Enfrentamiento final y restauración (Parte 1)

—¡¡Qué rayos!! —Ulises puso sus manos sobre su cabeza entre llantos y gran desesperación—. ¡Eli! Eli mi amor... —Se arrodilló sobre la grama apretando su cabello con rabia.

—¡Qué hiciste, muchacho! —El maestro Chan apareció de repente junto a Odiel.

—¡Estos chicos enamorados actúan por mero impulso! —El mestizo se quejó—. Ahora tu amada esposa cayó en manos de una Sapria, la misma que ha estado rondando este lugar.

—¡¿Qué dices?! —Ulises se dirigió a Odiel espantado.

—Estábamos investigando las capas de energía de este mundo porque el maestro sentía una energía negativa por estos alrededores. —Odiel expuso—. Jing nos había informado que hay una mujer que se llama Kiara Bur en la casa de los Sum. Creo que es la mujer que mencionaste te tenía aprisionado. El maestro y yo teníamos nuestras sospechas porque tu descripción es parecida a una Sapria. Jing nos mandó información ayer. Descubrió que ella es hija de Leonel Sum y Lana Jill, la Sapria que venciste al romper el bloqueo. Según Jing, le era difícil espiarla por su rapidez y habilidad, pero descubrió que ella recurre este lugar como si espiara a alguien. Esa Sapria es la energía negativa que sentíamos. Esa era la razón por la que el maestro te dijo que esperaras.

—¿Y por qué no me dijeron antes? —Ulises reclamó tembloroso. No quería ni imaginarse a Eli en manos de Kiara.

—Porque no era algo certero. —El maestro Chan respondió—. Hasta hoy lo descubrimos. Tu herida fue casi mortal y aunque hayas recuperado la pulsera y Leela te haya curado, es una curación superficial. Tu lesión se cura alimentándote con la esencia de las plantas. Por eso la Sapria te venció y ahora tiene a Eli en su poder.

—¡Soy un idiota! —Ulises se condenó con lágrimas en los ojos—. ¿Saben lo que esa loca es capaz de hacer? Debo encontrarla, yo... debo ayudar a Eli. —Salió corriendo. Del anillo de Odiel salió un rayo que lo hizo caer inconsciente. Ellos lo llevaron a la habitación y lo recostaron en la cama.

—¿Cómo haremos que se alimente de las plantas? —Odiel le preguntó al maestro Chan.

—Si ama a su esposa lo hará. Debes entrar en sus sueños y hacerlo entrar en razón para que cuando lo despierte, no intente una estupidez. —El maestro demandó y Odiel obedeció.

***

Eli despertó un en cuarto oscuro. Estaba amarrada a una cama de madera sin colchón ni sábanas, con los brazos y las piernas extendidas. Los músculos le dolían y la respiración se le dificultaba.

—Te lo advertí desde el principio... Él es mío... —Un susurro heló sus huesos y Eli empezó a sollozar.

—¿Quién eres? —preguntó temblorosa—. ¿Qué quieres de mí?

—¿Qué quiero? Quiero que desaparezcas. Ulises es mío y no lo pienso compartir con nadie. Cuando llegaste aquí, éramos tres las que te reclamábamos que te fueras. No nos hiciste caso, más bien insististe en buscarlo. Lo alejaste de mí y ahora es mi turno de vengarme. Te destruiré lentamente y luego iré por él. Mi Ulises es tan delicioso, no te imaginas las ganas que tengo de volver a saborearlo y, esta vez, vamos a copular y le daré un hijo.

—¡No puede ser! Tú eres... —Eli se removió con rabia. Quería liberarse y romperle la cara a esa loca.

—Ulises es mío. Reka lo quiere para devorar su poder y tomar control del diamante para poder reinar en Lucero Verde. Yo, en cambio, solo quiero su amor y saciar mi sed con su energía. El diamante verde sanará a mi padre y yo le daré el poder de este mundo, entonces, él me aceptará y reconocerá como a su hija.

—¿De qué hablas? ¿Eres hija de Leonel Sum? —Eli estaba desconcertada. Kiara ni se imaginaba que ella llevaba puesto el diamante que podría curar a su padre, pero esa información se la llevaría a la tumba.

—Ahora... —Sintió la maldad de Kiara rodearla—. Es momento de que sufras, desgraciada.

De aquel oscuro cuarto salían gritos de dolor escalofriantes y desesperantes.

***

—¡Eli! —Ulises se incorporó de golpe y descubrió que tenía el rostro mojado por las lágrimas—. Enana, mi enana... Ella está sufriendo, puedo sentir su dolor. —Ulises lloraba con desesperación y las manos le temblaban.

—Ya Odiel te mostró lo que podría suceder si no te recuperas. —El maestro Chan lo miró acusatorio—. Por lo menos, esa Sapria no podrá quietarle la vida. La pulsera la está protegiendo de su maldad y bloquea sus intentos. Pero sabes que eso no será por mucho.

—¡Voy a curarme! —Ulises se tiró de la cama y corrió al patio. Cerró sus ojos y movió sus manos. Hilos de energía salían de ellas y las plantas de todo ese mundo se agitaban, emanando un polvo verdoso que era absorbido por Ulises. El maestro Chan aprovechó para seguir su investigación, pues horas atrás sintió que abrieron un portal y quería saber de qué se trataba. Dejó a Odiel a cargo de Ulises y desapareció de enfrente de él.

***

Dimitri, por cuenta propia, ideaba un plan para descubrir a Reka, pero no se le ocurría otra cosa que lo obvio: usar a Ana de carnada. No obstante, eso era algo que él ni siquiera tenía como opción.

—Creo que debemos esperar a Ulises. Él sabrá cómo enfrentarla. —Dimitri le contestó a Ana mientras acariciaba su mejilla—. Por cierto, él dijo que no tardaría y aún no se aparece.

—No te preocupes, él debe estar cerca. De todas formas, no creo que Reka intente algo ahora, ella como que tiene sus sospechas. —Ana lo trató de tranquilizar. Dimitri besó su frente y la apretó contra su pecho. Esa imagen de ella ahogándose sin él poder hacer nada para ayudarla, le quitaba la paz. Era la primera vez que sentía miedo. Temía que Reka atacara a la mujer que amaba y él no pudiera hacer nada para salvarla.

Ana y Dimitri se durmieron. Ella estaba rendida sobre su torso desnudo mientras él la rodeada con su brazo derecho.

Frente a ellos, una joven los miraba con rabia y los celos consumían su paciencia. Pronto iba a saborear la muerte de Ana lentamente, mientras tanto, se conformaría con torturarla en sus sueños.

—¡No! ¡Déjame! ¡Ayúdenme, por favor! —Ana empezó a removerse con violencia logrando despertar a Dimitri.

—¡Ana! ¡Despierta! —La sacudió con desesperación y ella despertó llorando y temblando. Él la abrazó y besó su cabeza.

—¡Fue horrible! —Ana gritó casi convulsionando del miedo—. Nunca en mi vida había sentido tanto dolor. —Dimitri no pudo evitar que algunas lágrimas se le escaparan. Él no era hombre de llorar, pero ver a Ana en esas condiciones, le dolía como si le estuviera pasando a él mismo.

—Solo fue una pesadilla, amor. No permitiré que te hagan daño, preciosa. —Dimitri la apretó como si no quisiera que se escurriera de sus brazos. Él no durmió el resto de la noche velando que ella durmiera bien. Tenía que buscar una forma de acabar con ese infierno de una vez y por todas.

***

—Jing... —Leela dijo en un suspiro y se abrazó a su cuerpo sudoroso. Jing dejó un beso corto en sus labios y se le quitó de encima. Ella le sonrió con ternura y acarició su largo cabello.

—¡Oh, Dios mío! —Odiel, quien había aparecido en el establo, se volteó de repente colorado como un tómate y escandalizado por lo que acababa de presenciar.

—¡¿Qué haces aquí?! —Leela espetó mientras se vestía junto a Jing. Su esposo se puso la ropa en cuestión de segundos, lleno de vergüenza.

—¿Ya están vestidos? —Odiel preguntó molesto.

—Sí... —Jing respondió apenado y, cuando Odiel se volteó, él le evadió la mirada.

—¡Es de día y están en un establo! Se supone que deberían estar por ahí trabajando o espiando, ¡qué se yo! Pero... a ustedes nunca se les quita esa calentura. Han roto el récord de los guardianes más cachondos de la historia. —Odiel espetó indignado. Por su parte, Jing ocultó el rostro abochornado, en cambio Leela lo confrontó con la mirada.

—¿Cómo te atreves tú a aparecerte así de repente? Somos esposos y nos gusta el sexo. ¿Qué hay de malo en eso? Creo que lo que te pasa es que estás amargado por tu falta de acción. Deberías buscarte a una mujer e imitarnos, tal vez así se te quite el mal humor. —Leela se cruzó de brazos y Jing la miró agrandando los ojos.

—Que sean esposos y les guste, no, creo que son adictos al sexo —aclaró—; no les da el derecho de revolcarse a donde sea que le lleguen las ganas. ¡Es de día y están en un establo! ¡Qué iba a saber yo que estarían pegados! —Odiel gritó sonrojado.

—¡No estábamos pegados! Ya... habíamos terminado. —Leela replicó—. Además, se supone que sabes lo que hacemos cuando piensas en nosotros, de seguro lo hiciste a propósito. —Leela lo miró de forma acusatoria.

—¡¿A propósito?! ¡No soy un enfermo! —negó avergonzado—. Es solo que tengo tantas cosas en la cabeza que no me percaté de eso.

—¡Ya! —Jing intervino hastiado—. Viniste a algo, ¿no? Además, tenemos información que darte. Lo descubrimos hace poco y estábamos esperando tu señal.

—¿Qué es? —Odiel preguntó con el tono de voz aún molesto.

—Leonel Sum está planeando un ataque masivo con un gran ejército. Escuché que atacarán todo el continente al mismo tiempo. Los Evils se están posicionando en diferentes puntos geográficos y... —Jing rascó su cabeza— ellos están solo para arrasar con las aldeas que no estén de acuerdo con el gobierno Sum.

—¿Entonces pelearán solo con sus hombres? Eso es ridículo, sus guerreros están en desventaja —Odiel razonó con ironía.

—No, ellos están convocando un ejército que peleará junto a sus hombres, pero ese ejército es de otro mundo. Al parecer, los Evils le dieron coordenadas e información de un planeta de vándalos y conquistadores. Usarán la piedra dorada para traerlos. Yo estuve a punto de recuperarla, pero la tal Kiara la cambió de lugar. —Leela aclaró.

—De todas formas, ya él los transportó. —Odiel se lamentó—. Ese debe ser el portal que se abrió. Si ellos atacan las aldeas, al mismo tiempo que reúnen un ejército en nuestra contra, entonces, será una ardua batalla y nuestras estrategias deben ser planeadas minuciosamente.

—No es que contemos con mucho tiempo. —Jing intervino.

—Yo vine a decirles algo diferente. —Odiel dijo mirando a Leela. Sabía que lo que diría le afectaría—. Ulises trató de traer a Eli sin haber terminado de curar y la Sapria que nos espiaba aprovechó la ocasión y ahora Eli está en sus manos. Sabemos que es Kiara, así que su misión será encontrar algún rastro de Eli.

—¡Qué dices! —Leela gritó alterada—. Debo encontrarla ahora mismo, esa bruja es un peligro. —. Leela iba a salir del establo cuando Jing la agarró por la muñeca.

—Quieta, gatita salvaje. —Jing la atrajo hacia él—. Nada de actuar por impulso. Vamos a hacer las cosas a mi manera. ¿Entendiste? —La miró demandante y ella asintió no muy convencida.

***

Ulises fue al campamento a mostrar el cofre a Darian. No podían continuar ocultándole la verdad ya que debían unirse para formular un plan de ataque.

—Entonces, sí eres mi sobrino. —Darian abrazó a Ulises con lágrimas en los ojos—. ¡Lo sabía! Eres tan parecido a Dan y tu sonrisa me recuerda a mi hermana. Ulises, eres la única familia que me queda y somos los últimos Estrellas Verdes. Debes encontrar a tu esposa para que tengan hijos y así continuar con nuestra raza.

—Así lo haré. —Ulises asintió con una sonrisa—. Pero creí que no querías a Eli como mi esposa.

—Tenía miedo. Fui una tonta y me dejé influenciar por las palabras de Reka y Mariam. Perdóname, Ulises, no debí tratar a Eli de esa manera.

—Está bien. Ahora necesito que me ayudes. Eli quedó atrapada en las garras de Kiara y yo aún estoy débil para rescatarla. Mis amigos de Destello vinieron a ayudarme; por cierto, Dimitri no es de este mundo. Pero por lo visto se quedará viviendo aquí. Luego te explico cómo llegó aquí y porqué mentimos.

Darian rio.

—Me imagino la razón. Es obvio que está perdidamente enamorado de Ana. Pero me alegra que ella esté con él, Ana es una buena chica y él es un buen hombre.

—Así es. Después de Jing, él es el guerrero más poderoso que he conocido. Nos será muy útil.

—Estoy confundida en algo. —Darian expresó—. Si no existe el elegido sino un guardián, y tú eres ese guardián... ¿Quién es Reka exactamente?

—¡Una maldita bruja! —Dimitri hizo entrada con Ana a rastras. Él se acercó a Ulises con mirada de reclamo y los ojos llenos de ojeras—. Teníamos un trato, Harrison. ¿Dónde rayos te metiste?

Ulises rascó su nariz y la culpa lo abordó. Estaba tan enfocado en traer a Eli que olvidó su trato con Dimitri.

—Lo siento... Tuve un percance, pero te prometo que no volverá a suceder. ¿Estás bien, Ana? —se dirigió a ella.

—Sí, no te preocupes —respondió con una sonrisa.

—Sí, pero yo no dormí en toda la noche y ella no dejaba de tener pesadillas. —Dimitri reclamó.

—Debemos buscar a Reka y enfrentarla. —Darian ordenó y ellos salieron del estudio.

***

Leela y Jing se dividieron para buscar alguna pista en toda la mansión. Sus joyas brillaban buscando el rastro de Eli y la piedra, pero no las encontraron, sin embargo, descubrieron su ubicación.

—¡Angelito! —Leela abrazó a Ulises y él la miró extrañado.

—¿Qué hacen aquí? Creí que estarían en la mansión de los Sum.

—Ya no más. No seremos útiles en ese lugar, puesto que allá solo están los sirvientes. —Jing respondió.

—¿Solo los sirvientes? —preguntó extrañado.

—Ellos están planeando su ataque en la región Ilusiones. Eli está en el bosque del Encantamiento, creemos que tienen la piedra allí oculta, también. —Leela respondió.

—Entonces debo ir por ella. Eli está en peligro, pronto Kiara podrá quitar el bloqueo de la pulsera y... ni siquiera quiero imaginar el resultado.

—Te ayudaremos. —Leela palpó su hombro.

—Gracias, pero los necesito aquí. El maestro Chan y Odiel vendrán con la última información. ¿Podrían hablar con mi tía y los guerreros sobre lo que descubrieron? Necesitamos una estrategia de ataque y ustedes son los mejores en eso.

Leela y Jing asintieron. Ulises abrazó a su amiga y luego tomó distancia. Sus Ojos brillaron y una luz verde resplandeciente lo cubrió. Entonces, desapareció de su vista.

***

Eli despertó con náuseas y un terrible dolor de cabeza. No sabía si podría soportar más dolor. Tenía que buscar la forma de salir de allí lo antes posible.

—Hola, rival. —Eli no pudo evitar las lágrimas al escucharla. Otra vez aquella dolorosa tortura.

—¡Aléjate de mí! ¡Déjame en paz! —Empezó a llorar de la desesperación y el miedo de lo que sabía que pasaría—. ¡¡Nooo!!

Ulises viajaba lo más rápido que podía con el corazón a mil. Podía percibir su dolor, ella estaba sufriendo y eso le partía el corazón. Sintió como la energía de la pulsera de Eli se debilitaba y su ritmo cardíaco se aceleró. La desesperación y ansias por llegar le impedían respirar con normalidad. Apretó los puños y su energía se incrementó y en cuestión de segundos, estaba en el bosque donde se había reencontrado con Eli después de tres años. Bajó al suelo y caminó con sigilo. De inmediato, sintió como el bosque lo acogía y le brindaba su poder. Los árboles se movían con sutileza y las flores emanaban su polen que se pegaban a la piel de Ulises. Pequeñas luces de energía se fusionaban con la que Ulises emanaba y sus ojos brillaban con intensidad. Se sentía reconfortado y lleno de poder. Miró la gran cueva y apretó sus puños, ya no percibía a Eli gritar de dolor y la pulsera había perdido su fuerza. Saltó sobre la cueva, pero una fuente de energía oscura lo lanzó por los aires.

«Está bloqueado», pensó.

Ulises se lanzó otra vez contra la cueva, pero la acción anterior se repitió. Kiara era muy fuerte. Ulises se levantó frustrado y desesperado. Sudores recorrían su frente y la impotencia le apretaba el pecho. Apretó sus manos en dos puños que fueron rodeados de energía verde y sus ojos se prendieron en fuego rojo. Saltó suspendido y con un grito golpeó el escudo protector.

—¡Nooo! —Un alarido lo puso alerta y al cabo de un segundo estaba dentro de la cueva. Corrió hasta el fondo, mas no había nadie. Entonces lo comprendió, Eli estaba en otra dimensión. Cerró sus ojos y miró a Kiara herida junto a Eli, quien estaba moribunda y amarrada con cadenas. Ulises movió sus brazos con destreza y Kiara sintió el impacto de su ataque, saliendo de aquella dimensión y apareciendo frente a él. Se espantó al notar su mirada asesina y dispuesta a cualquier cosa. Ya no veía al chico ingenuo y dulce al que ella una vez esclavizó.

Kiara retrocedió asustada y Ulises se preparó para el ataque. Ella sacó la piedra dorada y ésta empezó a brillar. Ulises atacó antes de que escapara y un rayo verde salió de su mano, impactando a Kiara; eso provocó que la piedra se activara y un gran resplandor los cubrió. La piedra se salió de la mano de la rubia y se lanzó por los aires desapareciendo de sus vistas. Ulises vio a Eli desaparecer de aquella dimensión, al igual que pasó con Kiara. Entonces sintió como lo lanzaban fuera de allí y perdió el conocimiento.

***

Ulises abrió los ojos con dificultad, dado que su cuerpo le pedía más descanso. Entonces, Eli llegó a sus pensamientos y él se sobresaltó y se incorporó de un respingo.

—¡Eli! —Miró a su alrededor con desesperación y se encontró con la mirada indiferente de Odiel.

—¡Hasta que por fin despiertas! —Odiel se le acercó y le tiró una toalla. Ulises lo miró con confusión, mas el mestizo se limitó a entornar los ojos.

—Te he preparado un baño de plantas curativas que te dará energía. Eso y comer, por supuesto.

—No entiendes, debo ir por Eli.

—No hasta que te recuperes. Ni te imaginas la batalla que se aproxima. Te necesitamos sano y recargado. —El mestizo respondió con toda su serenidad.

—¡¿No me escuchaste?! ¡Necesito ir por ella! —gritó alterado y Odiel lo envolvió en un aro de energía dorada que lo llevó flotando al baño y lo lanzó a la bañera.

—¡Eres tan cabeza dura como Leela! Con razón se llevan tan bien. ¿Es tan difícil obedecer? Tu mujer está bien. Leela la encontró en un bosque azul, o el bosque azul, qué sé yo. Aquí no se esmeran con los nombres, pareciera que un niño hubiera dividido los territorios.

—¿Encontraron a Eli? —Ulises preguntó con alivio.

—Fue lo que dije, ¿no? La recataste de la Sapria, pero al parecer algo descontroló la piedra dorada y esta los transportó a diferentes lugares. El maestro Chan está rastreando la piedra y a la Sapria, que por cierto está desaparecida. Báñate y ven a comer. Tienes dos días inconsciente y necesitas recuperar fuerzas. —Odiel ordenó y salió del baño dándole privacidad.

Ulises comió tres platos de caldo y luego arrasó con todo lo que encontró en el refrigerador.

—¡Vaya que sí necesitabas alimentarte! Por lo menos estás recuperando energía. Pronto te llevaré al campamento donde está tu esposa. Leela la curó y ella ya está mucho mejor.

***

Dimitri no se le despegaba a Ana ni un segundo, por lo menos la presencia de Leela y Jing lo tranquilizaba, ya que ellos poseían las joyas. Reka no volvió a asomarse al campamento, como si supiera que fue descubierta por ellos.

—Te ves mucho mejor, Eli. —Leela le dijo con una sonrisa. Ambas estaban sentadas sobre un tronco, supervisando los entrenamientos de los guerreros, dirigidos por Jing y Dimitri.

—Eso es gracias a tu cuidado. —Eli le devolvió la sonrisa.

—Hola. —Odiel se apareció frente a ellas—. Ya el guardián testarudo despertó. Creo que ya tengo suficiente contigo como para que me pongan al cuidado de otro inmaduro más. —El mestizo se quejó. Leela y Eli se pararon de sus lugares y la última empezó a temblar de los nervios. Tenía tanto tiempo sin verlo que ese momento se le hacía irreal.

—¿Ulises está aquí? —Eli preguntó con los ojos cristalizados y Odiel esbozó una sonrisita pícara.

—Está llegando al campamento —contestó. Eli corrió desesperada hacia la entrada seguida por Leela.

Ulises venía cabalgando y paró en seco al ver a su esposa correr a su encuentro. Fue un momento que se quedaría impregnado en su mente para siempre. ¡Su enana! Con su cabello corto y sedoso, agitándose a la par de sus movimientos; su cuerpo delgado y más demacrado de lo que lo recordaba solo era evidencia de todo el sufrimiento que había padecido. Pero aun así se veía hermosa. Pareciera que corriera como una bella e inocente gacela. Él saltó del caballo con ansias de llegar a ella. Los segundos se hacían eternos y como si en cámara lenta corrieran, le hastiaba verla lejos de él, como si el empeño de su corrida no fuese suficiente. Cada vez su rostro era más claro y él solo quería llegar al fin y aferrarse a su cuerpo y no permitir que los separen jamás.

¡Por fin estaban frente a frente y las lágrimas corrían por sus mejillas como evidencia de su inexplicable felicidad!

Un abrazo con fervor, con fuerza y efusividad los unió. El calor que emanaban sus cuerpos se mezcló, así también lo hicieron sus llantos. No podían expresar de otra forma aquella sensación, aquel anhelo, el alivio de estar juntos otra vez. Todos los observaban conmovidos y los más sensibles no pudieron similar esas lagrimitas que se escurrían por sus ojos. Verlos era el espectáculo más tierno y dulce que se podía presenciar.

Ulises besaba el rostro y cabello de Eli con efusividad. No podía con tanta felicidad en el pecho. Ella era parte de él y su ausencia lo había dejado castrado e incompleto. La necesitaba en su piel. Besó sus labios con fervor y se sintió transportado a otro lugar. ¡Qué delicia! ¡Cuanto deleite había en el sabor de su boca! Las ansias eran muy fuertes y no pudo controlarlas. Pareciera que se la tragaría, como si quisiera beber toda su esencia en un solo beso. Sus lágrimas, sus respiraciones, sus alientos, sus labios y su alma, se habían convertido en uno y ellos se habían olvidado de que no estaban solos.

Gritos, aplausos y silbidos lo trajeron a la realidad y Ulises acunó el rostro de Eli entre sus manos y le regaló la mirada más dulce que ella haya visto jamás.

—¡Vámonos de aquí! —Ulises dijo con tanta intensidad que provocó que Eli se estremeciera por completo. Sabía la intención de su esposo y ella estaba ansiosa por tener privacidad para dar riendas sueltas a sus deseos y a la necesidad de compensar todo el tiempo perdido.

Ulises tomó a Eli entre sus brazos y la puso sobre su caballo. Ella se abrazó a su espalda y recostó su cabeza sobre él. Se sintió embriagada con su deliciosa y dulce aroma, mientras que él sentía como todo su cuerpo reaccionaba al sentir a su enana pegada a él.

Ulises, como todo un caballero, ayudó a Eli a bajar del caballo, aunque no fuera necesario. Se miraron a los ojos unos segundos y la anticipación de lo que iba a suceder entre ellos agitaba sus corazones con latidos rápidos y agresivos. Eli ojeó la casa y suspiró de felicidad y alivio. ¡Por fin había regresado a su hogar! Ulises limpió las lágrimas que corrían por sus mejillas y dejó un dulce beso sobre sus labios. Eli se espantó cuando Ulises la tomó entre sus brazos. Entró a la habitación y la puso sobre la cama. A pesar de lo ansioso que estaba, decidió saborear cada centímetro de su piel con paciencia, quería llevarla al clímax antes de unificarse con ella, pues sabía que terminaría rápido.

Se besaron con locura y pasión. Las caricias fueron desvergonzadas y sin inhibiciones. Ulises besó, mordisqueó, succionó y saboreó cada centímetro de su piel. Eli se sacudía del placer y sentía que perdería la cordura y hasta la respiración. Por fin Ulises pudo disfrutar de su calidez y estrechez. Le encantaba como ella lo apretaba y le brindaba ese maravilloso placer. Como imaginó, no pasó mucho tiempo para que él viera la gloria. Hundió su rostro en el cuello de ella, quemándola con su aliento. Ambos se abrazaron y las lágrimas se hicieron presentes otra vez.

—Esto no termina aquí, preciosa —espetó con su voz temblorosa y empezó a tocar a Eli y besar su cuerpo sudoroso. Minutos después, ambos se movían al compás de sus deseos y suspiros. Esta vez el goce fue más largo y ambos terminaron a tiempo de forma milagrosa y maravillosa. Ambos temblaban de placer, embriagados por su amor, apegados y necesitados de estar juntos por siempre...