Saprias, guardianes y villanos

Doscientos años antes...

—Este mundo es justo lo que necesitamos. —Una mujer rubia miró a sus compañeras con una sonrisa retorcida y llena de maldad.

—He escuchado que aquí hay un guardián con grandes poderes. Será sustanciosa ese tipo de energía para alimentarnos. —Una morena concordó.

***

—Maestro, ¿qué escribe? —Una niña se acercó al anciano y éste le sonrió con gracia.

—Solo transcribo —contestó con amabilidad.

—¿Transcribe? —La chica preguntó llena de curiosidad. Él dejó salir una sonrisita al ver el rostro confundido de la jovencita y por su ignorancia.

—Es volver a escribir. Alguien escribe algo y yo lo repito.

—Ohhh... —La joven espetó sin encontrar la lógica a lo que él le dijo.

El maestro empezó a leer:

«Cien años atrás, cuando el nuevo guardián empezó su guardia; Lucero Verde fue invadido por conquistadores Evils y cuatro Saprias. Ellas rompieron su pacto por la sed de la ambición y la codicia. Entonces, se dividieron en dos grupos: Lana y Frida, primas; Karé y Lidia, hermanas. Lana y Frida tomaron las regiones Ilusiones y Nim, mientras que Karé y Lidia, se posicionaron en las regiones Arcoíris y del Fuego. Hicieron un acuerdo de apresar al guardián y alimentarse de su poder. Con embrujos volvieron a la esposa de éste una demente y ella se suicidó. El guardián se debilitó y cayó en una terrible depresión y fue presa fácil para las depredadoras. Fue así como Karé y Lidia lo aprisionaron. Se volvieron adictas a su poder y ya no querían compartirlo. Karé se enamoró de él y con hechizos logró intimar con el guardián, quedando embarazada. Dado que esta lo quería solo para ella, su hermana la atacó y ambas pelearon hasta destruirse entre ellas. Ese día no solo murieron las dos Saprias; el guardián quien tenía una herida mortal y había perdido sus joyas, murió desangrado, dejando una carta donde explicaba el engaño. Las Saprias controlaron a los Evils por un tiempo, pero ellos se revelaron y ellas no tuvieron más opción que hacer pactos con ellos».

El maestro selló la carta y la llevó a la montaña de Estrella verde. Luego la puso junto a las joyas de diamantes.

***

Setenta años después...

Lana estaba recogiendo plantas para alimentarse de su energía. Tanto ella como su prima esperaban ansiosas el nacimiento del nuevo guardián, que se esperaba fuera dentro de unos años. Tendrían que luchar con la hija de Karé, quien era muy poderosa y joven. En el campo vio a un hombre hacer lo mismo que ella. Era alto y ancho, con cabello castaño y mirada siniestra. A ella le gustaba lo siniestro. Se acercó a aquel hombre para saber de quién se trataba.

—Hola, caballero —saludó con una gran sonrisa—. Mi nombre es Lana Jill. Veo que le gustan las plantas.

—Sí. Estudio su poder y propiedades. Mi nombre es Leonel Sum. Es un placer conocerla.

—Créame el placer es mío. —Ella contestó con flirteo y él le sonrió.

Ese fue el inicio de una extraña relación. Él se acostaba con ella y la controlaba. Las Saprias eran muy entregadas cuando se enamoraban y hasta se convertían en esclavas con tal de estar con ese amor.

Lana Jill dio a luz una niña. Ella vivía en la mansión de Lionel, pero no como su esposa. Era la ama de llaves de él y éste nunca reconoció a su hija. Frida se internó en los bosques de Ilusiones a esperar el nacimiento del nuevo guardián, mientras que Lana y Leonel buscaban a un Estrella Verde para mantener el control de los Lucerianos. La niña fue creciendo con rencor y el dolor del rechazo de su padre. Él siempre la trató como a un ser insignificante, por su parte, ella solo quería que este la reconociera como a su hija.

Años después, Lionel nació y Lana supuso que él sería el nuevo guardián. Apoyó a Leonel cuando lo robó y Kiara odió al niño con todas sus fuerzas. Era un intruso que tomó su lugar y se robó el amor y la atención de su padre.

—¡¿Cómo puede preferirlo a él que no lleva su sangre, antes que a mí?! Soy su verdadera hija, debería darme mi lugar. —La joven se quejaba con amargura y dolor en su expresión.

El entrenamiento de Lionel era fuerte y agotador. Leonel temblaba ante el peligro de aquella prueba, no obstante, Lionel debía tener esas habilidades. Se aseguró de que él practicara varias veces antes de someterlo al entrenamiento real. Lionel fue encerrado en la caja de hierro y amarrado con cadenas. Debía soltarse como su maestro le había enseñado y salir de la caja, antes de que el fuego le quemara.

—¡Listo! —Leonel gritó y ellos tiraron el fósforo encendido dentro de la caja. El fuego lamió el líquido que lo hizo expandirse, mientras que Lionel trataba de soltarse.

—Morirás, maldito intruso. —Kiara espetó con una sonrisa malvada, quien estaba oculta tras un árbol. Ella, como hija de una Sapria, sabía controlar ciertas cosas. Movió sus dedos y sus ojos se tornaron negros. Lionel trató y trató, pero la cerradura no abría.

Mientras tanto, Leonel miraba la caja con desconcierto. Ya era hora de que Lionel se liberara, pero simplemente seguía allí.

—¡Sáquenlo! —gritó desesperado. Los hombres de él corrieron al auxilio de Lionel. Abrieron la caja y el pavor se apoderó de ellos. El joven saltó aún con sus manos amarradas de sus pies. Se arrastraba desesperado sobre el suelo siendo consumido por el fuego. Kiara reía satisfecha de su hazaña, mientras que Leonel y sus hombres trataban de apagar las llamas que cubrían al jovencito.

***

Tres años después...

Leonel casó a Kiara con un jefe rico como forma de darle un futuro sin tener que reconocerla como su hija. Kiara obedeció y siempre se mantuvo fiel a su padre a pesar del dolor que su rechazo le causaba. Su primera noche con ese Señor fue horrible, puesto que él tuvo que violarla para consumar su matrimonio. Kiara quería matarlo, pero su madre bloqueó su poder el día que Lionel fue quemado por ella. Leonel nunca se enteró de lo que sucedió en realidad y Lana temía que su hija intentara otra estupidez.

Kiara siempre trató a Lana con desprecio y no perdía la oportunidad para humillarla y ofenderla. La odiaba y culpaba de su desgracia. Después de un tiempo, Kiara se acostumbró al acto sexual con su esposo y le exigió que le enseñara juegos depravados. Se volvió demandante y egoísta; por su parte, él hacia todo lo que ella pedía, incluso incluir amantes jóvenes en sus actos sexuales. Kiara dejó de intimar con su esposo cuando conoció a Ulises después de la muerte de Lionel. Las Saprias eran obsesivas y peligrosas cuando se enamoraban y Kiara no era la excepción. Ellas se debían a esa persona y se idiotizaban. Una Sapria celosa era la desgracia para el objeto de sus celos.

***

Tiempo actual.

—¿Has visto a Ana? —Dimitri le preguntó a Jonah agitado—. Se supone que deberíamos estar entrenando, pero ella nunca llegó. Me he cansado de buscarla y ella nada de aparecer. ¡Esa mujer me va a volver loco!

—Que extraño. La vi dirigirse al bosque hace un rato. No debe estar lejos. —Jonah contestó. Dimitri se quedó pensativo un rato. ¿Por qué rayos ella se dirigió al bosque y nunca llegó al entrenamiento?

Ana daba vueltas sin saber cómo llegar al lugar de entrenamiento. ¿Cómo se había perdido si ella se sabía el camino? Ellos se encontraban allí todos los días, aquello no tenía sentido.

Estaba ida y se sentía como una tonta. La frustración y la impotencia se hicieron presentes y ella se sentó cerca de un árbol. Recostó su cabeza sobre este y cerró los ojos. Cerca de ella un animalito negro se movía. Era largo como una serpiente y tenía pelos. Poco a poco fue subiendo al árbol sin que Ana lo notase. De repente, el animal extraño rodeó el cuello de ella. Ana trataba de quitárselo con las dos manos, pero era inútil. El animal raro dejaba salir un chillido insoportable y sus ojos rojos brillaban con intensidad. Ana sacudía las piernas por la falta de oxígeno mientras trataba de despegar esa cosa de su cuello. El aire le faltaba y el corazón le latía más rápido de lo normal, su piel se estaba tornando morada y sus labios lucían blancos. Una sensación de frío recorrió sus huesos y las fuerzas le fallaban, aun así, aferraba sus manos sobre aquel extraño animal con desesperación, pues la sensación de ahogamiento era abrumante.

—¡Ana! —Dimitri se escuchó a distancia. Ana trató de gritar, pero la voz no le salía. Ya estaba viendo borroso y el frío le estaba causando convulsiones, cuando oyó a Dimitri gritar algo que ella no pudo descifrar. Escuchó un chillido más insoportable que los anteriores y cómo un líquido caliente se expandió sobre su cuello; lo siguiente, fue una absoluta oscuridad.

Después de partir la cosa extraña en dos, Dimitri cargó a Ana entre sus brazos y se apresuró a llevarla al campamento. Corrió hacia la tienda de Ulises y ambos fueron al dispensario. Dimitri le explicó a Ulises sobre el extraño animal que la estaba asfixiando, quien se quedó observando la marca sobre el cuello de ella con detenimiento.

—Debes salir, Dimitri —Ulises pidió sin dejar de observar a Ana con desconcierto. No tenía ni idea de qué haya sido eso, pero sentía la misma energía negativa de cuando fue atacado por esa mujer. Dimitri salió dudoso y Ulises puso sus manos sobre el cuello de ella. Una luz verde fue absorbida por su piel y la chica despertó de golpe, empezó a toser y luego se dejó caer de nuevo. Estaba muy débil y pálida.

—Debes cuidarla, Dimitri —Ulises le indicó—. Lo que sea que la haya atacado absorbió su energía. Llévala a su tienda y dale de comer. Haz que beba esta infusión y déjala dormir.

Dimitri cargó a Ana, pero en vez de llevarla a la tienda de ella, se la llevó a la suya. Él la recostó sobre su colchón y la observó por unos minutos. Apretó sus puños del coraje. ¿Por qué le daba la impresión de que alguien trató de hacerle daño? Besó su frente y fue a la cocina del campamento donde pidió un caldo bien cargado y un jugo de frutas; acto seguido, regresó a su tienda. Con pequeñas caricias despertó a Ana, quien lo miró desorbitada.

—Toma esto primero —dijo poniendo la jarrita con infusión cerca de su boca. Ana la tomó y arrugó el rostro.

—¡Esto sabe horrible! —se quejó poniendo cara de asco y Dimitri sonrió malicioso.

—Bebe un poco de jugo para que se vaya el mal sabor.

Ana se quedó apreciando esos ojos grises que tanto le encantaban e intrigaban. Después de que él le confesó que ella le gustaba, no volvieron a hablar del tema, mas ella sentía temor y vergüenza de abordarlo.

Cuando ella terminó de comer, Dimitri preparó su tina con agua tibia y le pasó una toalla a Ana. Él salió de la tienda para que ella se bañara con comodidad y se dirigió al campo de entrenamiento.

—Hola, guapo. —Reka lo sorprendió por detrás. Dimitri volteó hacia ella y la miró con recelo. Reka era la única persona que podía sorprenderlo con su presencia, lo que le indicaba lo hábil y rápida que ella era.

—¿Estás bien? —Dimitri la examinó con la mirada. Reka tenía el brazo vendado, lo que le indicaba que estaba herida.

—Sí... ¿Preocupado por mí? —Ella sonrió con coquetería, mas Dimitri bufó.

—Hay animales endemoniados en este lugar. Lo extraño es que nunca he escuchado a nadie hablar de ese tipo de criaturas y yo nunca me había topado con uno, a pesar de que me la paso más en el bosque que en el campamento.

—¿En serio? Deberías reportarlo con los líderes del campamento para que ellos hagan una investigación. Tú... ¿Fuiste atacado? —preguntó con una sonrisa retorcida.

—No. Pero es como si me hubieran atacado a mí. Por fortuna llegué a tiempo, sino... Ni siquiera quiero imaginarlo. Debes saber que yo por Ana soy capaz de cualquier cosa. Si algo le pasa, no voy a descansar hasta encontrar al culpable y acabarlo con mis propias manos. —Dimitri dijo amenazante. Su mirada brillaba con intensidad, cosa que a Reka en vez de asustarle como a los demás, le excitaba.

—No me digas. Entonces ella es para ti más que una discípula. —Su comentario sonó como un reclamo y sus ojos emanaban enojo.

—Eso es algo muy obvio. Ella es mi chica, y el que se mete con mi mujer, se mete conmigo.

—¡Tú mujer! —La mirada de Reka cambió por una espeluznante—. ¿Acaso ustedes ya intimaron?

—Sí. Hemos intimado de una manera que no entenderías. Pero en cuanto a la intimación física, no. Aún. —Hizo énfasis en el aún.

—No puedo creer que un hombre como tú se enrede con alguien tan insignificante como Ana. Es una chica regular sin grandes ambiciones que se inmuta ante cualquier circunstancia. Sin embargo, tú y yo somos parecidos. Hacemos lo que sea sin arrepentimientos ni remordimientos, con tal de cumplir con nuestros objetivos.

—Ya no soy quien era antes. Ahora sí tengo razones para pensar en las consecuencias de mis actos. Además —esbozó una sonrisa pícara—, dicen por ahí que los polos opuestos se atraen. Ana, esa chica loca y distraída, me encanta. Creo... que la amo. —Dimitri miró a Reka a los ojos como tratando de descifrar o descubrir algo en su mirada. Ella, en cambio, empezó a temblar y no pudo evitar las lágrimas. Posó su mano en su pecho como si evitara un gran dolor y salió suspendida en el aire. Dimitri se quedó observando el lugar que ella ocupaba unos segundos y luego reaccionó como si de un sueño despertara. Corrió hacia su tienda, por alguna extraña razón, sintió que no debía apartarse de Ana.

Ana estaba dentro de la tina con los ojos cerrados disfrutando de ese delicioso y tibio baño. Se sentía muy bien estar allí y le daba pereza salir. No se percató de la corriente con energía negra que recorría el líquido y que poco a poco llenaba la bañera. De repente, una fuerza mayor que ella la hundía dentro del agua. Ella luchaba para salir y respirar, no obstante, aquella corriente era muy fuerte y dominante. Ana se removía dentro de la bañera, tratando de conseguir algo de oxígeno. Sobre el suelo caía el agua que evidenciaba la lucha de ella con lo que sea que la mantenía sumergida con intención de ahogarla.

—¡Ana! —Dimitri fue a su rescate. La jaló con fuerza, pero algo la halaba hacia dentro. Fue una ardua lucha, donde él sumergía su rostro para darle de su oxígeno mientras luchaba por sacarla. Estaba asustado y frustrado. Nunca había sentido tanta impotencia y vulnerabilidad en su vida. No sabía lo que hacía o decía que atrajo la presencia de Ulises. Dimitri no le dio importancia a la luz brillante color verde que emanaba de los ojos del rizado. Lo único que le importaba, era salvar la vida de la mujer que amaba. La corriente negativa se disipó y Dimitri pudo sacar a Ana de la tina entre sus brazos. Ulises volteó el rostro con rapidez y Dimitri arrancó una cortina blanca que estaba enganchada en la pared y cubrió su desnudez en cuestión de segundos. La atrajo a su pecho y la refugió en un fuerte abrazo. Sus lágrimas se mezclaron con el agua y Ana no paraba de toser. Él la apretó con más fuerza para brindarle su calor. Ulises salió de la tienda para darles privacidad mientras Dimitri examinaba que ella estuviera bien. La puso sobre el colchón y se sentó sobre este con los brazos sobre su rodilla y su rostro dentro de sus manos. ¿Qué rayos sucedió? Estaba temblando y no podía evitar las lágrimas que salían sin su consentimiento.

—Dimitri... —Él volteó a verla cuando escuchó su voz. Ella estaba sentada sobre el colchón con la mirada triste y asustada. Él se acercó a ella y la cubrió con sus brazos, besó su cabello mojado y acarició su mejilla con delicadeza.

—Ana, no sé qué rayos sucede en este maldito lugar, pero de algo puedes estar segura... mi amor... —Arrastró las palabras dando a entender lo difícil que le era decirlas—. Yo te protegeré hasta del mismo infierno. No permitiré que nadie te hiera nunca más; es por esto, que te quedas conmigo, pero no en este maldito lugar, nos vamos hoy mismo de este campamento de mierda.

—¿Qué dices, Dimitri? —Ana no pudo evitar el sonrojo de sus mejillas.

—Hablaré con Ulises. Él tiene una casa, ¿no? Pues nos vamos con él.

—Pero..., no podemos abandonar el campamento, eso es muy impulsivo.

—Ana, esta gente de mierda son unos malditos hipócritas todos. No son lo que dicen ser y son peligrosos. Debemos irnos con Ulises, algo me dice que con él estaremos seguros.

—¿Y cuál será nuestra excusa? —Lo miró con esos ojitos que lo estremecían y él esbozó una sonrisa cínica.

—¿Acaso necesito una excusa para hacer lo que me venga en gana?

Ana ocultó su rostro en el cálido pecho de Dimitri- Este levantó su mentón para adueñare de sus labios con ternura.

Estaba anocheciendo y Dimitri abordó a Ulises, después de que a Ana se sentara en un tronco al alcance de su vista, pues temía dejarla sola.

—Bien, hagamos un trato, Ulises. —Dimitri lo miró con su típica sonrisa de chico malo y descarado.

—¿Un trato? —Ulises inquirió suspicaz.

—Yo te ayudo y tú me ayudas. Sé que tienes tus argumentos en cuanto a lo que le está sucediendo a Ana y yo te vi brillar como si fueras una luciérnaga. He escuchado cosas de un elegido y su reinado en este lugar de fenómenos. De todos los mundos que existen, se me tuvo que ocurrir venir a este. —Suspiró—. Vámonos de este campamento. Llévanos a mí y a Ana a tu casa y yo te ayudo con tu misión de vida, seré tu hombre de confianza; es irónico, pero he cambiado. Ulises, por Ana soy capaz de cualquier cosa, te prometo que lucharé junto a ti. Me necesitas, así como nosotros te necesitamos a ti. Yo te puedo dar la victoria de todo este continente y lo sabes. Ni siquiera necesitamos un ejército porque los guerreros de este mundo son una mierda. Yo lucho con los guerreritos aficionados y te entrego al tal Sum del que todos hablan y tú peleas con la bruja del demonio que intenta quitarle la vida a Ana.

—¿La bruja que intenta quitarle la vida a Ana? —Ulises lo miró con extrañeza y Dimitri entornó los ojos.

—No te hagas, Ulises. Las señoras que mataste eran ese tipo de brujas. Hay otra más que se ensañó con Ana porque está celosa.

—¿Te refieres a Reka? —Ulises lo miró con asombro y duda—. Reka es la guardiana de este mundo. Ella nunca le haría daño a nadie y menos por celos.

—Eres muy ingenuo y estás tan enfocado en la chiquilla que no ves más allá de tus narices.

—Es que lo dices es muy serio; sin embargo, yo no confío en nadie aquí y Reka era una de las que se oponía a mi relación con Eli. Tenemos un trato, Dimitri. Pero debemos irnos ya, está anocheciendo y mi casa está un poco alejada.

***

Una vez llegaron, los tres entraron a la casa y Ulises les brindó chocolate caliente.

—Solo tenemos dos habitaciones. Si quieres tú y yo dormimos en la mía y Ana en la otra. —Ulises ofreció y Dimitri arrugó el rostro.

—Ni en tus sueños, niñito. No dormiré con un hombre —se quejó. Ulises lo miró con una sonrisa pícara.

—Entiendo... Entonces que Ana y tú duerman juntos. Solo sean considerados con el ruido, yo estoy solo sin mi enana. No está bien comer delante de los hambrientos.

Ana empezó a toser con la cara roja como un tomate, mientras que Dimitri lo fulminaba con la mirada.

—¡Deja de decir estupideces! Ana y yo no tenemos ese tipo de relación.

Ana bajó la mirada. Tenía una mezcla extraña de sentimientos y emociones. ¿Por qué las palabras de Dimitri le molestaron? ¿Qué era lo que tenían ellos, entonces?

***

Después de un baño y una buena cena, cada quien fue a su habitación. Ana miraba la cama con duda a distancia, mientras que Dimitri ya se había tirado en ella.

—¿No te vas a acostar? —Dimitri la miró divertido por su expresión—. No te preocupes, no te voy a comer, aún.

Ana sintió mariposas revoloteando en su estómago y la respiración se le dificultaba.

—Sí... —Se acercó con timidez y se acostó poniendo gran distancia entre ellos. Dimitri la jaló por la cintura y la cubrió con su cuerpo.

—Te quiero cerca, preciosa. Quiero dormir sintiendo tu calor y tú deliciosa aroma a vainilla. —Ana iba a replicar cuando éste atacó su boca. La chica dejó caer todas sus defensas y se aferró a ese delicioso e intenso beso. Dimitri besó su cuello con sed y sus ojos grises brillaban del deseo. Nunca había experimentado algo así. Era la primera vez que se excitaba de esa manera, era la primera vez que disfrutaba de aquella intimidad y goce. De repente, empezó a hacer calor en la habitación por lo que Ana se atrevió a desnudarse. Dimitri la observó pasmado y la inseguridad se adueñó de él.

—¡Espera! —La detuvo antes de que se quitara todas sus prendas. Por su parte, ella lo miró confundida—. No voy a hacer esto contigo. No quiero hacer esto.

Ana bajó el rostro avergonzada. Él tenía razón en detenerla, pues aún no habían definido su relación, si es que había una. Pero ¿por qué se sintió rechazada? Dimitri la abrazó y besó su frente.

—Ana, yo nunca he estado con una mujer —confesó con el rostro hundido en su cabello—. A decir verdad, nunca he tenido una relación romántica o que envuelva algún tipo de sentimiento. Esta es la primera vez que me enamoro y que decido rendirme al amor. Yo sé que las relaciones han cambiado mucho en estos tiempos y el sexo es algo muy común en las parejas, aunque no se conozcan bien. Pero... yo soy muy observador y entiendo ciertas cosas que tal vez choquen con la mayoría de las personas. Para mí entregarse a alguien es más que mero placer, en cierto punto, me asquea el poco pudor que existe en muchas personas que entregan su cuerpo a la ligera, con un sexo vacío y sin compromiso. El ejemplo de pareja que quiero conservar es el que vi con mis padres. Mi progenitor le demostró a mi madre que ella y su bienestar eran más importante que su satisfacción física. No es que la sexualidad sea mala y no deba tenerse coito; pero primero está la responsabilidad, el respeto y el compromiso con el ser amado. No te voy a tocar hasta que no sea capaz de darte estabilidad y seguridad. El sexo debe ser un privilegio que disfrutaremos en conjunto, cuando pueda demostrarte que puedo ser tu pareja ideal. Lo siento, pero yo soy del tipo conservador.

Ana lo abrazó con lágrimas en sus ojos. Se sentía tan afortunada que se prometió nunca dejar ir a ese hombre que, sin lugar a dudas, robó su corazón.

***

La noche había avanzado y Ulises aprovechó para continuar con su cometido. Ignoró lo débil que se sentía desde que luchó con aquellas mujeres y rompió el bloqueo. La emoción de saber que no había nada que le impidiera transportar a Eli, quitaba toda preocupación y duda. No importaba que tan débil estuviera, necesitaba a su enana junto a él. Ulises se paró frente a sus terrenos y cerró los ojos. Le era difícil estar de pies y mantener la energía que casi no poseía.

—Si hubiera una forma de transportarme al bosque del Encantamiento, atraer a Eli sería más fácil —dijo para sí. Cerró sus ojos para transportarse allí y sus manos a movían a la par. Escupió un chorro de sangre y sentía que le explotaría la cabeza del dolor. Continuó ignorando su malestar y siguió intentando transportarse. La frustración causó que las lágrimas se apoderen de sus ojos. ¡No podía ser tan débil! Se obligó a continuar, no obstante, las fuerzas se le desvanecían y empezó a vomitar. Entonces, sangró por los ojos, nariz y boca y su piel se puso más blanca que un papel. Cayó de rodillas y todo daba vueltas a su alrededor.

—¡Ulises, detente!

«¿Qué?» «¡Esa voz!»

Ya no tenía visión ni podía hablar. ¿Acaso estaba alucinando?

«¿Leela?»