Bien, me gustas, pero no lo diré de nuevo

Dimitri se paseaba de un lugar a otro dentro de su tienda. Todo su cuerpo temblaba y le fastidiaba que su corazón latiera con tanta intensidad. ¿Así se sentía enamorarse? Entonces, nunca lo estuvo de Leela. Nunca nadie lo había preocupado o inspirado tanto como Ana. Ella lo motivaba a querer ser mejor, a pensar en su futuro y a preocuparse por alguien más que no fuera él mismo. Ella era tan vulnerable que tenía la necesidad de estar a su lado y defenderla de todo y de todos.

—¡Rayos! —Apretó su cabello con violencia—. ¡Esto no me puede estar pasando a mí! Tanto que juzgué y me burlé de Jing, ¿para qué? ¡Con un demonio! ¡Para terminar igual que él! —Pateó todo a su alrededor y se sentó sobre su colchón. Se la imaginó allí, debajo de sus sábanas con aquel hermoso sostén de encaje blanco—. ¡Qué rayos! —Sacudió su cabeza tratando de deshacer ese pensamiento.

Dimitri salió a tomar aire fresco, era obvio que no dormiría aquella noche.

***

Los rayos del sol golpeaban sus ojos con crueldad, causándole escozor. Abrió sus orbes lentamente y todo el cuerpo le empezó a picar por los bichitos de las gramas que se habían metido por su ropa, entonces, cayó en cuenta que no estaba dentro de su casa. Se incorporó de golpe y miró a su alrededor. Había amanecido y él estaba en el mismo lugar donde se había desmayado la noche anterior. Tenía los músculos tensos y la cabeza le daba vueltas. Ulises casi salta del susto al ver a dos mujeres tiradas sobre la verde grama y entonces, los recuerdos de la noche anterior se hicieron presentes. Se paró con rapidez y fue a inspeccionar los cuerpos.

—Esta es la mujer atrevida que irrumpió en mis terrenos el día en que Eli desapareció —dijo apuntando a la pelirroja. Luego miró a la rubia y se quedó examinando su rostro. Se le hacía muy familiar, sin embargo, no la reconocía. Esta vez no podía ocultar lo que pasó. Subió a las mujeres sobre una carreta que amarró a su caballo y se dirigió al campamento. Una vez allí, convocó a Darian, Reka y a los líderes principales. Ulises tiró a las mujeres al suelo y les dijo que fue atacado por ellas, claro, hizo algunas omisiones.

—¡Esa es Lana Jill! —Ana y Jonah gritaron al unísono al ver el cadáver de la rubia.

—¿Cómo es posible? —Ana se acercó desorbitada y no pudo evitar que varias lágrimas recorrieran sus mejillas.

—¿Dices que Lana te atacó? —Jonah miró a Ulises con desconcierto. Si bien Lana odiaba a los restauradores, lo que él recordaba de ella era nobleza. Siempre fue muy amable y trataba a todos como si fueran sus hijos.

—No, ella no. Estaba muerta en mi terreno y la pelirroja me atacó, acusándome de su muerte. —Ulises respondió con la voz en un hilo.

—¿Y sabes quién es la pelirroja? —Darian le preguntó.

—No, exactamente. Sí la había visto antes. Fue la mañana que desperté y no encontré a Eli a mi lado. Cómo no estaba en la casa, salí a buscarla al patio y me encontré a esta señora en mis propiedades robando mis plantas. Ella se presentó como una de las dueñas de los terrenos vecinos, me dijo que su nombre era... —Rascó su cabeza y luego sonrió al recordar—: Frida Ben.

Todos observaron el cuerpo con intriga, pues nadie sabía sobre esa mujer.

Reka miró a Ulises con una sonrisa de satisfacción y mandó a quemar los cuerpos. Ese fue el tema de conversación en el campamento todo el día. Ulises se mantuvo distante y pensativo todo el tiempo, había algo que no estaba bien y tenía que descubrirlo.

Ulises no fue a almorzar con los demás, más bien, se quedó descansando en su tienda. Como siempre, Dimitri se sentó al lado de Ana. Ella casi da un salto en su lugar cuando él acarició su rodilla. Fue un roce sutil y leve que duró unos segundos. Ella lo miró fulminante y él la evadió con una sonrisita. Reka observaba a Ana con disgusto y luego miró a Dimitri. Ella sabía que entre ellos había algo más que una relación entre maestro y discípula.

—Ana, no entiendo una cosa. —Reka se dirigió a ella y Ana la miró con inocencia—. ¿Quién es que te gusta al fin? ¿Jonah o Dimitri?

Ana escupió el contenido de su boca y todos miraron a Reka con gran asombro.

—¡Qué cosas dices! —Ana espetó con una risa nerviosa y sus manos empezaron a temblar.

—Creo que fui clara, Ana. Veo que coqueteas y te manoseas con Jonah, pero andas detrás de Dimitri como perrita faldera. Deberías ser más respetuosa, Dimitri es un hombre correcto y bien centrado, él nunca tomaría en serio a una lanzada como tú.

Ana bajó el rostro avergonzada ante las miradas acusatorias de los presentes. Como Reka era una persona de mucha autoridad y muy influyente, al contrario de Ana, que venía de una pequeña aldea considerada insignificante; por lo tanto, nadie la tomaba en serio y ella era menospreciada en aquel lugar; ninguno se atrevió a cuestionar el comentario malicioso de Reka, más bien, sus miradas y murmullos eran en contra de Ana.

Dimitri golpeó la mesa, ganando la atención y sorpresa de todos, incluida Ana.

—Ana es mi asistente y guerrera espía. Le pediré, por favor, que la respete. Ella es libre de hacer con su vida personal lo que se le venga en gana. En cuanto a mí, ella nunca se me ha insinuado a diferencia de otras. —Dimitri miró a Reka directamente al decir aquello—. ¿No será que estás dolida de que yo la mire a ella como no lo hago contigo?

Reka abrió los ojos como dos huevos y los demás miraron a Dimitri asombrados. Nadie nunca se había atrevido a refutarla antes.

Ana lo observó perpleja. Dimitri actuaba de una manera que la confundía y eso la estaba volviendo loca. Él la detuvo cuando ella se iba a parar de la mesa, tomó el tenedor y el cuchillo y partió un pedazo de carne de la comida de él que llevó a la boca de Ana, quien dudó antes de dejar que él le introdujera el cubierto.

—Come. Tu comida se arruinó y no es bueno que te saltes el almuerzo. Los entrenamientos duros seguirán estos días, así que te necesito bien alimentada. —Ana se dejó alimentar por él, quien compartió su comida con ella con una serenidad desconcertante, pese a la tensión que se había creado en la mesa.

***

Dimitri y Ana estaban en su lugar de entrenamiento. Ella se sentó sobre la grama ida en sus pensamientos.

—Has estado muy distraída hoy, preciosa. Debes concentrarte, ya me estás hastiando con tu falta de compromiso. —Dimitri se quejó, pero ella lo ignoró. Él se sentó a su lado y tomó su mentón con delicadeza—. ¿Todo bien? —preguntó preocupado.

—Sí... —respondió dubitativa—. ¿Por qué enfrentaste a Reka? ¿De verdad no piensas que soy una lanzada? Yo te confesé que... —Las lágrimas asomaron sus ojos, amenazando con salir y su voz salió temblorosa.

—Confesar tus sentimientos no tiene nada de malo. De todas formas, yo te había besado.

Ana sintió mariposas en el estómago al escucharlo mencionar el beso.

—¿Por qué sientes miedo de las relaciones? —Ana preguntó de repente y él peinó su cabello con sus dedos.

—Yo no lo llamaría miedo, más bien, ser precavido. Yo no siempre fui así. Amaba a mi madre con locura y mi padre era mi inspiración. Ambos transmitían amor y mis primeros años fueron los mejores de mi vida. Mi mundo perfecto se volvió un infierno cuando mi madre cayó en las garras de una terrible enfermedad que la consumió poco a poco. Después de su muerte, tanto mi padre como yo quedamos quebrados y nuestra vida no volvió a ser igual. Cuando cumplí los catorce años, vi a mi tío asesinar a mi padre con sus propias manos y entonces, juré venganza. Mi corazón se tornó negro y el odio fue mi refugio para lidiar con el sabor amargo de la pérdida y la soledad. Me enviaron a vivir al castillo de un rey y al principio me sentí fuera de lugar al ser la lástima de unos extraños. En esa familia aprendí sobre el engaño, el odio y la traición y allí recibí combustible para mi deseo de venganza, entonces comprendí que el amor no existe. Me convertí en un ser despiadado y despreciable, rodeado de gente malvada y egoístas. Siempre pensé que los sentimientos te hacían vulnerable. Hice mucho daño, Ana.

Dimitri dejó salir una lágrima que Ana limpió con cuidado. Estaba sorprendida de verlo tan frágil y de que él se abriera con ella.

—Eres una persona excepcional, Dimitri. —Lo miró fascinada mientras sostenía su rostro entre sus dos manos—. Tomaste la decisión correcta al apartarte de la maldad y enmendar tu vida. Yo creo en ti y en lo que has logrado. Gracias por defenderme hoy. —Le sonrió de una forma tan dulce que le derritió el corazón.

Ella dejó que las lágrimas salieran con libertad y él las limpió. Entonces lo abrazó con fuerza. Dimitri le correspondió el abrazo que terminó siendo medicina para su alma. Rompiendo esa coraza que liberó su llanto por primera vez en muchos años. Lloró por su madre y porque la extrañaba, lloró por su padre. Lloró por Kara, Petra y porque perdonaba a Deon. Lloró por el rey Joaquín, quien siempre lo consideró un hijo. Lloró por los príncipes y princesas que vio jugar y correr en los jardines del palacio y que él y Kara quemaron vivos. Lloró por todos los inocentes que murieron gracias a él y a sus planes. Lloró por Leela y el bebé que perdió gracias a que ellos le provocaron desequilibrio emocional. Lloró por él y por la persona que pudo ser. Lloró porque no enorgulleció a sus padres, se convirtió en un monstruo que destruía todo a su paso sin inmutarse. Lloró porque temía volver a ser esa cruel persona y dañar a la mujer que amaba. Lloró porque quería estar con ella, pero no sabía cómo protegerla de él mismo.

Ana y Dimitri regresaron al campamento. Después de un reconfortante baño, él se acostó en su tienda. Ana lo buscó en la cena, pero no lo encontró.

Dimitri abrió los ojos al escuchar la voz de Ana llamarle. Él gruñó que podía pasar y ella entró sonrojada con una bandeja en la mano. Ambos se sentaron sobre el colchón y él la miró como esperando una explicación.

—No es bueno que te saltes las comidas. Te necesito con energía para los entrenamientos. —Ella respondió con las palabras que él había utilizado con ella. Dimitri negó entretenido y la miró a los ojos con intensidad.

—Sigues haciendo estas cosas y no respondo por mis actos —le reclamó. Ella bajó el rostro avergonzada y triste.

—Lo siento... No fue mi intención molestarte...

Dimitri la interrumpió con un beso. Ana se quedó petrificada en su lugar, llena de confusión. Él continuó saboreando sus labios con ternura hasta que ella tomó distancia.

—Tú... —Ana le apuntó con el dedo—. Psicópata bipolar, tú me vas a volver loca.

Dimitri dejó salir una carcajada.

—Ana, loca insoportable, me gustas. —Dimitri la miró con picardía y ella agrandó los ojos. Empezó a inhalar y exhalar, pues sentía que le daría un paro cardíaco.

—Q-qué, que... dijiste… —tartamudeó sin poder terminar la frase. Dimitri la miró conmovido por lo linda que se veía y la besó de nuevo. Esta vez ella correspondió ese beso que la estaba trastornando. Dimitri la abrazó sin dejar de besarla y ella empezó a acariciar su espalda, que en ese momento se encontraba desnuda.

—Tus besos son deliciosos, preciosa. —Dimitri dijo sobre sus labios, provocándole un cosquilleo con su aliento cálido sobre ellos.

—Espera... —Ella tomó distancia y lo miró a los ojos—. ¿Qué es lo que está pasando aquí?

Dimitri entornó los ojos y frunció el cejo.

—Nos estamos besando. ¿Acaso quieres que pase algo más? —Él enarcó una ceja y ella negó sonrojada.

—No me refiero a eso... es... —Dimitri la miró directamente a los ojos provocándole temblores en todo el cuerpo ante su intenso escrutinio—. ¿Po-por qué lo haces?

—No voy a repetirlo —respondió tajante, mas ella se cruzó de brazos. Él suspiró con resignación y sus orbes grises la escudriñaron—. Bien, me gustas, pero no lo diré de nuevo. Si no escuchaste... —Dimitri fue interrumpido por un dulce beso que lo hizo olvidar su queja. Él acarició su mejilla y rodeó su cintura. Volver a sentir sus labios lo transportaba lejos, a un lugar donde solo ellos dos importaban. Tenía que ser posible, quería una oportunidad. Por él, por ella, por los dos; quería una nueva vida y dejar el pasado atrás. Hacer de cuenta que el viejo Dimitri murió aquella vez en la Tierra y uno nuevo nació el día que el maestro Chan lo sanó. Quería sentir que merecía amar y ser amado. Lucharía con todas sus fuerzas para darle un mundo mejor a la mujer que amaba. Un mundo donde reine la paz y ella pueda vivir feliz.

—Dimitri... —Ana susurró mientras él lamía su cuello con deseo. Todo aquello se sentía tan irreal que temía despertar de un sueño en cualquier momento. ¿Qué vio él en ella que la escogió de entre todas esas mujeres? Estaba feliz y quería eternizar ese momento para siempre.

***

Destello

El maestro Chan abrió el cofre y todos ladearon el rostro, llenos de curiosidad.

—Esto es... —susurró con la pulsera en sus manos. Era igual a la que tenía Eli, pero sus piedras eran verde luminoso y brillaban con más intensidad.

—Es hermosa... —Leela la observó fascinada.

—Eso quiere decir... —Jing miró al maestro Chan y éste asintió—. Entonces, debemos llevarla a él. ¿Falta mucho para que podamos viajar a ese mundo?

—Después de que resolvimos el caos que Dimitri causó con su viaje, descubrimos que había un bloqueo que no nos dejaba acceder. Toda nuestra investigación fue hecha sin transportarnos a ese planeta. Pero hoy descubrimos que el bloqueo fue roto por alguien. Eso fue una gran hazaña. —Odiel explicó.

—Quien lo haya hecho, utilizó mucha fuerza... —El maestro Chan se quedó pensativo—. Es posible que ese chico lo esté haciendo. Debe estar buscándote. —Miró a Eli—. Eso es muy arriesgado, si logró romper el bloqueo tuvo que luchar contra las Saprias que lo provocaron. Entonces ha utilizado demasiada energía, si intenta buscarte de nuevo él...

Eli lo miró aterrada.

—¡Debemos viajar cuanto antes! —contestó nerviosa.

—Jing, Leela, Odiel y yo podríamos viajar sin problemas, pero tú... Tendría que buscar una forma de transportarte como hice con ustedes en la tierra, sin embargo, me tardaría varios días. —El maestro Chan razonó con un dedo sobre su barbilla.

—Entonces vayan ustedes. —Eli dijo con tristeza —. Tienen que evitar que él lo haga otra vez.

—Tendría que ser lo antes posible, puesto que él tiende a hacerlo en la noche, al parecer, teme que alguien lo descubra y eso es bueno, porque deben haber Saprias que lo quieran encarcelar para alimentarse de su poder y acceder a los diamantes. —El maestro Chan resaltó.

—Pero apenas la mañana empieza. —Leela señaló.

—Para nosotros. Pero para Lucero verde está a punto de anochecer. Así que no tenemos mucho tiempo.

—Por cierto, hay papeles aquí. —Jing apuntó en dirección al cofre y ellos empezaron a revisarlos.

—Esto lo escribió el último guardián hace unos cien años. Vaya, vaya. Al parecer estaba encarcelado por una Sapria y dice que... —Todos miraron al maestro con detenimiento curiosidad, mientras este sostenía el papel en sus manos—. Dice que la Sapria joven lo tenía bajo su poder y que había perdido a su amada y las joyas. Pronto moriría porque tenía una herida mortal y la Sapria había dado a luz una hija que sería proclamada guardiana. Dejó la carta especificando todas las mentiras sobre el elegido y las piedras. Dice que una hija entre una Sapria y un luceriano guardián era más peligrosa que una Sapria pura.

—Creo que debemos ir a aquel mundo lo antes posible y aclarar este asunto. Si esto es así, Ulises corre peligro. —Jing sentenció por lo que todos se prepararon.

—Eli, volveremos por ti. —Leela la abrazó y lágrimas cubrieron el rostro de Eli. No podía negar las ganas que tenía de irse en ese momento con ellos.

El maestro Chan tomó el cofre e introdujo la joya en este. Por su parte, Leela y Jing se tomaron de las manos y cerraron sus ojos. Las cadenas empezaron a brillar y una luz dorada los cubrió. El anillo de Odiel brilló y el maestro Chan giró sobre sí, todos desaparecieron y aparecieron donde estaba la fuente. Entonces, de ésta salió una luz dorada que abrió un hueco negro frente a ellos que los absorbió.

Eli viajó a Met y contó todo lo sucedido a sus padres, a quienes fue difícil de convencer de que todo aquello no era parte de su imaginación o locura. Decidió quedarse allí hasta ser transportada y aprovechar el tiempo con ellos, así también les advertía que ella se iría a otro mundo y que sería difícil verse a menudo.