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Capítulo 16 – la emboscada.

Bastián.

Se empieza a hacer de noche y la hora de visitas se termina, las familias comienzan a irse y yo salgo al patio trasero, es momento de revisión. Siempre hacen la misma estupidez después de que todas las familias se marchan, nos revisan hasta el alma, y ni aun asi han conseguido atrapar a todos los que se guardan algo encima, una vez Daniel se guardó un paquete de coca en medio de las huevas, después estuvo vendiéndonosla a todos nosotros por un precio absurdo. Yo no la compré, él saber que aquel paquete habia estado en la polla de Daniel ya me daba asco y me hacia querer vomitar.

Los guardias nos pusieron en fila el uno al lado del otro, Bille se puso contra la pared a mi lado.

–¿Asi que esa fue la monja? – me pregunta y suelta una carcajada.

– Si – respondo con brusquedad, no quiero hablar al respecto, por lo menos no ahora.

–¿Algún día vas a mostrarme ese video?

–¡Joder Billie que no!

–¿De que hablan ustedes dos? – cuestiona Benjamín.

– Billie tiene la menstruación y está jodiendo – me burlo y Ben rueda los ojos.

Cada uno espera su turno de ser requisado, a mi se me acerca el guardia de esta mañana, tiene la misma cara de culo y parece igual de irritado. El hombre comienza requisándome los tobillos y sube por mis piernas hasta llegar a la entrepierna, en donde parece que se divierte.

– No me toques demasiado, no quiero excitarte – digo en voz alta y todos estallan en una carcajada.

Él guardia no me dice nada, pero puedo ver la mirada de odio que me dirige, creo que tengo un nuevo fan numero uno. Interesante.

– No quieras hacerte el chistoso, Jones, que puede salirte muy caro – me amenaza al oído y yo quisiera volver a escupirle, pero no puedo alargar todo este circo, necesito salir en busca de Annabelle, tengo que volver a verla, para poder tocarla de nuevo y descargarme con ella de toda la rabia que llevo por dentro.

Dejo que él continúe requisándome, revisa en mis axilas y en mi pecho, lo que me parece gracioso, él sabe que la única persona que ha venido a verme es Annabelle, lo que significa que está intentando joderme la vida, y yo soy como una copa, y él es la gota que está a punto de colmar el vaso.

– Cuidado con las manos, van a pensar que estás enamorado de mi – él saca el bolillo y me da un golpe en las piernas.

– O te callas o te hago callar – me grita escupiéndome en la cara, me da asco, pero me río en su cara. No soy el único, todos nos estamos burlando de él.

– Creo que se ha terminado la requisa – los guardias y los reclusos comienzan a dispersarse, yo camino en dirección a mi habitación para lavarme la cara, los dientes e ir directamente con Annabelle.

Voy llegando al cuarto, cuando el cuerpo grande de Manny me intercepta.

–¿Qué quieres, Manny?

– Mi dinero – me dice y se saca un palillo de en medio de los dientes.

–¿Cuál dinero? – me cruzo de brazos.

– Los cinco mil dólares que me debes de la coca.

– Ya te pagué esos cinco mil dólares – Manny es el líder del narcotráfico dentro del centro penitenciario, él es el puente entre los dealers de la calle y nosotros, y si, me endeudé hasta el cuello con él al punto de deberle cinco grandes que me metí por la nariz, pero eso es historia vieja.

– Yo no recuero que me hayas pagado, ¿Ustedes recuerdan, muchachos? – les pregunta a los otros dos que están con él.

Yo miro a mi alrededor y me doy cuenta de que estoy completamente solo, el pasillo está desierto, solo estamos Manny, sus dos guardaespaldas y yo. Lo entiendo de inmediato, me están tendiendo una trampa, ese es el único motivo por el que un lugar como este estaría solo a esta hora.

– Porque no me hablas claro, Manny, ¿Qué demonios estamos haciendo aquí? – le pregunto levantando el mentón.

– Estamos aquí porque tú, mi querido amigo – extiende su dedo anular y me lo entierra en el pecho – vas a pagarme cinco mil dólares que me debes.

–¿Y si no quiero hacerlo qué?

Manny suelta una carcajada y yo me quedo tan serio como estoy.

–¿De verdad quieres averiguarlo?

–¿Quién te mandó a que vinieras aquí como una rata a tenderme una trampa?

– No sé de que estas hablando – él mueve el palillo entre sus dientes amarillos y chasquea la lengua.

–¿Fue Daniel? ¿O quien fue?

– Estoy aquí por mis cojones, y si en algo aprecias tu vida vas a darme la pasta.

– Puedes sentarte a esperar, porque no voy a darte nada, puedes meterte tu amenaza por donde mejor te quepa, ese dinero te lo pagué hace meses, y no soy del tipo que anda por ahí regalando nada

– Ya deberías saber que yo no me ando con chorradas, Bastián.

– Pues yo tampoco, Manny – me acerco a él para que se dé cuenta de que no me intimida en la más mínimo, me importa una mierda si está con tres o diez personas, o si estamos a solas en un pasillo desierto sin vigilancia.

– Yo creo que Jones quiere una lección – Manny sonríe de medio lado, se saca el palillo de la boca y retrocede un par de pasos.

–¿Qué? ¿no tienes lo huevos para enfrentarte tu conmigo? ¿Necesitas a los matones para que te cuiden el culo? – le grito.

Manny se enfurece, suelta un gruñido, camina directo hacia mi como si fuera una bola demoledora y entonces levanta el puño y lo enfila a mi mejilla, yo lo detengo antes de que lo haga y le doy un golpe en el abdomen, haciendo que se doble por algunos segundos, pero el hombre es grande y se recupera enseguida, me agarra por el mono negro y me da un puñetazo en la mandíbula, yo quedo loco y me cuesta recomponerme, pero antes de darme cuenta estamos en una feria de puñetazos, Manny me ha encajado otro en el ojo izquierdo y debo tener el pómulo destrozado, pero yo también le he dado algunos, uno que le ha roto la nariz y otro que está haciendo que le sangre la boca.

Escucho un bullicio, pero estoy ciego y tengo la necesidad de ver la sangre de Manny correr por mis manos, asi que no presto atención a lo gritos a mi espalda, y por el contrario continúo golpeando mientras Manny tambien hace de las suyas.

Un par de manos me agarran con fuerza por los brazos, pero yo me suelto enseguida.

–¡Jones! Déjalo – las mismas manos vuelven a atajarme, pero para mi no se ha terminado la pelea.

Siento un corrientazo que me atraviesa toda la pierna, y caigo al suelo siendo electrocutado por el Taser de los guardias, veo como se llevan a Manny y el dolor comienza a esparcirse por mi cuerpo.

– Acabas de servirte en bandeja de plata – me dice mi guardia favorito, sarcasmo – pasarás la noche en la celda de castigo.

Yo me agarro la pierna y la aprieto para amortiguar el dolor. Pero estoy prácticamente inmóvil, asi que él me levanta ayudado de otro guardia y me arrastra lejos de mi habitación, mientras ellos me llevan pienso en Annabelle.

–¡No! ¡No puedo quedarme en la puta celda de castigo! – le grito tan alto como puedo – tienen que dejarme ir, nada de esto fue mi culpa – vocifero, pero a nadie le interesa, todos me miran como si no fuera mas que otro loco encerrado en este infierno.

Annabelle, tengo que ver a Annabelle, no pueden encerrarme esta noche porque ella está esperando por mí, y me temo que pueda pensar lo peor si no me aparezco.

Intento zafarme del agarre de los guardias, pero mi pierna está temblorosa, asi que antes de que yo pueda hacer nada, ellos me meten dentro de la celda completamente gris y llena de metal y cierran la puerta con candado.

Me tiro en la cama rígida para calmar el dolor y entonces lo recuero, me toco los bolsillos de mis pantalones y me doy cuenta de que no tengo conmigo mi celular, El celular, el endemoniado celular. ¿Dónde demonios lo dejé? O peor aún, ¿Quién diablos me lo quitó de encima?

–¡Tienen que dejarme salir! – la desesperación me consume y no veo de otra más que aporrear la puerta para ver si de esa forma alguien me escucha.

Le doy golpes al metal frio hasta que mis manos empiezan a sangrar.

Annabelle, el video, todo pasa por mi mente demasiado rápido. Tengo que verla, tengo que recuperar el celular y el video, antes de que sea demasiado tarde.

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