Daisy Novel
Trang chủThể loạiXếp hạngThư viện
Trang chủThể loạiXếp hạngThư viện
Daisy Novel

Nền tảng đọc truyện chữ hàng đầu, mang lại trải nghiệm tốt nhất cho người đọc.

Liên kết nhanh

  • Trang chủ
  • Thể loại
  • Xếp hạng
  • Thư viện

Chính sách

  • Điều khoản
  • Bảo mật

Liên hệ

  • [email protected]
© 2026 Daisy Novel Platform. Mọi quyền được bảo lưu.

Capítulo 13 – el reloj hace tic tac.

Bastián.

Siento que todo mi cuerpo me duele como los mil demonios, como si me hubieran pasado por una maquina demoledora de huesos, incluso me cuesta abrir los ojos, pero aun asi me las apaño para hacerlo. Poco a poco termino de despertarme y lo primero que veo es a ella. Esta enfrente de mí, mirándome como si yo fuera la última coca cola del desierto, cuando la verdad es que soy un jodido cabron. Si ella supiera todo lo que le estoy haciendo entonces no estaría aquí cuidándome como si fuera mi madre.

– Bastián, ¡despertaste! – dice con su voz chillona acercándose aún más a mí.

Yo miro a mi alrededor, estoy en un puto hospital ¡Agh! Siempre me han jodido los hospitales, no soporto el olor a fármacos y me asquea todo el ambiente de enfermos.

–¿Qué hago aquí? – le pregunto porque me cuesta recordar algunas cosas, tengo un par de lagunas mentales.

– Tuviste un accidente – me explica y me agarra la mano mientras yo frunzo el ceño.

–¿Un accidente?

Enseguida recuerdo la carretera, la recuerdo a ella diciéndome que debía alejarme de su lado, recuerdo su cuerpo corriendo en la dirección contraria a mí, y por último el abismo, todo viene a mi mente de golpe haciendo que me dé jaqueca.

– Lo recuerdo – digo con la voz pastosa.

– Un hombre te encontró y se encargó de llamar a una ambulancia, fue un milagro que hubiera estado por allí – ella sonríe y algo deja de tener sentido para mí.

–¿No dijiste que debías alejarte de mí? – pregunto de la nada.

– Pues me retracto.

Yo sonrío y me duele toda la mandíbula – asi que después de todo no puedes resistirte a mí, ¿Eh?

– No se trata de eso.

–¿Entonces qué? ¿Vas a decirme que el accidente fue una señal divina que te dijo que no debías dejarme solo?

Ella hace una mueca – quiza. Eres demasiado idiota como para cuidar de ti, jones.

–¿Eso quiere decir que vas a convertirte en mi enfermera? – yo la miro de forma socarrona y ella sonríe con los labios juntos mientras sus mejillas se sonrojan.

– Puede ser.

–¿Si sabes que uno de los trabajos de las enfermeras es bañar a sus pacientes?

Ella levanta una ceja y se muerde el labio.

– Tendrías que verme desnudo, enjabonarme por completo, encargarte de que cada parte de mi cuerpo quede completamente enjuagada y… – susurro de forma lenta viendo como sus ojos me miran fijamente.

– Tienes que dejar de decir esas cosas.

–¿Por qué? – me burlo de ella.

– Porque me calientas, y por desgracia no podemos hacer nada ahora – ella se inclina en la camilla y me da un beso en la boca.

¿Quién es esta Annabelle Maxwell que me besa y me dice estás cosas?

–¿Quieres que te folle, Annabelle? – pregunto con ella aun pegada a mi rostro.

– Si, si quiero – susurra – pero no puedes moverte, es una lástima, quien sabe si cuando vuelvas a estar entero yo todavía tenga ganas – ella hace el amague de alejarse de mí, pero yo utilizo la mano derecha, que es la única que pudo mover, la detengo y la empujo en mi dirección. Ella suelta una carcajada y yo vuelvo a besarla.

¡Joder que sabe bien! La boca de Annabelle Maxwell es deliciosa, es exquisita y completamente inocente. Sus niveles de perfección son tantos que yo quisiera violar cada uno de ellos.

– Prometo hacer lo suficiente como para que no vayas a arrepentirte de tu decisión.

Ella se ríe y alguien abre la puerta de manera intempestiva. La madre superiora entra en la habitación y Annabelle salta lejos de mí.

–¿Qué está pasando aquí? – pregunta mirándonos a ambos.

– Bastián dijo que había algo molestándolo en la espalda, solo estaba acomodando su almohada para que estuviera más cómodo – ella miente sin ningun remordimiento.

– Uh-hum – ella nos mira con el ceño fruncido – ¿Cómo está, señor Jones?

– No estoy muerto, eso debería significar algo bueno, ¿No es asi?

– Usted siempre con esos apuntes suyos, ni enfermo deja de ser sarcástico – rueda los ojos y suelta un bufido – puede irse con nosotras, lo llevaremos al centro penitenciario – dije muy seria – hay un par de cosas que usted debe explicarme. Ahora andando.

–¿Van a quedarse mientras me cambio? – pregunto mirando a Annabelle.

– Muy gracioso – dice la madre superiora – vamos, hermana Maxwell.

Annabelle y la madre salen de la habitación y una enfermera entra para ayudarme a vestirme, me pongo ropa nueva que Annabelle me ha traído y me visto con dolor porque tengo el brazo enyesado y un bastón para caminar. Estoy completamente jodido.

Afuera me llevan en silla de ruedas hasta el auto de la monjita, me ayudan a entrar en el asiento trasero y Annabelle se sienta a mi lado, la madre superiora ocupa el asiento del piloto.

–¿Qué era lo que hacía conduciendo en medio de la noche a un sitio que claramente no era su centro de reclusión? – me pregunta la madre superiora, disparando a mansalva.

Yo me quedo en blanco y miro a Annabelle.

– Tenía permiso de salir – digo.

–¿Permiso de quién?

– De mi encargado, nos dan un día a la semana para comprar cosas personales.

–¿Asi que usted salió en medio de la noche a comprar cosas personales?

– Si – digo sin titubear.

La monja me mira a través del retrovisor y estoy seguro de que no me cree nada de lo que le estoy diciendo, pero tampoco le voy a rogar para que lo haga, problema de ella si no me cree.

Miro a Annabelle de reojo y veo que está asustada, tiene el ceño fruncido y no deja de mover las piernas, yo quiero que cambie esa cara de amargada que tiene, asi que aprovechando que está sentada del lado de mi brazo bueno, alargo la mano y la llevo al centro de sus piernas.

Ella me mira con los ojos bien abiertos, pero enseguida abre un poco más las piernas dándome más acceso, yo muevo los dedos en círculos oprimiéndolos contra su vagina y ella se muerde el labio.

–¿Ya tiene preparada la palabra que dará mañana en la misa? – le pregunta la madre superiora a Annabelle.

–¡Si! – dice como un gemido.

–¿Le sucede algo?

Le sucede que la estoy tocando y ella lo esta disfrutando, pienso.

– No, todo está bien – responde de forma pausada.

–¿Y entonces? No me ha dicho sobre que hablará en la misa – la monja insiste y yo meto la mano bajo la falda de Annabelle.

Deslizo mi mano por su piel desnuda hasta llevarla al centro de sus piernas, ruedo a un lado sus bragas y siento la humedad en ella, está completamente mojada, yo aprovecho sus líquidos y los froto alrededor de toda la zona.

Ella está a punto de explotar, tiene la cara roja y no puede articular una palabra completa.

– Aun no lo tengo decidido, madre. Estoy esperando la guía de Dios.

– Es importante que escuchemos a nuestro Dios para que no digamos barrabasadas, quiza alguien necesita escuchar un consejo en la misa y quiza usted sea la mensajera – la monja no deja de hablar como un loro mojado.

Yo sonrío de medio lado e intento meter un dedo dentro de Annabelle, pero en cuanto ella se da cuenta de a donde se está dirigiendo mi mano, me detiene con la suya.

–¿Que? – susurro mirando al frente.

– No hagas esto aquí, no ahora – sisea.

–¿Por qué? – me burlo y ella me mira de mala gana.

–¿Sucede algo allá atrás? – pregunta la mujer.

– No madre, todo está en orden.

Yo me llevo el dedo a la boca y lo chupo, Annabelle me mira como si no creyera lo que estoy haciendo.

– Provocativo – digo con la voz ronca. Ella cierra las piernas y se aleja ligeramente de mí, como si eso fuera a hacerle olvidar que la he tocado donde ningun hombre lo ha hecho antes.

Después de un rato conduciendo llegamos al centro de reclusión, yo pienso bien en la mentira que voy a decir, no es tan fácil cerrarles la boca a ellos a como lo fue con la madre superiora.

– Los acompaño – dice la madre.

–¡No! – decimos Annabelle y yo al unisonó. Ella sabe que me escapé y que eso me puede traer serias consecuencias.

– Quiero decir, yo puedo ir con él, no debe molestarse, madre – Annabelle le sonríe a la madre y ella hace una mueca, pero al final lo acepta.

Annabelle se baja del auto y me ayuda a hacer lo mismo, ambos vamos a la entrada del centro, donde el guarda me reconoce de inmediato y me abre la puerta.

– Estás en problemas, Bastián – dice el hombre mientras paso a su lado.

– Cállate Bernie.

Annabelle se mantiene callada hasta que llegamos a la oficina del alcaide, quien no estará muy feliz de verme, nosotros entramos en la oficina del hombre y él me mira de los pies a la cabeza, como si no le bastase que tengo todos los huesos rotos.

– Señor Jones – se pone en pie, da media vuelta y de forma teatral le da un golpe a la pared – ¿Puede decirme donde demonios estaba y porque se aparece en este estado? – me grita y Annabelle se asusta a mi lado.

– Yo, estaba…

– Él estaba conmigo – dice ella antes de que yo pueda hablar – hace una semana vinimos a buscar voluntarios para la reconstrucción de una de nuestras iglesias, el señor Jones se ofreció y estaba conmigo.

Él nos mira de forma suspicaz, pero es muy difícil no creerle a una monja, incluso aunque se trate de una mentirosa, como Annabelle.

–¿Quién le dio permiso de ir con ella? – señala a Annabelle con la cabeza.

– Me escape – digo levantando los hombros y Annabelle me mira con ganas de querer matarme.

–¿Por qué, Jones?

– Porque las monjitas necesitaban ayuda pronto y me jode todo el papeleo de ustedes.

–¿Asi que te escapaste para ayudar a una monja y tuviste un accidente?

– Si.

– No sé porque siento que hay un pedazo de la historia que no me está contando, Jones. Con usted siempre lo hay – suspira y se cruza los brazos.

– Es cierto – habla Annabelle – la madre superiora incluso firmo una carta que dice que es cierto, la traeré si la necesita – esa es una jugada maestra que yo no vi venir.

– Seria bueno.

– Mañana mismo la traeré.

– Bien – el alcaide asiente – pueden irse, Jones a su habitación y usted ya conoce la salida.

Annabelle y yo salimos de la oficina.

–¿Por qué no sabe de la reconstrucción de la iglesia? – me pregunta ella frunciendo los ojos.

– Sabe del servicio social, pero no tiene los detalles, y la hora del accidente no fue precisamente una hora en que estuviera remodelando nada – le recuerdo.

– Sera mejor que arregles todo esto, porque me comprometí con el padre tito a que arreglaríamos su iglesia, tienes que ponerte bien y cumplir con tu palabra.

Yo miro su rostro – ¿Estás cabreada?

– Pues sí, Bastián, eres un mentiroso.

– Lo dice la que acaba de salvarme el culo dos veces mintiendo.

– No tienes caso – ella niega con la cabeza y se aleja de mi – vendré a verte en quince días para saber como estas y para que podamos volver con el padre tito, el medico dijo que en diez días te quitan el yeso.

–¿Quince días sin verte? ¿Cómo voy a soportarlo? – me burlo y ella rueda los ojos y sale de la prisión mientras Bernie le abre la puerta.

Ahora tengo que ir a aguantarme la cantaleta de Billie, y a pedirle a Daniel mas plazo para cumplir la apuesta, claramente no puedo follarme a Annabelle en estas condiciones.

Annabelle, Annabelle, Annabelle, mintió por mi dos veces hoy y aparte dejó que la tocara a solo unos pocos centímetros de distancia de la madre superiora.

Mientras pienso en ella me doy cuenta de que se ha convertido en una pecadora. Yo la he hecho pecadora.

Y el problema es que no estoy muy seguro de que eso sea algo bueno.

Chương trướcChương sau