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Capítulo 17 – el video.

Annabelle.

Es de noche y hace más frio que nunca, yo ahueco mis manos enfrente de mi boca y suelto vapor para calentarme un poco, miro al horizonte y espero que Bastián se aparezca de la nada, igual a como hace siempre, me he dado cuenta de que al hombre le gustan las entradas dramáticas. Sonrió por el pensamiento y recuerdo nuestra conversación de esta tarde. Él tiene razón, suele tener razón muy a menudo, yo no quiero que esto que hay entre nosotros dos se termine, por primera vez siento que pertenezco a un sitio, me siento como en casa cuando estoy con él, y ni siquiera aquí en el convento he logrado sentirme de esta manera. El amor de las monjas y de Dios es precioso, pero a veces pienso que el de Bastián lo es aun más.

Veo que la silueta de un hombre comienza a caminar en mi dirección, pero hay tanta neblina que no puedo distinguirle el rostro con claridad, aunque no necesito hacerlo, sé que es Bastián, ¿Quién más podría estar aquí a esta hora si no él? Siento que el corazón se me acelera en cuanto el hombre se acerca cada vez más a mí, ¡Joder! Tengo que calmarme y mantenerme serena, no puedo dejar que Bastián se de cuenta de que estoy completamente enamorada de él.

Termino de acortar la distancia y la sonrisa se borra de mi rostro, frunzo el ceño y me doy cuenta de que el hombre que camina en mi dirección no es Bastián, es bastante diferente en realidad, este hombre es flaco, desgarbado, tiene el cabello demasiado corto, no se compara en nada al dios griego que es Bastián.

– Hola, Annabelle – él me sonríe y a mi se me ponen los pelos de punta, ¿Quién demonio es él? Y lo mas importante de todo, ¿Por qué sabe mi nombre?

–¿Quién eres tú? – le pregunto y retrocedo un par de pasos.

– No soy tu amigo, pero tampoco tienes porque asustarte – él se acerca mas a mi y yo retrocedo hasta golpear mi espalda contra el tronco grueso de un árbol.

-Creo que te estás equivocando de persona – me doy la vuelta y comienzo a alejarme.

– Si tú eres la monja que se acostó con Bastián, entonces no, no estoy equivocado – me quedo paralizada donde estoy, mi corazón se detiene junto a mis pasos y siento que el mundo a mi alrededor comienza a dar vueltas.

–¿De qué estás hablando? – pregunto tragando saliva.

– Tú sabes de que estoy hablando, ¿De verdad eres tan ingenua, Annabelle? ¿Enserio creíste que un recluso como Bastián iba a enamorarse de alguien tan insípida como tú?

Esto no puede estar pasando, esto tiene que ser una jodida broma de mal gusto.

–¿Dónde está Bastián?

– Donde sea que este, no va a venir por ti, ya tuvo lo que queria, Annabelle, ahora es momento de cobrar la apuesta y de dejarte en la basura, donde perteneces – sisea.

–¿Cuál apuesta? ¿De qué estás hablando?

– De la apuesta que Bastián hizo conmigo para llevarte a la cama – sonríe, y juro que su risa es la más asquerosa que he visto en mucho tiempo, él está disfrutando todo esto, se está gozando cada parte de mi corazón que se está rompiendo en miles de pedazos.

– No es cierto, nada de lo que estas diciendo es cierto, y quiero que te alejes de mi – le pido.

– Si no es cierto, entonces, ¿Por qué tengo este video de ustedes dos teniendo sexo? – él saca un celular de su bolsillo, es el celular de Bastián, lo pone en alto y me muestra la imagen que tiene un botón de play encima.

Él toca la pantalla y el video comienza a reproducirse, ahí estoy yo, mientras él me desviste, estoy yo gimiendo su nombre, esta él tocando cada centímetro de mi piel, pues bien, si mi vida como monja se desmorona a causa de esto, perfectamente podría convertirme en una actriz porno, porque este video que tengo frente a mi es completamente explicito.

En cualquier otro momento ese pensamiento me habría causado gracia, pero no ahora, cuando estoy siendo humillada frente a un patán al que no conozco y mis ojos se empiezan a cristalizar.

Me acerco a él e intento quitarle el celular, pero él me lo arrebata antes de que yo pueda siquiera tocarlo.

–¿De verdad crees que soy tan estúpido como para no esperar una movida tan predecible como esa? – gruñe con rabia y me acorrala contra el árbol donde estaba antes.

– Tienes que borrar ese video, por favor – le suplico y él me mira de forma feroz – por favor, ese video tiene que desaparecer.

–¿Y a mí de que me sirve que desaparezca? – pregunta.

–¿Qué quieres de mí? ¿Qué necesitas para olvidar que ese video existió?

– Quiero lo mismo que le diste a él – se acerca a mi rostro y respira muy cerca de mí, yo volteo la cara tratando de evitar su mirada, pero él me agarra con fuerza de la mandíbula y me obliga a verlo fijamente.

– No entiendo de que estás hablando.

–¿Enserio? – él se pega a mi cuerpo y comienza a restregarse contra mí.

Pienso en escapar y en alejarme de él, se que no soy una persona fuerte, asi que lo único que se me ocurre hacer es acercarme a su boca y morderlo, meto sus labios entre mis dientes y lo muerdo con fuerza, hasta que siento el sabor ferroso de la sangre de él.

–¡Jodida perra maldita! – me grita, se aleja de mi y me da una bofetada.

Prefiero eso a que siga acercándose más a mí.

Mientras él se limpia la sangre de la boca yo intento quitarle el celular del bolsillo de la chaqueta que tiene puesta, pero nuevamente él me esquiva y me da otro golpe que me hace caer al suelo lleno de barro.

–¡Ouch! – tengo una astilla clavada en la mano, y sé que en cuanto la quite la sangre va a correr, asi que prefiero dejarla donde está.

– No vas a salirte con la tuya, Annabelle, eres una perra fácil que dejó que un idiota se metiera dentro de sus bragas, lo lamento por ti, por ser tan fácil, pero, o me das lo que te estoy pidiendo, o entonces voy a mostrarle esto a la madre superiora.

–¡No! No puedes hacerlo.

– Entonces quiero que tú, hagas conmigo lo mismo que hiciste con Bastián en ese video.

Su cuerpo vuelve a acercarse a mi y le doy una patada en las pelotas. No voy a dejar que se acerque mas a mí, por mucho que me duela toda esta situación, no puedo permitir que se aproveche de mí.

– Nunca vas a acercarte a mí, ¿lo entiendes? jamás en tu jodida vida me vas a poner una mano encima – me levanto y lo encaro.

– Tu quisiste jugar este juego, Annabelle, yo te propuse una alternativa, y no quisiste tomarla, creo que después de todo si eres todo lo estúpida que pensé, todo lo idiota que Bastián dijo que eras.

No sé porque me quedo a escucharlo, pero no soy capaz de moverme, necesito saber que fue lo que Bastián les dijo, lo necesito para poder odiarlo aún más de lo que ya lo hago en este momento.

– Debiste haberlo visto, como llegó a los camarotes como un pavo real, pavoneándose y contándonos todo lo que hizo desde el minuto cero, nos contó como te engaño, como te utilizó, como te hizo creer en todas sus mentiras, y después la estocada final, nos dijo que te tocó en partes que yo ni siquiera sabía que tenían nombre, nos dijo como te desvistió y después como te folló. Paso a paso, nos lo dijo todo, Annabelle.

Yo siento que una lagrima sale de mis ojos y tengo que apretar los labios para no sollozar.

– Vete a la mierda, tu y Bastián, todos ustedes animales pueden irse al mismísimo infierno.

– Que no se te olvide que tú vas con nosotros, las putas no van al cielo, Annabelle.

Él sonríe, pero yo le doy la espalda y corro lejos de él, entro en el convento y voy directo a mi habitación, me meto debajo de las sábanas y siento que cada parte de mi cuerpo me arde de la rabia y de la tristeza que siento.

Por un momento intento convencerme de que no es verdad, que Bastián no jugó conmigo, pero el video es la prueba de que si lo hizo. Bastián me hizo pecadora y se burlo de mi en mi cara.

Y yo le voy a hacer pagar con sangre por eso.

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