Annabelle.
Ver a Bastián hace que todo mi cuerpo tiemble, pero no de deseo, como me pasaba antes, si no de odio, lo detesto por lo que me hizo, por obligarme a pecar y por estar aquí ahora mismo, es un cínico y descarado, ¿Qué demonios tiene en la cabeza este hombre?
– Dime que es mentira lo que Daniel me dijo.
–¿Y cómo se supone que sepa de que estás hablando? – le digo con los dientes apretados mientras me acerco a él, me quito las lágrimas del rostro y le planto cara. Me duele todo lo que está pasando, de eso no hay ninguna duda, pero no voy a dejar que él se de cuenta de lo mucho que me lastimó.
– Dime que no dormiste con él, necesito que me digas que es mentira – me pide.
Las monjas a nuestro alrededor sueltan gritos aterradas, como si ellas jamás hubieran pensado en sexo, ¡Ja! He escuchado muchos ruidos en las noches, sé que ellas no son ningunas santas.
– Se me olvidaba que tu crees que soy una tanga fácil – le grito.
– No pienso eso de ti, Annabelle – él se lleva una mano a la frente y se limpia el sudor – nunca he creído eso de ti.
–¡No te atrevas a mentirme más, Bastián! Tú sabes lo que hiciste, me apostaste porque creíste que era alguien muy fácil, ¿Acaso tú que te crees? ¿Dios? Porque déjame decirte que tú estas muy lejos de ser parecido a él, es que tú eres como una mugre en un brasier, incomodo y asqueroso.
Las monjas y él me miran con los ojos abiertos por la forma en la que estoy hablando, y sinceramente me importa un demonio, me da igual lo que pasé de ahora en adelante, me da igual si ellas se dan cuenta de lo que hice, al fin y al cabo, mi vida ya está completamente arruinada, este momento no va a cambiar en nada las cosas.
– No te aposté a ti, específicamente, aposté a cualquiera.
–¿Y yo fui la primera idiota que se atravesó en tu camino? ¡Gracias! No sabes lo especial que me hace sentir eso, Bastián, eso arregla todo esto – digo con un gesto de fastidio y sarcasmo.
– No estoy tratando de explicarte nada, estoy diciéndote la verdad.
– Tu no conoces ese concepto, tu no sabes lo que es la verdad porque tampoco conoces la palabra respeto, ni mucho menos el termino de confianza. Tú lo único que sabes hacer es joder a todos a tu al rededor, vas por el mundo rompiendo todo porque no te interesa un comino lo que le pase a nadie mas que a ti – digo con rabia, en este momento creo que soy capaz de darle un puño.
Él se queda callado por uno minutos, pero pone las manos en su cadera, suelta un bufido y vuelve a hablar – al principio todo se trató de un maldito juego, una apuesta, pero después….
–¡No! – lo corto – no te atrevas a decirme que se convirtió en algo más, porque si eso fuera cierto no nos hubieras grabado, asi que no voy a creer ninguna de tus palabras, no sé que tan tonta crees que soy, pero si de algo estoy segura, es que no soy lo suficiente como para creer nada de lo que salga de tu boca.
– Annabelle…. – suspira.
– Sabias lo que estabas haciendo, sabias que me estabas enamorando y no te interesó, pues bien, a mi no me interesan ahora tus explicaciones de mierda, ¡Puedes ahorrártelas! – gruño – solo hay una cosa que quiero saber – trago saliva e intento sacar fuerza de donde no las tengo – ¿Cuánto dinero valgo para ti?
–¿Que?
–¿Cuánto dinero valgo para ti? ¿Cuánto dinero apostaste?
– No me obligues a responder eso – él aprieta la mandíbula y me mira de mala gana.
–¡¿Enserio crees que tu respuesta va a dolerme?! No me interesa, solo quiero saber cuánto valgo para ti, Bastián, ¡Ten los cojones y contéstame de una maldita vez!
Él no dice nada.
Yo camino en dirección a él y lo empujo por el pecho – contéstame – le doy un puño en el pecho y él simplemente me mira a los ojos – responde la maldita pregunta – le grito.
– Diez mil dólares – susurra.
Le mentí, su respuesta si me duele, me duele como pocas cosas en la vida.
– Habrías podido pedir un poco más – escupo y me doy la vuelta.
– Annabelle – Bastián me agarra de la mano y me detiene – no me toques, hijo de puta – le grito y me suelto.
Me quedo de piedra en cuanto veo a la madre superiora observando el espectáculo.
–¡Hermana Maxwell! – exclama con los ojos abiertos – ¿Qué es ese vocabulario y esa forma de comportarse?
Creo que decirle que se vaya al demonio no es una buena idea teniendo en cuenta mi situación, asi que me quedo callada y bajo la cabeza.
– Señor Jones, este no es un sitio en el que usted deba estar, asi que váyase, por favor – le dice la madre superiora, pero Bastián tiene sus ojos puestos en mi y no parece dispuesto a irse – señor Joaquín, llévese a Jones – ordena la madre y nuestro todero sale de su escondite y agarra a Bastián por los hombros.
Bastián no se deja agarrar y por el contrario se da la vuelta y le da un puñetazo en la mandíbula a Joaquín, todas las monjas se sorprenden, menos yo, lo conozco lo suficiente como para saber que es un animal.
Joaquín, que es un soldado retirado del ejercito de nuestro país, se recupera enseguida, le da un golpe que parece inofensivo en el espacio entre el cuello y sus clavículas y deja a Bastián prácticamente inconsciente.
Yo veo como Joaquín lo arrastra fuera del convento y a pesar de que lo odio, mi corazón se encoge, quisiera odiarlo lo suficiente como para que no me importe que le pasa, pero por desgracia ese no es el caso, Bastián Jones me importa mucho, ¡Dios! Me importa demasiado, ¿Y cómo se olvida a alguien que te hizo feliz pero que tambien te destruyó completamente?
– Hermana Maxwell, a mi oficina ahora – me ordena la madre superiora y de inmediato se da la vuelta y camina a través del pasillo.
Yo la veo a ella, pero tambien veo a Bastián, y hago lo más estúpido de mi vida, bueno, a parte de dormir con Bastián, claramente. Salgo del convento donde Joaquín acaba de dejar a Bastián.
Joaquín desaparece por los establos y yo miro al hombre frente a mí, su pelo largo cae sobre su rostro y tiene las manos apoyadas en las rodillas, se está recuperando, Joaquín no es el más fuerte, pero sabe como dar un buen golpe, la manga de su mono esta arriba y deja al descubierto sus tatuajes. Suspiro al verlos, me encantan los tatuajes de Bastián.
–¿Estás bien? – le pregunto cubriéndome con las manos del frio.
–¿Enserio te importa? – jadea mirándome.
– Tienes razón, no me interesa – intento volver dentro, pero su voz me detiene.
– Lo que dijiste allá adentro es cierto, la cagué, metí la pata hasta el fondo, pero en algo te equivocaste – cierro los ojos mientras lo escucho hablar – esto que pasó entre nosotros si se convirtió en algo más.
– No me digas, ¿Amor? – digo con un tono de burla.
– No sé si trata de amor, pero sé que lo que siento en el pecho es más fuerte que nada que haya sentido nunca, por eso fue que me dio tanta rabia cuando Daniel me dijo que tuviste sexo con él.
– No lo hice, Bastián, yo jamás habría dormido con alguien como Daniel.
– Eso lo sé ahora, pero en ese momento estaba ciego – él suspira y yo escucho el sonido de sus pasos caminar en mi dirección.
–¿Y se supone que debo perdonarte? ¿Debo perdonar el hecho de que hayas apostado mi virginidad nada más porque dices que sientes algo más por mí?
– No, no tienes que hacerlo, pero yo quiero que lo hagas – sus palabras son suaves y su voz se siente como una caricia.
Bastián se acerca tras mi espalda y me hace darme la vuelta, de modo que estamos el uno frente al otro, yo soy débil y tonta, asi que dejo que él me mueva a su antojo.
– Dijiste que querías decirme la verdad, asi que adelante, quiero saber que de todo lo que me dijiste fue mentira.
Sus bonitos ojos verdes me miran fijamente.
– Voy a hacer esto más fácil para ti – chasqueo la lengua – ¿Es cierto que tu madre está enferma?
– No – dice y yo lo siento como la primera puñalada.
–¿Necesitabas hacer servicio social para salir antes de la cárcel?
– No.
Segunda puñalada.
– El día que nos quedamos varados en medio de la carretera, eso ¿Fue casualidad?
– No.
Tercera puñalada.
– Esa noche en que fuimos a esa casa, ¿Tú sabias que iba a acostarme contigo?
– Si.
Siento que todo mi cuerpo tiembla y pongo en duda cada una de sus palabras, ya no sé quien es este Bastián que está enfrente de mí, no conozco a esta persona que me dijo miles de mentiras nada más para tener sexo conmigo.
– Pero no todo fue mentira.
–¿Ah no? Porque a mi me parece que todo lo que has dicho es solo basura.
– Lo que dije de mi padrastro no es mentira.
– Una verdad, Bastián, una verdad en medio de tantos engaños, ¿Se supone que debo sentirme agradecida porque por lo menos me dijiste la verdad de eso?
– No, no es eso lo que intento decir.
Él me agarra de los brazos y se junta más a mi cuerpo – lo que quiero decir es que a pesar de que mis palabras fueron falsas, cada caricia fue verdadera, cada beso, cada roce – Bastián me agarra la mejilla y hunde su mano en mi cuello, yo siento que me derrito y me duele – no tengo ni puta idea de lo que está pasando entre nosotros, pero no quiero dejar de averiguarlo – sus labios rozan los míos, yo me siento débil y dejo que él me bese, Bastián chupa mi labio inferior y yo saboreo su boca suave.
Mi corazón comienza a latir a mil por hora, lo quiero, pero no puedo tenerlo.
Yo me alejo de él, siento las lagrimas calientes correr por mi piel y entonces alzo la palma de mi mano y le doy una cachetada, el sonido de mi piel contra la cuya retumba alrededor y él me mira como si no pudiera creer lo que acabo de hacer.
– Nunca jamás en tu vida vuelvas a acercarte a mi – le digo y me alejo de él.
Espero que para siempre.