Annabelle.
– Hermana Maxwell – escucho que alguien me susurra y me zarandea, intento creer que es solo mi imaginación, asi que sigo durmiendo y soñando con los brazos fuertes de Bastián – hermana Maxwell – esta vez me llaman más fuerte y me doy cuenta de que es la voz de la madre superiora.
Abro los ojos poco a poco y me adapto a la oscuridad, todavía es de noche, la única luz que se ve alrededor es la de una linterna afuera de mi habitación.
–¿Madre superiora? – pregunto frotándome los ojos, suelto un bostezo y la mujer se aparta de mí.
– Debe ponerse en pie, vamos – me dice.
–¿Por qué? – me incorporo en la cama y frunzo el ceño – ¿Acaso esta viejita se volvió loca? ¿Qué hace llamándome a esta hora?
– Es su amigo, el señor Jones, tuvo un accidente de transito y está en el hospital – ella suelta las palabras como si nada, pero me siento como si de repente un tren me hubiera atropellado y hubiera destrozado todo mi corazón.
–¿Que? ¿De qué me esta hablando? – yo me levanto de la cama y mis pies hacen contacto con el frio del piso, pero eso es lo que menos me importa, mis manos están temblando y mi corazón está acelerado.
– Llamaron del hospital porque era el único contacto que tenia el señor Jones, al parecer tiene anotado el numero del convento en un papel en su bolsillo – ella rueda los ojos, como si el hecho de que Bastián este en el hospital fuera lo menos importante – está preguntando por usted.
–¿Pero está bien?
– No lo sé, supongo que lo sabremos cuando lleguemos allá, póngase los zapatos y venga conmigo.
Yo me pongo las baletas de forma torpe y acelerada y me pongo un abrigo sobre la bata de dormir que llevo puesta, salgo al pasillo en donde la madre superiora me está esperando con las llaves de la camioneta en la mano.
–¿Hace cuánto llamaron?
– Una media hora.
No le digo nada, pero quisiera gritarle por ser lenta, ¿Hace media hora llamaron y apenas vamos para allá? No puede ser posible.
La madre y yo nos subimos en la camioneta, ella nos pone rápidamente en carretera y yo me concentro en el paisaje a un lado de la ventana, siento que el aire frio me congela los huesos, estoy asustada, al borde del colapso y quiero llorar. Yo no me perdonaría saber que a Bastián le haya pasado algo malo, no después de haberle pedido que se alejara de mí.
– No sabía que le señor Jones era tan importante para usted – dice la madre mientras yo me limpio las lágrimas que caen por mis ojos.
– Es mi prójimo, usted siempre ha insistido en que tratemos a los prójimos como si fueran nuestros hermanos.
Aunque la verdad es que yo quisiera que Bastián fuera de todo, menos mi hermano, porque la verdad es que los hermanos no hacen todo lo que nosotros hacemos a escondidas.
– No se preocupe, hermana, mejor pídale a nuestro señor Dios que lo ayude para que este bien.
Mejor acelere – pienso para mis adentros.
La madre superiora tarda más del tiempo normal en llegar al hospital, conduce como una jodida tortuga, yo salgo corriendo de la camioneta y entro en el hospital en donde huele a fármacos y hay muchas maquinas haciendo ruidos. La madre camina a mi espalda.
– Buenas noches, estamos aquí por el señor Bastián Jones, tuvo un accidente – le digo a la señorita detrás del mostrador de recepción.
Ella teclea algo en el computador y al fin nos da la información.
– Esta en la habitación 303, atendido por el doctor Walsh.
Camino rápidamente a través de las habitaciones mirando los números, hasta que encuentro la puerta número 303, de donde está saliendo un médico.
–¿Cómo está Bastián? – lo ataco como una loca desquiciada y él me mira con el ceño fruncido.
– Annabelle, ¿Dónde están tus modales?
En la mierda, pienso.
– Buenas noches, soy la madre Catarina del convento de la sagrada caridad, estamos aquí porque nos llamaron debido al accidente del señor Bastián Jones.
– Si, por supuesto – el doctor se rasca la frente y yo siento que pierdo la paciencia.
– El señor Jones tuvo un accidente de tránsito, su auto se fue por un precipicio, el auto quedo totalmente destrozado, pero él se salió en el impacto asi que su cuerpo no tuvo graves repercusiones, tiene moretones por todo el cuerpo, y probablemente este enyesado por un par de semanas, pero estará bien.
Siento que puedo respirar.
–¿él está completamente intacto?
– Si, de todas formas, mañana en la mañana le realizaremos un par de exámenes de rayos x más, para asegurarnos de que no hay nada que no hayamos visto todavía.
Yo me llevo una mano al pecho y comienzo a llorar como una idiota.
– Quiero verlo – digo.
– Me temo que no puede hacerlo, el horario de visita se terminó hace mucho tiempo, deberá esperar hasta mañana.
– Mañana vendremos a ver como está – dice la madre superiora sonriéndole al doctor.
– Necesito que venga conmigo, deber firmar un formato y darme algunos datos.
Pienso rápido – yo iré por algo de beber – digo antes de que ellos puedan arrasarme lejos de Bastián.
– Nos vemos en la recepción – la madre Catarina se va con el doctor y entonces yo me escabullo en medio de los médicos, me pongo de pie frente a la habitación de Bastián, miro para todos lados, me aseguro de que no hay nadie viéndome y me meto dentro.
Me quedo helada en cuanto veo su cuerpo postrado en la camilla de hospital, siento que el oxigeno se va de mis pulmones y que el corazón se me paraliza, todo su cuerpo grande está acostado en una cama de hospital conectado a un montón de maquinas fastidiosas.
– Bastián – susurro y me acerco a él llorando – prometo que no voy a volver a alejarme de ti – le agarro la mano y le doy un beso rápido en los labios. Siento que él aprieta mi agarre y espero para que abra los ojos, pero nunca lo hace.
Le limpio la Lagrima que le ha caído en la mejilla y le acaricio el cabello, ¡Dios! Observo todo su bonito rostro y siento algo que no había sentido nunca.
¿Amor? ¿Acaso me estoy enamorando de Bastián Jones?