Reencuentro, tregua y estrategia 2

Jing y Leela se acercaron a la región Nim, donde los Sum estaban gobernando. Sus ropas estaban rasgadas y ellos estaban sucios.

Fueron a la casa principal de Leonel Sum y se arrodillaron ante los guardias.

—Señor. Dos aldeanos traen noticias de las aldeas que están a las afueras de esta región en frontera con Arcoíris. —Un guardia avisó a Leonel, quien estaba en su estudio con Kiara y Ashton.

—Tráelos —ordenó y el guardia los hizo pasar.

—¡Mi señor! —Ambos se tiraron al piso con el rostro inclinado.

—¿Qué les sucedió, aldeanos? —Ashton preguntó viendo sus fachas—. Pónganse de pie y cuéntenos.

Ellos se levantaron y Ashton no disimuló la impresión que Leela causó en él.

—Señor. —Jing empezó a hablar—. Somos de la aldea Loto de la frontera entre Nim y Arcoíris; como usted sabrá, la aldea vecina Lit fue tomada hace poco de una forma extraña. Se dice que el elegido es Ulises Harrison y que él está utilizando sus poderes para conquistarnos. Señor, los rebeldes deben estar manipulando al elegido. Hoy nuestra aldea fue atacada y nosotros pudimos escapar, pero no tenemos dinero ni familiares. Somos una pareja de esposos pobres que solo contamos con nuestras prendas matrimoniales como objetos de valor. Sin embargo, estas joyas pertenecen a mi familia y es lo único que me queda de mis padres. Le suplico, señor, que nos acoja como sirvientes y nuestra paga sea techo y comida. Se lo ruego. —Jing se tiró al suelo con lágrimas en los ojos, haciendo reverencia como si estuviera desesperado.

Leonel los observó un rato. Ellos se veían un poco diferente a los aldeanos del lugar, incluso su forma de hablar era distinta. Leela tomó la palabra dejando salir algunas lágrimas:

—Le diremos lo que escuchamos a cambio.

—Habla, preciosa. Si lo que me dices me convence, quien sabe, hasta te doy ciertos privilegios —Ashton dijo coqueto y Leela esbozó una sonrisa tímida e inocente.

—Mientras nos ocultamos, escuché que personas de otro mundo viajaron para ayudar al elegido. Escuché también, que atacarán a las aldeas vecinas mañana. —Leela respondió.

—Llévenlos con los demás sirvientes y que le den comida y ropa limpia. Ubícalos y ponlos a trabajar —se dirigió a los guardias y luego miró a Ashton—. Tú, prepara guerreros y envíalos ahora mismo a las fronteras. Si mañana nos atacan, los estaremos esperando.

Ashton asintió y salió del estudio. Kiara salió después de su esposo y se dirigió al baño de los sirvientes. Como se imaginó, Jing se estaba bañando y ella entró de repente.

—Señora. —Jing inclinó el rostro sin inmutarse, a pesar de que estaba desnudo.

—Hola, aldeano. Al parecer haces trabajo donde hay que emplear mucha fuerza —dijo con cara de maniática mientras lo recorría por completo caminando alrededor de él. Se puso en frente y lo miró a los ojos.

—Trabajaba en el campo —contestó con la mirada baja.

—Ya veo... —Lo examinó como si quisiera comérselo—. Tienes unos ojos muy hermosos, en realidad, todo tu ser es hermoso. —Kiara lo miró con deseo, un buen entretenimiento para pasar el rato mientras recuperaba a Ulises.

—¡Jing! —Leela entró al baño y Kiara la miró desafiante. Leela bajó el rostro y se acercó a su esposo—. Cariño, te necesitan en la cocina para darte tus tareas. Ven, conmigo, por favor. —Buscó una toalla y se la pasó. Jing se envolvió en ella e hizo reverencia, luego, ambos se marcharon.

—Solo te lo advierto, príncipe de pacotilla. Fingiremos hasta un punto, si esa mujer te toca, no respondo. —Leela reclamaba con sus manos sobre su cintura. Jing sonrió y se acercó a ella juguetón. Ellos estaban en un diminuto cuarto que sería su dormitorio.

—Tigresa, no tienes que preocuparte; soy profesional en esto, sé cómo zafarme y debes estar segura que nunca te faltaría. —La abrazó por la cintura y Leela evadió la mirada—. Deja tus celos y mejor aprovechemos que aún estoy desnudo. —A Leela se le prendieron las mejillas. Jing empezó a besar su cuello, entonces, ella sintió como una sensación de calor recorrió todo su cuerpo ante su cercanía y escalofríos la hicieron temblar. El acarició sus muslos y poco a poco se deshizo de la ropa de ella. La cargó y se tiró a la cama con ella en brazos. Leela estalló de la risa y él empezó a devorar su cuerpo. Sus labios recorrieron cada rincón provocando ansias a Leela.

—Deja de jugar, Jing. Te necesito, no lo extiendas más… —Sonó más como un balbuceo, pero él la ignoró. De un movimiento rápido, Leela se puso encima de él y acabo con su dulce tortura, tomando ella el control.

***

Ulises, Dimitri y Ana regresaron al campamento. Dimitri no estaba muy convencido, puesto que temía por ella. Ulises le prometió que estaría atento y hasta escogió una tienda cerca a la de ellos. Por otra parte, el maestro Chan y Odiel se quedaron en la casa de Ulises, aunque pasaban más tiempo fuera, haciendo sus investigaciones.

—Entonces, tú y Ana son pareja. —Darian preguntó con picardía y Ana se sonrojó.

—Sí. Esa es la razón por la que dormiremos en la misma tienda. —Dimitri respondió. Darian asintió en acuerdo, entonces él tomó a Ana de las manos y ambos se dirigieron a la tienda.

—Dimitri... ¿De verdad crees que Reka sea malvada? —Ana acarició su mejilla y él le sonrió con dulzura.

—Preciosa, estoy seguro. Una de las cosas que me ayudan en mis batallas, es la intuición. También, leo a las personas y me es fácil deducir hasta lo que piensan. Esa mujer es muy peligrosa y manipuladora. Pero yo te voy a proteger de ella y de cualquiera, Ana, eres muy especial para mí. —Dimitri la miró con intensidad. Ella le acarició el cabello en respuesta.

—Tú también eres especial para mí, Dimitri. —Dos lágrimas rodaron por sus mejillas. Dimitri las secó, luego besó su nariz y sonrió con picardía.

—Eres una llorona. No me quiero imaginar cómo serás en la cama, tendré que taparte la boca...

Ana puso su mano sobre los labios de él, abochornada.

—¡Eres un atrevido! —espetó sonrojada. Sus vellos se erizaron y su cuerpo se estremeció con tan solo imaginarse en los brazos de él.

Dimitri estalló de la risa y ella arrugó el rostro.

—Estás toda roja. —Besó su mejilla y Ana lo abrazó.

—No me dejes nunca, Dimitri.

—Nunca te dejaré.

—¿Lo prometes?

—¡Lo prometo!

***

Cómo lo habían planeado, atacaron una aldea cercana a la frontera y fingieron la derrota. Entonces, Leonel dejó que Leela y Jing se quedaran en su casa como sirvientes. Desde entonces, este buscaba la forma de sacarle información a Kiara, mientras que Leela se encargaba de lo mismo, pero con Ashton. Jing descubrió lo hábil y rápida que era Kiara, así que se mantenía alerta y la espiaba con cuidado y paciencia. Ella buscaba la forma de meterlo en su cama, pero él siempre se le libraba. Al fin y al cabo, Kiara no insistía mucho porque sus pensamientos estaban dirigidos a Ulises.

Ana había ido a la casa de Ulises con Dimitri para hablar con el maestro Chan. No entendían la razón de posponer la transportación de Eli, pero él no tenía una respuesta concreta todavía. Mientras Dimitri y el anciano conversaban, Ana fue a tomar aire fresco a los terrenos admirando el día nuboso. La suave brisa acariciaba su piel y hacía danzar su largo cabello. Detrás de unos árboles, energía negativa se paseaba y un pequeño ruido captó su atención. Ana se acercó al conglomerado de árboles donde vio a un animalito negro. A simple vista parecía un gatito. Sus ojos azules atraían su mirada y pareciera que la belleza de estos la hipnotizara.

—¡Ana! —Dimitri la llamó y ella se espantó como si despertara de un sueño. Corrió hacia él y besó sus labios. Ambos se marcharon para regresar al campamento.

***

Ulises estaba sobre un risco contemplando el hermoso paisaje desde allá arriba. Ya los lugares altos no le provocaban tanto miedo como antes y las pesadillas de su muerte habían cesado. Pero la ausencia de Eli le quitaba la paz. No entendía la razón de no regresarla si ya él se sentía bien y podía usar sus poderes. Además, contaba con la pulsera. Sacó la fina joya de su bolsillo y, después de admirarla por unos segundos, decidió ponérsela. No lo había hecho porque la joya llamaba mucho la atención y temía que sospecharan algo. Aparte de que no había hablado con Darian aún con respecto a su descubrimiento y el hecho de que eran familia.

Ulises decidió ir a su casa en la noche. Sonrió al notar que ni Odiel ni el maestro Chan estaban allí. ¡Esta sería su oportunidad! Salió al patio y miró al cielo. Acarició su pulsera y suspiró.

—Enana, esta noche estaremos juntos y nadie nos va a separar. Ulises cerró los ojos y movió sus manos en círculos. Abrió sus orbes que brillaban al compás de la pulsera. Una luz verde lo rodeó y él estaba sorprendido ante aquel gran poder. A diferencia de las veces anteriores, no tuvo que esforzarse. Una pared de energía se levantó frente a él y la vio. Su corazón se agitó dentro de su pecho y sus ojos se cristalizaron. Era ella. Se veía triste y sola. Estaba sentada sobre un banco blanco, al parecer se encontraba en un parque y era de día en Destello.

—Enana... —Eli se espantó al escuchar esa voz. Miró a su alrededor nerviosa, pero no veía quien la llamaba. Ulises sonrió y cerró sus ojos. Acto seguido, Eli fue envuelta por una luz verde resplandeciente y desapareció de aquel lugar. Estaba en una dimensión extraña, rodeada de luces doradas y plateadas. De repente, una energía oscura la rodeó y ella empezó a temblar. Lo que sea que la haya envuelto la estaba ahogando y la hacía se sentir vulnerable. Como si de una lucha entre dos fuerzas se tratara; energía de color verde se imponía, intentando difuminar la de color oscuro. La energía negra se expandió con fuerza, venciendo a la verde. Entonces, Eli cayó al vacío y a distancia escuchó un grito de dolor:

—¡¡Eli!! ¡¡Nooo!!