Bastián.
Espero hasta que se hace más de tarde, me escondo entro los arboles y cuando veo la silueta alta y delgada de Annabelle caminar frente a mi sonrío, lo hago de manera involuntaria, pero enseguida niego y borro aquella sonrisa, no se supone que deba sonreír al verla, de hecho, no se supone que deba sentir nada, Annabelle es solo el cebo en mi trampa y no puedo olvidarme de que esto es simplemente un juego, uno que sé que no va a terminar con un final feliz.
Me aclaro la garganta y camino hasta donde ella está, siento una pequeña arritmia cardiaca, quiza sea momento de visitar al doctor. Quisiera creer que un médico va a hacer que mi corazón recupere sus latidos normales, pero se que no se trata de algo que la medicina pueda arreglar.
– Hola – saludo con la voz profunda parándome frente a ella.
Annabelle frunce los labios e intenta esquivarme.
– Hoy no puedo estar contigo, no podemos volver a ir a la garita.
–¿Por qué no? ¿Te castigaron?
– No, no es eso – ella me esquiva y camina a un lado de mí.
¿Qué demonios le pasa ahora? Esta chica es jodidamente complicada.
–¿Entonces que pasa? – le sigo el paso y ella apunta con la linterna al frente del camino.
– Bastián, no debes estar aquí conmigo, es peligroso, alguien va a darse cuenta y entonces no te van a dejar salir antes y a mi me van a echar de aquí, voy a perder todo lo que tengo – ella se ve cansada, tiene unas ojeras debajo de los ojos y su labio sigue igual de rojo por el golpe que le dieron en el bar.
– Pensé que no te importaba arriesgar todo por mí, eso fue lo que me hiciste creer ayer, ¿Me equivoco?
Ella me mira de mala gana y se detiene – ¿Es enserio?
– Lo mismo te pregunté yo a ti ayer, parecías dispuesta a todo, ¿Qué cambio de anoche a hoy?
– Nada cambio, o bueno, tal vez sí, yo cambié – ella pisa un charco – ¡Por un demonio! – maldice y yo sonrío al escuchar esa palabra salir de la boca de ella, jamás creí que alguien tan pura como Annabelle Maxwell pudiera maldecir, casi que me siento orgulloso de ella.
– Las personas no cambian de la noche a la mañana.
– No, tienes razón, las personas no cambian de un día para le otro, pero las personas si pueden acostarse una noche y tomar una decisión, pueden decidir no echar por la borda largos años de trabajo.
–¿Asi que eso fue lo que hiciste? ¿te acostaste anoche y te diste cuenta de que no valgo la pena?
– No digas eso – ella suelta un bufido y comienza a caminar más rápido, pero Annabelle es mas pequeña que yo y menos ágil tambien, asi que no me cuesta seguirlo – todo el mundo vale la pena, lo que no vale la pena es esto que está sucediendo entre nosotros dos.
–¿Qué es lo que está sucediendo? – levanto los hombros con indiferencia, ella habla como si nosotros tuviéramos un matrimonio y cinco hijos, solamente estamos pasando un buen rato, conociéndonos… a fondo, eso no tiene ningun misterio.
– Tú sabes que es lo que está sucediendo.
– No, en realidad no lo sé.
– No te hagas el idiota, Bastián, sabes que algo pasa, si no, tu no estarías en este lugar justo ahora y tiene que acabarse, tiene que terminarse esto que hay entre los dos, porque yo no puedo aguantarlo más tiempo.
–¿Qué es lo que no puedes aguantar?
– Estar contigo.
– Yo no te estoy pidiendo que estemos juntos.
Ella suelta un bufido y chasquea la lengua – tienes razón, yo no soy nada para ti, eso hace que las cosas sean mas fáciles aun, no hay nada que terminar, porque simplemente no hay nada entre nosotros.
–¿Enserio quieres terminar conmigo?
– Si, tú mismo lo acabas de dejar en claro, no hay nada que terminar, simplemente es un adiós.
¡Joder! Annabelle me frustra y ni siquiera sé porque, no entiendo de donde demonios viene todo esto, ¿Qué hay en su puta cabeza? Annabelle es una asolapada que no es capaz de aceptar la realidad. Incluso aunque ni siquiera yo mismo estoy seguro de cual es esa realidad.
– Entonces quieres dejar de verme?
Veo la forma en la que su labio inferior tiembla, ella respira con dificultad y la repuesta sale como un gemido lastimero – sí, quiero dejar de verte.
Me acerco aun mas a ella, la acorralo contra los establos, escucho un caballo relinchar y la aprieto contra las tablas.
–¿Estás segura de que quieres que me aleje de ti? – pregunto muy cerca de su boca.
– Si, completamente segura – dice con dificultad.
–¿Quieres que deje de hacer esto? – yo llevo mi boca a la mandíbula de ella, a ese pequeño pedazo de piel que deja al descubierto el escapulario y la beso con suavidad, Annabelle aprieta sus caderas contra mí. Es bastante obvio que lo único que ella quiere es que yo me la folle, no que me aleje de ella.
–¿Aun quieres que me aparte de ti? – cuestiono.
Sus ojos asustados me miran – sí, todavía debes hacerlo.
– Esa no fue mi pregunta – niego con la cabeza y pongo una mano en la madera detrás de ella – no te pregunté si tenia que alejarme, te pregunté si querías que lo hiciera.
– No quiero – traga saliva – pero tienes que hacerlo.
Los ojos de Annabelle son azules, son tan trasparentes que puedo ver la forma en la que sus pupilas se dilatan, sé que soy yo quien causa ese efecto en ella, y me gusta saber que la vuelvo loca y que se derrite en mis brazos.
– Dime que quieres que me vaya, y no dudare en hacerlo, pero no me digas lo que tengo que hacer, porque nunca he sido muy bueno siguiendo órdenes – llevo mi mano a la vagina de Annabelle y la acaricio por encima de la tela, esto es lo mas cerca que he estado de tocarla realmente, pero tiene el mismo efecto que si estuviera rozándole la piel.
Annabelle lleva su cabeza a un lado y se muerde el labio inferior, yo continúo haciendo círculos y ella suelta un gemido, comienzo a sentir como se me pone dura al verla tan excitada.
– Tu no quieres alejarte de mí, y lo sabes – susurro, llevo mi dedo a su boca y le saco el labio de entre los dientes. La miro y me doy cuenta de que se ha abierto nuevamente la herida, su labio está manchando su boca de sangre.
Yo la beso, chupo ya absorbo su sangre y el pulso se me acelera, no entiendo que es lo que está haciendo esta insípida y tonta chica conmigo, pero me tiene mal, y sé que no voy a poder sacármela de la cabeza hasta que cerremos el maldito trato y pueda borrarla de mi mente.
– Por desgracia esta vez me toca elegir lo que tengo que hacer y no lo que quiero – ella se aleja de mi – lo siento, Bastián, pero se acabó – me dice con la voz temblorosa y corre en la dirección contraria a mí.
Me llevo una mano al pelo desesperado y le doy un golpe a los establos, haciendo que los caballos vuelvan a cabrearse y a relinchar, ¿Por qué demonios tiene que alejarse? ¿Por qué no podemos seguir con esto cómo va? Siento que la sangre caliente se me sube a la cabeza, tengo la mandíbula apretada y quisiera romper todo a mi alrededor. No quiero que Annabelle se aleje de mí, y por desgracia en este momento estoy seguro de que no se trata únicamente de la puta apuesta.
Voy hasta el escondite de mi auto, saco las llaves, enciendo el motor, piso el acelerador y salgo a la carretera dispuesto a despejarme la mente, no entiendo que es lo que me pasa, no sé porque me afecta tanto que ella no quiera verme, tengo una punzada en el pecho que me jode y que no había sentido antes. Sé que soy un hijo de puta porque le estoy haciendo daño, pero siempre he sido alguien egoísta, y eso no va a cambiar ahora.
Necesito olvidarme de esa estúpida monja y conseguirme a otra que me abra las piernas más fácilmente. Pero sé que no hay nadie como Annabelle y eso me jode.
–¡Maldita sea Annabelle! – grito y le doy un golpe al volante.
Piso el acelerador más a fondo y pierdo el control al encontrarme con una curva que no vi venir antes. Intento derrapar el auto para que no se vaya al precipicio, pero no puedo maniobrar el auto.
Siento un vacío en el pecho, el auto comienza a rodar por el precipicio, y todo en mi cabeza da vueltas, escucho un clic y después oscuridad.
Lo ultimo que veo antes de perder la consciencia es a ella gimiendo mi nombre.