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Capítulo 10 – la verdad.

Annabelle.

Bastián me lleva hasta una garita que yo no habia visto antes, es una pequeña torre medianamente alta que solía servir como punto de vigilancia, recuerdo que algunas monjas la mencionaron antes diciendo que aquí asustaban los espíritus de las monjas que desertaron, pero yo nunca la había visto de cerca.

–¿Cómo encontraste este lugar? – le pregunto mientras nos metemos dentro.

– Una noche estaba caminando alrededor y la vi, desde entonces se convirtió en mi lugar favorito.

– Pero es pequeña, huele a humedad acá adentro y en las paredes hay moho – me tapo la nariz mientras seguimos ascendiendo.

– Pero es mía – sentencia – este lugar es una de las pocas cosas que tengo y no voy a cambiarla.

Veo el rostro de Bastián, se ve triste y casi deprimido, yo quisiera quitarle todos los males que tiene encima, quiero hacer que él se sienta bien, pero Bastián se parece mucho a esta garita, es impenetrable, es rígido y está lleno de muchas tonalidades de gris, la humedad de Bastián es su hostil personalidad.

–¿Porque me trajiste aquí? – inquiero una vez que llegamos a la cima.

Hay un pequeño balcón desde el que se puede ver toda la campiña.

– Muchos años atrás este solía ser el sitio en el que los protestantes, o sea tu gente, se escondían de los católicos, vigilaban desde aquí que no fueran a hacer algún desmán, como quemar las capillas y las iglesias – me cuenta, pero esa es una historia que yo ya conozco, aun asi dejo que él siga hablando.

Solo porque me gusta verlo mientras lo hace, los labios de Bastián se mueven de manera rítmica, se abren y se cierran casi de manera mágica, nunca había admirado de esta forma la boca de nadie más, pero es que la de Bastián es tan linda que debería estar exhibida en un museo.

– Esta es esa clase de sitio que siempre va a estar en guerra.

–¿De qué estás hablando?

– De la historia, no hay guerra en este momento, pero en estas cuatro paredes siempre la habrá, aquí se guardan los recuerdos de la sangre, Annabelle – algunas cosas siempre se mantienen en ruinas… incluso aunque por fuera parezcan intactas.

Hay tanto sentimiento en sus palabras que no sé si esta hablando de la garita o de él, pero ¿Por qué Bastián está en guerra? ¿Quién lo hirió tanto?

–¿Por qué me trajiste aquí? – vuelvo a preguntar tras tragar saliva y mirar al convento, el sitio en el que se supone que debería estar.

–¿Por qué queria verte?

–¿Para qué?

– Para hablar… o para hacer cualquier otra cosa.

–¿Cómo cuál?

– Como esta – él se acerca y no le lleva demasiados pasos en vista de que estamos metidos dentro de un cilindro con un perímetro reducido, Bastián me atrae por la cintura y acerca sus labios a los míos.

Yo siento su aroma, como a dentífrico y jugo de naranja y enseguida un hormigueo me recorre todo el cuerpo. No entiendo que es lo que me pasa, o porque me siento asi, pero Bastián hace que mi corazón palpite rápidamente y que mis manos quieran tocarlo. Bastián es como un imán que me obliga a acercarme.

Creo que después de todo, los polos opuestos si se atraen, porque esa es la única explicación que encuentro para que dos personas tan diferentes como él y yo estemos compartiendo un momento como este.

–¿Por qué insistes en besarme y en acercarte tanto a mí?

– Porque sería un pecado no hacerlo – susurra – no sé si te has dado cuenta, pero eres una mujer preciosa, mereces que alguien te admire todos los días, que te diga lo bella que eres, mereces alguien que te toque y te haga sentir amada, alguien que te folle como si fuera la última jodida noche de su vida.

Yo siento que mis mejillas se ponen calientes y mis ojos se fijan en los de él.

–¿Y tú quieres ser esa persona? – le pregunto y me muerdo el labio.

Él no responde con palabras, pero niega con la cabeza – yo no puedo ser esa persona para nadie.

–¿Por qué no?

– Porque soy un bastardo Annabelle, soy un hijo de puta que lo único que va a hacerte es daño, y tu no quieres eso.

– No me importa.

–¿Cómo dices?

– Que no me importa si me haces daño, no me importa que rompas mi corazón, siempre y cuando te quedes conmigo.

Él suelta una sonrisa lánguida – eso lo dices porque estas cachonda, y eso tambien lo podemos arreglar.

– Lo digo porque es verdad.

– Créeme, yo sé que en algún punto vas a arrepentirte de este momento.

– Para eso se inventaron la confesión.

–¿Estás dispuesta a sacrificar tu vida por alguien como yo?

¡No! La respuesta es mas que obvia, solo una idiota arriesgaría todo lo que tiene por alguien como Bastián Jones, pero esa no es una pregunta a la que yo deba contestar justo en este momento. En vez de eso, acerco mis labios a los de él, pero de repente siento que algo pasa por mis piernas, haciéndome saltar del susto.

–¡Cancerbero! Hola, viejo – Bastián me mira con ternura, se arrodilla y acaricia al perro alto y negro.

–¿Es tuyo?

– Cancerbero no es de nadie, él es un nómada.

– Ya veo.

Yo tambien me agacho con cuidado de no pisar la falda y le doy mi mano para que pueda olerla, el pasa el hocico por entre mis dedos como invitándome a que lo acaricie, cosa que hago enseguida. Cancerbero tiene cara de que puede quitarle una pierna de un mordisco a cualquiera, pero ahora que lo veo mas de cerca es bastante amigable el peludo.

Yo miro a Bastián que tambien acaricia al perro y pienso en cómo alguien como él podría ser capaz de matar a su padre.

– Bastián, ¿De verdad mataste a tu padre? – pregunto bajito, y cancerbero se aleja como si nos estuviera dando privacidad, se enrosca a un lado de la garita y Bastián y yo nos ponemos en pie.

– No.

–¿Entonces porque estás ahí?

– Porque si intente hacerlo, no con mi padre, si no con mi padrastro – él apoya los brazos en el borde de cemento – mi padrastro es un hijo de puta, es un cobarde que siempre golpea a mi madre, una noche no puede permitirlo más, y lo golpee hasta que sentí que se me iba la vida en ello, pero no fui capaz de matarlo.

–¿Y querías hacerlo?

Él me mira fijamente y responde sin titubear – sí.

Yo suelto una bocanada de aire.

–¿Y tu madre porque no hace nada al respecto?

Él chasquea la lengua – no quiero hablar de eso ahora.

– Está bien – asiento – pero solo me queda una duda más, ¿Por qué me mentiste al respecto?

– Queria ver que tanto estabas dispuesta a soportar.

Me quedo halada por sus palabras, pero yo solo vuelvo a acercarme a él, alargo la mano y la meto dentro de su cabello largo, sigue húmedo y huele a jabón.

–¡A la mierda! – Bastián me aprieta contra un costado de la columna interna, lleva una mano a mi cuello y une nuestros labios en un peso apasionado, yo me dejo llevar y permito que él meta su lengua en mi boca.

Bastián gruñe y siento que su mano comienza a levantar mi falda, cuando está lo suficientemente arriba mete la mano dentro y la lleva al elástico de mis bragas, enseguida siento como todo mi cuerpo palpita de deseo. Quiero que lo haga, quiero que me toque, a pesar de que estoy segura de que esto va a marcar un antes y un después que no voy a poder borrar de mi memoria.

Bastián pasa su dedo alrededor y yo me muerdo el labio para no gritar.

–¡Annabelle! – escucho que grita una de las novicias del convento – ¡Annabelle ¿Dónde estás?!

– Tengo que irme – le digo a Bastián rápidamente, maldiciendo a quien sea que me este llamando.

Él me da un último beso rápido y me deja ir.

– Ya nos veremos, Annabelle Maxwell – me sonríe y yo guardo esa imagen en mi memoria.

Bajo corriendo las escaleras de la garita, intento tranquilizar mi respiración y saco la linterna del bolsillo del hábito.

– Annabelle, ¿Dónde estabas metida? – me pregunta mi compañera.

Yo le sonrío falsamente – haciendo la ronda nocturna.

–¿Por aquí?

– Si – respondo y paso a un lado de ella, no tengo que darle explicaciones de nada, pero estuve muy cerca de que me descubrieran.

Un día de estos alguien va a darse cuenta de lo que pasa entre Bastián y yo, y no sé qué voy a hacer ese día. No creo que una relación prohibida con un recluso se vea muy bien en mi hoja de vida.

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