Chapter 49: Reencuentro tregua y estrategia
—¡¡Ulises!! —Leela corrió hacia él con lágrimas en los ojos. No podía creer lo que veía; era él y estaba vivo o... casi vivo. Ella se tiró al suelo y puso la cabeza de él sobre sus piernas, sus lágrimas caían sobre el rostro de pálido de su amigo.
Jing, Odiel y el maestro Chan los rodearon y observaban al chico con gran asombro. Aunque ya tenían la información de que vivía, aun no era un hecho hasta verlo en persona. La cadena de Leela brilló y una luz dorada cubrió a Ulises. Su piel pronto recobró su tono natural y sus ojos se fueron abriendo poco a poco. Ulises se incorporó atolondrado y miró a su alrededor confundido. Sus orbes verdes se posaron sobre Leela con expresión incrédula.
—¿Chica ruda? —Agrandó los ojos y los frotó varias veces—. ¿Eres tú?
Leela asintió llorosa mientras mordía su labio inferior.
—¡Angelito! —dijo en un sollozo y ambos se abrazaron con fervor. Se apretaban fuerte como si no quisieran ser separados jamás. El llanto fue inevitable. Ulises se distanció y la miró con intensidad. Pegó su frente con la de ella mientras acariciaba su mejilla con su dedo índice.
—Chica salvaje, tienes permiso de llamarme así por hoy. Te he extrañado tanto, chica ruda. —Besó su frente y dejó sus labios allí por unos segundos—. ¿Cómo llegaste aquí? ¿Cómo ustedes...? —Miró a los demás y se dirigió a Jing quien no le quitaba la mirada de encima—. Lo siento, príncipe. Ella es mi hermana, mi amiga..., necesito abrazarla... —La envolvió entre sus brazos otra vez mientras Leela lloraba sobre su pecho.
—No te preocupes, entiendo su relación. Eres mi cuñado o algo así. —Jing contestó conmovido y con la voz temblorosa. Sus ojos miel estaban cristalizados por las lágrimas.
Pasó una media hora hasta que Ulises y Leela se pusieron de pies sin soltarse de las manos; de vez en cuando, él besaba su mejilla y ella se recostaba sobre su hombro.
—Hay muchas cosas que no sabes de nosotros y por lo visto nosotros de ti. —Leela comentó. Ulises miró por todos lados con desesperación como si buscara algo o a alguien. Leela lo miró con una sonrisita pícara—. ¿Buscas a alguien?
—¿La enana no vino con ustedes?
—Ummm... Eres un picarón. No perdiste tiempo y de una vez la hiciste tu esposa. Por lo menos se casaron y no tengo que jalarte las orejas por quitarle su inocencia y burlarte de ella. —Leela lo miró entrecerrando los ojos.
—¡Qué cosas dices! —Bajó el rostro sonrojado—. Nunca me burlaría de ella, yo... la amo —Leela dejó salir un chillido y Ulises se tapó los oídos—. ¡Deja de gritar, loca! —gruñó frunciendo el entrecejo.
Leela le pegó un manotazo en la cabeza y él se quejó sobándose.
—Respétame, que soy mayor que tú —le reclamó y él bufó.
—Ustedes nunca cambian. —Jing suspiró.
—Leela ni con hijos madura. —Odiel la atacó—. Jing no tiene dos hijos, tienes tres.
Leela lo miró mal y Ulises posó sus ojos sobre ella.
—Eli me contó que tuviste mellizos. Solo espero que sean como su papá. Destello no soportaría a Leela reproducida. —Ulises se burló y Jing soltó la carcajada.
—Pues, justamente John salió tan travieso y ocurrente como su madre. —Jing comentó con un brillo especial en los ojos. Sus hijos eran su tema favorito de conversación.
—Después de que pase todo esto, iré a Destello a conocer a mis sobrinos. Deben ser muy lindos —dijo Ulises abrazando a Leela una vez más—. Por cierto... ¿Por qué Eli no vino con ustedes? ¿Pasó algo? —preguntó con preocupación en su mirada.
—Me tardo días para preparar la transportación de alguien más y tuvimos que darnos prisa o ibas a morir. —El maestro Chan respondió.
—¿A morir? ¿A qué se refieren?
—Angelito —Ulises la miró mal—, te esforzaste demasiado para romper el bloqueo creado por las Saprias y si volvías a utilizar tu poder sin tu pulsera, podrías morir.
—¿Saprias? ¿Pulsera? —Ulises inquirió confundido.
—Tenemos mucho de qué hablar. —Jing topó su hombro.
***
Ya estaba amaneciendo y ellos estaban sentados en la sala de Ulises, quien observaba la pulsera verde con detenimiento.
—Entonces... —Ulises señaló a Leela y a Jing—. Yo soy como ustedes, pero en este mundo. Eli me contó la razón por la que Leela fue la elegida y no la princesa Elena y lo que sucedió con aquel mundo y sus realidades paralelas. Pero descubrir que yo soy un guardián y que nunca pertenecí a Destello, es difícil de asimilar. Entonces, Reka y Darian estaban en lo cierto.
—¡Qué chico tan gracioso! —Odiel espetó divertido—. Tienes ese gran poder y hasta lo has manipulado y todavía te sorprendes. Tú no sabes lo poderoso que eres. ¿Me equivoco?
—Es una habilidad que ignoraba que tenía hasta que llegué a este mundo. —Ulises contestó desconcertado. Se sentía culpable y triste por los rencores contra sus padres. Después de todo lo que sacrificaron para darle una buena vida y protegerlo, él los culpaba por ser guerreros y morir en la batalla. Ulises empezó a llorar con desconsuelo.
—Debes ser fuerte, Angelito —Leela acarició sus rizos. Él la envolvió en un abrazo y lloró sobre los hombros de ella—. Estoy tan agradecida de que estés bien. Eres mi hermano. Tal vez no de sangre, pero aquí —lo distanció y puso su mano sobre su pecho—, eres mi hermano de alma y te amo, Ulises. No estás solo, lucharemos contigo para que recuperes el orden de este mundo y puedas recuperar la paz y la verdad, asimismo proteger a los lucerianos. Confío en ti, hermano; confío en que serás el mejor guardián de todos. —Ulises cayó sobre ella otra vez y ambos lloraron por un largo rato.
Después del desborde de emociones y de que el maestro Chan le explicara que el elegido rey no existe y que él debía usar la pulsera para utilizar su poder sin sufrir consecuencias físicas, Ulises empezó a revisar el cofre.
—¿Esto es un diario? —Ulises tomó una libreta y empezó a leer su contenido.
«Lua Luz»
Mes 2nd en Destello.
«Extraño a mi familia y a mi mundo. Adaptarnos aquí ha sido difícil, dado que no tenemos una ocupación. Por lo menos, al igual que en Lucero Verde, aquí hay muchos campos sin ocupar y pudimos construir una pequeña choza y nos alimentamos de los frutos de los árboles silvestres. Dan no quiere que escriba sobre esto, sin embargo, es mi forma de desahogarme y mantenerme conectada con quién realmente soy. Ula es el nombre que mi madre escogió y siempre me gustó. Pero ahora nos llamamos de otra forma, tememos que alguien descubra de dónde venimos. Es por esto, que he decidido llamar a mi hijo “Ulises”, así mantengo la luz de Lucero verde, aunque sea en su nombre. Sé que es injusto arrebatarles su guardián, no obstante, temo que las Saprias lo devoren».
Ulises se limpió una lágrima que provocaba cosquillas a su mejilla.
—Si yo soy el guardián, entonces... ¿Quién rayos es Reka? —Ulises pensó en voz alta y todos lo miraron.
—¿Reka? —Odiel preguntó sentándose a su lado.
—Reka es la guardiana de este mundo. Ella es quien guía a los restauradores a luchar contra Sum y su gente para recuperar el control y la paz en Destello. Ellos me salvaron de la esclavitud en la que Sum me tenía sometido, pues me habían usado controlando mi mente y haciéndome creer que era otra persona. Eli lo descubrió con ayuda de Ana y otros restauradores, fue así como ambos terminamos luchando en contra de Sum.
—No es posible que esa tal Reka sea la guardiana porque solo existe un guardián por generación —El maestro Chan sentenció—. Ella es una impostora o tal vez le hicieron creer aquello. Este mundo está tan sumido en la ignorancia de su propia cultura, que las personas pueden adquirir identidades que no les pertenecen.
—Esa Reka es una bruja igual a las que enfrentaste y mataste. —Dimitri apareció en la sala y todos posaron su mirada sobre él.
—Sigues con eso. —Ulises bufó.
—¡Dimitri! —Jing expresó tenso. Dimitri se dirigió hacia él y cuando estuvieron frente a frente él acercó su rostro y lo miró con cinismo.
—¡Jing! —dijo sin dejar de mirarlo a los ojos. La tensión llenó la sala y todos los miraban expectantes—. Tú y yo siempre seremos rivales, pero es bueno hacer una tregua y luchar juntos esta vez. —propuso manteniendo su sonrisita provocativa.
—Tregua, entonces. —Jing esbozó media sonrisa.
—Con la luciérnaga, Leela, tú y yo; será más que suficiente para tomar el control de este mundo. Aquí no hay un guerrero que sirva, a excepción de mi discípula y es porque la estoy entrenando yo.
—¿Discípula? —Ulises lo miró con picardía, pero Dimitri se hizo el indiferente.
—Leela bella, mucho tiempo sin vernos. —Dimitri se acercó a ella y tomó sus manos, quien miró a Jing nerviosa por su posible reacción—. ¿Cómo te ha ido con el controlador de Jing? No le obedezcas en todo, él es muy extremista. —ambos rieron y Jing los miró haciendo una mueca, no podía quitar sus orbes miel de la mano que su rival sostenía. Dimitri dejó un beso en la mejilla de Leela y le guiñó un ojo. Jing lo apartó de ella y la sostuvo de la cintura de forma posesiva.
—Deja de molestar a Jing, no te conviene que él dé por terminada la tregua. —Odiel advirtió entretenido por la situación.
—¿Dimitri? —Ana se unió a la sala y todos la miraron con asombro.
—¿Y ella quién es? —Odiel le apuntó con el dedo.
—¿Recuerdan a la "discípula" de Dimitri? —Ulises dijo haciendo ademanes de comillas con los dedos.
—¡Vaya, Dimitri! ¡Tienes buen gusto para las discípulas! —Odiel se burló. Al instante Ulises y este soltaron una carcajada. Ana miraba a todos con sorpresa y confusión y se acercó a Dimitri.
—Hola, soy Leela y él es mi esposo, Jing. —Leela fue la primera en saludar con cortesía.
—¡Qué hombre tan apuesto! —Ana soltó atolondrada. Dimitri y Leela la miraron con reclamo y disgusto—. Lo siento, no lo hice con mala intención... —Ana bajó el rostro avergonzada, al parecer había pensado en voz alta.
—No te preocupes. —Jing la miró divertido—. Gracias. No debes avergonzarte por decir la verdad.
—¡Ja! ¡Tan creído como siempre! —Leela espetó. Los demás bufaron ante el comentario de Jing.
—¡Lo siento! —Ana inclinaba la cabeza con agitación.
—¡Ya! ¡O te vas a despegar la cabeza! —Un molesto Dimitri le reclamó. Ella miró a Leela con detenimiento y luego a Dimitri. Era obvio que ella era la guerrera de sus sueños, tal vez por eso se veía nervioso y sonrojado. La tristeza embargó su pecho y miró a Dimitri con pesar—. ¿Qué? ¿Tengo algo en el rostro? —le preguntó con rudeza y frialdad. Ella negó abochornada.
—No, lo siento. —Ana lo miró con enojo.
—Conque tu discípula. —Jing lo abordó con una sonrisa maliciosa.
—Sí... ¿Algún problema? —Dimitri lo encaró. Jing le topó el hombro.
—Bienvenido al club de los idiotizados. —Jing le susurró al oído y luego se acercó a Leela, a quien besó en la mejilla.
Dimitri miró a Jing mal por su comentario, pero Ana lo interpretó de otra forma.
—¿Ustedes también son del mundo de Eli? —Ana preguntó mirándolos raro.
—Sí. —Odiel contestó con una sonrisa.
—Bien... ¿Y dónde está ella? —inquirió mirando por todos lados. Ulises cambió la expresión. Estaba ansioso por ver a su enana.
—Ulises la traerá pronto. —El maestro Chan respondió y luego miró a Ulises con picardía y complicidad.
—Angelito...
—¡Qué no me llames así! —Ulises se quejó.
—¡Pero dijiste que podía!
—Por ayer. Ya amaneció, no me llames así. ¡Soy un hombre! —Leela le pegó en la cabeza.
—¡Qué no me hables así, jovencito! Angelito, angelito, angelito...
—¡Ya basta! —Dimitri gritó hastiado—. ¡Rayos! ¡Actúan como unos mocosos!
Leela y Ulises lo miraron divertido, quien la besó en la frente.
—Te extrañé mucho, chica salvaje.
—Entonces demuéstralo preparándome un chocolate.
—Ummm... —Ulises entrecerró los ojos—. De seguro que solo me extrañas por eso —dicho esto, pellizcó su nariz y ambos se fueron a la cocina riendo de sus malos chistes y sus estúpidas conversaciones.
—Entonces, Dimitri es tu maestro... —Jing abordó a Ana malicioso, mas Dimitri la jaló por la muñeca.
—Deja de fastidiar, Jing. Sé lo que intentas, pero no es tu asunto.
—¡Y tú tanto que te jactabas de que nunca sufrirías este mal y mírate! —Jing realmente se estaba divirtiendo.
—Ok, disfruta tu venganza, insecto real.
—¡Dimitri! —Ana lo reprendió.
—Acostúmbrate. —Jing le palmó el hombro—. Ellas son las que mandan.
Odiel y Jing rieron entretenidos por la expresión asesina de Dimitri. Ana lo miró con rabia y se fue a la habitación.
—Creo que debes hablar con tu chica. —El maestro Chan se unió—. Al parecer, malinterpretó tu reacción.
Dimitri pasó la mirada de Jing a Odiel, terminando en el pasillo. Dudó un poco, pero las ansias de saber qué sucedió con Ana pudieron más que su orgullo, por lo que corrió tras ella. Odiel y Jing volvieron a reír.
—Nunca imaginé que vería esta versión de Dimitri. Se me hace difícil asimilar a un Dimitri enamorado. —Jing dijo sonriente con los ojos puestos en el pasillo.
—¿Ana? —Dimitri se asomó a la puerta, mas ella lo ignoró—. ¿Todo bien? —Se colocó a su lado. Ella estaba sentada en la orilla de la cama, con los brazos cruzados y mirada triste.
—Eso debo preguntarte yo a ti. ¿Todo bien? —respondió arrugando el rostro.
—Bueno..., fuiste tú la que se fue molesta, no yo.
—Fuiste tú quien se enfadó porque el esposo de la mujer de tus sueños la besó.
—¿Qué dices? —Dimitri soltó una carcajada y la rodeó con sus brazos—. Estás celosa. Yo también me puse celoso cuando te comiste a Jing con la mirada.
—No me comí a nadie con la mirada. Solo me impresioné con su atractivo. Ustedes los destellanos tienen buenos genes. —Sonrió.
—Entonces, me crees atractivo... —Acercó su rostro con picardía.
—Sí... Aunque tú no pienses lo mismo de mí.
—Ana, eres la mujer más hermosa que he conocido jamás. —Buscó su mirada.
—¡Eres un mentiroso! Todavía te gusta la guerrera. No lo puedes negar, estabas muy tenso allí.
—Eres una celosa empedernida. Estaba tenso, pero no era por ella... Jing y yo tenemos una relación complicada y él ahora se está vengando.
—¿Vengando? —Ella lo miró con confusión.
—Digamos que yo lo acosé y me burlé porque él se enamoró de Leela, para mí enamorarse era de personas débiles y estúpidas. Él notó lo loco que me vuelves y se mofó en mi cara. Ana, es muy obvio que me gustas, deja de pensar tonterías y mejor bésame hasta que no podamos respirar. —Dimitri mordió el labio inferior de ella y luego empezó a devorar su boca. Ana lo apartó y tomó su rostro con sus dos manos, fijando su mirada miel sobre sus orbes grises cristalinos.
—No dejaré que me beses hasta que definas tu relación conmigo —dijo desafiante y él esbozó media sonrisa.
—Muy bien, señorita. Tú y yo estamos comprometidos. Nos casaremos cuando todo este embrollo se resuelva y buscaré la forma de ganar dinero para comprarte un hermoso anillo de diamantes, así como hacen en la Tierra. Luego, compraré un gran terreno donde construiremos nuestra casa y pondré un taller de artesanías, tengo un secreto que hoy compartiré contigo: además del arte de la manipulación, tengo el arte de crear finos jarrones.
—Tú eres una cajita de sorpresas, cariño. Solo te corregiré algo; soy de las mujeres que trabajan a la par de su pareja para lograr sus objetivos juntos. Aceptaré tu propuesta si me haces partícipe de ganar el dinero para casarnos.
—Preciosa, acepto tu condición. Eso hace que me enamore más de ti. Eres una mujer muy valiosa, ¡pobre de ti! No podrás escapar nunca de mí.
—Me alegra escucharlo, artesano.
Ambos se sumieron en un dulce beso que les robó el aliento.
***
—Debes esperar. —El maestro Chan se dirigió a Ulises, quien caminaba de un lado a otro en la sala que se había vuelto diminuta con todos ellos allí.
—Tengo más de dos meses sin verla. Necesito a mi mujer de vuelta. —Ulises rascó su nariz.
—¡Vaya! Todavía se me hace raro escucharte. Después de tanto rechazo, mira lo enamorado que estás. Siempre supe que hablabas de la boca para fuera. —Leela espetó divertida y él sonrió malicioso.
—A mí también me sorprendió lo del príncipe y tú. Al parecer, tus acosos dieron resultados. —Ulises contra atacó y Jing tosió para no reírse. Él se sonrojó al recordar cómo ella lo espiaba.
—Quien me tiene sorprendido es Dimitri. —Jing comentó mirando al aludido con media sonrisa—. El escalofriante y temido guerrero, de quién se pensaba era asexual. Nunca se interesó en nadie y ahora bota las babas por una chica. Señorita, no sabe lo que ha logrado, nunca imaginé ver a Dimitri tan entregado y enamorado.
Todos asintieron y empezaron a dar su punto de vista. Dimitri los miró fulminante y esbozó su tan acostumbrada y escalofriante sonrisa.
—¡Déjenme en paz! —Frunció el ceño—. En vez de perder el tiempo analizando como cada quien ha madurado o hecho su estúpida vida, mejor nos enfocamos en nuestra estrategia. Ni siquiera sabemos por dónde empezar ni qué hacer para sacar la verdad a luz. —Dimitri volvió la mirada a Ana, quien estaba envuelta entre sus brazos y recostada sobre él.
—Mi enfoque ahora es traer a mi enana de regreso. —Ulises respondió tajante.
—Tienes que recuperarte primero, muchacho. —El maestro Chan profirió—. Que tengas la pulsera verde, no significa que estés recuperado.
—Creo que debemos poner cada cosa en su lugar. —Jing intervino—. Ni siquiera sabemos quién es el enemigo con exactitud.
—Pues yo sí sé. —Dimitri afirmó—. Reka es una bruja, o como ustedes la llaman: "Sapria". Esa desgraciada maldita fue la que atacó a Ana porque está celosa. Si ella es una bruja loca, entonces, el asunto de los restauradores es una falsa. Eli me comentó algo que en su momento ignoré, pero ahora entiendo; ella dijo que regresaría a este lugar y lucharía junto a ti sin pertenecer a ningún bando. Lo que me hace entender que ella sospecha de esta gente.
—Yo también. Incluso llegué a creer que tenían algo que ver con la desaparición de Eli. Kiara me dijo que fue Reka quien la envió a Destello, pero no creo que Reka tenga esa habilidad. Me parece que las Saprias que me atacaron fueron las culpables, ya que ellas tenían el bloqueo. Además, la tal Frida estaba en mi patio aquel día. Es posible que haya hecho algo para que yo no notara lo que estaban haciendo, es la única explicación, yo me habría enterado. —Ulises expuso.
—Pero las Saprias no tienen el poder de transportar a otra persona, a menos que utilicen algún instrumento. —Odiel dijo pensativo y Ulises agrandó los ojos.
—¡La piedra dorada! —Ulises espetó de repente.
—Entonces sí fueron los Sum después de todo. —Ana añadió—. Ellos son los que tienen la piedra dorada y Lana Jill trabajaba para él.
—Hablando de piedras... Puedo transportar a Eli con la piedra plateada. —Ulises dijo entusiasmado.
—No, exactamente. Tendrías que viajar a Destello y luego regresar con ella. A menos que consigas la piedra dorada, esa sí transporta a otra persona sin necesidad de que tengas que viajar; no obstante, ir a Destello ahora no es una buena idea. Siento energía negativa en este lugar, es posible que nos estén espiando y esperando nuestro próximo movimiento. —Odiel advirtió.
—Sé que la extrañas, pero debes tener paciencia. —Jing palpó el hombro de Ulises.
Ulises los miró dudoso y cabizbajo. ¿En qué podría afectar aquello?
—Oigan, ¿y por qué no investigan el origen de Reka? —Dimitri cambió el tema.
—Yo me encargo de eso. —Odiel se ofreció—. Pero podría tardarme. Por el momento, es bueno tener un plan.
—Ummm... Yo tengo uno —Jing dijo con un dedo sobre su mentón.