Bastián.
Tengo la cabeza enterrada entre las piernas mientras contemplo el suelo gris de la celda, en parte porque no hay nada afuera que me interese ver, y porque no quiero que la mole que está sentada delante de mi pueda pensar que lo quiero molestar, el tipo no tiene buena cara, y no es que yo sea cobarde, si no que ese tipo con un puño me manda de vuelta a la barriga de mi madre.
–¡Jones! Tu abogado quiere verte – un guardia pasa el bolillo por entre las rejas llamando mi atención.
Yo asiento con la cabeza y me pongo en pie, el hombre abre la celda y me dirige a una habitación aparte, lo primero que hago al llegar allí y sentarme frente a mi abogado, un viejo amigo de la familia de apellido Leery, es preguntar por lo único y verdaderamente importante para mí justo ahora.
–¿Cómo está mi madre? – cuestiono.
– Ella está bien, y al igual que tú, saldrá de aquí esta misma tarde.
–¿Tan rápido? ¡Muy bien, Leery! No llevamos aquí ni veinticuatro horas – lo alago – siempre supe que eras alguien audaz.
Leery no sonríe, por el contrario, me mira con cara de pocos amigos – no tan rápido, Bastián – suspira y une sus manos sobre la mesa para acto seguido acomodarse los anteojos trasparentes, cosa que no me da buena espina, por supuesto – la policía tiene serias pruebas en tu contra, te hallaron con signos de lucha, tenias su sangre en tus manos, esto no pinta nada bien para ti.
– Te lo dije anoche y lo repito ahora, fue defensa propia, no pueden condenarme por intentar salvarme el culo y a mi madre.
– Ese no es el punto, el hecho es que la prensa ha hecho todo un comunicado y el país entero está conmocionado, todo Londres está sobre la policía pidiendo explicaciones y declaraciones que claramente no te dejan muy bien parado.
– Que digan lo que quieran decir, créeme, no podría importarme menos – me balanceo sobre la silla y pongo mis manos detrás de mi cabeza – dijiste que salíamos hoy, ¿No es así?
– Si, conseguí que los sacaran bajo una fianza.
– Pues para eso precisamente se inventó el dinero – le doy una palmada a la mesa y el guardia me mira desde la puerta.
– Esto no termina aquí, te han dejado salir bajo fianza igual que a tu madre, pero las pruebas de ayer en criminalística te señalan como sospechoso número uno, y habrá un juicio.
–¿Cómo que un juicio? – frunzo el ceño, ¿De verdad la gente lamenta la muerte de un bastardo como Jeremy King?
– Es la ciudad de Londres en contra tuya – me explica – todos los ojos están puestos sobre ti, así que a pesar de que vas a salir hoy, deberás mantener un bajo perfil y sobre todo, un comportamiento intachable.
– Supongo que eso elimina de mi lista de quehaceres la reunión con mi dealer – chasqueo la lengua.
– No es gracioso, Jones. Tu madre también está en peligro. Si las investigaciones arrojan algo más en su contra, ella también será parte de este juicio.
– Ella no tiene nada que ver aquí.
– No les importa, solo necesitan un culpable, y cualquiera de sus cabezas son una buena opción – dice de forma cruda y real, pero así es el mundo, jodido, despreciable e inhumano.
– Me comportaré y pondré todo de mi parte.
– Bien, he hablado con tu madre, y ambos estamos de acuerdo en que hay que prepararlos a ustedes dos, haremos una serie de pruebas, te prepararé para la audiencia, y para el juicio, necesitamos encontrar un testigo de buena fe.
–¿Qué es eso?
– Alguien que diga que después del reclusorio has cambiado, que has dejado de ser violento y que básicamente hiciste lo que tenías que hacer.
–¡Ja! – me burlo – yo no tengo a nadie que vaya a hacer eso por mi – trago saliva y pienso en ella, aunque estoy seguro de que en este momento ella preferiría verme condenado a cadena perpetua que ayudarme a salir libre.
– Tendremos que encontrar a alguien.
– Billie – digo.
–¿Ese tal Billie puede ayudarnos?
– Si, siempre y cuando pueda hablar desde su habitación en la correccional de Lacock – suelto y Leery rueda los ojos – cuando te digo que no tengo a nadie, es porque es cierto, tendremos que buscar otra estrategia, tu eres el abogado, encuentra la manera de sacarnos de esto a mi madre y a mí – siseo.
La cara de Leery se pone roja como un tomate y sé que si pudiera me daría un golpe aquí y ahora, pero para su mala suerte, mi madre le paga una millonada precisamente para que me tolere.
– En caso tal de que las cosas no salgan como las planeamos, ¿De cuánto tiempo de cárcel estaríamos hablando? – pregunto.
– Es un juicio penal y tratando se de alguien tan importante como King, no esperaría menos de 50 años.
–¿50 años en prisión? – abro los ojos y hago cuentas, si me llegasen a condenar saldría de la cárcel a los 70 años ¡Ni de chiste!
– Si.
– Entonces a trabajar – me pongo en pie y Leery hace lo mismo.
– Iré a hacer todo el papeleo correspondiente, tu madre ya está recogiendo sus cosas, puedes hacer lo mismo y los espero a ambos en la oficina para que firmen – dice, se levanta y sale por la puerta de metal gris.
Yo hago lo mismo, pero no me llevan de regreso a la celda, anoche en que llegue aquí no hubo nada que pudieran quitarme, no tenia nada encima, así que básicamente voy a salir justo como entré.
Espero a mi madre donde me dijo Leery, por supuesto con un guardia al lado vigilándome, ¡Como si de verdad yo fuera capaz de hacer algo a esta hora de la tarde y aquí donde todo el mundo puede vernos!
–¡Cariño! – Lena se acerca corriendo hace mi con los tacones en la mano.
– Mamá – le digo y correspondo el abrazo que ella me da – ¿Cómo estás?
– Todo lo bien que una persona que acaba de salir de una celda puede estar.
– No te acostumbres a este sitio, tu no vas a volver aquí – le susurro en el oído.
– Ni tu tampoco – asegura.
Yo me alejo ligeramente de ella y veo las marcas de los golpes en su rostro, y es justo en este momento en el que me alegro de que Jeremy King este en la morgue.
– Firmen aquí, y aquí – nos indica Leery.
Mi madre y yo hacemos todo lo que él nos pide, hasta que por fin podemos salir de aquí, yo agarro de la mano a Lena y la llevo afuera del centro de detención, cuando salimos el sol me pega de frente en la cara, así que frunzo los ojos para poder ver bien.
Y entonces la veo.
No sé si estoy alucinando o si esto es cierto, pero aquí está Annabelle, usando un vestido corto y una chamarra de mezclilla, lleva el cabello recogido en una coleta y se ve cansada, también más delgada, mucho más delgada que la ultima vez que la vi.
– Bastián, ¿Está todo bien? – me pregunta mi madre, porque de repente me quedo quieto como una piedra donde estoy.
Ella me mira y después desvía su vista hacia Annabelle.
Yo no puedo dejar de verla, me parece que fue hace una eternidad la última vez en que estuvimos frente a frente.
–¿Annabelle? – pregunto.
– Bastián – ella suelta un suspiro y frunce los labios.
–¿Quién es ella? – cuestiona Lena.
– Ella es… ella. Yo te lo explico después – susurro y bajo las escaleras para llegar con Annabelle.
Tengo que averiguar porque está aquí y como llego conmigo. Eso después de juntarla a mi cuerpo y follármela como nunca en la vida.