Destello
Destello
Odiel, Jing, Eli, Nico Leela y el maestro Chan estaban sentados en círculo en el dojo del segundo.
—Entonces, Eli ya no es una niña. —Nico se burló y ella lo miró con mirada asesina.
—¿Cuándo lo he sido? —Se cruzó de brazos.
—No te hagas, sabes a lo que me refiero. Ya probaste las delicias carnales, una vez lo haces, se vuelve una necesidad.
—Nico, ¿no te cansas de decir tonterías? —Jing lo reprendió y Eli le sacó la lengua.
—¡Qué madura! —Nico espetó con sarcasmo.
—Estoy buscando ese mundo con las características que me diste, pero sin un objeto que pertenezca allá, tardaré más tiempo en encontrarlo. —El maestro Chan se dirigió a Eli.
—Y Dimitri se llevó la piedra. —Jing se lamentó.
—¿No tienes nada que pertenezca a ese lugar? —Odiel le preguntó, mas Eli negó.
—Cuando desperté no tenía la gargantilla que Ulises me regaló ni mi ropa. Estaba vestida con la bata del hospital de Zafiro. Así que no tengo nada.
El maestro Chan miró su pulsera.
—¿Qué tal eso?
—No es de Lucero Verde. Ulises me la regaló antes de su destierro.
—Es el tipo de joyería que se utiliza en este mundo. —Odiel examinó la prenda.
—Sí, pero esos diamantes rojos son diferentes. —El maestro Chan la miró con detenimiento. Eli siempre había llevado la pulsera con ella, pero él nunca se había fijado en sus diamantes, a decir verdad, ni notaba la joya.
—Eli tiene más de cuatro años usándola, ¿por qué hasta ahora llama su atención? —Leela preguntó intrigada.
—Porque antes no me había fijado en ella —respondió.
—No es una gran joya, aunque así lo parece. Hasta algo cubre sus piedras; creo que es para que parezcan diamantes. —Eli señaló la pulsera.
—O tal vez para ocultar algo. —El maestro Chan comentó un poco pensativo—. ¿Me la prestarías? Necesito examinarla.
Eli se la entregó dudosa, pues era lo único que conservaba de su esposo.
Leela y Eli hablaron con el tío de Ulises a quien se habían encontrado en el palacio. Le contaron la posibilidad de que los padres de Ulises no hayan sido Destellanos y que Ulises estaba vivo en otro mundo. Al principio, él las miraba como si se hubieran vuelto locas, pero después de todas las explicaciones que ellas le dieron, él terminó medio creyéndoles. Él les dio permiso para revisar las cosas de Ulises por lo que ellas quedaron en ir cuando él regresara del palacio, que sería en unos cuantos días.
***
Lucero Verde
Ulises se sentó en el comedor donde los líderes y los guerreros más destacados acostumbraban comer y todos se quedaron mirándolo perplejos, como si fuera una aparición.
—¡Ulises! —Darian exclamó llena de emoción al verlo. Había llegado muy temprano al campamento, pero nadie le había dicho que él estaba allí.
Mariam, por su parte, se le lanzó encima, mas él la alejó con brusquedad.
—Te voy a pedir que mantengas la distancia conmigo, por favor —le reclamó con rudeza y ella lo miró desconcertada ante su reacción.
—¿Por qué me tratas así, Ulises? —preguntó haciéndose la ofendida.
—Lamento que mi trato sea rústico, pero estoy cansado de tus acosos. Soy un hombre casado y no permitiré que faltes a eso. No sé quién se atrevió a meterse con mi esposa, mas deben saber que no me quedaré de brazos cruzados —advirtió confrontándolos a todos con la mirada. Reka intervino:
—Ulises, no nos veas como a tus enemigos, más bien, como aliados. Te ayudaremos a regresar a Eli. Hay un bloqueo que no me ha permitido dar con ella ni su mundo, pero en cuanto descubra quien está haciendo esto, la encontraremos y la regresaremos a tu lado —aseguró. Ulises trató de no reírse. Fue lo mismo que le dijo Kiara, con la diferencia de que ella culpó a Reka directamente.
Ulises se sentó a desayunar y miró a Ana con disimulo, quien se encogió de hombros, pues no tenía idea de dónde se había metido Dimitri. Él estaba ocupando el lugar de Eli y les había enseñado muchas cosas en la semana que llevaba allí. Nunca habían conocido a un guerrero tan poderoso como él, así que las personas lo mimaban mucho y las chicas suspiraban, dado que tenía esa actitud arrogante y apariencia peligrosa que, por alguna extraña razón, volvía locas a las mujeres de allí.
Dimitri se acercó al gran comedor y se sentó al lado de Ana, puesto que para todos ellos eran amigos de toda la vida, pues si se llegaban a enterar que venía de otro mundo, se podría armar un conflicto entre ellos.
Dimitri y Ulises se miraron por unos segundos y este último tuvo que respirar varias veces para que las palabras hicieran salida, puesto que compartir la mesa con un villano que fue tan temido y que ordenó la muerte de él y Anya, era muy extraño y difícil de asimilar.
—¿Quién es él, Ana? —Dimitri apuntó a Ulises con el dedo y Ana sonrió.
—Creo que soy yo quien debe hacer esa pregunta —Ulises contraatacó.
—Él es Dimitri, un viejo amigo que se unió a la causa. —Ana los "presentó" y ellos se saludaron como si no se conocieran. Ver a Dimitri desayunando frente a él, le daba escalofríos, era inevitable no sentir aquello.
—Dimitri es un guerrero muy fuerte y nunca he visto a alguien moverse con tanta rapidez como él. Estamos muy agradecidos de que se haya unido a la causa. —Reka dijo con flirteo. Ulises la miró extrañado, debido a que nunca la había visto flirtear antes. Hasta llegó a creer que era asexual, pues una persona que dure siglos y sea la única guardiana de aquel mundo, debía tener una vida muy solitaria.
—Gracias, guardiana. —Dimitri le respondió de la misma manera—. De todas las personas que he conocido, tú eres la más interesante.
Reka le sonrió con coquetería y Dimitri le devolvió la sonrisa. Ana los miraba con disimulo y no entendía por qué su flirteo le molestó tanto. Debía hacer algo, no se podía permitir que ese tipo le afectara de esa manera. Él se lo había dejado claro desde que lo conoció, nunca se fijaría en alguien como ella, así que ella tampoco debería fijarse en alguien como él.
—¿Todo bien? —Dimitri la sacó de su ensoñación. Ella lo miró a esos ojos grises que ocultaban tanto dolor y luego se encontró con esa sonrisa que la sacaba de quicio.
—Sí... —Fue interrumpida por Jonah, quien se sentó a su izquierda, quedando ella entre él y Dimitri. Eli, Ana y Jonah se volvieron buenos amigos y muy cercanos. Después de que Eli se reconcilió con Ulises, él tomó distancia con ella y ya no era tan expresivo para no causarle problemas con su pareja, pero como Ana era soltera aún, él continuaba con sus muestras de cariño exageradas. Desde que se sentó a su lado empezó a besarle la mejilla, jalarle el cabello, hacerle cosquillas y de vez en cuando, a abrazarla.
—Mañana atacaremos a los Sum para recuperar las aldeas que perdimos en la región Arcoíris. —Darian anunció y todos asintieron—. Entonces, hoy cada líder se reunirá con sus guerreros para planear el ataque.
—Guerrera, me gustaría que aparte de Ulises, Ana sea parte de mi equipo, también. —Dimitri pidió a Darian y ella lo miró extrañada. Ana dejó salir el contenido de su boca y empezó a toser. Jonah sonrió mientras le daba palmadas sobre la espalda.
—Oye, preciosa, ten cuidado o vas a ahogarte —dijo pasándole un vaso con agua.
—Ya se ahogó, chico listo. —Dimitri lo miró fulminante como siempre. Por alguna razón, aquel chico no le agradaba. Le parecía repugnante que se acercara a Ana con la excusa de que eran amigos y se aprovechara de la confianza que se tenían. Pero más tonta pensaba que era ella, al dejarse tocar por él.
—Sé que ustedes son muy cercanos, pero una cosa es la amistad y otra el rol como guerreros. —Reka fue la que contestó media incómoda.
—No le veo el inconveniente. Ulises será el líder, yo el líder maestro y ella mi asistente espía. La necesito y la quiero en mi equipo. No es por ofender a nadie, pero ella está siendo mal entrenada y no se está utilizando su habilidad al máximo. Ana es una espía en potencia y quiero explotar su potencial —dijo demandante por lo que Darian no tuvo otra alternativa que aceptar. Ana no pudo dejar de mirar a Dimitri conmovida. ¿Acaso él era bipolar? Él le devolvió la mirada y le guiñó un ojo, provocando que su corazón se acelere.
—¡Vaya! Ya no te veré muy seguido, Ana. —Jonah se quejó. Ellos entrenaban con el mismo maestro, solo que Jonah era mensajero y atalaya. Dimitri esbozó media sonrisa y siguió comiendo con la elegancia y clase que lo caracterizaba. Por su parte, Jonah empezó a molestar a Ana y le dio un tronante beso en una mejilla, provocando que Dimitri suelte el tenedor de repente.
—¡Ana, vámonos! —dijo con voz fría y mirada asesina.
—¿Qué? —Ella lo miró confundida y él entornó los ojos.
—Tu entrenamiento es aparte, porque es diferente, así que levántate y vámonos. —Dimitri se levantó de la mesa y Ana lo imitó. Jonah se levantó también abrazándola en el acto.
—Nos vemos después de tu entrenamiento. Hace mucho que no nos divertimos juntos —dijo malicioso. Dimitri lo miró a los ojos con esa expresión que aterraba a las personas. Jonah tragó saliva al sentir escalofríos recorrer su cuerpo y Dimitri esbozó una sonrisa malvada que le congeló la sangre y le erizó los vellos—. ¿Sabes que, preciosa? Recordé que tengo muchas cosas que hacer hoy. Será otro día —se retractó tembloroso y se fue a toda prisa. Ana lo siguió con la mirada hasta que éste desapareció de su vista.
—Vamos. —Dimitri ordenó y ella lo siguió. No fueron al campo de entrenamiento como era costumbre, sino que se adentraron en el bosque. Dimitri saltaba con tal agilidad que a Ana se le dificultaba seguirle el ritmo. Llegaron a un lugar donde había un pequeño risco. Los árboles estaban alejados del precipicio y contaban con un espacio plano para entrenar y una gran vegetación a su alrededor, debajo el risco yacía un hermoso río. Ana miró aquel lugar con emoción y caminó con entusiasmo por todos los alrededores.
—¡Ya basta! —Dimitri la regañó—. Vinimos a entrenar no a hacer un picnic.
—¡Eres tan aburrido! A veces me pregunto si tienes un alma dentro de ese cubo de hielo que llamas cuerpo —lo enfrentó fastidiada.
—Y tú eres un cuerpo carente de cerebro y sentido común. —Se acercó tanto que ella sintió su aliento sobre su nariz y su cuerpo reaccionó al instante —. No entiendo por qué dejas que ese tipito te manosee como si ustedes fueran pareja, es asqueroso.
—Y yo no entiendo por qué rayos te metes en mi vida. Si me da la regalada gana de que él me toque, a ti que te importa. —Ella lo miró desafiante.
—Tienes razón, no me importa. Pero es desagradable y nauseabundo verlos tan cachondos en el desayuno. Bien podrían ir a sus tiendas o perderse en el bosque.
—¡Eres un idiota! —Ella le tiró para cachetearlo, pero él atrapó su mano.
—Puedes desquitarte en el entrenamiento. —Le sonrió y ella bufó.
***
Pasaron cuatro semanas, tiempo en que ellos habían conquistado parte de Arcoíris. La habilidad de Dimitri les estaba devolviendo el territorio que habían perdido. Muchas de las victorias la obtenían solo ellos tres, utilizando a los guerreros en situaciones especiales. Reka había cambiado mucho y tenía a todos asombrados al mostrar esa parte osada y atrevida con Dimitri. Para nadie era un secreto que a ella le gustaba y no le interesaba disimularlo. Otra que ya había caído en los brazos del amor era Ana, trataba de negarlo, pero ella era muy obvia, cosa que a Dimitri le encantaba resaltar y no perdía la oportunidad para molestarla. Ulises lo observaba entretenido, pues se imaginaba lo que le sucedía al tenebroso cubo de hielo, como Jonah lo llamaba.
***
Destello
Eli y Leela habían ido a la casa del doctor Harrison a rebuscar las pertenencias de Ulises. Ambas lloraron al encontrarse con su habitación intacta, como si él aún la utilizara. Los recuerdos que había allí les provocaron sentimientos encontrados y se la pasaron tanto riendo como en llorando. Fueron varias veces, pero no encontraron nada fuera de lo común. Fue el último día que descubrieron un pequeño cofre oculto en el armario.
—No tengo la llave. No sabía que Ulises tenía eso allí, a decir verdad, él se trajo algunas cosas que pertenecían a sus padres, pero un día tiró todo lo que les recordaba a ellos. —Harrison respondió ante el acoso de las chicas. Esta vez Leela se llevó a los mellizos, pues la nana estaba enferma y ella no quería dejarlos con las mucamas, puesto que tenían muchos quehaceres.
—John, no toques eso. —Leela lo regañó fulminante y el niño dejó caer lo que había agarrado—. ¡Niño travieso! No puedes negar que eres hijo de Jing. Te dije que no lo tocaras, no que lo lanzaras en el suelo. —Todos miraron a Leela ante su injusto comentario. Era obvio que el comportamiento travieso que tenía su hijo, lo heredó de ella.
—Quiedo ve a mi papi. —Jinah se acercó a su madre llorosa, provocando que ella se derrita de la ternura. Ver a su pequeña era como ver a Jing en miniatura versión femenina.
—Yo también quiero ver a tu papi. —Leela la cargó con una carita pícara y Eli soltó la carcajada. El pequeño también le abrió los brazos para que ella lo cargara, una vez en las piernas de Leela, empezó a patear a Jinah.
La niña empezó a llorar provocando que Leela se ponga roja del hostigamiento. Eli tomó al pequeño travieso, quien se removía entre sus brazos con violencia, reclamando las piernas de su madre.
—¡Ya basta, John! —Leela gritó ofuscada y el niño se quedó congelado. Eli lo acurrucó sobre su hombro y en cuestión de minutos se quedó dormido. Tuvieron que irse pronto, gracias a los inquietos niños, no obstante, se llevaron el pequeño cofre con ellas.
***
Lucero Verde
—¡Concéntrate! —Dimitri gritó y la chica bufó. Sacó la venda de sus ojos provocando que él detuviera su próximo ataque en seco—. ¿Qué rayos crees que haces? —Dimitri casi escupe su cara de lo cerca que estaban sus rostros y la rabia que él emanaba.
—Lo siento, pero no estoy bien hoy. ¿Podríamos entrenar otro día? —Meneó las pestañas y puso carita de borrego. Dimitri se tiró sobre la grama y ella lo imitó. Ulises se acercó a ellos para darles una botella de agua a cada uno. Dimitri se bebió la de él de un solo sorbo y luego tomó la botella de Ana, quien solo había bebido un poco.
—¡Oye! —Ella arrugó el rostro, en cambio él la miró con picardía.
—Te dejé un poco, solo así podríamos intercambiar saliva tú y yo —soltó de repente y Ana se ahogó con el agua—. ¡Mira lo que hiciste! —Dimitri reclamó al verse mojado con el líquido que salió de la boca de ella. Ulises no contuvo la risa. Le encantaba ir a esos entrenamientos especiales que Dimitri le daba a Ana, pues le divertía verlos juntos y pelearse por estupideces. Suspiró al recordar que Eli y él hacían lo mismo.
—Es tu culpa. —Ana le apuntó con el dedo y él se lo mordió. Ella agrandó los ojos y corrientes eléctricas azotaron su cuerpo. Aquello tenía que parar o ella moriría de un infarto un día de estos.
—Dile a Ulises que te dé uno de sus brebajes. El dolor de cabeza, los calambres y las molestias en los pechos, es porque te va a llegar el periodo —le dijo con toda naturalidad y Ana volvió a soltar el líquido sobre su rostro—. ¡Demonios! ¡Deja de babearme, loca!
—¿Cómo sabes eso? —preguntó sonrojada.
—No soy un ignorante. Además, he aprendido a entender los cambios en tu cuerpo.
—Olvídalo y obedece —Ulises intervino—. Él tiene razón, tu malestar es síndrome premenstrual. Te daré una infusión cuando lleguemos al campamento.
—Por cierto... —Dimitri sacó algo de su bolsillo y lo pasó a Ulises.
—¡Vaya! Creí que la piedra sería más inusual, no se ve tan especial —Ulises contestó examinando la roca.
—¿Qué harás con ella? —Dimitri preguntó.
—Un experimento. —Ulises sonrió mientras Dimitri y Ana lo miraban con curiosidad.
***
—Hola, guapo. —Reka acorraló a Dimitri contra un árbol. Era de noche y él estaba cerca del bosque esperando a Ana, puesto que le enseñaría algunos trucos para aprovechar la noche en su espionaje.
—Hola, guardiana —la saludó indiferente, ganando la mirada confundida de ella, pues delante de todos él le seguía el juego y se la pasaban coqueteando.
—Te he dicho que me llames Reka —lo regañó mientras acariciaba su mejilla con su dedo. Él la miró con indignación y repulsión, no le gustaba que las mujeres se le lanzaran, debido a que prefería el reto y lo difícil.
—Disculpa, pero prefiero llamarte guardiana. Es menos personal —respondió con soberbia.
—Pero yo quiero que las cosas entre nosotros sean más personales. —Rozó sus labios contra los de él, pero al instante el sonido de una rama aplastada por unos pies los espantó.
—¡Perdón! —Ana se tapó los ojos con nerviosismo, dado que no supo cómo reaccionar—. No fue mi intención interrumpir, no sabía que ustedes... —Trató que la voz no se le quebrara.
—Deja de disculparte por nada y vámonos. —Dimitri la tomó por la muñeca y saltó por los aires con ella a rastras.
Ese fue el entrenamiento más incómodo y silencioso que habían tenido. Después de que terminaron, Dimitri se sentó sobre la grama y se quedó observando a Ana, quien se mantenía de pies y con los brazos cruzados.
—Acércate, por favor. —Le extendió la mano, pero ella se quedó mirándolo extrañada.
—¿Te golpeaste la cabeza o algo por el estilo? —comentó sin dejar de observarlo como si fuera un bicho raro.
—Toma mis manos —insistió. Ella se acercó con recelo, como si él fuera a morderla. Dimitri tomó sus frías y temblorosas manos y la atrajo hacia él, quedando ella entre sus piernas y sus rostros muy cerca.
—¿Q-qué crees que haces? —tartamudeó con nerviosismo y él le acarició la mejilla con ternura.
—Respóndeme algo, Ana. ¿Yo te gusto? —Sus ojos grises que brillaban con la luz de la luna buscaron esa mirada miel que le recordaba a su rival. Ella empezó a reír de los nervios y sus labios temblaban, su respiración se agitó y su corazón palpitaba con brusquedad. Un cosquilleo se apoderó de su estómago y las palabras no querían salir de su boca.
—Claro que no —mintió con nerviosismo y una risa falsa—. Yo nunca me fijaría en un cubo de hielo como tú.
—No estoy bromeando. Mi pregunta va en serio. —La miró con intensidad y ella supo lo que se proponía. Si le confesaba sus sentimientos, él le recordaría que ella no era su tipo de mujer y empezaría a hablar sobre aquella perfecta guerrera de quién se obsesionó.
—Yo tampoco lo hago. No me interesas.
—No te creo, pero dicen por ahí que un hecho habla más que mil palabras —dijo con una sonrisita y estampó sus labios contra los de ella. Ana se quedó frizada sin dar crédito a lo que estaba pasando. ¿Acaso era un sueño? O tal vez... ¿Estaba alucinando o fantaseando despierta?
Sus labios inexpertos apretaban los de ellas con ternura, y, al cabo de unos segundos, Ana empezó a mover su boca y a besarlo con intensidad. Estaba extasiada con esos labios exquisitos y humectados. Él la atrajo más a su cuerpo, sosteniéndola por la cintura, mientras que ella lamía su labio inferior sin reparo, provocando que éste se prendiera y perdiera en esa sensación que sus lamidas le provocaban. Ana era experta en el asunto a diferencia de él, que nunca había dado un beso como ese, ni siquiera se podía llamar de esa amanera a lo que sucedió con Leela.
Aquello era excitante y delicioso. Trataba de despegarse, pero lo estaba disfrutando demasiado como para pararlo. Sus lenguas desesperadas jugaban a la par y sus bocas se mezclaban entre lamidas, apretones y hasta mordidas. Él gruñó como cachorro cuando mama de su madre, le gustaba aquello, le gustaba esa... no, eso no podía permitírselo. Él no era ese tipo de hombres, él nunca tendría ese tipo de sentimientos; no quería sentirse tan vulnerable ante ella ni ante nadie. Se despegó lentamente y sus labios temblaron ante la falta de la deliciosa boca de Ana. Estaban rojos e hinchados y el cosquilleo de aquel beso todavía los recorría.
Dimitri se alejó desconcertado, la tomó por las manos y saltó por los aires para regresar al campamento.
***
Ulises salió al patio de su casa y contempló la luna color rosa. Observó la piedra que estaba sobre la palma de su mano y sus ojos empezaron a brillar. Su cuerpo temblaba y sudores fríos recorrían su piel. Sentía que perdía las fuerzas, no obstante, se mantuvo de pie. Tenía que ser fuerte y resistir a toda costa. La piedra emanó una luz y el empezó a sangrar por la nariz. Sus ojos brillaron con una energía color verde y, de repente, inhaló gotitas de luces verdes que salían de las plantas y se adherían a él. Recobró la energía perdida y dejó de sangrar.
Entonces, se escuchó un gran estruendo y hubo mucha brisa. Un hueco de energía se abrió frente a él y Ulises se introdujo dentro de éste, desapareciendo con él.