Las Saprias
Pasado
En la oscuridad de la noche se escuchaban galopes que hacían temblar el frío suelo de la calle. Vestida con una capa larga, aquella mujer cabalgaba a toda prisa y sin mirar atrás.
—Ula, mi amor. —Ella se dejó abrazar de aquel apuesto pelirrojo. Siempre lo había amado, no solo por su peculiar atractivo, sino por lo dulce y listo que era. Como pasa con cualquier Estrella Verde, aceptar ese amor fue difícil, pero no se arrepentía de haberse convertido en su esposa y estaba feliz por el fruto que llevaba en su vientre.
—Dan, debemos escapar o nuestro bebé será arrebatado por las Saprias —dijo con temor en su mirada.
—Veo que cambiaste de parecer. —Su esposo le entregó un jarro con té. Era lo único que había en la pequeña choza.
—Ahora entiendo la razón. Traté de convencer a Darian, pero ella no me cree. Lo que descubrí me puso los pelos de punta, no puedo concebir que hemos sido engañados todo este tiempo. Debemos salir de este mundo o todos seremos encarcelados aquí.
Dan se puso de rodillas para posar su cabeza sobre su vientre. Ella estaba sentada en una silla, degustando aquel delicioso y calientito té.
—No puedo creer que nuestro hijo sea tan especial. Dónde quiera que vayamos debemos ser cuidadosos. Un heredero guardián tiene muchas habilidades. —Dan dijo tembloroso. Lo que parecía ser un privilegio, era su desgracia.
—Es increíble que el asunto del elegido sea un invento para esclavizar al heredero. Encontré toda la información sobre el guardián y las joyas con los diamantes.
Destello
Seis meses después...
Ula y Dan observaron al pequeño bebé. Era la criatura más hermosa que habían visto. Ula le puso una pulsera con diamantes rojos y besó su frente con ternura.
—¿Por qué le pones la roja y no la verde? —Su esposo preguntó confundido.
—Porque la verde despertará quien realmente es y eso nos causará problemas, mientras que la roja le será muy útil. Cuando se enamore de verdad, marcará a su amor verdadero y sin saberlo le dará esta joya, entonces, mientras él viva, ella nunca podrá olvidar que lo ama y su lazo será inquebrantable. Además, eso evitará que ella enferme y le dará más vida, para que vaya a la par con él.
—¿Qué haremos con la pulsera de diamantes verdes? —Dan preguntó con la joya en su mano. Ula le hizo señas y él le pasó un pequeño cofre, donde ella puso la joya.
—Estará siempre con él en caso de que lo necesite. Pondré la llave en la pulsera roja y la volveré invisible, así también, simularemos las piedras para que no llamen la atención. Espero que él nunca tenga la necesidad de abrir el cofre.
Dan la miró con preocupación. ¿Acaso podrían ellos robarle su verdadera identidad y ocultar quien era él en realidad?
Diez años después...
Ciudad Met
—¡Tío! —Ulises corrió hacia el doctor Harrison y se le tiró encima. Él trataba de visitarlo muy a menudo y llevarle regalos desde Zafiro. Cada día el pequeño Ulises se convertía en un apuesto y sabio jovencito de quien él estaba muy orgulloso. El rubio observó a la niña que lo miraba con timidez. Era la mejor amiga y vecina de Ulises. Ya él la veía como parte de la familia y cuando compraba regalos para Ulises, le compraba a ella también.
—Eli, ¿no me vas a saludar? —Él abrió sus brazos y ella se acercó con timidez.
—Ella te tiene vergüenza, tío. —Ulises dijo malicioso y Eli bajó el rostro sonrojada.
—Pero ¡si tú eres mi sobrina! —La cargó y la cubrió con sus brazos. Luego sacó una muñeca y se la dio a la niña.
Eli miró la muñeca como si fuera una cosa rara.
—Tío, a Eli no le gustan las muñecas. Ella quiere ser una guerrera, debiste traerle una espada. —Ulises informó y miró a la niña malicioso—. No te preocupes, Eli, yo te doy mi espada. Aunque podemos jugar con la muñeca, yo soy el papá y tú la mamá. —Acercó su rostro sonrojado—. Pero solo te besaré en la mejilla. Besarse en la boca es asqueroso.
Sus padres y su tío estallaron de la risa, en cambio Eli se abrazó a sí misma avergonzada.
Eli y Ulises crecieron juntos. Ulises pasaba la mayor parte del tiempo en la casa de ella, puesto que sus padres solían estar de misión. Ellos dormían y se bañaban juntos hasta la pubertad. Aunque le permitían dormir en la misma habitación, los baños quedaron prohibidos.
—Eli, eres una mala novia. Debes mimarme y darme masajes. —Ulises la miró con picardía y ella bufó.
—Ya mucho hago con fingir ser tu novia, tarado.
—Si quieres podemos ser novios de verdad. —La miró con intensidad por lo que ella empezó a temblar de los nervios. Eli comenzó a verlo con otros ojos desde que eran muy jóvenes, pero nunca se atrevería a confesarle a su mejor amigo que él le gustaba.
Ulises empezó a reír a carcajadas a ver la reacción de Eli y ella le siguió el juego para disimular su decepción.
Después de la muerte de los padres de Ulises, él cayó en una terrible depresión que duró varios meses. Su tío se lo había llevado a Zafiro, y él agradeció que el lugar donde vivían era remoto y solo estaban rodeados de guerreros, esa fue la parte incómoda, pues ya aborrecía aquella ocupación. Poco a poco se fue integrando a su nueva vida y empezó a sonreír de nuevo cuando conoció a Leela. Nunca había visto a una chica tan osada y traviesa. Al principio sintió una pequeña atracción por ella, puesto que era muy bonita y coqueta. Pero una chica de cabello corto y estatura baja no salía de sus pensamientos. Se odiaba por cómo la trató y porque ni siquiera tuvo el valor de despedirse de ella. Podría volver a Met y visitarla. Podría decirle en qué parte de Zafiro vivía, no obstante, decidió dejar atrás su pasado. Culpaba a sus padres por dejarlo solo en el mundo, por privarlo de la vida que tenía en Met.
Un año después...
Ulises entró a la habitación y empezó a sacar todo lo que les recordaba a sus padres. No quería sufrir su ausencia, no quería llorar porque ese día era su cumpleaños y ellos lo celebraban juntos. Tiró todo al piso y luego buscó una caja. Entre lágrimas y sollozos la sacó al patio y la quemó. Se sentó sobre la grama y observó la pulsera con detenimiento. Quería quitársela y tirarla, pero debía admitir que no quería borrar todos los recuerdos de sus progenitores.
***
Noche del destierro...
Ulises caminaba en círculo dentro de la lujosa habitación. Leela tenía razón. No podía negar más sus sentimientos, tampoco quería irse sin despedirse una segunda vez. Siempre la amó y era hora de aceptarlo, no podía seguir mintiéndose así mismo.
Tres años después...
Era media noche y Ulises volvió a intentarlo. No era muy consciente de lo que hacía, solo seguía su instinto. Cerró los ojos como tantas veces, pero esa noche era diferente. Algo se había abierto en el espacio y podía olfatear a Eli. Con sus ojos cerrados movió sus manos de forma circular, sentía como corrientes de energía recorrían su cuerpo, también percibió como aquel lugar incrementaba esa energía. El bosque y él se habían acoplado muy bien y era fácil utilizar el poder de aquel inusual lugar. En su mente veía una luz dorada que se convirtió en un agujero negro, luego vislumbró un lugar rocoso. Seguía el rastro del aroma de Eli. Sintió su indecisión, por lo tanto, él la atrajo hacia Jeng. Ella se desvió del camino y cabalgó hasta los precipicios. Creyó que lo había decidido para terminar con ese capítulo de su vida, pero la realidad era que Ulises la había atraído hacia el portal que él mismo abrió. Ella lloraba cerca del abismo y él pudo sentir su dolor. Entonces, movió sus manos una vez más y Eli cayó al vacío. Ulises empezó a sangrar por la nariz y perdió sus fuerzas, al mismo tiempo que perdía su conocimiento.
***
Tiempo actual
Destello
Leela y Eli llevaban un mes tratando de abrir la cajita. Usaron todos los trucos espías que sabían y hasta trataron de romperla, pero el cofre parecía que tuviera un sello. Odiel y el maestro Chan se habían desaparecido todo ese tiempo y ellas esperaban ansiosas su regreso, dado que era probable que ellos fueran capaces de abrirla.
—¡Esta intriga va a acabar con mi salud mental! —Leela se quejó mirando la caja con curiosidad.
—Leela, no se puede acabar lo que no hay. —Jing dijo burlón y ella lo miró mal. Él estaba sentado en una silla con la pequeña en brazos, quien se le tiró encima desde que llegó del palacio y no se le quería despegar. John, por el contrario, extendió sus manitas a él y cuando Jing le dio un juguete que le había comprado, el niño se tiró al piso empezó a jugar; claro ya el objeto no estaba entero como cuando su padre se lo había dado.
—¡Príncipe de pacotilla! —Ella espetó, aunque no le prestó mucha atención. Sus ojos volvieron a posarse sobre aquel cofre que la tenía en suspenso.
***
Tres días después...
Leela, Eli y Jing fueron convocados por Odiel a las montañas rosas de las tierras Cristal.
—¡Niña, si supieras lo que llevabas sobre tus muñecas! —El maestro Chan se dirigió a Eli.
—¿A qué se refiere? —le preguntó intrigada.
—Ya encontré a Lucero Verde. Es un mundo receptivo muy peculiar. Fue conquistado por saqueadores espaciales y Saprias cientos de años atrás.
—¿Se refiere a las plantas o son personas que se hacen llamar así? —Jing preguntó con ironía.
—¿Plantas? —Leela inquirió confundida y Jing besó su frente divertido.
—Sapria es una especie de plantas parásitos del planeta tierra. En nuestro mundo la llaman plantas extractoras, pues se alimentan de las sustancias de otras vegetaciones. —Jing le explicó y el maestro Chan asintió.
—Estuve investigando sobre las Saprias y vienen de un planeta donde sus habitantes son seres que emanan gran luz. Ellas se alimentan de su poder, pero hay algunas malvadas que viajaron a Lucero Verde atraídas por la energía y la gran cantidad de árboles que allí hay. Ese mundo es como el mundo fantástico y las Saprias como las brujas malvadas. Está dividido por dos grandes continentes. El continente de las personas y el continente prohibido. A este último, no hay ser que pueda traspasarlo y vivir para contarlo. Existen millones de especies tanto vegetal como animal, nunca antes vistas en otros planetas, no obstante, esa área está protegida para que nadie pueda acceder allí. —Odiel añadió.
—Vaya, ese mundo es muy extraño. —Leela dijo maravillada.
—Extraño y hermoso. —Eli confirmó con algo de nostalgia—. Allí están los mejores paisajes que he visto y el aire es mucho más puro y fresco que Destello; eso sí, la tecnología en Lucero Verde es un poco atrasada y las personas muy ignorantes.
—Esta joya es el diamante de fuego rojo. Así como nosotros tenemos la fuente y las joyas plateadas, ellos tienen cuatro piedras que dan equilibrio a su mundo. Estás piedras son: -Diamante verde: la piedra más poderosa capaz de dar inmortalidad y es la llave del heredero guardián. Sin ella, sus poderes son limitados. -Diamante de fuego rojo: piedra curativa y que alarga la vida. También es una joya matrimonial para la esposa escogida del heredero. -Piedra de oro: piedra de transportación e ilusión. Crea lo que quieres que lo demás vean y borra pensamientos de manera temporal, también controla la mente, pero éste poder es débil y su efecto es fácil de romper. Por último, está la piedra plateada. Esa ya la conocen. También es una piedra de transportación, pero más débil. Abre portales y ayuda a transportarse. Es la que Dimitri encontró. —El maestro Chan explicó bajo la atenta mirada de todos.
—La pulsera que Ulises te dio es el diamante de fuego rojo. No sé si lo habrás notado, pero estoy seguro que nunca te enfermaste en estos últimos cuatro años. —Odiel añadió.
Eli se quedó pensativa. Trataba de hacer memoria, mas no le llegó ningún recuerdo de enfermedad durante ese tiempo, ni siquiera un virus.
—No. Lo único que me sucede es que el periodo me da con dolor a veces, nada más —respondió.
—Sí, esas cosas te pueden suceder. También las reacciones físicas por algún tipo de estrés y el dolor de parto, incluyendo los malestares. Pero mientras lleves esa pulsera puesta, no sufrirás de nada que atente contra tu vida o tu salud. —Odiel confirmó.
—¡Vaya! —Leela expresó y Eli sonrió.
—Lo que no entiendo es por qué Ulises tenía esa joya. —Jing comentó. Eli lo miró lista para responder su interrogante.
—Ulises no es de este mundo. Él y su tía Darian Luz son los únicos estrellas verdes que quedan. Al parecer, sus padres viajaron a este mundo con la piedra plateada para proteger a Ulises, quien aún estaba en el vientre de su madre. El doctor Harrison los acogió y su padre los adoptó como a sus hijos, fue así que Ulises se crio como un destellano. —Eli respondió y el maestro Chan asintió.
—El asunto aquí es cómo los padres de Ulises tuvieron acceso a esa joya —dijo el anciano pensativo —. Se supone que esa pulsera pertenece al heredero y cuando él es concebido, tanto la de diamantes rojos como la de verdes salen de la montaña de Estrella verde y aparece en la muñeca derecha de la madre. Pulseras que ella debe poner sobre el brazo del bebé y que se va ajustando de forma automática, mientras crece. Funciona de la misma manera que las joyas de los guardianes de Destello, con la diferencia que la de ellos no brilla cuando él encuentra a su complemento. Es algo que le toca a él decidir, pero una vez lo hace, ese amor y lazo no se pueden romper, a menos que uno de ellos muera.
—¡Vaya! —Eli espetó sorprendida—. Ellos tienen otro tipo de información. Los lucerianos no saben del diamante rojo y creen que el de la cura es el verde. Pero creen también, que el diamante verde está en la montaña de Estrella verde, donde solo el elegido tiene acceso. Nunca mencionaron que el diamante estuviera en una pulsera.
—Al parecer, los habitantes fueron engañados por las Saprias. Según estuve investigando, en el tiempo en que los conquistadores atacaron, las Saprias aprovecharon para tomar el control de aquel mundo. Sin embargo, hubo una lucha de poder entre los conquistadores y ellas. Estas se dividieron en dos grupos, donde una gobernaba cada bando. —El maestro Chan aclaró.
—Eso es algo totalmente diferente a lo que se cree. —Eli dijo desconcertada—. Significa que no existe ningún elegido que debe ser rey ni que el diamante es una piedra en bruto que está en la montaña de Estrella verde.
—No. —Odiel respondió—. Es posible que todo sea un invento para tener a las personas sometidas bajo su control. La verdad es que hay un guardián que nace cada doscientos años para proteger Lucero verde junto a su esposa. Tiene poderes únicos y es uno con aquel mundo. Puede controlar todo ese planeta, en especial las plantas, y es el único que puede acceder al continente prohibido. Además de que puede distinguir la ubicación de su pareja, aún ella esté en otro mundo, y transportarla o transportarse a ella. Pero esto último lo puede hacer por completo, usando su diamante. Si trata de utilizar su capacidad más allá de lo que debe, puede sufrir consecuencias graves de salud y hasta morir.
—Maestro Chan —Leela intervino, mostrando el pequeño cofre—, Eli y yo encontramos esta caja en la habitación de Ulises y el señor Harrison dijo que perteneció a sus padres. No tiene llave y al parecer está sellado. Hemos utilizado todas nuestras habilidades espías para abrirla e incluso lo intente con la joya —el maestro Chan la miró con reclamo cuando dijo lo último—, pero el estúpido cofre nada que abre. Estoy con los nervios descompuestos y la intriga me tiene fuera de lugar.
—Yo creo que tengo esa llave. —El maestro Chan respondió—. La pulsera tenía un sello que la ocultaba y también servía como fachada para que la joya no llamase la atención. —Él devolvió la pulsera a Eli, quien se quedó observando la prenda con admiración. Brillaba más de lo que ella recordaba y el diseño se mostraba más complejo y hermoso. Eli se la puso y la acarició; no pudo evitar sonreír al recordar a Ulises.
El maestro Chan sacó una diminuta piedra dorada y circular. La puso sobre el cofre y éste empezó a brillar.
—Bien —dijo mirando a todos con suficiencia—, en breve sabremos que ocultaban los padres de Ulises en este cofre.