El secreto de Ulises

Ulises despertó más tarde que de costumbre. Nunca se había sentido tan agotado y débil como en ese momento. Se levantó con dificultad y fue a la cocina; tenía la sensación de que no había comido nada en varios días. Por suerte había llenado su despensa antes de regresar a su casa. Se sorprendió de lo mucho que podía comer y después de lavar los platos, regresó a la habitación y se acostó a dormir.

***

—Lo está haciendo. Ese chico es muy sabio y descubrió como romperlo. —La señora estaba temblando.

—Pues, busca la forma de que no lo haga. Debemos elaborar un plan para que se vuelva a nosotros. No puedo creer que esté rodeado de incompetentes.

—Señor, le prometo que haré que regrese. —Una mujer joven aseguró, mas él bufó.

***

—¿Dónde está Ulises? —Dimitri se acercó a Ana evadiendo su mirada.

—Él se tomó unos días. Dijo que tenía algo muy importante que resolver y me encomendó que te dijera que estás a cargo hasta que él regrese. —Ana contestó con timidez y nerviosismo.

—Como sea… —Dimitri se alejó indiferente y Ana recuperó el aliento. Todavía no creía lo que había sucedido entre ellos la noche anterior y no sabía cómo afrontar la situación. Estaba segura de que él, si se atreviera a hablar sobre aquello, le pedirá que lo olvidara. Ella estuvo en silencio en todo el desayuno, por su parte él le evadió la mirada y ni siquiera le habló. Reka los observaba con sospecha y curiosidad, pues era obvia la tensión entre ellos dos.

—Dimitri, después del desayuno, necesito que me acompañes a un lugar que necesito que veas. —Reka le dijo con su carita atrevida y él asintió. Ana tuvo que hacer un gran esfuerzo para no mirarlo y fingir indiferencia.

Ana daba vueltas de un lado a otro. Sabía que no debía, pero la angustia y la curiosidad pudieron más que ella. Saltó por los árboles y siguió sus rastros. Por lo menos pondría en práctica lo que él le había enseñado. Media hora más tarde, llegó a un hermoso campo lleno de árboles frutales y flores de diferentes especies. Se ocultó detrás del tronco de un gran árbol al ver a Reka acercarse a Dimitri. Se quedó petrificada al observar aquello. Las lágrimas mojaron su rostro y el dolor en el pecho era insoportable. ¡Se sentía tan tonta! La rabia quemaba su piel por lo vulnerable que aquello la volvía; se odió por permitirse llegar tan lejos con él. Dimitri fue el que terminó el beso justo después de que Reka devorara su boca y mirara en dirección a Ana con una sonrisa retorcida y victoriosa.

Ana se enrojeció de la vergüenza y bajó el rostro al sentirse tan humillada y burlada. Saltó por los aires y se subió al tope de un árbol, empezó a llorar con libertad y por más que quería escapar, sus músculos no respondían. Sintió la mano fuerte de Dimitri sobre su hombro, mas no se volteó. No le daría el gusto de verla llorar.

—Oye... —Dimitri la removió, pero ella se quedó estática. Él suspiró y la agarró por la cintura para levantarla. Ella forcejeó y entonces no pudo ocultar su llanto más. El dolor y la decepción eran demasiados como para ser soportados. Ana empezó a pegarle en el pecho con rabia. Él la abrazó y cerró sus ojos. No quería hacerle daño, no a ella. Pero no sabía hacer otra cosa que no fuera dañar todo lo que sus manos tocaban. Una mujer como Ana no se merecía a un hombre como él; ambos eran diferentes y él nunca le daría lo que ella necesitaba y buscaba.

—¡Suéltame, idiota! —Ana se removía entre sus brazos.

—Soy una escoria, debes alejarte de mí ahora que estás a tiempo. No fue mi intención dañarte, pero esto es lo que soy. Cometí un gran error al besarte, tú te lo tomaste como algo serio. Yo solo quería comprobar si sientes atracción por mí, porque si es así, debes terminarlo. Eso nos traería tensión en los entrenamientos.

Ana lloró con más fuerza al sentirse tan tonta y vulnerable. Quería golpearlo, sin embargo, eso no solucionaría nada ni cambiaría la situación.

—Te odio —dijo entre llantos y Dimitri la abrazó con más fuerza. Deseaba que fuera cierto, quería que lo odiara y lo olvidara.

—Mírame —le pidió con dulzura. Levantó su mentón y limpió sus lágrimas con sus pulgares sin soltar su rostro. Esos ojos hermosos lo miraban con tristeza y desilusión y eso lo estaba devastando. Quería que ella se decepcionara de él, pero entonces, ¿por qué eso le estaba afectando? Miró sus labios y lamió los de él por instinto.

—¿Qué quieres de mí, Dimitri? —Sus palabras se ahogaron con el llanto.

—Quiero que dejes de llorar por mí. No lo merezco. Soy malvado; no debes tener esos sentimientos por alguien como yo. Olvida lo que pasó entre nosotros, no debí dejarme llevar. Yo no soy el tipo romántico y atento que se vuelve mejor persona cuando se enamora. Ni siquiera me enamoro. —Dejó salir una risita irónica—. La única vez que me interesé en una mujer, solo logré joderle la vida. He hecho cosas tan horribles que tú ni siquiera podrías imaginarlas porque eres demasiado buena y dulce. Tú eres toda luz y yo completa oscuridad. Así que es mejor que no te hagas ilusiones conmigo y veas lo que hice como una burla a lo que sientes por mí. Me besé con Reka y tal vez lo siga haciendo por diversión. Es lo único que puedo tener con una mujer.

Ana se quedó sin palabras. Sentía que perdía las fuerzas y ya no quería pensar más.

—Dimitri, yo me enamoré de ti. Soy una tonta, lo sé, pero pasó y no sé cómo manejarlo. Si tan solo no me hubieras besado, yo seguiría evadiendo mis sentimientos y engañándome a mí misma, pero ya no puedo más. Entiendo que no pasará nada entre nosotros, mas no tengo fuerzas para retener esta realidad que me está asfixiando. No sé qué hiciste en el pasado, solo veo lo que haces ahora. Te mientes a ti mismo y te aferras a lo que fuiste. Ya no eres lo que sea que hayas sido. Te he observado estos meses que has estado con nosotros y que has peleado por una causa que no es tuya; te he visto defender a las personas inocentes y vulnerables y has hecho mucho más que la mayoría de los líderes restauradores que son más palabras que hechos. Dimitri, si hiciste daño en el pasado, ya te estás redimiendo, pero tú te empeñas en alejarte de los demás y llevar una vida solitaria, te niegas a darte la oportunidad de sentir. Por mi parte, te agradezco lo que haces por mí y por ver eso que ni siquiera yo veía. Dimitri, puede que te suene raro, pero yo te aprecio y admiro. No eres el único que tiene intuición, yo también, y veo que eres un hombre que sufre y se oculta tras una fachada para protegerse de los demás. Dimitri, me gustas; no, estoy enamorada de ti. Aunque nunca te fijes en mí, aunque yo no sea tan buena como tu amada guerrera, aunque tenga que esforzarme para deshacerme de estos sentimientos. Yo... no voy a mentirme, no, pero tampoco voy a insistir o esperar algo de ti. Aunque no lo creas, yo tengo dignidad.

Ana se apartó de él y saltó al suelo, luego corrió lejos de allí, necesitaba llorar por última vez.

***

La noche estaba fresca y estrellada, luz testigo (luna para nosotros) estaba en su máximo esplendor y el canto de los grillos acababan con el turbio silencio de aquellos solitarios terrenos. Ulises, con su camisa larga y blanca, de esas parecidas a las que usaban en los tiempos medievales (los lucerianos solían usarlas sin botones), su pantalón negro apretado y sus pies descalzos; estaba parado en aquel remoto lugar. La brisa movía sus desordenados rizos y sus ojos brillaban con la claridad del hermoso cielo verde azulado y violeta. Si ese escenario se impregnara en un cuadro, sería una hermosa obra de arte, donde no solo el maravilloso paisaje sería el deleite; también, aquel bello chico con rostro angelical y cuerpo de hombre, tal vez no el más alto ni musculoso, pero con un atractivo innegable que provocaría los más profundos suspiros. Verlo era todo un espectáculo, allí pareciera uno con el paisaje, como si se pertenecieran y por su sangre fluyera la energía que alimentaba aquel lugar.

Cerró sus ojos y apretó sus puños, en su mano derecha se encontraba la piedra plateada, la cual empezó a brillar al mismo tiempo que sus orbes verdes. Apretó el rostro y trataba de ser fuerte, esta vez, necesitaba no perder el conocimiento como la noche anterior. Un hueco de energía se abrió frente a él, éste era más amplio que el anterior y Ulises lo traspasó. Miró a su alrededor donde solo había luz. Al parecer, no estaba en ningún lugar en específico. ¿Era aquello el infinito o la eternidad? En aquella dimensión no había tiempo, así que no supo con exactitud cuánto duró allí. Cerró sus ojos y pensó en Eli, tenía que verla o se volvería loco. Ya no soportaba más su ausencia. Vio oscuridad y luego muchos árboles. Cayó de golpe sobre uno de ellos y su rostro ardía al golpearse con las ramas.

—¿Dónde estoy? —Miró a su alrededor pasmado. Posó su mirada al cielo y por su color verdoso, supo que estaba en Lucero Verde; sin embargo, no reconocía el lugar. Cerró los ojos y se vio rodeado de una gran energía verde, entonces, empezó a flotar por encima de los árboles. Lo hacía lentamente, como si no supiera como controlar su nueva habilidad. Empezó a mover sus manos de forma circular e inhaló el aroma de las plantas de aquel lugar.

—Región Nim —susurró reconociendo donde estaba. Flotó por encima de una aldea pequeña. Todos dormían y una idea cruzó por su mente por lo que sonrió malicioso. Fue a la plaza suspendido por los aires y sin pisar el suelo. Examinó el lugar y cerró sus ojos. Volvió a mover sus manos de forma circular e hilos de energía salieron de éstas. Del bosque, como si fueran serpientes, raíces espinosas y verdes se arrastraban por el suelo. Poco a poco se acercaban a los guerreros que aguardaban la aldea, hasta que los que dormían, fueron ahogados por ellas en silencio. Sin embargo, los que estaban despiertos empezaron a gritar y a cortar las raíces. Ulises movió sus dedos y como si aquellas mortales plantas fueran marionetas y él las controlara con hilos invisibles, ellas se levantaron y empezaron a golpear a los hombres. Ulises sonreía victorioso al ir venciendo a sus adversarios. Cada vez que ellos cortaban las raíces, estas se multiplicaban, rodeando a sus contrincantes.

***

—¡La aldea Lit de las afueras de la región Nim fue atacada! —Las voces de los mensajeros y las personas de las aldeas de Arcoíris se mezclaban. Algunos habitantes corrieron al campamento a dar la noticia, la cual llegó con varias versiones. Darian reunió a todos en el campo de entrenamiento y envió mensajeros de confianza a investigar junto a Dimitri, Mariam y varios guerreros.

La confusión se apoderó del campamento cuando ellos regresaron con los líderes que Sum había puesto en aquella aldea, amarrados con las mismas raíces con las que los habían encontrados. Ellos decidieron llevarlos tal y como estaban para que Darian, Reka y Ulises, quien fue mandado a buscar, vieran con sus propios ojos aquello. Darian envió guerreros y líderes de la ciudad del fuego a que se trasladaran a aquella aldea. Ellos se mantenían enviando espías y mensajeros, en caso de que Sum fuera por su revancha.

—Qué rayos... —Dimitri masculló mientras observaba a los hombres sorprendido.

—¿Cómo hicieron eso? —Ana preguntó asombrada.

—La pregunta aquí no es cómo —Reka habló y luego miró a Ulises —, más bien, quien.

Ulises rascó su nariz al sentirse acorralado.

—No sabía que existieran plantas tan resistentes en este lugar. —Ulises comentó fingiendo sorpresa—. Este mundo me sorprende cada vez más —dijo con todo su descaro.

—Eso es extraño. —Darian comentó—. Si el ataque hubiera sido a nosotros, entonces supondría que fue un acto de Leonel Sum y Kiara, ellos saben cómo utilizar la ciencia y la ilusión, pero... ¿Quién de nosotros puede hacer algo así? —Todos miraron a Reka.

—Soy una guardiana, sé cosas, pero no tengo ese tipo de poderes. Aunque, me halagan — respondió con media sonrisa.

—Bien, tomemos ventaja de este fenómeno y estemos alerta, podría ser un truco. —Darian advirtió y todos asintieron.

***

Ulises regresó a su casa con la excusa de que estaba terminando una fórmula para heridas y venenos. Salió al patio y repitió la acción de la noche anterior. Esta vez se mantuvo por más tiempo en la dimensión infinita, pues no perdía la esperanza de encontrar a Destello y a Eli. De repente, sintió un extraño magnetismo y una fuerza oscura empezó a absorberlo. Trató de luchar, pero lo que sea que halaba de él, era muy fuerte. Un zumbido insoportable se coló en sus oídos y poco a poco perdía el control de su cuerpo. Abrió los ojos que en ese momento parecían dos faroles con luz verde y su corazón latió con gran agitación al sentirse encarcelado dentro de una prisión de energía negativa muy parecida a la que lo aprisionaba cuando estaba bajo el poder de ilusión de Leonel Sum. El temor lo embargó y la respiración se le dificultaba.

«No, otra vez no», pensó. Entonces, sintió náuseas y mareo, y poco a poco fue perdiendo el conocimiento.