombre es un jodido dios del sexo, y si algo he aprendido es que si quieres ser bueno en algo, debes practicarlo con disciplina.

La idea de él con otras mujeres me cabrea, asi que lo tomo por el cabello y lo halo con fuerza, él me mira con los ojos inyectados en fuego, muerde mis bragas y me las quita con los dientes.

– No hagas eso – me pide.

–¿Qué no haga qué?

– No me hales el cabello.

–¿Por qué no?

– Porque no – gruñe y se quita los pantalones y los boxer.

– Esa no es una respuesta.

– Es la única que vas a obtener.

Él vuelve a incorporarse y a moverse ligeramente sobre mi cuerpo, de modo que puedo sentir a la perfección su miembro hinchado, yo levanto mis manos y vuelvo a halarle el pelo.

–¡Te dije que no! – me grita y pone mis manos arriba de mi cabeza, impidiéndome moverlas.

– Y yo te pedí que me dieras una razón.

Bastián se acomoda en la entrada de mi cuerpo y se hunde dolorosamente en mí, yo abro un poco más las piernas y le doy acceso, sé lo que está haciendo, está intentando desviar la conversación al punto que él quiere y a pesar de que estoy jadeando, no dejo que se salga con las suyas.

– No te gusta que te hale el pelo porque no quieres que te lastime, ¿Cierto? El único que puede lastimar eres tú, ¿no es asi, Bastián? – gruño mientras él sigue entrando en mi cuerpo.

– Cállate la puta boca – sisea.

– Tienes miedo de cualquier persona que pueda generarte dolor, ¿No es cierto? No importa si es físico, o psicológico, tu solo eres un hombre asustado y cobarde – digo y él comienza a moverse mas rápido, al tiempo que aprieta mis muñecas casi al punto de hacerme daño.

– No sabes de lo que estás hablando.

– Si lo sé. No quieres que nadie te haga vulnerable, pero a ti no te importa aprovecharte de la vulnerabilidad del resto de las personas, es un poco irónico, ¿No lo crees? Que alguien tan roto solo piense en joder a los demás.

Bastián se vuelve más rudo y mi cuerpo lo siente, se mece fuerte contra mi centro, casi siento que me está desgarrando, y aun asi no voy a parar, acabo de tocar una fibra dentro de él y voy a explotarla de la misma forma en que él lo hizo conmigo.

–¿Acaso ese es tu propósito en el mundo? ¿Asegurarte de que todos estén igual de jodidos que tú? – voy a correrme, de eso no tengo ninguna duda, pero hago a un lado mis instintos carnales y lo miro fijamente, como si él no generara nada en mi cuerpo.

– No, no es lo que quiero.

–¿Entonces dime? – le grito – ¿Qué es lo que quieres?

– Quiero que dejes de joderme la cabeza – él me grita, me suelta las manos y levanta la palma, va a golpearme, pero se detiene a mitad de camino.

Yo siento el liquido de Bastián recorrerme por dentro, nos venimos juntos, mientras yo lo miro aterrada por lo que iba a hacer. ¡No! Bastián jamás sería capaz de golpearme.

Sus ojos me miran con fiereza, como si me odiara, los míos, por el contrario, se cristalizan, ahora que la excitación ha pasado, siento un nudo en la garganta y siento las piernas sucias, ¿Qué demonios estoy haciendo al tener sexo con el hombre que apostó mi virginidad?

Aunque el pensamiento me parece repulsivo, me quedo en la cama mientras Bastián se acomoda a mi lado. Él no intenta abrazarme o hacerme sentir mejor, y le agradezco que no lo haga, lo que menos quiero es que sea hipócrita conmigo justo en este momento.

– Jeremy – dice de la nada – la primera vez en que Jeremy intentó golpearme me haló del cabello desde el baño, donde estaba escondido, hasta la habitación – él habla y yo cierro los ojos, puedo escuchar el dolor en su voz.

–¿Tambien te golpeaba a ti?

– Solo esa vez – responde – mi madre intervino, y de alguna forma eso lo volvió más violento, él nunca más volvió a tocarme después de esa noche, pero mi madre, ella… ella recibió todos los golpes por mí.

Mi corazón se rompe en mil pedazos por el dolor de Bastián, me siento culpable, no debí haberlo presionado, no debí haberle dicho todas esas cosas horribles. Quiero sentir compasión por él y aunque lo hago, tambien recuerdo lo que me hizo y todo se mezcla en mi cabeza, casi como si no pudiera odiarlo totalmente, pero tampoco perdonarlo.

–¿Por qué no me lo dijiste antes?

– Porque no es un tema del que me guste hablar.

Voy a pedirle disculpas, pero las palabras no salen de mi boca.

– Creo que tengo que irme, Bastián – susurro y me siento en la cama con las piernas temblorosas.

Él tambien se incorpora y se pone los pantalones rápidamente – escucha, sé que quiza esto es mucho pedir, pero necesito un testigo de carácter, o una mierda asi – explica y se rasca la frente.

–¿Qué es eso?

– Alguien que diga que soy una persona diferente, alguien que pueda dar fe de que he cambiado y que no soy alguien violento.

–¿Y tú enserio quieres que yo sea ese alguien? – pregunto con incredulidad.

– No tengo a nadie más y se supone que debe ser una persona respetable.

– No sé si te llego el memo, pero me echaron de un convento, ¿Qué tan respetable me hace eso?

– Ellos no lo saben, solo tienen que saber que eres una monja que se está tomando un tiempo libre.

– No lo sé – niego con la cabeza y me pongo el vestido de flores.

Recojo mis bragas del suelo y veo que están rotas, ¡Perfecto! Ahora soy una exmonja exiliada que tiene que andar por la ciudad sin ropa interior, pienso para mis adentros.

Bastián se agacha frente a la mesita de noche y escribe algo sobre un papel – piénsalo y llámame – dice dándome la hojita.

Yo la recibo y recojo el resto de mis cosas.

– Bien – frunzo los labios.

– Te acompaño.

– Conozco la salida – lo detengo.

Él se queda donde está y asiente, yo salgo antes de que él pueda detenerme y prácticamente corro afuera de su propiedad. Respiro aire fresco cuando estoy afuera y pienso en la idiotez que acabo de hacer.

Miro el número de Bastián y me doy cuenta de que tengo su futuro entre mis manos, si a mi se me da la gana, puedo contar mi historia frente al jurado, decirles como Bastián jugó conmigo, como me trató, y todas las cosas malas que hizo, puedo destruirlo, igual a como él me destruyó a mí, después de todo, no tengo nada que perder. Pero yo no sería capaz de vengarme de esa forma, ¿O sí?

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