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Capítulo 15 – después de anoche.

Bastián.

Annabelle termina de vestirse enfrente de mí, se ve incomoda e incluso un poco triste, y si se está arrepintiendo de lo que acaba de pasar, pues entonces se jodió, porque no hay forma alguna de revertir lo que acabamos de hacer ella y yo sobre la alfombra de esta casa.

–¿Te pasa algo? – le pregunto.

Ella me sonríe y yo siento una presión en el pecho difícil de describir, es que la sonrisa de Annabelle es lo más lindo que he visto en mi vida. Quiza se deba a que siempre he estado rodeado de mierda, y entre tanta porquería, ella es lo único bueno alrededor.

– No, todo está bien, solo tengo una pequeña molestia – hace una mueca.

– Es normal que sientas molestias y que te duelan las piernas, mañana un poco más que ahora, incluso – le explico.

– Bien – ella se pone el escapulario y vuelve a ser la misma Annabelle de antes – ya estoy lista, te estaré esperando afuera.

No entiendo porque las mujeres tienen que ser tan dramáticas, ella actúa como si acabara de salir de la guerra, solo ha sido sexo, no entiendo cual es todo el problema o la angustia. Yo aprovecho que ella está afuera y agarro el celular que deje recostado en la mesita en la sala, quito la grabación y entro en la galería, lo único que hay es el video que acabo de hacer mientras Annabelle y yo teníamos sexo. Se supone que debo mostrar evidencias de que logré quitarle la virginidad, y que mejor evidencia que un video.

Guardo el teléfono en el bolsillo de mi chaqueta de cuero y salgo de la casa, me subo en la motocicleta y ella hace lo mismo, me abraza por detrás y acomoda su mejilla en mi espalda.

Mientras acelero y ella se sostiene de mi con fuerza, pienso en que quiza no deba mostrarle ese video a nadie, es mejor si simplemente me olvido de la maldita apuesta y hago de cuenta que nunca grabé este video.

– Annabelle, ya llegamos – aparco la moto a unos pocos metros del convento.

–¿Ah? Si – dice de manera tonta.

Ella se baja de la motocicleta – nos vemos después, Bastián – dice y se aleja de mí.

Ruedo los ojos, suelto un suspiro, me bajo de la moto y corro detrás de ella, la agarro de la cintura y la miro a los ojos.

– Nos vemos mañana, vendré a buscarte en la noche – digo e intento darle un beso en los labios, pero ella se aparta de mi antes de que pueda hacerlo.

– No me beses ahora, no aquí – me dice con rabia.

–¿Y ahora que hice? – pregunto con fastidio.

– Nada – Annabelle me da la espalda y prácticamente corre puertas adentro del convento.

¡Joder que la chica es una exagerada! ¡No habia nadie viéndonos!

Regreso a la correccional que queda solo a unos metros de distancia mientas pienso en el cuerpo de Annabelle desnudo debajo del mío, recuerdo la sensación que tuve al tocarla con mis dedos, su piel suave, sus lunares en la espalda, sus culo redondo y perfecto. ¡Joder! Debo dejar de pensar en ella porque él solo imaginarla ya hace que me empalme de nuevo.

Entro por la reja que dañamos Billie y yo dos años atrás y me escabullo entre los guardias, no estoy de humor como para hacer papeleo. Voy a mi habitación y Billie se levanta de su cama en cuanto llego con él.

– Dime donde demonios estuviste todo el día.

– Con la monja.

–¿Haciendo qué?

– Follándomela, y está vez no estoy mintiendo – sonrío y me siento como un cabron enseguida, asi que dejo de hacerlo.

– No te creo – él me dirige una mirada de complicidad.

Saco el celular y le muestro la miniatura del video, por alguna razón el hecho de que Billie vea a Annabelle desnuda me cabrea, sé que Billie es mi mejor amigo y nunca intentaría nada en mi contra, pero es que no deseo que nadie mas pueda poner sus ojos en el cuerpo desnudo de esa chica a la que yo le he quitado la inocencia.

–¡Joder Bastián! – él se burla – ¿Cómo hiciste para convencerla? ¿Qué le dijiste?

– No tuve que decirle nada, solo le mostré los encantos Jones – suelto una carcajada y Billie me sigue.

– Tienes que dejarme ver ese video completo – él intenta quitarme el celular, pero yo se lo arrebato.

–¡No!

Me acuesto en la cama e ignoro a Billie que no deja de joder con respecto al video, me meto el celular dentro de los bóxeres porque sé que cualquier imbécil aquí sería capaz de robarme el celular, y no quiero que el video caiga en las manos equivocadas. Me acomodo en la cama y pienso en como voy a folllarme a Annabelle la próxima vez.

–¡A despertarse, reclusos! – nos grita el animal que tenemos por guardia de pasillo, es un jodido amargado con la vida porque nunca consiguió lo que quiso y le tocó conformarse con ser un puto carcelero de un montón de críos.

Él pasa el bolillo por las puertas y las golpea con fuerza, yo me cubro con la almohada y él se da cuenta.

–¡Dije a levantarse! – me grita en el oído y me tira un vaso de agua fría en la cara.

–¡Hijo de mierda! – me pongo en pie enseguida y lo encaro.

–¿Cómo acabas de decirme? – el guardia me mira como de verdad fuera capaz de matarme, pero no tiene los huevos necesarios para tocarme.

–¡pedazo de mierda! Eso te he dicho, ¿Qué vas a hacer al respecto? – él hace una mueca – la próxima ves que quieras tirarme algo encima será mejor que lo pienses dos veces – gruño y le escupo en la cara.

Estoy seguro de que va a darme un puño, es más, quiero que lo haga, quiero que tenga las bolas de partirme la cara, alza el puño y hace el amague, pero Billie se pone en medio de los dos.

– No quieres pelear hoy, es día de visitas – Billie me mira con cara de pocos amigos y sé que el si es capaz de molerme hasta volverme un rompecabezas, asi que me quito del camino del guardia.

– Castigado por una semana, Jones, las escapaditas nocturnas se terminaron – me amenaza.

– Castigada tu madre – le grito mientras le doy la espalda y agarro mi toalla para darme una ducha.

No es como si yo estuviera emocionado por el día de visita, después de todo, nadie me visita nunca. Para mi es otro puto día encerrado en una puta jaula en la que yo solito me metí.

Me paso el día en mi jaula mientras el resto salen y comen con sus familias, fingiendo que tienen una vida normal por solo unos segundos, yo me como las papas medio crudas que nos sirvieron de almuerzo y repito el video de Annabelle y yo una y otra vez.

– Jones, tienes visita – dice uno de los pocos guardias decentes en esta porquería de sitio.

–¿Yo? – frunzo el ceño.

– Si, hay una monjita allá afuera, de seguro querrá venderte biblias o darte el sermón de la salvación – se burla de mí, pero yo me pongo en pie enseguida y salgo al patio principal.

Annabelle esta allí, mirando a todos lados como si fuera un venado asustado, está sentada en una mesa y se ve nerviosa, yo frunzo el ceño, se está exponiendo demasiado viniendo aquí.

–¿Qué diablos estás haciendo aquí? – pregunto y me siento en la silla frente a ella.

– Tenemos que hablar.

–¡Joder Annabelle! Este no es el momento ni el lugar.

– Prométeme que no vas a decir nada – me pide y una lagrima sale de sus ojos.

–¿Que?

– Que me jures por Dios que no vas a decir nada.

– Yo no juro nunca por Dios.

– Entonces júralo por lo mas sagrado que tengas.

–¿Qué es lo que pasa, Annabelle?

– Pasa que anoche, yo rompí cada uno de los votos de la castidad, tuve sexo contigo y no soy capaz de mirar a nadie a los ojos, la culpa me está comiendo por dentro.

–¿Qué demonios?

– Sé que esto es una estupidez para ti, pero está es mi vida – ella se limpia las lágrimas – te entregué todo lo que tengo y no quiero quedarme sin nada.

–¿Y qué quieres? ¿Qué te proponga matrimonio solo porque te follé anoche?

Ella chasquea la lengua – no, por supuesto que no – dice decepcionada.

Annabelle se levanta de la mesa – solo no hables de esto con nadie.

–¡Espera! – la llamo, por desgracia en este momento no puedo correr tras de ella y besarla de sorpresa, estamos en un jodido patio lleno de ojos puestos sobre nosotros, lo que menos quiero es que me jodan la vida a mí, o a ella – no voy a decirle a nadie, pero necesito que respondas a una pregunta.

–¿Cual? – pregunta dándome la espalda.

–¿Lo repetirías? – suspiro – si volviéramos a anoche, ¿Volverías a dejarme hacer todo lo que hice?

Ella lo piensa – sí.

– Entonces te espero esta noche, está claro que tu no quieres que esto se acabe y yo tampoco.

–¿Entonces en esto me voy a convertir? ¿En una monja que no es capaz de quedarse con las bragas puestas? ¿En qué me convierte eso, Bastián?

– En una pecadora.

–¿Y a ti? ¿Tú que papel ocupas en todo este juego?

– Yo soy el infierno en el que quieres quemarte, Annabelle. Considérame tu bufón, haz conmigo lo que quieras, pero no te atrevas a alejarte de mí – le digo y aprieto la mandíbula.

– Nos vemos esta noche – susurra y sale del patio. Ella no vino aquí para decirme que se arrepentía, ella vino aquí porque quiere más, igual que yo.

Hasta esta noche, camarada, pienso y sonrío.

¡Que fácil es engañarla!

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